Viernes 5 de Octubre de 2012 | 03:00

“Le juré a mi mamá que no iba a tener sexo con mi novio”
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Maricé (María Celeste es su nombre) se puso de novia con Hernán cuando tenía 17 años. Su mamá, que es una católica devota, obligó a su marido y a sus tres hijos a rebautizarse en una fe mariana, le permitió que este novio llegue a la casa, pero le hizo jurar frente a un crucifijo que no tendría sexo con este muchacho hasta que estuviesen casados y de luna de miel. Maricé se lo prometió porque más que nada, en ese momento se moría de ganas por ser novia de Hernán, y lo obligó a él a “respetarla” hasta que hace tres meses, el muchacho la llevó al jardín y le dijo: “tu mamá tiene un amante”.

​Maricé tiene dos hermanas mayores que son mellizas, que están casadas y ya le dieron sobrinitos. En la casona familiar del barrio Ciudad Nueva vive ella con sus padres y su abuelita, y la vida que llevan siempre fue tranquila y muy severa a nivel religioso: “mi mamá se hizo Hija Devota de María, y a toda la familia nos obligó a un rebautizo mariano. Desde ese momento ella nos obligó a llevar nuestra vida por la senda cristiana y con mis hermanas y conmigo fue muy dura”, explica.

Dice que su papá, que tiene su consultorio médico a unas cuadras de su casa, está tan ocupado que solo le pide a sus hijas que hagan lo que su mamá dice: “yo le conocí a Hernán en el consultorio de papá, cuando fui a visitarle. El era su alumno en la facultad de medicina y solía ir a ayudarle en el consultorio, así que comencé a ir a cada rato para verle. Pero yo era tímida y él también, y casi no hablábamos”.

En el cumple del papá de Maricé, Hernán fue como invitado y se sentó a su lado en la mesa: “me tomó de la mano debajo de la mesa. Cuando yo sentí su mano, casi me desmayé”, asegura.

BUENO, PERO…

El papá de Maricé fue quien se dio cuenta que entre su hija y su alumno preferido había surgido algo más que un deseo de amistad: “papá habló con él y le pidió que ya no vaya a su consultorio. Cuando yo me enteré me quise morir, me puse muy triste, y para no desobedecer la decisión de mi papá no le llamé, pero él si me llamó y me pidió que nos encontremos a la salida de mi colegio”.

Maricé, muerta de miedo y de culpa porque estaba haciendo algo que sabía que a su mamá no le iba a gustar, se despidió de sus compañeras: “siempre caminábamos todas juntas porque yo tenía mi grupo de chicas que vivíamos todas en la zona del colegio, pero les dije que tenía que ir al consultorio de papá y me escapé de ellas.

Cuando Hernán me vio me siguió y a las tres cuadras le esperé para preguntarle de qué quería hablar conmigo. El me dio mi primer beso en la boca”. Emocionada, pero también asustada, Maricé le dijo que no podía tener novio: “él me dijo que iba a hablar con mi papá, que mi papá le conoce a él y a su familia y que él sabía que no se iba a negar. Yo tuve miedo, pero acepté, porque yo no iba a tener un novio a escondidas ya que no me criaron para andar así. Bueno, él habló con mi papá pero él no decidió nada, sino que dijo que tenía que consultar con su mamá, y ahí fue que mi mama ceptó pero con la promesa de que yo tenía que portarme bien, como una señorita que respeta su, su familia y su iglesia, y que prueba de amor no podía haber sino recién cuando esté felizmente casada”. Maricé no podía creer que su mamá acepte que tenga novio: “lo que pasa es que mi papá le habló mucho, le dijo que hoy en día las chicas a los 13 ya tienen sexo y que ellos tenían suerte de tener una hija obediente como yo, pero que no tenían que presionarme sino que facilitarme las cosas para que yo nunca les decepcione. Yo no le dije a Hernán el juramente que le hice a mi mamá, pero el primer día que vino de visita ella le comentó eso”.

Maricé dice que su mamá recibió al muchacho en la sala de la casa un sábado a las ocho y media de la noche: “mamá me dijo que me quede en mi dormitorio y que ella me iba a llamar en el momento indicado; era porque ella quería hablarle primero, darle sus indicaciones, y ahí le dijo que yo tenía 17 y él 22, y que tenía que respetarme como a una chica más joven que él y que tenía un compromiso de ija y de cristiana respetuosa”.

NOVIOS Y…

Maricé dice que aquellos primeros meses “de visita” fueron los más felices de su vida: “a Hernán le dejan venir los jueves y los sábados, y también los domingos a las cinco de la tarde, pero los martes no porque mamá dice que se empieza recién la semana y quiere que yo no descuide los estudios. Eso fue el año pasado, y este año él apenas se quedaba solo conmigo y me besa con más compromiso, me metía la lengua, cosas que antes no hacía estaba haciendo”.

La chica le pidió que no la apure: “le dije que si mamá le veía le iba a prohibir que me vea, y él me preguntó si yo sé lo que es el deseo carnal. Yo no hablo de eso con mi novio y le pedí a él que se retire de mi casa si no soy la chica que él espera tener a mi lado. Eso le calmó, porque nos amamos tanto que no queremos separarnos, y aunque yo entendía su deseo porque en mí también se despertó las ansias sexuales, yo le pedía a Dios que me cuide, que me aleje de la tentación”. Claro que Maricé no imaginaba que quien la obligaba a ser así de santa (su mamá), le estaba poniendo cuernos a su papá… MP

“Me metió en el baño”

Maricé dice que sus oraciones le sirvieron de alivio y ella cree que también calmaron a su novio: “pero yo me daba cuenta que él comenzó a arrepentirse de tener una novia colegiante. Yo no podía salir sola con él ni acompañarle en los cumpleaños de sus compañeros de facultad porque no me daban permiso, así que cuando tenía un acontecimiento él venía más temprano a casa o si tenía facultad, directamente no venía, y eso me hacía sentir muy sola”, asegura.

Pero la chica sabía que no tenía salida: “yo le di mi palabra a mi mamá y además era muy poco lo que sabía de las relaciones con un hombre porque Hernán fue mi primer novio y apenas pudimos llegar a eso de los besos profundos.

Mi mamá no dejaba que me abrace cuando se ponía detrás de mí, ni me permitía sentarme en su regazo porque ella me decía que esas cosas hacen los muchachos para que las chicas puedan sentir su sexo. Yo me ponía de mil colores cuando mamá me decía eso, pero ella quería que yo sepa por qué me prohibía las cosas”.

CRISIS

Maricé dice que desde que empezó su noviazgo, un solo sábado su mamá la dejó sola en la casa con su novio: “la empleada se va al mediodía y ella quería irse a la peluquería porque tenía una cena con papá, así que me dijo que podía recibirle a Hernán, que tenía que pasar por casa a las siete, pero que salga en el jardín, que no me quede con él en la sala.

Yo puse las sillas en el jardín y cuando mi novio llegó, me dijo que quería pasar el baño”. Maricé le dijo que pase, pero él le pidió que lo acompañe: “me dijo que no quería entrar solo a la casa así que le lleve, y ahí me pidió que le espere. Me quedé afuera y escuché que él alzó la tapa del inodoro; necesito una toalla, me dijo, y yo fui a buscar y cuando le golpeé la puerta él me estiró y me metió dentro del baño”.

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LEE MAÑANA: Escándalo y venganza.

 
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