Gotas de paz

El nacimiento de San Juan Bautista

Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: "¿Qué llegará a ser este niño?" Lc 1, 66-80

En este día del nacimiento de San Juan Bautista queremos meditar sobre su misión en la Historia de la Salvación y la nuestra.

De hecho este hombre, tiene mucho que decirnos aun hoy. En verdad, su vocación, ser testimonio de la luz, es también la vocación de todos los cristianos en todos los tiempos. Sus gestos y su vida poseen una elocuencia toda especial, pues él supo reconocer la presencia de Dios en el mundo y esto anunció, con coraje, a los demás.

La primera cosa que nos encanta en su persona, es que él sabía quién era él y no quería engañar a nadie. Él no era la luz. Él no era el Cristo. Y esto él decía a todos.

Cuantas veces nosotros, al contrario, queremos engañar a los demás haciendo con que crean que somos nuestras mascaras. ¡Cuánto nos alegraríamos! si las personas empezasen a creer que somos el Salvador, o que tenemos poderes extraordinarios. ¡Cuánto miedo! tenemos de que las personas descubran nuestros defectos, nuestras fallas, y se den cuenta que no somos perfectos. En el fondo tenemos un deseo de ser nosotros mismos la Luz, queremos ser independientes, queremos brillar por nuestros propios medios.

¡Ah, Juan, ayúdanos a reconocer y amar lo que somos!

Ayúdanos a decir con serenidad y paz en el corazón: yo no soy la Luz.

Otro aspecto de su persona, también muy interesante, es que él sabe también cuál es su misión, dar testimonio de la Luz. Cuando somos capaces de reconocer que no somos la Luz, podemos tener tres tipos de relación con ella. Podemos intentar apagarla, podemos serle indiferentes, o podemos buscar de promoverla. Ciertamente todos conocemos ejemplos de los tres tipos. Los primeros son aquellos que luchan contra Jesucristo, contra la Iglesia, contra las personas que asumen su fe. No quieren que crezca su luz. Promueven en la sociedad los anti-valores, inventan libros, filmes, reportajes… que tratan de sembrar dudas, para que la fe deje de ser una motivación para la vida. Tratan de decir que la Iglesia es anticuada y que el cristianismo es una cosa del pasado. Los indiferentes son aquellos que viven su vida como si Dios no existiera. No les importa nada. Puede ser que hasta vayan de vez en cuando en la iglesia, pero las palabras de Jesús no le dicen mucho, y hace solo lo que le viene en mente. Los que la promueven, son aquellos que como Juan Bautista quieren dar testimonio de la Luz, para que otros la conozcan y se dejen iluminar y tengan sus vidas cambiadas. ¿En cuál de estos, estamos nosotros? Damos testimonio de Luz. ¿Alguien ya empezó a creer en Jesucristo, porque yo le hable, o porque le invité a participar de la iglesia, o porque reconoció que en mi vida tenía una motivación especial? ¿O tengo vergüenza? ¿O pienso que esto es solo para padres y monjas? Cuantas oportunidades ya perdemos, aun en las cosas pequeñas, de reflejar la luz de Cristo.

¡Ah, Juan, ayúdanos a descubrir nuestra misión en el mundo!

Ayúdanos a decir con valor y coraje: yo no soy la luz, pero la conozco y quiero mostrártela.

Aun quiero resaltar otro aspecto de su vida: él no tuvo miedo de las consecuencias por realizar su misión. Los promotores de la cultura de la muerte, los amantes de las tinieblas se molestan muchísimo con los testigos de la luz, y por eso, los persiguen y los quieren hacer callar. Juan sabia de los riesgos de evangelizar, pero prefirió perder la vida que vivir sin Vida.

¡Ah, Juan, ayúdanos a vencer la cobardía y el miedo!

Ayúdanos a entender que los males que nos pueden hacer son insignificantes delante del bien que Jesús nos hará.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino

 

Gotas de paz

Dios no tolera la injusticia

“Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura”. Mt 6, 33

Dios no tolera la injusticia. Sin embargo, es muy común ver a cristianos cometiendo injusticias: diciendo lo que no corresponde, persiguiendo a inocentes, no pagando el sueldo justo a sus funcionarios, favoreciendo a protegidos, coimeando o haciendo trampas… Todo esto son pecados que nos alejan de Dios. Un auténtico cristiano debe tener una preocupación por la justicia en sus entrañas, pues el ser justo es una prioridad así como el promover la justicia en la sociedad. De nada sirve cumplir ritos, frecuentar iglesias, llevar cadenitas si no buscamos la justicia. Esto sería también una forma de hipocresía. Paz y bien.

