Sábado de la cuarta semana de Cuaresma
- “Jamás hombre alguno habló como habla este hombre”. Jn 7, 46
Muchos se resistían a escuchar a Jesús porque estaban completamente cerrados. No les importaba el contenido de su predicación ni los milagros ni los testimonios. Tenían el corazón blindado, inaccesible. A veces también nosotros estamos así en relación a Dios: decidimos no creer; no queremos ni mirar ni escuchar. Nos hacemos ciegos, sordos y mudos.
Estando así, ni Dios consigue maravillarnos. Aunque sucedan milagros delante de nosotros, no los veremos porque estamos decididos a no ver. El peor ciego es aquel que no quiere ver. Dejémonos sorprender y fascinar por Dios; veremos lo que nadie jamás podrá hacer con nosotros. Paz y bien.
Cuarto domingo de Cuaresma
088 - (año A) “Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento”. Jn 9, 32
Todos nosotros nacimos ciegos, espiritualmente hablando. Los hijos de Adán nacemos con las ataduras del pecado que nos impiden ver la luz de Dios. Necesitamos acercarnos a Jesús, luz del mundo, para que él nos ilumine. Son las aguas del bautismo, prefiguradas en la piscina de Siloé, las que pueden hacer que nosotros, ciegos de nacimiento, podamos ver la luz. Pero los hijos de las tinieblas no quieren que dejemos de ser ciegos, que salgamos de su servidumbre; por eso siempre persiguen a aquellos que se acercan a Jesús y a los que promueven el reino de la luz. Paz y bien.
Sábado de la tercera semana de Cuaresma
087 - “Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, Jesús contó la parábola del fariseo y el publicano”. Lc 18, 9
Una de las tentaciones más dañinas que podemos tener es aquella de creer que ya somos perfectos y que los demás son los que necesitan cambiar. Jesús rechaza este espíritu farisaico que está siempre vanagloriándose y buscando defectos en los otros. El orgullo y la soberbia ponen a perder hasta lo que de bueno podría haber en una persona. Debemos combatir con todas nuestras fuerzas esta tentación sabiendo que los primeros que deben cambiar somos nosotros. El peor enemigo que debemos vencer es nosotros mismos con nuestros egoísmos. Paz y bien.
Viernes de la tercera semana de Cuaresma
086 - “¿Cuál es el primer mandamiento?”. Mc 12, 28
A veces nos perdemos en cositas y nos olvidamos de lo más importante. También para nosotros es fundamental tener presente cuál es el mandamiento más importante para que no nos suceda que hagamos muchas cosas, pero que al final estemos fallando justamente en lo más básico. Jesús no deja dudas: lo primero es amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Por lo tanto, el amor es la columna vertebral de toda la Ley. Ciertamente, Jesús no dice que las demás cosas no necesitan ser cumplidas. Lo que afirma es que no puede faltar el amor. Sin amor no somos nada. Paz y bien.