Gotas de paz

Mt 5,21-22

“Ustedes escucharon que la antigua ley prescribía… pero, yo les digo…”

La Ley del Antiguo Testamento buscaba traducir lo que Moisés y el pueblo habían entendido sobre la voluntad de Dios. Aquella Ley no nació del capricho o de deseos personales de algunos sacerdotes, sino de una recta conciencia que buscaba colocar en práctica la revelación de Dios a través de los eventos históricos. Eran normas necesarias para la vida común del Pueblo de Dios. Allí estaban condensados los principios básicos que permitían a los judíos continuar en las sendas trazadas por Dios.

Sin embargo, en la plenitud de los tiempos, Dios, en su infinita bondad, envió a su propio Hijo al mundo para completar plenamente la revelación. Jesús es el propio Dios que se hizo carne. Todas sus acciones, sus palabras, sus actitudes, sus gestos… revelaban en su máxima pureza la propia voluntad de Dios, de la cual la Ley antigua era sólo un reflejo. Es por eso, que él puede decir que no vino para abolir la Ley, sino para llevarla a la plenitud.

De hecho, por ejemplo, después de Jesús el “no matarás” se tornó mucho más exigente. Él nos enseñó que matar al hermano no es sólo quitarle la vida con un arma o un veneno, sino también calumniarlo, despreciarlo, humillarlo o hasta mismo ignorarlo.

En verdad, lo que Jesús desea realmente no es acrecentar con otras cláusulas, las muchas prescripciones de la Ley antigua. Jesús no vino para dictarnos más normas. Él vino para enseñarnos un nuevo modo de vivir basado en el amor.

La voluntad de Dios no es sólo reprimir en mí la maldad para que yo no sea una amenaza a mi hermano, ni lo hiera o lo destruya. El sueño de Dios es que yo ame a mi hermano, pues así seré para él un custodio de su vida. Si yo amo a mi hermano, ciertamente no lo mataré, pero no sólo esto sino que estaré disponible para ayudarlo, para servirlo, para ser una presencia confortadora en su vida.

Quizás podríamos afirmar que la Ley mosaica nos enseñaba a respetar a nuestros hermanos y esto ya es una gran cosa, pues muchas veces ni a esto estamos dispuestos. Sin embargo, Jesús no nos propone sólo un respeto a ellos, él nos desafía a amarlos y a servirlos.

La propuesta de Jesús, sin duda alguna, no contradice lo que prescribe la Ley antigua, sino que la lleva a una radicalidad mucho mayor. Jesús no vino para revocarla. Esto quiere decir que quien la cumple, no hace una obra mala. Sin embargo, para los que quieren de verdad asumir en su vida la voluntad de Dios en su plenitud, no basta sólo cumplir lo que en ella estaba prescrito; es necesario ir más allá de su letra y descubrir el misterio del amor.

Por otro lado, quien vive la propuesta de Jesús, aunque no esté fijado en la letra de la Ley antigua, la estará cumpliendo en su plenitud. Quien tiene un amor grande por su hermano, sin duda alguna no infringe para nada lo que prescribe la Ley.

No nos olvidemos que el cristianismo no es sólo un conjunto de normas, como muchos lo piensan, sino que es el encuentro con una persona concreta que vivió hasta el extremo lo que proponía y fue un hombre pleno y feliz por eso. Por lo tanto, sin un encuentro personal y vivo con Jesucristo, que nos motive a vivir lo mismo, nuestra fe corre el riesgo de quedarse sólo en un cumplir ciertas reglas, un reprimir o controlar maldades pero sin conocer la belleza y la satisfacción de una vida consumida en el amor y en el servicio.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Sábado de la quinta semana del tiempo durante el año

213 - “La gente comió hasta quedar satisfecha y todavía se recogieron siete canastas con lo que había sobrado”. Mc 8, 8