 

Gotas de paz

“Donde está tu tesoro, también está tu corazón”

Mt 6, 21

El gran desafío de nuestra fe, de las celebraciones litúrgicas, de nuestro camino de encuentro con el Señor es elevar nuestros corazones hacia él. Para esto debemos ir descubriendo qué cosas tienen, de verdad, valor en la vida; en qué cosas debo gastar mi existencia. El gran problema es que los bienes materiales ejercen una fuerte atracción sobre nosotros y a veces esclavizan y desfiguran nuestro corazón. Lastimosamente, muchos gastan sus mejores energías para obtenerlos y conservarlos. Solo quien sabe usar de sus bienes para hacer crecer el reino de Dios está acumulando un tesoro en el cielo. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Oren así: “Padre nuestro”

. Mt 6, 9

El cristianismo no es una ONG donde solo cuenten las capacidades de sus miembros y las acciones concretas que hacen. El cristianismo es una religión en la que las personas forman una iglesia para estar con Dios, descubrir su voluntad y así marcar la historia con buenas obras. Pero el gran protagonista es el propio Dios; por eso, no hay experiencia cristiana sin auténtica vida de oración. Quien no descubrió la importancia de la relación con el Señor en la oración puede hasta ser un gran filántropo, pero no es aún un cristiano. Señor, ya que nos enseñaste a orar, danos también el gusto por practicarla. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Hacer el bien sin buscar recompensa

264 - “Cuídense de hacer obras buenas en público solamente para que los vean”. Mt 6, 1

Todos debemos hacer el bien a los demás. Sin embargo, nuestro egoísmo es tan astuto que tantas veces nos lleva a hacer el bien buscando publicidad, reconocimientos y aplausos. La motivación para la caridad en este caso no es el bien del otro, sino ensalzarnos a nosotros mismos. Por eso, el Señor desafía a los cristianos a hacer el bien en secreto para que nadie lo sepa sino Dios. Pues solo es verdadera bondad el bien que tiene como único objetivo ayudar al otro, sin que yo gane otra cosa. Todo lo demás es mi egoísmo maquillado. Paz y bien.

 

Gotas de paz

“Sean perfectos como el Padre que está en el cielo”

Mt 5, 48

Tenemos un modelo que seguir, que nos estira hacia la perfección: el Padre celestial. Toda nuestra vida debe ser un caminar hacia Él mejorándonos cada día. Debemos aprender de Él el amor, la bondad, el perdón. No podemos quedarnos arrastrándonos en este mundo entre venganzas, odios, prejuicios y discriminaciones. Dios Padre es tan bueno que no tiene límites en el amor. Y nosotros no podemos perderlo de vista, no podemos perder la dirección. Aunque seamos tan pequeños y limitados, debemos cada día inspirarnos en Él en nuestras acciones. Es por eso que debemos estar siempre en contacto con Él para, de a poquito, ir transformándonos en Él. Paz y bien.

 

Gotas de paz

"Si te golpean la mejilla derecha, ofrece la izquierda"

262 - “Si uno te da una bofetada en tu mejilla derecha, ofrécele también la otra”. Mt 5, 39

Estas palabras parecen ser absurdas cuando no entendemos su sentido. Jesús nos propone no perder las riendas de la situación. Si yo reacciono y golpeo a quien me golpeó, estoy permitiendo que el otro determine mi modo de actuar. Sin embargo, cuando me poseo de verdad, voy a actuar según lo que es correcto sin permitir que el otro me imponga lo que no corresponde a mi modo de vida. No es porque alguien me falló (mentira, infidelidad, ofensa, violencia, soberbia) tenga yo que rebajarme y hacer lo mismo. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XI Domingo del Tiempo Ordinario (B)

“El reino de Dios se parece a un hombre que echa semiente en la tierra. Él duerme de noche, y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo” Mc 4, 26-27

En el evangelio que la Iglesia nos regala este domingo, descubrimos a Jesús que quiere explicarnos, en un modo muy sencillo que es el Reino de Dios. Aun hablando de cosas tan profundas, Jesús que es un perfecto comunicador, consigue explicar con un lenguaje del cotidiano el misterio de su reino.

Hoy a través de la ciencia algunas personas ya conocen todos los mecanismos que hacen crecer una semilla. Al contrario, la mayor parte de los campesinos no saben explicar este proceso, pero saben exactamente lo que tienen que hacer para que ello suceda.

Lo más importante para el Reino de Dios no es saber todas las cosas, conocer todos los mecanismos, ser un gran científico. Lo más importante es confiar que poniendo una semilla en la tierra y dándole agua, ella va a crecer y producir frutos.

Cuando hacemos un bien, cuando realizamos una obra de caridad, cuando oramos, cuando perdonamos a alguien, cuando acogemos y respetamos a los demás como personas, entonces somos como el agricultor que está colocando la semilla en la tierra, y en esto misteriosamente va haciendo crecer el reino de Dios.

