Sábado de la cuarta semana de Pascua

143 - “Yo haré todo lo que pidan en mi nombre, para que por el Hijo se manifieste la gloria del Padre”. Jn 14, 13

Jesucristo es el puente perfecto entre nosotros y el Padre. Su misión, viniendo a nosotros, es revelarlo, dar a conocer su amor, su poder y su gloria. Por eso, lo que pedimos al Padre en su nombre tiene mucha fuerza, pues Jesús quiere mostrar la gloria de Dios realizando milagros en nuestra vida. Lastimosamente, muchas veces nuestra fe es tan mezquina que nuestra oración casi no se hace sentir. Con confianza en el poder de Cristo, debemos suplicar incesantemente en su nombre y experimentaremos la gloria de Dios en nuestra existencia. Paz y bien.

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Viernes de la quinta semana de Pascua

151 - “Este es mi mandamiento: ámense unos a otros como yo los he amado”. Jn 15, 12

El amor, en el cristianismo, es mucho más que un sentimiento, es una decisión. Inspirado por Cristo, yo decido amar a las personas que encuentro en mi camino: los sufrientes, los pobres y aun los enemigos. ¿En qué consiste este amor? El amor del que nos habla Cristo no se refiere a palabras, no son caricias, sino servicio. Es la capacidad de renunciar a mí mismo, a mi espacio, a mi descanso, a mis comodidades, para ayudar a quien los necesite. El modelo es él mismo, que nos amó hasta el extremo: se donó completamente para nuestro bien. Paz y bien.

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Jueves de la quinta semana de Pascua

150 - “Permanezcan en mi amor”. Jn 15, 9

Jesús trajo al mundo el amor de Dios y nos amó hasta el extremo, entregando su vida por nosotros. Él nos pide que permanezcamos en su amor; esto es, que no nos alejemos de él, que no cerremos nuestro corazón y que no despreciemos su palabra. Debo, por lo tanto, estar en alerta al amor de Dios en mi vida, cuidarlo para que esta llama de amor que él incendió en mi corazón no se apague por la maldad o por el egoísmo. Permanecer en el amor de Cristo significa ser canal del bien, instrumento de paz y promotor de la verdad y de la justicia. Paz y bien.

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Miércoles de la quinta semana de Pascua

149 - “A las ramas que dan fruto, el Padre las poda para que den más todavía”. Jn 15, 2

Ser podado es siempre una experiencia muy dolorosa. Sin embargo, sabemos que una vid que no es podada va perdiendo su fuerza y va dejando de dar frutos. A veces, nos preguntamos por qué surgen pruebas en nuestra vida si estamos tratando de hacerlo todo bien. Aquí tenemos la respuesta: a quien produce, el Padre poda para que pueda dar aun más frutos. Las pruebas son, por lo tanto, ternura del Viñador que nos cuida y sabe que podemos producir más, que no quiere que nos acomodemos y vayamos perdiendo nuestro vigor. Aunque duela, digamos siempre: gracias, Señor, por las podas.

Paz y bien.

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