Jesús vino al mundo para llevar al hombre a la plena satisfacción. Vino para colmar nuestros vacíos, para saciar nuestra hambre de sentido en la vida. Es por eso que él no acepta despedir a las personas con hambre. Es poco lo que sus apóstoles tienen (siete panes y unos pescaditos), pero igual él empieza a distribuirlos confiadamente. Para asombro de todos, sobraron siete canastas y todos estaban satisfechos. Esta es la lección: cuando creemos que lo poco que tenemos puede ayudar a los otros; sin dudas Dios lo multiplica para que alcance y sobre. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la quinta semana del tiempo durante el año

212 - “Presentaron a Jesús un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos”. Mc 7, 32

Imponer las manos sobre alguien revela que se tiene algo que se puede darle o transmitirle o realizar en él. Jesús ha sanado a muchos enfermos con este gesto, que es orar sobre una persona. La gente confiaba en que, cuando él imponía sus manos, su oración era eficaz y la persona se sanaba o se liberaba del mal que padecía. Aunque bastaba su palabra para que los milagros sucediesen, Jesús buscaba también tocar a las personas demostrando así una especial atención, un mayor interés y disponibilidad hacia ellas. Presentemos también a Jesús a nuestros enfermos, para que él les imponga las manos y los sane. Paz y bien.

 

Gotas de paz

III Domingo del Tiempo Ordinario (A)

Y Jesús empezó a predicar. Y les decía: “Cambien su vida y su corazón, porque el Reino de los Cielos se ha acercado” Mt. 4, 17

Más que nunca estas palabras de Jesús nos llegan muy fuerte. Creo que casi todos nosotros nacimos en una cultura cristiana. Siempre escuchamos hablar de lo que es bueno y justo, de la fe, de la Iglesia y de Cristo. Por eso, muchas veces cuando escuchamos la invitación de Jesús: “conviértanse”, nos da la impresión que él está hablando para otras personas, y no para nosotros que desde pequeñitos hacemos la señal de la Cruz, y hasta decimos algunas oraciones.

Sin embargo, cada día más nos damos cuenta que la realidad es otra. La actualidad de las palabras de Jesús es asustadora. Parece que ellas fueran dichas pensando exactamente en nosotros: “Cambien su vida y su corazón”. Nuestro cristianismo, sin darnos cuenta, está cada día más superficial y frágil. Nuestra fe cada vez más está perdiendo expresividad. Despacito están cortando nuestras raíces.

Existe hoy en el mundo occidental una fuerte ideología anticristiana. En algunos países es aun discreta, trabaja por debajo de los paños, en otros es abierta, violenta e inescrupulosa.

Esta ideología está siendo asimilada en las escuelas, en los medios de comunicación, en las músicas, en las literaturas, en las modas… desde hace mucho tiempo, y ahora cada vez más podemos reconocer sus frutos. Tiene un sutil poder de convencimiento que nos atrapa. Muchas veces ya tenemos vergüenza de asumir nuestra identidad religiosa.

‘Conviertan su corazón a la verdad’ – Infelizmente son muchos los cristianos que ya piensan que todo es relativo. Piensan que la verdad real, segura y coherente no existe. Creen que todas las cosas no pasan de opiniones. Nos estamos habituando a la media verdad y también a la mentira, como si tuvieran el mismo valor. Está naciendo una cultura que prefiere evitar cualquier discusión, que prefiere mantener la paz, aunque sea mediocre. Esto es un problema gravísimo. Pues sin reconocer que en la vida existe lo que es verdadero y lo que es falso, y que esto no depende de mi estado mental, sino de criterios objetivos, nosotros estamos destruyendo la propia posibilidad de convivencia. Las consecuencias las podemos encontrar en todos los niveles: son los matrimonios que no consiguen más llegar a un acuerdo; son los hijos que no aceptan la autoridad de los padres, pues dicen yo pienso diferente; son los alumnos que no obedecen a los profesores; son las organizaciones que nacen y desaparecen por falta de dialogo; los fieles que no quieren ni saber lo que piensan sus pastores…

Al principio, parece una cosa buena, hasta parece una real promoción de cada uno de nosotros el decir que cada uno hace “su verdad”, pero mirando las consecuencias, vemos que es nuestra destrucción, pues esta ideología es la consagración del egoísmo.