Es inútil conocer toda la fisiología del brazo, ser un especialista de los músculos, saber explicar en detalles todos sus movimientos y no ser capaz de dar un abrazo.

Es inútil tener lindos discursos pacifistas, colocar la bandera de la paz en la ventana, participar en marchas contra las guerras y no ser capaz de perdonar a quien te hizo una ofensa.

Es inútil saber hablar de solidaridad internacional, hacer lindos proyectos para ayudar a los niños carentes, y no ser capaz de renunciar a una cosa tuya para darle a quien la necesita más que tú.

El Reino de Dios no crece con teorías. El Reino de Dios crece con la semilla echada en la tierra. Crece en la noche.

A veces ante un problema, nos desesperamos, queremos entender todo, queremos resolver primero en nuestras mentes y acabamos no haciendo nada. Parece que la sugerencia de Jesús es otra: antes que nada, buscar hacer el bien, una oración, una buena palabra, un abrazo y mucha confianza, pues sin que sepamos Dios hará germinar la solución. Es inútil angustiarnos con lo que nos supera. Debemos hacer lo que podemos: “colocar la semilla”, el resto Dios lo hará.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

“Que la palabra de ustedes sea sí, sí; y no, no”

Mt 5, 37

En nuestros días, parece que la palabra ya está muy gastada. Casi no tiene fuerza. Decimos algo ahora y en seguida creemos que ya podemos decir completamente lo contrario, como si nada. Sin embargo, esta no es la propuesta de Jesús. Para él, nuestra palabra debe ser verdadera y debemos honrarla, aunque nos cueste. Debo pensar y calcular antes de hablar, pero una vez que hablé, debo ser consecuente con lo dicho. Esta es la base de una verdadera relación: respetar la palabra dada. Hay que empezar. Al inicio será más difícil, pero de a poco nos habituaremos a la sinceridad. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Dios no tolera la injusticia

“Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura”. Mt 6, 33

Dios no tolera la injusticia. Sin embargo, es muy común ver a cristianos cometiendo injusticias: diciendo lo que no corresponde, persiguiendo a inocentes, no pagando el sueldo justo a sus funcionarios, favoreciendo a protegidos, coimeando o haciendo trampas… Todo esto son pecados que nos alejan de Dios. Un auténtico cristiano debe tener una preocupación por la justicia en sus entrañas, pues el ser justo es una prioridad así como el promover la justicia en la sociedad. De nada sirve cumplir ritos, frecuentar iglesias, llevar cadenitas si no buscamos la justicia. Esto sería también una forma de hipocresía. Paz y bien.

 

Gotas de paz

“Donde está tu tesoro, también está tu corazón”

Mt 6, 21

El gran desafío de nuestra fe, de las celebraciones litúrgicas, de nuestro camino de encuentro con el Señor es elevar nuestros corazones hacia él. Para esto debemos ir descubriendo qué cosas tienen, de verdad, valor en la vida; en qué cosas debo gastar mi existencia. El gran problema es que los bienes materiales ejercen una fuerte atracción sobre nosotros y a veces esclavizan y desfiguran nuestro corazón. Lastimosamente, muchos gastan sus mejores energías para obtenerlos y conservarlos. Solo quien sabe usar de sus bienes para hacer crecer el reino de Dios está acumulando un tesoro en el cielo. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Oren así: “Padre nuestro”

. Mt 6, 9

El cristianismo no es una ONG donde solo cuenten las capacidades de sus miembros y las acciones concretas que hacen. El cristianismo es una religión en la que las personas forman una iglesia para estar con Dios, descubrir su voluntad y así marcar la historia con buenas obras. Pero el gran protagonista es el propio Dios; por eso, no hay experiencia cristiana sin auténtica vida de oración. Quien no descubrió la importancia de la relación con el Señor en la oración puede hasta ser un gran filántropo, pero no es aún un cristiano. Señor, ya que nos enseñaste a orar, danos también el gusto por practicarla. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Hacer el bien sin buscar recompensa

264 - “Cuídense de hacer obras buenas en público solamente para que los vean”. Mt 6, 1

Todos debemos hacer el bien a los demás. Sin embargo, nuestro egoísmo es tan astuto que tantas veces nos lleva a hacer el bien buscando publicidad, reconocimientos y aplausos. La motivación para la caridad en este caso no es el bien del otro, sino ensalzarnos a nosotros mismos. Por eso, el Señor desafía a los cristianos a hacer el bien en secreto para que nadie lo sepa sino Dios. Pues solo es verdadera bondad el bien que tiene como único objetivo ayudar al otro, sin que yo gane otra cosa. Todo lo demás es mi egoísmo maquillado. Paz y bien.