Gotas de paz

Lunes de la sexta semana de Pascua

156 - “Yo les enviaré desde el Padre el Espíritu de la Verdad”. Jn 15, 26

Una vez que somos conquistados por Jesús y decidimos vivir su mensaje, él nos asiste

enviándonos constantemente el Espíritu Santo, que nos sostiene e ilumina para que

podamos mantenernos en la Verdad. De hecho, en un mundo tan convulsionado, con

tantas mentiras disfrazadas o tantas medias verdades, es necesaria la luz de lo alto para

que no nos perdamos. Solo con la gracia del Espíritu Santo podemos llegar a discernir y

conocer la Verdad que nos hace libres. Señor, envíanos siempre al Espíritu Santo y no

permitas que nuestras tinieblas oscurezcan tus santos designios. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la quinta semana de Pascua

149 - “A las ramas que dan fruto, el Padre las poda para que den más todavía”. Jn 15, 2

Ser podado es siempre una experiencia muy dolorosa. Sin embargo, sabemos que una

vid que no es podada va perdiendo su fuerza y va dejando de dar frutos. A veces, nos

preguntamos por qué surgen pruebas en nuestra vida si estamos tratando de hacerlo

todo bien. Aquí tenemos la respuesta: a quien produce, el Padre poda para que pueda

dar aun más frutos. Las pruebas son, por lo tanto, ternura del Viñador que nos cuida y

sabe que podemos producir más, que no quiere que nos acomodemos y vayamos

perdiendo nuestro vigor. Aunque duela, digamos siempre: gracias, Señor, por las podas.

Paz y bien.

 

Gotas de paz

Santos Felipe y Santiago, apóstoles

489 - “Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes y ¿todavía no me conocen?”. Jn

14, 12

Hay muchas personas que, aunque vayan a la iglesia a menudo, aunque fueron

bautizadas y hasta confirmadas, participan de grupos, hacen cosas buenas, aún no

conocen verdaderamente a Jesús. Esto es, quizás, hasta tienen admiración por sus

palabras o asimilaron costumbres religiosas en la familia o necesitan del ambiente de

acogida y contención que se tiene en la iglesia, pero nunca experimentaron al Hijo de

Dios en su vida. También con los propios apóstoles esto sucedió; hacía años que

estaban con él y no tenían claro quién era. Pidamos que lo mismo que sucedió a los

apóstoles, que se tornaron testigos de Cristo, pueda suceder también con nosotros. Paz

y bien.

 

Gotas de paz

Exaltación de la Santa Cruz

482 - “Es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto para que todos los que

creen en él tengan Vida eterna”. Jn 3, 14-15

La cruz de Cristo es para todos nosotros el mejor resumen de la historia de la salvación.

Por amor, nuestro Señor Jesús entregó su vida por nosotros y, colgado en el madero,

derramó su sangre. ¡Oh, cruz bendita, que pusiste en alto al Salvador para que todos

puedan ser atraídos por él! ¡Oh, árbol de la vida, que nos das el fruto santísimo que nos

devuelve la inmortalidad! Danos, Señor, la gracia de contemplar tu cruz y ser así

contagiados con tu amor, que vence nuestros pecados y debilidades. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la cuarta semana de Pascua

142 - “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie va al Padre si no es por mí”. Jn 14, 6

En la búsqueda de Dios, muchas personas, a lo largo de la historia, crearon muchas

teorías, inventaron doctrinas, establecieron reglas; y leyes; sin embargo, solo aquel que

es el propio enviado de Dios puede, de verdad, revelar el corazón del Padre eterno:

Jesucristo. Él es el Hijo de Dios que se hizo carne: en él está la divinidad y nuestra

humanidad. Por eso, él es el puente que nos conecta con el cielo, camino que nos lleva

seguro: verdad total y plena que nos satisface, vida que nos hace vencer todas las

muertes. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la cuarta semana de Pascua

140 - “Yo soy la luz y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no

permanezca en las tinieblas”. Jn 12, 46

Cuando estamos en las cosas del mundo, los negocios, las modas, el consumismo, los

placeres, las peleas, las envidias, los celos…, estamos envueltos en las tinieblas. El

mundo y sus cosas no tienen luz. Solo cuando nos encontramos con Jesús, que es la

luz, podemos ser rescatados de las tinieblas. Pero, si nunca he visto la luz, pienso que lo

normal es la oscuridad, que no ver nada es bueno. Solo cuando experimento la luz,

puedo darme cuenta de lo que estaba perdiendo anteriormente. Por eso, es importante

iluminar a las personas con Cristo, aunque en principio ellas no tengan interés. Paz y

bien.