La propuesta de Jesús no puede ser otra que una sincera conversión a la verdad. Nosotros creemos que la verdad existe y que ella debe ser conocida, pues “solamente la verdad nos hace libres.”

También la libertad es otra idea manipulada en nuestros tiempos. Nos hacen creer que ser libre es decidir según los antojos del momento, sin preocuparnos con las consecuencias, sin tener en cuenta que cosa sea buena o justa. Consecuencia del relativismo es también creer que la libertad no está orientada al bien, sino que es andar en cualquier dirección. Es así que encontramos hoy muchas personas esclavas de las modas, del consumismo, de los vicios, de su egoísmo, de su ignorancia, de las apariencias, del sexo… y que se creen libres, están convencidas que están siguiendo su libertad, cuando en verdad no pasan de marionetas en las manos de un sistema comercial.

Es en esta realidad que Jesús nos dice “Conviertan su corazón” a la libertad que solo puede nacer de la verdad. La propuesta de Jesús es seria, o nosotros entramos realmente en un proceso de conversión o seremos tragados por esta ideología anticristiana. No basta buena intención. No basta tener algunas prácticas religiosas superficiales. Es necesario un camino de conversión. Es fundamental buscar la verdad si queremos ser realmente libres. ¡Coraje! ¡Con él nosotros venceremos!

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Conversión de san Pablo apóstol: 25 de enero

483 - “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Hch 9, 4

Convertirse significa cambiar de vida, de actitud y de dirección. San Pablo, por ejemplo, era un perseguidor implacable de los cristianos. Estaba convencido de que esto era lo mejor, que esta era su misión. Sin embargo, cuando él se encuentra con Cristo, descubre que su camino estaba equivocado, entiende que, tiene que cambiar de vida, se da cuenta del mal que estaba realizando. Hay personas que hacen el mal y lo saben y otras que, hacen el mal pensando que obran bien. Ambas necesitan de conversión. Que el Señor nos ilumine para que solo el bien tenga cabida en nuestra vida. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la segunda semana del tiempo durante el año

185 - “Jesús, mientras subía a la montaña, fue llamando a los que él quiso y estos se fueron con él”. Mc 3, 13

La llamada de Dios es un misterio. Él llama a todos para trabajar en su Reino, pero pide a cada uno servicios diferentes. A unos invita a ser sacerdotes o consagrados; a otros, predicadores o catequistas, a otros, a formar matrimonios y a colaborar en la sociedad civil. No sabemos cuál es el criterio de Dios para hacer estas llamadas diferenciadas, pero sí sabemos que escuchar su voz y seguirlo en lo que Él nos pide es lo mejor para nosotros mismos y, finalmente, es lo que puede darnos paz y hacernos verdaderamente felices. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la segunda semana del tiempo durante el año

184 - “Como Jesús había curado a muchos, todos los que sufrían de alguna dolencia se le echaban encima para tocarlo”. Mc 3, 10

Nuestra fe pasa por el cuerpo. No somos ángeles y necesitamos tocar y ser tocados por lo sagrado. Todos los sacramentos necesitan de realidades materiales que toquen nuestros sentidos y realicen en nosotros la gracia salvadora. No podemos ser demasiado racionalistas y despreciar la materialidad de la fe. Los gestos y ritos (tocar una biblia o una imagen, besar la cruz, peregrinar o participar en una procesión, prender una vela, arrodillarse en la iglesia, recibir la aspersión con agua bendita) pueden ser oportunidades para que Dios toque nuestra vida. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la segunda semana del tiempo durante el año

