Gotas de paz

Martes de la 32ª semana del tiempo durante el año

452 - “Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”. Lc 17, 10

En el mundo, a causa de nuestras opciones, tenemos obligaciones que cumplir: los padres para con sus hijos, los empleados para con su empresa, los funcionarios públicos para con la gente, los ciudadanos para con el Estado, los fieles para con su Iglesia. Hacer lo que me corresponde y hacerlo bien es mi deber, también desde la fe. No estoy haciendo un favor a nadie sino cumpliendo mi obligación. Es triste ver cómo existen personas que no hacen nada más de lo que le corresponde, pero quieren adicionales aplausos y homenajes. Hasta Dios nos exige al menos cumplir bien nuestra obligación. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la 32ª semana del tiempo durante el año

451 - “Si tu hermano peca, repréndelo y si se arrepiente, perdónalo”. Lc 17, 3

Las relaciones entre las personas son siempre un gran desafío. No es fácil conservar la unidad pues todos fallamos, herimos o lastimamos a veces sin querer y otras veces como fruto de nuestras maldades o heridas. Lo importante es dialogar con los hermanos, indicarles lo que nos molestó, escuchar sus razones y, en clima de perdón, reanudar el camino. No sirve acumular rabias sin expresarlas pues acabaremos por explotar y los daños serán mayores. Cuando alguien nos falla, debemos, en primer lugar, orar; después, dialogar con él y, ante sus razones o su pedido de perdón, recomponer la unidad para volver a la Paz. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario (B)

“Jesús les dijo: «Les aseguro que esta viuda pobre ha dado mucho más que todos ellos. Pues todos han echado dinero que les sobraba; ella, en cambio, ha dado lo que había reunido con sus privaciones, eso mismo que necesitaba para vivir»” Mc 12, 43-44

De nuevo nos encontramos con un texto que nos habla sobre la diferencia entre la lógica del Reino de Dios y aquélla del mundo. Unas moneditas, para Jesús, valen mucho más que grandes sumas en dinero o en joyas.

¿Será que Jesús no sabía calcular? ¿Será que él no entendía que con algunos millones se podría dar de comer a mucha gente, y al contrario que con algunas moneditas tal vez no se pueda satisfacer ni mismo a una persona? ¿Cómo es posible pensar que donar un ladrillo pueda ser más valioso que donar una casa, un hospital, un orfanato? Sin embargo, es así: para Jesús, aquella pobre viuda dando sus moneditas, donó mucho más que aquellos ricachones que dieron algunos millones. ¿Por qué?

Creo que podemos intuir que para Dios no son importantes los números absolutos, pero sí los relativos, esto es, aquellos que están relacionados con nuestro ser personal.

Aquí encontramos una de las verdades más bonitas del evangelio: Dios no se deja impresionar con los números, sino que guarda el corazón. No es porque los ricos pueden hacer muchas más obras de caridad que están en ventaja delante de Dios. Por ejemplo, cuando una persona hace una gran donación, una gran obra de caridad, pero delante de sus bienes lo que dio no significa nada, esto es, que no tuvo que cambiar nada en su vida, o que al final del mes ni sintió falta (y que a veces hasta consigue descuentos en el impuesto de renta), esa persona delante de Dios, tiene menos méritos que una familia sencilla, que se priva de algo para poder servir a alguien necesitado, o que recibe un niñito en casa para que pueda estudiar, y entonces porque son pobres tienen que trabajar un poco más, dividir mejor la comida y hasta privarse de algunas comodidades.

Madre Teresa de Calcuta sintetizó muy bien este parámetro evangélico en la siguiente frase: “Amar es dar hasta que duela.” Esto significa que la caridad, el amor, tienen valor cuando es verdaderamente sentido por quien lo practica, cuando no es solo un gesto superficial de dar lo que sobra. Una autentica caridad tiene que dejar marcas, tiene que ser sentida, tiene que ser exigente, sea para el rico, sea para el pobre. Entonces ¿Cuándo un rico puede hacer una caridad significativa delante de Dios?: cuando él dona algo que signifique una real renuncia, cuando por ejemplo él hace un ayuno y dona el equivalente de su banquete, cuando renuncia a un viaje de vacaciones y dona su valor. Esto es, cuando lo que él dona manifiesta una efectiva renuncia en su vida, y no es solo algo que le sobra.

Esto viene a desnudar una frase tan común que escuchamos: “¡me gustaría tener mucho más para poder dar más!”. Esta frase solo tiene sentido delante de la lógica del mundo, pues para Dios es una pavada. Para él, el pobre puede hacer tanta caridad cuanto el rico, ya que no es importante cuanto se dona, sino lo que significa para la persona que lo ha dado. Quien no es capaz de dar de lo poco que posee, como un gesto de real desprendimiento, aunque tenga mucho más, igual no será capaz de hacerlo. El pobre que no sabe ser generoso en su pobreza, es inútil decir que “¡me gustaría tener mucho más para poder dar más!”, pues cuando tenga mucho tampoco será generoso.

Es verdad, que a veces en la Iglesia, nosotros los sacerdotes, tan preocupados con el bien que debemos hacer hacia los demás o con la eficiencia del nuestro apostolado, nos quedamos muy contentos y agradecemos mucho, cuando nos llega una grande donación hecha por un millonario, y nos olvidamos de dar valor a la pequeñita oferta de un pobre. Sin embargo, Dios que no se deja ilusionar con las grandes cifras, sino que está atento a la medida del corazón, no deja pasar desapercibido ni el menor gesto de verdadera caridad. Él no hace comparaciones entre los que aportan, pero se interesa particularmente por cada uno.

