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La hipertensión mata en silencio: la mitad de los adultos la padece

El 46,8 % de la población adulta sufre de hipertensión, una enfermedad que no posee síntomas y la llaman la asesina silenciosa. Puede presentarse como un derrame y para entonces ya es demasiado tarde.

La titular de la Sociedad Paraguaya de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, doctora Luz Cabral, advirtió que la primera causa de muerte en nuestro país es la cardiovascular y que la hipertensión constituye uno de los factores de riesgo.

“La mitad de la población adulta es hipertensa y la conciencia de la enfermedad es lo que no tenemos los paraguayos”, comentó Cabral en entrevista con la 970 AM. En tal sentido detalló que la consigna es controlar los propios números, es decir, tomarse la presión, pesarse y manejar las cifras.

Si bien muchas personas están genéticamente expuestas a padecer este mal, también existen desencadenantes como: la falta de actividad física, la ingesta exagerada de sal y el sobrepeso.

Se habla de sobrepeso cuando el índice de masa corporal varía de entre 25 a 30, sin embargo, los que dicen ser obesos superan ampliamente estas cifras.

“La hipertensión arterial es llamada la muerte silenciosa porque no da síntomas, porque cuando aparecen signos ya es tarde”, alertó la doctora.

Indicó que la hipertensión presenta eventos como muerte súbita, infarto, y Accidente Cerebro Vascular, más conocido como ACV.

 

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Paraguay recuerda a sus esclavos en Asunción

Paraguay recuerda la presencia de esclavos afrodescendientes y pardos en su territorio con una doble exposición en el Archivo Nacional de Asunción, donde se exhiben documentos de la época, y en la Casa de la Independencia, también en la capital, donde se muestran objetos de la época.

Fuente: EFE

El comercio de esclavos en el país fue legal hasta 1870, cuando la Constitución Nacional, en su artículo 25, prohibió la venta de personas en línea con el decreto al respecto promulgado el año anterior.

No obstante, la concesión de la libertad a los esclavos fue un proceso gradual que se inició en 1842 cuando el entonces cónsul Carlos Antonio López sancionó el decreto de libertad de vientres, que otorgaba el título de libertos a todos los hijos de los esclavos nacidos a partir del 1 de enero de 1843.

Algunos de estos documentos, como la Constitución de 1870, se pueden ver en la exposición "Los invisibles. La esclavitud en el Paraguay", en el Archivo Nacional.

Ese documento es el final de una historia que comienza con el inventario del conquistador Álvar Núñez Cabeza de Vaca, apresado en Asunción en 1544, entre cuyas posesiones consta un esclavo.

"Una de la documentación más antigua que encontramos fue el inventario de bienes Álvar Núñez Cabeza de Vaca, y entre esos bienes se encuentra un esclavo del nombre de Juan Blanco", comentó hoy a Efe el director del Archivo Nacional, Vicente Arrúa.

Junto a ese documento, ajado por el tiempo, descansan otros con la misma pátina, como un Bando de Buen Gobierno de 1796 en el que se establece cómo debían ser las relaciones con los esclavos fugados.

"No se tenían que juntar ni darle abrigo, ni asilo ni nada a un indio o a un esclavo fugado. Si se le daba un obsequio, se tenía que pagar una multa por valor del coste del regalo", relató Arrúa.

El director del Archivo Nacional señaló que también existían distintos castigos para nobles y plebeyos, con multas o expulsiones para los primeros y grilletes o trabajos públicos para los segundos.

En esos papeles antiguos también se puede observar que buena parte de esos esclavos negros procedían de Angola, y llegaban a la región suramericana a través de Montevideo o Buenos Aires, donde se llevaba a cabo la venta.

Arrúa, en este recorrido por la sala del Archivo Nacional que alberga la exposición, explicó que los esclavos también podían denunciar a sus amos por malos tratos o por prohibición a la hora de ejecutar sus trabajos.

"Era muy común aquí en Paraguay que los esclavos desarrollaran ciertos oficios fuera del trabajo que realizaban con el amo, y así juntaban dinero y compraban su libertad", precisó.

Otra forma de abandonar la esclavitud era a través del testamento del amo, una fórmula no exenta de problemas ya que la familia del difunto no siempre reconocía su voluntad.

Asimismo, también era común "fundar pueblos en zonas fronterizas con indios no sometidos, hacia el norte", en las que la administración concedía tierras a cambio de que los libertos se enfrentaran a otras comunidades, como ocurrió en Emboscada, a unos 40 kilómetros de Asunción, según contó Arrúa.

Tras conseguir la libertad, los antiguos esclavos se ganaban la vida a través de la carpintería, la herrería, la zapatería o la venta de pulpos, oficios que, a veces, les fueron enseñados por sus amos.

Arrúa destacó el caso del esclavo Pedro Pablo Escato, que intentó envenenar a su amo después de que este le prohibiera abrir una pulpería.

El hecho de que se quisiera dedicar a este negocio no era casual, ya que era el mismo oficio que desempeñaba la española con la que mantenía una relación y que, al contrario que él, no firmaba los documentos, de lo que se deduce que Escato sabía leer y escribir.

En la muestra también se exponen libros y grabados de viajeros europeos que visitaron Paraguay a finales del siglo XVIII y principios del XIX y que dejaron por escrito sus impresiones del país.