 

Gotas de paz

Martes de la cuarta semana de Pascua

139 - “Mis ovejas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos”. Jn 10, 28

Esta es la promesa de Jesús a sus ovejas. Nos llena de consolación saber que el Buen

Pastor no permitirá que perezcamos, pues siempre estará providenciando los mejores

pastajes, las aguas refrescantes, esto es, buscará facilitar todo lo que necesitamos para

una vida plena, así como será nuestro protector en los peligros, en las trampas, en las

oscuridades y no permitirá que el enemigo nos arranque de su rebaño. Pero no

olvidemos que ser sus ovejas es conocer su voz y seguirlo. Por eso, si me dejo seducir

por otros, si empiezo a jugar con el lobo o si empiezo a buscar satisfacción por mi

cuenta, entonces es probable que me pierda. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la cuarta semana de Pascua (años B y C)

136 - “El buen Pastor llama a las ovejas por su nombre”. Jn 10, 3

Jesús, en su afán de hablar del Reino de Dios de un modo que los que le escuchaban

pudieran entenderlo, se compara con un pastor, figura muy bien conocida por todos sus

contemporáneos. Todos sabían que había pastores que trabajaban solo por la plata y no

les importaba el rebaño, no vibraban con el trabajo. Jesús es el buen pastor, que se

ocupa y se preocupa por cada oveja ya que las conoce a cada una por su nombre. Es un

pastor que se desvive por su rebaño. De él se puede decir: “¡El Señor es mi pastor, nada

me puede faltar!”. Paz y bien.

 

Gotas de paz

IV Domingo de Pascua (B)

“Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por sus ovejas” Jn 10, 11

Y Con estas bellísimas palabras empieza el Evangelio de este domingo, también

llamado: “Domingo del Buen Pastor.”

La relación del hombre con Dios muchas veces en la Biblia es comparada a la

relación de un pastor con sus ovejas. De hecho, en Israel todos conocían este trabajo y

hablar del pastor para muchos era tocar recuerdos muy intensos de experiencias

relacionadas con esta ocupación.

Cuando Jesús afirmaba: «Yo soy el Buen Pastor» todos entendían muy bien lo

que significaba en la práctica lo que él estaba diciendo y ellos también recordaban que,

en Ezequiel, Dios tenia regañado a los malos pastores y había prometido que un día, Él

mismo sería el Pastor de Israel. Por tanto, en Jesús, Dios quiere conducir todo el

rebaño a las verdes praderas de su Reino.

Algunas características de este Buen Pastor nos ayudan a conocer mejor el

corazón de Dios:

El Buen Pastor conoce sus ovejas, para él cada oveja es particular. La conoce en

sus hábitos específicos. Tiene una atención especial para cada una. Cada oveja tiene

una identidad propia, generalmente caracterizada por un nombre particular, lo que

significa que, ella no es solo un número. No es que al final del día el Buen Pastor las

cuenta y si falta una él sale a buscar una oveja cualquiera que se perdió. Él mira su

rebaño y se da cuenta de que falta justo “tal” oveja y sale a buscarla llamándola por su

nombre, imaginando hacia donde se habrá ido porque la conoce muy bien, sabe sus

gustos y sus tentaciones.

El Buen Pastor no abandona sus ovejas ante el peligro, Él sabe que su misión es

defenderlas y conducirlas con seguridad hasta a los prados y a las fuentes de agua. Él

es el primero en combatir el peligro. En todo lo posible Él no permite que las ovejas

sean amenazadas. Delante del ladrón o del lobo, el buen pastor no se intimida más lo

combate y lo ahuyenta, pues no acepta perder ni una de sus ovejas. El buen pastor

corre el riesgo, se coloca Él en peligro para proteger su redil.

El Buen Pastor no es un mercenario, él no trabaja solo por intereses personales,

solo para asegurar su sueldo. Quien así lo hace está mucho más preocupado consigo

mismo y las ovejas son solamente un modo de ganarse la vida. Por eso, el mercenario

jamás se colocará en peligro, jamás hará un esfuerzo más allá del estrictamente

necesario, pero, al contrario, siempre buscará su propia seguridad y su propio bien

antes de todo.

El Buen Pastor da la vida por sus ovejas, esto significa que el buen pastor en el

día a día se consume, se gasta por sus ovejas. Son las necesidades de las ovejas que

dictan al pastor cómo organizar su vida. Sus horas de descanso, su tiempo de comer, la

dirección donde andar y otros, son establecidos de acuerdo al bien de las ovejas, y no

según los gustos y deseos del pastor. O sea, en un cierto modo, el Buen Pastor es el

servidor de las ovejas. Y él lo hace no por una obligación impuesta por otros, sino por

una decisión personal, por realizar su vocación.

En una palabra, el Buen Pastor ama a sus ovejas. Todas estas características que

nosotros reconocemos plenamente en Jesús Buen Pastor, la Iglesia desde el inicio las

propone como las características auténticas de los obispos y de los que son llamados a

cooperar con su ministerio, en el caso, los presbíteros. De hecho, este domingo es la

fiesta del obispo, a quien somos invitados a reconocer como imagen viva de Cristo en

nuestro medio, que gobierna, instruye y santifica todo el aprisco.

