Martes 8 de Noviembre de 2016 | 07:58

“Estaba cambiada, sonreía más, se le veía más linda”
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Aunque parezca mentira, la muerte de su novia Eli fue apenas el principio de esta historia que nos cuenta Ismael. La chica, que tenía 23 cuando falleció, se ahogó en sus vacaciones de Río de Janeiro, y la tragedia destro­zó a su novio que después del entierro se fue por tres meses a Estados Unidos. Cuando volvió, en una cena que los padres de la difunta le ofrecieron en su casa, él se enteró de que una extraña mujer a la que había visto llorando por su novia era al hermana paterna de éste, una hermana a la que la difun­ta no conoció y que era recha­zada en aquella casa…

Fue el papá de su novia fa­llecida quien le contó a Ismael la historia de su otra hija, Carla, que tiene 34 años y que jamás fue admitida en su casa.

El señor ya estaba casado cuando nació Carla, de manera que su esposa le prohibió que siquiera mencione a la chica, y aunque sus tres hijos mayores sa­bían de ella, Eli jamás se enteró de que tenía una hermana mayor. Como el ex suegro de Ismael se sentía culpable por no haber tenido de valor de juntar a sus hijas, le pidió a Isma que acepte conocer a Carla: “para ella va a ser muy importante”, le dijo.

Y sin saber cómo negarse, un domingo Ismael se encontró en una cafetería con el papá de su difunta novia y con esta hija extramatrimonial, pero todo acabó en escándalo porque se apareció por ahí la esposa del señor. Isma tuvo que atajar a su exsuegra para que no golpee a Carla: “cuando ellos se fueron le pregunté a carla si ésa fue la primera vez que vio a la esposa de su papá y me dijo que no, que ella le solía llamar a ella y a su mamá, y que una vez se presentó en su casa a amenazarle”.

DOS MESES DESPUÉS…

Ismael no volvió a acercarse a la familia de su ex novia, ni siquiera a Carla, que aunque le cayó bien seguía siendo la hermana de la difunta y él no quería más problemas en su vida.

Sin embargo, dos meses des­pués ella lo llamó: “me preguntó si no sería desubicado de su parte invitarme a cenar ese sábado. Me alegró su llamado y le dije que acepto su invitación pero con la condición de que ella tiene que decirme qué lugar le gusta, así no me pongo inseguro. Quedamos así y ese sábado fui a buscarle a la dirección que me dio, que es en lo de su abuela, y pasé y le conocí a la señora”.

Se trataba de una mujer muy mayor y también muy bella, llamada Isabella: “me dio los pésames y con mucho respeto me dijo que conocía mi dolor porque ella perdió a su marido y sabe lo que es despedir a un ser querido. Me senté con ella un ratito y entre nosotros hubo una conexión muy fuerte; yo me sentí cómoda en su lugarcito en donde suele tomar su café, y hablamos mucho en un ratito, hasta que vino Carla”, dice.

La chica seguía vistiendo luto por su hermana pero estaba muy bella: “su abuela le bendijo antes de salir y eso me pareció muy tierno, porque hace mucho no veo ese trato. Fuimos a un restaurante cerca de la casa de Carla que a ella le gusta mucho, y la verdad que me gustó también a mí, pero yo le notaba intranquila a ella y le pregunté qué le pasa; creo que estoy enferma, me dijo ella”.

Ismael le preguntó a qué se refería: “me dijo que por su situación de ser la hija de un hombre casado siempre vivió un poco escondida, y que no tiene amigos, solo su abuela, y que no le quiere preocupar a su abuela. Decime qué te pasa, le dije, y me dijo que tiene un sangrado y dolores en la zona de los ovarios. No sé qué hacer, me dijo, y le dije que agarre su bolso, y le saqué de ahí”.

Carla le preguntó repetidas veces adónde la llevaba, pero Is­mael no le dijo hasta que llegaron a un sanatorio privado: “una de las cosas que mi papá me enseñó es que al mal trago hay que darle apuro y para mí ésa es mi regla de vida. Mi hermano mayor, que es médico, estaba de guardia y justamente yo pasé por su casa y le llevé al sanatorio antes de ir a casa de Carla, porque el auto de él se descompuso. Entonces fui junto a él, con Carla, y le expliqué lo que le pasaba a ella; les dejo solos, le dije”.

Ismael se sentó un buen rato en el pasillo, y vio entrar a una enfermera y después, llevaron a Carla a hacerle unos estudios: “entré junto a mi hermano y me dijo que él cree que son carnosi­dades lo que ella tiene pero que hay que asegurarse. Me dijo que lo que sí le preocupa es que le ve muy angustiada, y que no sabe si es porque tiene miedo o porque algo le pasa. Entonces le conté que ella era la media hermana de mi novia fallecida”.

¿QUÉ TENÍA?

Así como lo pronosticó el hermano de Ismael, a Carla le de­tectaron unas carnosidades en el útero, que le fueron extirpadas: “a las dos semanas volvimos al mismo restaurante para seguir nuestra cena, que se echó a per­der cuando le llevé al sanatorio. Yo me daba cuenta de que ella estaba cambiada, sonreía más, se le veía más linda, y le dije a ella; parece que floreciste, le dije”.

Ismael imaginó que el dolor por la muerte de Eli por fin estaba cediendo: “pero ella me dijo que la verdad es que está feliz de tener un amigo como yo. Me dijo que le hubiese gustado cono­cerme como cuñado, ver cómo su hermana era feliz conmigo, y entonces se le corrieron las lágrimas. No sé también si ella me hubiese querido, me dijo, y le dije que claro que sí, porque ella es una persona adorable. Me salió del alma eso…”

“Ojalá que nos entiendan”

Ismael recuerda que la fra­se que se le escapó, emocionó mucho a Carla: “me dijo que ella siempre va a sentir el dolor de no haberse acercado a Eli a darle ese abrazo que siempre le quiso dar, y que poder hablar conmigo, que fui el hombre a quien su hermana amó, que era demasiado importante para ella. Le tomé la mano y le dije: acá voy a estar siempre para vos, no me voy a ir a ninguna parte”.

Un día después de esta cena, Ismael fue a almorzar en casa de Carla: “doña Isabella me mostró fotos, me contó de cuando ella vivía en una ca­sona en Concepción, pasamos una tarde hermosa. Después se fue a dormir y yo no quería molestar más, pero Carla me retuvo en su casa hasta que pasó lo que tenía que pasar: nos dimos un beso”.

¿CULPABLE?

Ismael cuenta que llevan un par de meses ocultando el amor que se tienen: “nos sentimos culpables, ésa es la verdad, yo, por haberme enamorado de la hermana de mi novia que falleció, y ella por haberse enamorado de mí. Ni el papá de Carla sabe lo nuestro porque pensamos que le va a doler, y la verdad ya no sabemos qué hacer”, explica.

De manera que se les ocurrió llamar y contar esta historia: “yo hablo desde el corazón, y espero que así sea recibido lo que cuento. Amé mucho a Eli pero ella ya no está, ella se fue con Dios, y me encontré con esta persona maravillosa que es Carla y sé que nos amamos. Esta es nuestra verdad, y ojalá nos entiendan”, termina diciendo Isma. FIN DE LA HISTORIA.

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