183 - “Jesús entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre con parálisis en un brazo”. Mc 3, 1

Tener el brazo paralizado significa estar impedido para realizar muchas cosas. Este hombre puede ser símbolo de los que están en la Iglesia, pero tienen la mano paralizada, esto es, no saben servir, no quieren ayudar a los demás y solo esperan recibir. Lastimosamente, hay muchos con este problema. Este no es el ideal de la vida cristiana. Jesús no quiere que nadie esté así en su Iglesia. Cada uno debe verificar sus manos para ver si no es él este hombre de la mano seca. Si esto fuera así, muéstrate a Jesús, pues él quiere sanarte. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Martes de la segunda semana del tiempo durante el año

182 - “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”. Mc 2, 27

Las normas son muy importantes para garantizar nuestra convivencia, para ordenar nuestra vida aprovechando mejor nuestras potencialidades y para respetar a los demás. Sin embargo, es igualmente importante no petrificar tales reglas para que ellas no terminen siendo un peso opresor que hace lo contrario a su propósito, que es favorecer la convivencia. Hay que cuidar siempre que las normas, que son un instrumento importante de ayuda, no se tornen una camisa de fuerza que impida la movilidad. Nunca debemos perder de vista el espíritu de la ley pues es lo que le da vitalidad. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Sábado de la quinta semana del tiempo durante el año

213 - “La gente comió hasta quedar satisfecha y todavía se recogieron siete canastas con lo que había sobrado”. Mc 8, 8

Jesús vino al mundo para llevar al hombre a la plena satisfacción. Vino para colmar nuestros vacíos, para saciar nuestra hambre de sentido en la vida. Es por eso que él no acepta despedir a las personas con hambre. Es poco lo que sus apóstoles tienen (siete panes y unos pescaditos), pero igual él empieza a distribuirlos confiadamente. Para asombro de todos, sobraron siete canastas y todos estaban satisfechos. Esta es la lección: cuando creemos que lo poco que tenemos puede ayudar a los otros; sin dudas Dios lo multiplica para que alcance y sobre. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la quinta semana del tiempo durante el año

212 - “Presentaron a Jesús un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos”. Mc 7, 32

Imponer las manos sobre alguien revela que se tiene algo que se puede darle o transmitirle o realizar en él. Jesús ha sanado a muchos enfermos con este gesto, que es orar sobre una persona. La gente confiaba en que, cuando él imponía sus manos, su oración era eficaz y la persona se sanaba o se liberaba del mal que padecía. Aunque bastaba su palabra para que los milagros sucediesen, Jesús buscaba también tocar a las personas demostrando así una especial atención, un mayor interés y disponibilidad hacia ellas. Presentemos también a Jesús a nuestros enfermos, para que él les imponga las manos y los sane. Paz y bien.

 

Gotas de paz

III Domingo del Tiempo Ordinario (A)

Y Jesús empezó a predicar. Y les decía: “Cambien su vida y su corazón, porque el Reino de los Cielos se ha acercado” Mt. 4, 17

Más que nunca estas palabras de Jesús nos llegan muy fuerte. Creo que casi todos nosotros nacimos en una cultura cristiana. Siempre escuchamos hablar de lo que es bueno y justo, de la fe, de la Iglesia y de Cristo. Por eso, muchas veces cuando escuchamos la invitación de Jesús: “conviértanse”, nos da la impresión que él está hablando para otras personas, y no para nosotros que desde pequeñitos hacemos la señal de la Cruz, y hasta decimos algunas oraciones.

Sin embargo, cada día más nos damos cuenta que la realidad es otra. La actualidad de las palabras de Jesús es asustadora. Parece que ellas fueran dichas pensando exactamente en nosotros: “Cambien su vida y su corazón”. Nuestro cristianismo, sin darnos cuenta, está cada día más superficial y frágil. Nuestra fe cada vez más está perdiendo expresividad. Despacito están cortando nuestras raíces.

