Gotas de paz

Evitar todas las ocasiones de pecado

229 - “Si tu mano te hace pecar, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco que ir con las dos manos a la Gehena”. Mc 9, 43

Estas palabras nos suenan muy duras y nos asustan, pero ellas tienen un sentido figurado. El Evangelio manda cortar una de las manos, arrancar un ojo, sacar un pie…; sin embargo, el pecado que consigo realizar con la mano derecha, muy probablemente lo haré también con la izquierda. Ciertamente, lo que tengo que hacer es evitar las ocasiones de pecado (encuentros, bebidas, redes sociales…) y esta renuncia ya es muchas veces muy dolorosa como lo sería el cortar un miembro del cuerpo. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Muchos quieren adueñarse de la palabra de Dios

228 - “No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi nombre y luego hablar mal de mí”. Mc 9, 39

Tantas veces queremos adueñarnos de Dios y de su Palabra; nos creemos los únicos autorizados a hablar de Él. Cuántas veces tenemos la tentación de los apóstoles, que querían prohibir a alguien hacer milagros en nombre de Cristo solo porque no era del grupo de ellos. Sin embargo, Jesús nos reprende: el bien no puede ser prohibido. Nadie tiene legítima autoridad para impedir que se realice el bien. Si lo hace, es un abusador de poder. El bien, sea quien sea el autor, debe ser promovido. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Servir a todos para ser el primero

227 - “El que quiere ser el primero debe hacerse el último de todos y el servidor de todos”. Mc 9, 35

Naturalmente, todos buscamos o deseamos ser el primero. Jesús reconoce como legítimo este deseo y propone un modo original para lograrlo: hacerse servidor de todos. Para Jesús seré el primero, el más importante si me pongo en el último lugar. Esto significa vencerme a mí mismo por completo. Solo una fe robusta puede sostener este bajarse por completo, este hacerse último. Sin ella, hasta bajaremos un poquito, pero inseguros y no conseguiremos ir al último lugar. Francisco de Asís y Teresa de Calcuta son ejemplos de que es verdad lo que dijo Jesús. Paz y bien.

 

Gotas de paz

“Creo, necesito ayuda porque tengo poca fe”

. Mc 9, 24

La fe es un don de Dios, pero necesita crecer. Nadie debería ser tan arrogante para pensar que ya tiene suficiente fe para todas las situaciones. Nuestra fe crece en la medida en que la alimentamos con nuestras oraciones, con la meditación de la Palabra de Dios, con la participación en los sacramentos y con la comunidad. Tantas veces la vida nos sorprende con pruebas tan grandes que pensamos no poder soportarlas, pero es justamente en tales momentos cuando, si suplicamos al Señor, sentiremos que nuestra fe traspasará las montañas. Hermanos, la fe no se queda estancada. O buscamos que crezca o ella disminuye. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Pentecostés

“Ven Espíritu Santo: llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor”

Estamos llegando a la fiesta de Pentecostés, con la cual se concluye el tiempo de la Pascua. Desde la resurrección de Jesús, continuamente en las lecturas y en las oraciones, la Iglesia nos ha invitado a abrir nuestros corazones, sin miedo para recibir esta grande gracia: el Espíritu Santo – don de Dios.

Como Dios Padre al inicio del mundo modeló un poco de arcilla y cuando ya estaba listo, sopló en sus narices el halito de la vida, dando origen al hombre, así también Jesús Cristo, con su vida, con sus enseñanzas, con sus milagros, con sus actitudes, con su pascua, fue modelando despacito a la Iglesia y cuando ya había cumplido su misión, ha encontrado a sus discípulos y “ha soplado sobre ellos, diciendo: Reciban el Espíritu Santo.” (Jn 20, 22) Y la Iglesia empezó a vivir.

Del mismo modo que el hombre al inicio, sin el soplo de Dios, no pasaba de una escultura de arcilla, hasta muy linda, pero sin vida, así también la Iglesia, sin el don del Espíritu Santo, no era nada más que una asociación humana y temporaria, hasta con bellas intenciones, pero sin esta fuerza sobrenatural que la distingue.

Del mismo modo que el hombre nace del encuentro de estas dos realidades: la terrena y la espiritual (la arcilla y el halito de Dios), también la Iglesia nace de la interacción de la realidad humana de los apóstoles con el Espíritu Santo de Dios. Es por eso que la Iglesia es humana y divina, es pecadora y santa, es realidad concreta y misterio, es esfuerzo y providencia.

Así como nosotros somos una realidad que ultrapasa a todos los animales, y por eso no se puede aplicar a los hombres las reglas simplemente biológicas, porque somos cuerpo y espíritu, también la Iglesia no puede ser entendida o descripta como una organización más entre las otras, porque en ella actúa el Espíritu de Dios. La Iglesia, cuerpo de Cristo, es animada por el Espíritu Santo. De ahí, su capacidad de sorprender, de vencer las pruebas, de actualizarse en la historia.

