Miércoles de la octava de Pascua

116 - “Ese mismo día, dos de sus discípulos iban a Emaús. El mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos”. Lc 24, 13.15

Estos discípulos estaban desolados y habían desistido de continuar con los otros apóstoles…; se estaban alejando de la comunidad. Volvían a la vida de antes, caminaban en la dirección equivocada. En ese momento, Jesús resucitado se acercó y caminó con ellos. Les habló, les explicó con paciencia, les acompañó hasta que ellos se dieron cuenta del error. Es bellísima la pedagogía de Dios: no los corrigió precipitadamente, sino que supo esperar el momento justo en que sus ojos se abrieron. Y ellos decidieron volver apresuradamente esa noche para reencontrarse con la comunidad. Paz y bien.

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Miércoles de la tercera semana de Pascua

132 - “Esta es la voluntad del que me envió: que no pierda a ninguno de los que me confió…”. Jn 6, 39

Dios no quiere perder a ninguno de sus hijos. Él tiene un verdadero interés por cada uno de nosotros. Para Dios no es lo mismo si yo estoy en el buen camino o en el equivocado. Él siempre está buscando recuperar a aquellos que se desvían. Jesús fue enviado por el Padre al mundo justamente con esta misión: recuperar a todos los que estaban perdidos. Por eso él está buscando a cada hijo de Dios desviado, herido o muerto en el pecado. Y los que él rescata se hacen colaboradores de él en esta misión. Paz y bien.

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Martes de la tercera semana de Pascua

131 - “Yo soy el pan de vida”. Jn 6, 35

Cuando Jesús hizo esta afirmación, ciertamente sus discípulos no lograron comprenderla. Sin embargo, después de su pasión y muerte en la cruz, ellos sabían que cada vez que hacían lo que Jesús hizo en la última cena, con el pan ázimo y la copa de vino, tenían como alimento el pan de vida, verdadera carne sacramental de Cristo. La Eucaristía nos ofrece el mejor alimento que puede haber en esta tierra: aquel pan capaz de saciarnos en lo más íntimo de nuestro ser, capaz de dar sentido a nuestra existencia. Es un pan que parece inofensivo, pero capaz de transformar, revitalizar y fortalecer. Paz y bien.

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Tercer domingo de Pascua

127 - (año A) “Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos”. Lc 24, 15

Los discípulos de Emaús están abandonando la comunidad, están alejándose de Jerusalén. Están yendo en la dirección equivocada. Y lo sorprendente es que Jesús se acerca y camina con ellos. En la pedagogía de Dios, él prefirió no pararles y hacer volver inmediatamente, sino que caminó con ellos en el sentido equivocado hasta que ellos estuvieron en condiciones de abrir los ojos y darse cuenta de la equivocación. Dios les respetó el proceso. Es lindo ver que después vuelven corriendo a la noche. Muchas veces, Dios hace lo mismo con nosotros, hasta que podamos abrir los ojos y volver. Paz y bien.

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