Sábado de la cuarta semana de Cuaresma

- “Jamás hombre alguno habló como habla este hombre”. Jn 7, 46


Muchos se resistían a escuchar a Jesús porque estaban completamente cerrados. No les importaba el contenido de su predicación ni los milagros ni los testimonios. Tenían el corazón blindado, inaccesible. A veces también nosotros estamos así en relación a Dios: decidimos no creer; no queremos ni mirar ni escuchar. Nos hacemos ciegos, sordos y mudos.

Estando así, ni Dios consigue maravillarnos. Aunque sucedan milagros delante de nosotros, no los veremos porque estamos decididos a no ver. El peor ciego es aquel que no quiere ver. Dejémonos sorprender y fascinar por Dios; veremos lo que nadie jamás podrá hacer con nosotros. Paz y bien.

Jueves de la decimoquinta semana del tiempo durante el año

301 - “Mi yugo es suave y mi carga, ligera”. Mt 11, 30

Muchos piensan que seguir a Jesús es algo muy difícil, exigente y, a veces, hasta castrante, pues todo es prohibiciones, vetos y represión. Sin embargo, esto no corresponde a su propuesta. Lo primero que él quiere es que experimentemos su amor misericordioso, siempre listo para socorrernos en nuestras necesidades. Después, si queremos seguirlo, entonces él, sin imposiciones arbitrarias, nos hará descubrir desde nuestra condición concreta su propuesta de felicidad, que nunca nos exige más de lo que él mismo nos da. Con Cristo no perdemos, pues lo que nos pide no son sus caprichos, sino lo que nos puede hacer verdaderamente felices. Pruébalo. Paz y bien.

Miércoles de la decimoquinta semana del tiempo durante el año

300 - “Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo decida revelárselo”. Mt 11, 27

Qué privilegio el nuestro, el haber sido elegidos por el Hijo amado de Dios para conocer el corazón del Padre eterno. Por más que en la meditación muchos líderes religiosos de

todo el mundo llegaron a intuir ciertos aspectos de Dios, también hicieron afirmaciones equivocadas sobre Él, pues sus doctrinas –aun siendo bonitas– siguen siendo construcciones humanas. Solo en Cristo Jesús, verbo encarnado, tenemos la propia revelación de Dios y llegamos al conocimiento profundo de su misterio. El Hijo quiere revelarlo a nosotros también; estudiemos los evangelios y descubriremos el misterio del amor de Dios. Paz y bien.

Martes de la decimoquinta semana del tiempo durante el año

299 - “Jesús se puso a recriminar a las ciudades donde había realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían arrepentido”. Mt 11, 20

Cuando Jesús realiza un milagro en mi vida no es solo para que yo me ponga feliz y vuelva a hacer exactamente lo mismo que hacía antes. Siempre debo preguntarme qué es lo que Dios quiere de mí. Habiendo sentido su poder en mi historia, qué puedo hacer para ser más fiel a su Palabra. No puedo estar siempre pidiéndole que me socorra en mis desastres sin buscar mejorar mi vida, pues un día también a mí me recriminará: «Si otros hubiesen tenido las gracias que te di, serían mucho mejores». Paz y bien.