Martes 20 de Agosto de 2013 | 02:00

​“Nunca vi a un hombre desnudo hasta que…”
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Sandrita (25) se casó con Pablo, el hijo del intendente de una ciudad del interior del país, y dos días después volvió a su casa sola y con la cara demacrada. ¿Qué le pasó? Ella empieza por contar que cuando terminó su carrera de contadora entró a trabajar en la muni y ahí conoció a Pablo, el hijo mimado del intendente. El enloqueció por ella, y como el intendente le tenía mucho cariño, todo el mundo esperaba el noviazgo. Sadrita, sin embargo, le tenía miedo al primer beso y a todo lo que vendría después…

Sandrita cuenta que presionada por sus padres y amigos, aceptó salir a solas con el hijo del intendente y como era lógico, él le dio el primer beso que los convirtió en novios. Después de las agarraditas de mano y los besos onda piquitos nada más, ya que Sandrita se cuida de no estar a solas jamás con su novio, él comenzó a presionarla hasta el punto de que la atracó en el jardín, y ahí fue que ella la echó de su casa.

Dos meses estuvieron distanciados y fue él quien volvió pidiendo perdón y jurando que ya no volvería a apurar a su novia, ya que se dio cuenta que aunque ella no se lo decía, era virgen. Sandrita, por su parte, sabía que era ella quien tenía que disculparse ya que él solo estaba actuando como un novio enamorado: “lo que pasa es que yo le tenía miedo a otra cosa más”, asegura.

EL PRIMO

La historia que lo explicaba todo y que Sandrita nunca le contó a Pablo, es que cuando tenía 10 años su papá trajo a la casa al hijo de su hermano, un muchacho de 20 años llamado Sebastián, a quien ella recuerda como su primer amor.

“Mi papá tiene ojos verdes, y en Caaguazú es famosa su familia porque todos tienen ojos verdes. Nosotros, sus hijos, no sacamos sus ojos, pero Seba sí tenía ojazos y era el muchacho más lindo que vi en mi vida. Cuando él estaba en casa yo era feliz, le lavaba su media o su remera, le preparaba postres, y a mis padres no les molestaba porque me veían muy chiquita y se alegraban de que le quiera tanto a mi primo. Pero lo que yo sentía era algo más, aunque era muy chica, y mi primo comenzó a fijarse en mí no como en una nena, o como en su pariente, sino como en una chica que empezaba a tener sus pechitos y sus curvas”, dice.

Sandrita recuerda que cuando su primo llegaba del trabajo y entraba a bañarse, ella le llevaba su ropa lavada y planchada y se sentaba en la cama para hablar con él: “yo era inocente, para mí era solo un amor platónico y me moría por estar un ratito en su pieza. Solía arreglarle la cama, le ponía flores, derramaba perfume, esas cosas que hacen las chiquilinas. Una de esas veces, un sábado de tarde, él llegó de jugar fútbol y yo le estaba poniendo las toallas limpias en la cama. Como estaba todo sudado, para tentarme vino a abrazarme, y yo me tiré en su cama y él se tiró encima de mí para hacerme cosquillas, pero de repente se paró y me dijo que me vaya, que se iba a bañar y que ese no era lugar para una nena”.

Sandrita pensó que su primo se enojó con ella y se quedó súper triste: “no entendí qué pasaba, y me fui a mi pieza a llorar y entró mamá y me preguntó qué pasó. Le dije que Seba se enojó conmigo, y ella me dijo que no puede ser porque yo soy su prima adorada, y que seguro me pareció nomás. Ella misma le preparó la merienda y le preguntó, y él le dijo que nada que ver, que lo que pasa es que se iba a bañar y no correspondía que yo anda por ahí. Entonces mamá habló conmigo y me dijo que a un muchacho hay que darle su espacio, y que no entre más cuando él se iba a bañar”.

Pero Sandrita no estaba conforme con eso: “más quería entrar cuando veía que él llegaba y cerraba la puerta porque se iba a bañar. Es como que se convirtió en una obsesión para mí ese momento y es solo porque me prohibieron. Cosas de chiquilinas”, dice, con tristeza, y agrega: “a veces uno por no saber se mete en problemas”.

Y ENTONCES…

Sandrita siguió detrás de su primo y a él parecía que le costaba ponerse serio o distanciarse con ella: “yo me daba cuenta que él me adoraba y si era por él siempre iba a estar conmigo, pero me apartaba, y eso es lo que yo no podía aceptar. Una tarde en que me quedé en casa porque tenía que estudiar, y ese día siempre pasamos en casa de mi abuela, él se fue con mis padres pero volvió más temprano. Cuando vi que llegaba en la moto yo me fui y entré en su dormitorio sin tocar la puerta”, dice.

Esa fue la primera vez que vio a su primo desnudo: “estaba de espaldas y se había sacado su ropa interior para entrar a bañarse. Salí corriendo, muerta de verguenza porque yo sabía que él me dio. O sea, nunca vi el cuerpo de un hombre ni siquiera de espaldas, desnudo, porque mi papá siempre se cuidó mucho en la manera en que andaba por casa. Yo estaba impactada y es como que mi mundo cambió desde ese momento; yo no sabía cómo iba a volver a mirarle a la cara, pero unos minutos después él tocó a mi puerta”, asegura, y ¡nos cuenta lo que pasó”.

“Me pidió que no cuente…”

Sandrita recuerda que estaba en su cama, acurrucada, cuando escuchó que alguien tocó la puerta: “era mi primo, ya que solo estábamos los dos. No respondí y él entró igual y se sentó en mi cama. Me dijo que por eso era que me solía pedir que no entre a su pieza cuando él se iba a bañar, porque los hombres tienen que tener su intimidad y que si yo tenía más años a lo mejor iban a pasar otras cosas, pero que yo era una nena y que él tenía miedo de mí”.

Esa confesión inesperada conmovió a Sandrita: “le pregunté por qué va a tener miedo de mí, y me dijo que no importa, pero que no quiso que le vea así aunque iba a ver muchos hombres desnudos cuando crezca. Le dije que está bien, que yo tengo clases de educación sexual en la escuela y que solemos ver hombres desnudos. Se rió de mí, y me dijo que por ahí me podía enseñar algunas cosas así cuando voy creciendo ya no me asusto”.

¿CURIOSIDAD?

Sandrita dice que lo que le dijo su primo impactó en ella: “al siguiente fin de semana yo fui a avisarle que ya estaba la merienda. El estaba acostado, y le pregunté por qué no se levantaba ya que mi mamá me dijo que le lleve conmigo; me dijo que salga primero porque no tenía ropa, y yo entre curiosa y juguetona le dije que se levante sique”.

La niña no pensó que su primo actuaría como actuó: “sacó la sábana y se levantó frente a mí. Creo que me quedé sin respirar unos segundos, porque si verle de atrás me impactó, eso ya era demasiado. El me dijo que me quede tranquila, que es como verle a un primito desnudo, solo que él creció, y me pidió que no le cuente a mi mamá…”

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LEE MAÑANA: El secreto.

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Correo de Historias Reales: mabelpedro@hotmail.com

 
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