Cuando los apóstoles recibieron el don de Dios en Pentecostés, empezaron pronto a predicar la Buena Noticia de que la muerta fue vencida, de que Dios es Emmanuel, de que Él está con nosotros y vive y actúa en nuestro medio. Celebrar Pentecostés es revivir nuestra vocación de ser Iglesia. La acción del Espíritu Santo de Dios no hace a nadie correr lejos del cuerpo de Cristo, más al contrario, nos injerta en él y allí nos invita a producir muchos frutos.

No debemos pensar en el Espíritu Santo, como si fuera un don individualista que viene a satisfacer solo mis necesidades personales, cuando que su misión es preparar a la Iglesia, esposa de Cristo para las nupcias eternas. Es claro que en esta preparación su acción deberá trasformar personalmente a cada uno de nosotros, ayudándonos a superarnos en nuestros límites, consolándonos en nuestras necesidades, pero no según nuestros proyectos a veces muy mezquinos, sino de acuerdo al sueño de Dios, haciendo de nosotros un pueblo santo, un reino de sacerdotes.

Estimado hermano por eso, es muy importante abrirse al don de Dios. Estar disponible a su acción. Permitir que él nos trasforme según el modelo: Jesucristo.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

"Sígueme”

Jn 21, 22

Muchas veces, nosotros no queremos entender que la llamada del Señor es personal y queremos quedarnos a cuidar de los demás, mirando si hacen o no lo que Jesús les pide. Hoy el Señor nos sorprende en nuestras distracciones o en nuestras excusas y nos dice: “No te importe el comportamiento de los otros, no te quedes mirando o comparándote con ellos, o queriendo saber qué es lo que les pasa: tú, sígueme”. Hay una llamada del Señor para mí, y yo debo seguirlo sin mirar atrás o a los costados. Lo importante es el proyecto que Dios tiene para mí, no puedo dejar que mi entorno me paralice. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Nuestra fragilidad nos traiciona

«Y por tercera vez Jesús le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿tú me quieres?”». Jn 21, 17

Todos somos débiles y muchas veces fallamos con el Señor. Al igual que Pedro, tantas veces le fallamos, no porque no le queramos o porque nos gusta pecar y estar alejados de él, sino porque nuestra fragilidad nos traiciona, habla más fuerte en nosotros nuestro barro. Sin embargo, en Jesús, Dios quiere siempre reconciliarnos, darnos una nueva oportunidad. Por eso, él mismo nos pregunta una y otra vez: “¿Me amas?” No tengamos miedo de decir como Pedro: “Señor, tú lo sabes todo, tú conoces mi fragilidad y, aun siendo débil, tú sabes que te amo”. El Señor nos abrazará. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jesús intercede al Padre por todos sus seguidores

167 - “No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno”. Jn 17, 15

En su oración sacerdotal, antes de dejarnos, Jesús intercede al Padre por todos sus seguidores, que tienen una misión en este mundo tan lleno de trampas, de peligros, de injusticias, de tentaciones. Aunque sea un gran riesgo estar en este mundo, es aquí donde Jesús quiere que seamos misioneros, y por eso pide al Padre que sostenga a cada uno para que no caiga en las trampas del enemigo. Así que no debemos escondernos del mundo, sino revestirnos de Cristo y lanzarnos a las tantas situaciones de dolor, de miserias, de pecados, de vicios, para que podamos rescatar a estos hermanos para el Señor. Paz y bien.

 

Gotas de paz

La vita eterna comienza cuando experimentamos a Dios

166 - “Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo”. Jn 17, 3

Conocer en el lenguaje bíblico no es solo tener una información intelectual, sino hacer experiencia real, viva y fuerte. La Vida eterna empieza en nosotros cuando experimentamos concretamente al Dios verdadero, el Padre de Jesucristo, que en Él nos adopta como hijos suyos, perdona nuestros pecados, nos llena de amor y nos hace coherederos del cielo. Mientras esto no sucede, nuestra vida es muy limitada, estamos en la oscuridad, en la aridez, en la penuria, o como marionetas del acaso. Solo el encuentro con el Dios vivo, revelado por Jesús, nos abre las puertas de la eternidad. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Muchos quieren adueñarse de la palabra de Dios

228 - “No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi nombre y luego hablar mal de mí”. Mc 9, 39

Tantas veces queremos adueñarnos de Dios y de su Palabra; nos creemos los únicos autorizados a hablar de Él. Cuántas veces tenemos la tentación de los apóstoles, que querían prohibir a alguien hacer milagros en nombre de Cristo solo porque no era del grupo de ellos. Sin embargo, Jesús nos reprende: el bien no puede ser prohibido. Nadie tiene legítima autoridad para impedir que se realice el bien. Si lo hace, es un abusador de poder. El bien, sea quien sea el autor, debe ser promovido. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Servir a todos para ser el primero