Todavía, si de un lado reconocemos las características del Buen Pastor,

debemos también por otro lado reconocer las características de las ovejas.

Las ovejas conocen su Pastor, son capaces de reconocer su voz. No seguirán a

otro. Tienen plena confianza en la dirección indicada por el pastor. Delante del peligro

corren en su dirección. Se protegen atrás de él. Las ovejas deben permanecer unidas al

redil, pues solo así el pastor puede protegerlas del lobo o del ladrón. Si las ovejas se

esparcen, aunque que el pastor sea bueno no será capaz de atender a todas. No basta

que tengamos un Buen Pastor para salvarnos, es necesario que seamos también una

buena oveja.

Muchas veces en nuestros días no nos gusta mucho este lenguaje de redil, de

ovejas. Nos suena como un desprecio a nuestra condición humana, a nuestra libertad,

a nuestra inteligencia y capacidad de decisión. No queremos ser una masa.

Seguramente este rechazo viene del hecho de que el mundo nunca estuvo tan

masificado como ahora. Los medios de comunicación, están realmente haciendo de

todo el mundo una sola cosa. Es la moda, son las ideologías trasmitidas hasta de modo

oculto, los modismos que están haciendo del mundo una masa uniforme. La

propaganda despacito va hipnotizando a las personas, y éstas pensando que actúan

libremente, hacen exactamente lo que la moda les manda.

La propuesta de Jesús Buen Pastor, no tiene nada de esto. Sí, es verdad que

debemos estar unidos en el redil que es la Iglesia, es también verdad que él continúa

teniendo una relación personal con cada uno de nosotros, conociéndonos por el

nombre, valorizando todos nuestros dones particulares y llamándonos a una vida

intensamente asumida en primera persona. En el lenguaje de Jesús ser una de sus

ovejas, significa tener la posibilidad de realizarnos personalmente en nuestra más

auténtica vocación.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino

 

Gotas de paz

Miércoles de la quinta semana de Pascua

149 - “A las ramas que dan fruto, el Padre las poda para que den más todavía”. Jn 15, 2

Ser podado es siempre una experiencia muy dolorosa. Sin embargo, sabemos que una

vid que no es podada va perdiendo su fuerza y va dejando de dar frutos. A veces, nos

preguntamos por qué surgen pruebas en nuestra vida si estamos tratando de hacerlo

todo bien. Aquí tenemos la respuesta: a quien produce, el Padre poda para que pueda

dar aun más frutos. Las pruebas son, por lo tanto, ternura del Viñador que nos cuida y

sabe que podemos producir más, que no quiere que nos acomodemos y vayamos

perdiendo nuestro vigor. Aunque duela, digamos siempre: gracias, Señor, por las podas.

Paz y bien.

 

Gotas de paz

Santos Felipe y Santiago, apóstoles

489 - “Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes y ¿todavía no me conocen?”. Jn

14, 12

Hay muchas personas que, aunque vayan a la iglesia a menudo, aunque fueron

bautizadas y hasta confirmadas, participan de grupos, hacen cosas buenas, aún no

conocen verdaderamente a Jesús. Esto es, quizás, hasta tienen admiración por sus

palabras o asimilaron costumbres religiosas en la familia o necesitan del ambiente de

acogida y contención que se tiene en la iglesia, pero nunca experimentaron al Hijo de

Dios en su vida. También con los propios apóstoles esto sucedió; hacía años que

estaban con él y no tenían claro quién era. Pidamos que lo mismo que sucedió a los

apóstoles, que se tornaron testigos de Cristo, pueda suceder también con nosotros. Paz

y bien.

 

Gotas de paz

Exaltación de la Santa Cruz

482 - “Es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto para que todos los que

creen en él tengan Vida eterna”. Jn 3, 14-15

La cruz de Cristo es para todos nosotros el mejor resumen de la historia de la salvación.

Por amor, nuestro Señor Jesús entregó su vida por nosotros y, colgado en el madero,

derramó su sangre. ¡Oh, cruz bendita, que pusiste en alto al Salvador para que todos

puedan ser atraídos por él! ¡Oh, árbol de la vida, que nos das el fruto santísimo que nos

devuelve la inmortalidad! Danos, Señor, la gracia de contemplar tu cruz y ser así

contagiados con tu amor, que vence nuestros pecados y debilidades. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la cuarta semana de Pascua

142 - “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie va al Padre si no es por mí”. Jn 14, 6

En la búsqueda de Dios, muchas personas, a lo largo de la historia, crearon muchas

teorías, inventaron doctrinas, establecieron reglas; y leyes; sin embargo, solo aquel que

es el propio enviado de Dios puede, de verdad, revelar el corazón del Padre eterno:

Jesucristo. Él es el Hijo de Dios que se hizo carne: en él está la divinidad y nuestra

humanidad. Por eso, él es el puente que nos conecta con el cielo, camino que nos lleva

seguro: verdad total y plena que nos satisface, vida que nos hace vencer todas las

muertes. Paz y bien.