Existe hoy en el mundo occidental una fuerte ideología anticristiana. En algunos países es aun discreta, trabaja por debajo de los paños, en otros es abierta, violenta e inescrupulosa.

Esta ideología está siendo asimilada en las escuelas, en los medios de comunicación, en las músicas, en las literaturas, en las modas… desde hace mucho tiempo, y ahora cada vez más podemos reconocer sus frutos. Tiene un sutil poder de convencimiento que nos atrapa. Muchas veces ya tenemos vergüenza de asumir nuestra identidad religiosa.

‘Conviertan su corazón a la verdad’ – Infelizmente son muchos los cristianos que ya piensan que todo es relativo. Piensan que la verdad real, segura y coherente no existe. Creen que todas las cosas no pasan de opiniones. Nos estamos habituando a la media verdad y también a la mentira, como si tuvieran el mismo valor. Está naciendo una cultura que prefiere evitar cualquier discusión, que prefiere mantener la paz, aunque sea mediocre. Esto es un problema gravísimo. Pues sin reconocer que en la vida existe lo que es verdadero y lo que es falso, y que esto no depende de mi estado mental, sino de criterios objetivos, nosotros estamos destruyendo la propia posibilidad de convivencia. Las consecuencias las podemos encontrar en todos los niveles: son los matrimonios que no consiguen más llegar a un acuerdo; son los hijos que no aceptan la autoridad de los padres, pues dicen yo pienso diferente; son los alumnos que no obedecen a los profesores; son las organizaciones que nacen y desaparecen por falta de dialogo; los fieles que no quieren ni saber lo que piensan sus pastores…

Al principio, parece una cosa buena, hasta parece una real promoción de cada uno de nosotros el decir que cada uno hace “su verdad”, pero mirando las consecuencias, vemos que es nuestra destrucción, pues esta ideología es la consagración del egoísmo.

La propuesta de Jesús no puede ser otra que una sincera conversión a la verdad. Nosotros creemos que la verdad existe y que ella debe ser conocida, pues “solamente la verdad nos hace libres.”

También la libertad es otra idea manipulada en nuestros tiempos. Nos hacen creer que ser libre es decidir según los antojos del momento, sin preocuparnos con las consecuencias, sin tener en cuenta que cosa sea buena o justa. Consecuencia del relativismo es también creer que la libertad no está orientada al bien, sino que es andar en cualquier dirección. Es así que encontramos hoy muchas personas esclavas de las modas, del consumismo, de los vicios, de su egoísmo, de su ignorancia, de las apariencias, del sexo… y que se creen libres, están convencidas que están siguiendo su libertad, cuando en verdad no pasan de marionetas en las manos de un sistema comercial.

Es en esta realidad que Jesús nos dice “Conviertan su corazón” a la libertad que solo puede nacer de la verdad. La propuesta de Jesús es seria, o nosotros entramos realmente en un proceso de conversión o seremos tragados por esta ideología anticristiana. No basta buena intención. No basta tener algunas prácticas religiosas superficiales. Es necesario un camino de conversión. Es fundamental buscar la verdad si queremos ser realmente libres. ¡Coraje! ¡Con él nosotros venceremos!

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Conversión de san Pablo apóstol: 25 de enero

483 - “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Hch 9, 4

Convertirse significa cambiar de vida, de actitud y de dirección. San Pablo, por ejemplo, era un perseguidor implacable de los cristianos. Estaba convencido de que esto era lo mejor, que esta era su misión. Sin embargo, cuando él se encuentra con Cristo, descubre que su camino estaba equivocado, entiende que, tiene que cambiar de vida, se da cuenta del mal que estaba realizando. Hay personas que hacen el mal y lo saben y otras que, hacen el mal pensando que obran bien. Ambas necesitan de conversión. Que el Señor nos ilumine para que solo el bien tenga cabida en nuestra vida. Paz y bien.