227 - “El que quiere ser el primero debe hacerse el último de todos y el servidor de todos”. Mc 9, 35

Naturalmente, todos buscamos o deseamos ser el primero. Jesús reconoce como legítimo este deseo y propone un modo original para lograrlo: hacerse servidor de todos. Para Jesús seré el primero, el más importante si me pongo en el último lugar. Esto significa vencerme a mí mismo por completo. Solo una fe robusta puede sostener este bajarse por completo, este hacerse último. Sin ella, hasta bajaremos un poquito, pero inseguros y no conseguiremos ir al último lugar. Francisco de Asís y Teresa de Calcuta son ejemplos de que es verdad lo que dijo Jesús. Paz y bien.

 

Gotas de paz

“Creo, necesito ayuda porque tengo poca fe”

. Mc 9, 24

La fe es un don de Dios, pero necesita crecer. Nadie debería ser tan arrogante para pensar que ya tiene suficiente fe para todas las situaciones. Nuestra fe crece en la medida en que la alimentamos con nuestras oraciones, con la meditación de la Palabra de Dios, con la participación en los sacramentos y con la comunidad. Tantas veces la vida nos sorprende con pruebas tan grandes que pensamos no poder soportarlas, pero es justamente en tales momentos cuando, si suplicamos al Señor, sentiremos que nuestra fe traspasará las montañas. Hermanos, la fe no se queda estancada. O buscamos que crezca o ella disminuye. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Pentecostés

“Ven Espíritu Santo: llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor”

Estamos llegando a la fiesta de Pentecostés, con la cual se concluye el tiempo de la Pascua. Desde la resurrección de Jesús, continuamente en las lecturas y en las oraciones, la Iglesia nos ha invitado a abrir nuestros corazones, sin miedo para recibir esta grande gracia: el Espíritu Santo – don de Dios.

Como Dios Padre al inicio del mundo modeló un poco de arcilla y cuando ya estaba listo, sopló en sus narices el halito de la vida, dando origen al hombre, así también Jesús Cristo, con su vida, con sus enseñanzas, con sus milagros, con sus actitudes, con su pascua, fue modelando despacito a la Iglesia y cuando ya había cumplido su misión, ha encontrado a sus discípulos y “ha soplado sobre ellos, diciendo: Reciban el Espíritu Santo.” (Jn 20, 22) Y la Iglesia empezó a vivir.

Del mismo modo que el hombre al inicio, sin el soplo de Dios, no pasaba de una escultura de arcilla, hasta muy linda, pero sin vida, así también la Iglesia, sin el don del Espíritu Santo, no era nada más que una asociación humana y temporaria, hasta con bellas intenciones, pero sin esta fuerza sobrenatural que la distingue.

Del mismo modo que el hombre nace del encuentro de estas dos realidades: la terrena y la espiritual (la arcilla y el halito de Dios), también la Iglesia nace de la interacción de la realidad humana de los apóstoles con el Espíritu Santo de Dios. Es por eso que la Iglesia es humana y divina, es pecadora y santa, es realidad concreta y misterio, es esfuerzo y providencia.

Así como nosotros somos una realidad que ultrapasa a todos los animales, y por eso no se puede aplicar a los hombres las reglas simplemente biológicas, porque somos cuerpo y espíritu, también la Iglesia no puede ser entendida o descripta como una organización más entre las otras, porque en ella actúa el Espíritu de Dios. La Iglesia, cuerpo de Cristo, es animada por el Espíritu Santo. De ahí, su capacidad de sorprender, de vencer las pruebas, de actualizarse en la historia.

Cuando los apóstoles recibieron el don de Dios en Pentecostés, empezaron pronto a predicar la Buena Noticia de que la muerta fue vencida, de que Dios es Emmanuel, de que Él está con nosotros y vive y actúa en nuestro medio. Celebrar Pentecostés es revivir nuestra vocación de ser Iglesia. La acción del Espíritu Santo de Dios no hace a nadie correr lejos del cuerpo de Cristo, más al contrario, nos injerta en él y allí nos invita a producir muchos frutos.

No debemos pensar en el Espíritu Santo, como si fuera un don individualista que viene a satisfacer solo mis necesidades personales, cuando que su misión es preparar a la Iglesia, esposa de Cristo para las nupcias eternas. Es claro que en esta preparación su acción deberá trasformar personalmente a cada uno de nosotros, ayudándonos a superarnos en nuestros límites, consolándonos en nuestras necesidades, pero no según nuestros proyectos a veces muy mezquinos, sino de acuerdo al sueño de Dios, haciendo de nosotros un pueblo santo, un reino de sacerdotes.

Estimado hermano por eso, es muy importante abrirse al don de Dios. Estar disponible a su acción. Permitir que él nos trasforme según el modelo: Jesucristo.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.