Santa María, madre de la Iglesia

“Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo».” Jn 19,26

La Iglesia celebra en este primer lunes después de Pentecostés el recuerdo de la Virgen María como madre de Iglesia, madre de todos los creyentes, madre de cada discípulo amado de Cristo. De hecho, al pie de la cruz, Cristo mismo le confía esta misión al pedir que ella asuma como hijo al discípulo amado que está a su lado. Y María desde aquel instante se dedica a esto. De hecho, la vemos reunida con los apóstoles en oración en la espera de Pentecostés. Y a lo largo de la historia ella es auxilio de los cristianos, perpetuo socorro, señora de las gracias, madre de misericordia.

Paz y bien.

Lunes de la décima semana del tiempo durante el año

253 - - “Felices los puros de corazón, porque verán a Dios”. Mt 5, 8

Más allá de la connotación sexual que muchas veces es vista en estas palabras, Jesús hablaba de la pureza de corazón que tienen las personas que son sinceras y transparentes, que buscan vencer la hipocresía, la doble cara, el fingimiento. La pureza de corazón en el lenguaje bíblico es la autenticidad de vida, tan difícil y exigente, hasta para las personas de iglesia, pues muchas veces queremos parecer lo que no somos, usamos máscaras o maquillajes para disfrazar nuestra realidad y engañar a los demás. Pero no olvidemos: verá a Dios quien encuentra el camino de la pureza de corazón. Ensénanos, Señor, el valor de la sinceridad. Paz y bien.

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

479 - (año A) “Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”. Jn 6, 56

La Iglesia vive de la Eucaristía y para ella. El Santísimo Sacramento es el tesoro más grande que el Señor entregó a su esposa, que lo cuida celosamente y lo ofrece a la

humanidad como el mejor modo de estar en comunión con Dios. A través de la participación en este misterio, Jesús nos alimenta en nuestra fe e invade nuestra vida comunicándonos su gracia y su fuerza para ayudarnos a ser fieles a su voluntad. Todos estamos llamados a este banquete que nos transforma en lo que comemos: en el cuerpo de Cristo. Paz y bien.

Sábado de la novena semana del tiempo durante el año

249 - “Todos han dado de lo que sobraba, pero ella dio todo lo que poseía…”. Mc 12, 44

El texto de la viuda pobre que ofrece dos moneditas en el templo nos deja una gran lección. Para Dios, lo importante no es el monto de la donación sino lo que ella significa para quien dona. Donar lo que nos sobra exige un cierto desprendimiento que ciertamente Dios sabe valorar, pero es aún fácil. Sin embargo, ser capaz de donar, compartir, prestar, invitar algo que no está sobrando, sino que implica una renuncia, un desprendimiento que tiene sus consecuencias en la vida concreta, aunque sea algo pequeño, tiene más valor delante de Dios que las grandes sumas. Paz y bien.