Señor Jesús, danos la gracia de ver como tú, que reconociste en la humilde donación de aquella pobre viuda, la mejor donación que recibió el templo en aquel día. Danos también un corazón verdaderamente generoso, que sea capaz de no acomodarse y medirse por los demás, sino que pueda dar todo lo que esté de acuerdo con nuestras posibilidades.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, Capuchino

 

Gotas de paz

Sábado de la 31ª semana del tiempo durante el año

447 - “No pueden estar al servicio de Dios y del dinero”. Lc 16, 13

El gran opositor de Dios en este mundo es la plata. Ella es capaz de encandilar a las personas quitándolas del camino evangélico, haciéndolas olvidar hasta el amor por los parientes, sacrificando las amistades más auténticas, generando una profunda ingratitud hacia quien siempre las ayudó. Es la fascinación del dinero la que hace que las personas pacten con la corrupción, promuevan el narcotráfico, se presten al robo, a aceptar ventajas ilícitas. Aunque no podamos vivir sin plata, es muy importante vigilar siempre para no dejarse enceguecer por ella. Una relación profunda con Dios puede ayudarnos a resistir a la tentación del tener sin límites. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Dedicación de la Basílica de Letrán

519 - “No hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio”. Jn 2, 16

La fiesta de la dedicación de la Basílica de Letrán en Roma nos ofrece una excelente oportunidad para reflexionar sobre la santidad que debe existir en nuestras iglesias. El espacio sagrado no es un lugar cualquiera, sino lugar de la presencia de Dios, del encuentro, de oración y de gracia. Es verdad que se puede encontrar a Dios en todas partes, pero también es verdad que la iglesia favorece y nos ayuda a experimentar el misterio. Por eso, es muy importante que cuidemos nuestras ropas, nuestras actitudes, las conversaciones, los cantos… Jesús siempre se enoja cuando desfiguramos la casa de Dios. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la 31ª semana del tiempo durante el año

445 - “Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan de conversión”. Lc 15, 7

El misterio del amor de Dios revela todo su esplendor en las parábolas de la misericordia. Dios no se conforma con perder a sus hijos y los busca de todas las formas posibles para recuperarlos. Aunque los extraviados se hayan perdido por propia culpa y hayan pecado mucho, es tan grande el amor del Padre eterno que les quiere recuperar, que hace fiesta cuando ellos deciden cambiar de vida, sin exigir explicaciones o castigarlos por los desvíos. Volvamos hoy a los brazos misericordiosos de Dios. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la 31ª semana del tiempo durante el año

444 - “El que no carga con su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo”. Lc 14, 27

Hay dos exigencias para ser discípulo de Cristo: la primera es abrazar su propia cruz, esto es, asumirse por completo con el carácter, con la historia personal, con los pecados, con las virtudes y con todos los defectos corporales y psíquicos. Tengo que conocerme y aceptarme como soy para poder ser discípulo. Jesús no quiere discípulos amargados o que estén con máscaras. La otra exigencia es estar dispuesto a seguirlo, es decir, a escuchar su Palabra y obedecer sus indicaciones. No puede llamarse discípulo de Cristo quien de verdad no busca vivir cabalmente sus propuestas. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Martes de la 31ª semana del tiempo durante el año

443 - “Un hombre preparó un gran banquete y convidó a mucha gente. Pero todos, sin excepción, empezaron a excusarse”. Lc 14, 16.18

Dios desea desde lo profundo de su corazón que todos sus hijos participen de la fiesta de la salvación. Y esta participación empieza ya aquí en esta tierra, involucrándose en la Iglesia, yendo a las celebraciones y teniendo una vida centrada en Cristo. Sin embargo, encandilados por las cosas del mundo o movidos solo por la preocupación de cosas materiales y de placeres, muchos se llenan de excusas y no tienen tiempo para Dios, autoexcluyéndose de la fiesta de la Vida. Nuestras tantas excusas nos denuncian: Dios no está en primer lugar en nuestra vida. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la 31ª semana del tiempo durante el año

442 - “Cuando des un banquete, invita a los pobres, porque ellos no tienen como retribuirte”. Lc 14, 13-14

Muchas de nuestras acciones son interesadas: saludamos, damos regalitos, visitamos, invitamos para algo a aquellas personas con las cuales estamos obligados o que sabemos que en algún momento pueden favorecernos. Todos hacemos esto por una necesidad de convivencia social. Sin embargo, Jesús nos desafía a hacer algo más: a ser algunas veces totalmente gratuitos, a invitar o ayudar a quien jamás podrá retribuirnos. Solo así, Dios mismo asumirá la deuda, Él en su momento nos retribuirá el favor. La verdadera caridad la realizamos cuando no esperamos ninguna recompensa, ni monetaria ni afectiva. Experiméntalo. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la 32ª semana del tiempo durante el año

451 - “Si tu hermano peca, repréndelo y si se arrepiente, perdónalo”. Lc 17, 3

Las relaciones entre las personas son siempre un gran desafío. No es fácil conservar la unidad pues todos fallamos, herimos o lastimamos a veces sin querer y otras veces como fruto de nuestras maldades o heridas. Lo importante es dialogar con los hermanos, indicarles lo que nos molestó, escuchar sus razones y, en clima de perdón, reanudar el camino. No sirve acumular rabias sin expresarlas pues acabaremos por explotar y los daños serán mayores. Cuando alguien nos falla, debemos, en primer lugar, orar; después, dialogar con él y, ante sus razones o su pedido de perdón, recomponer la unidad para volver a la Paz. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario (B)

“Jesús les dijo: «Les aseguro que esta viuda pobre ha dado mucho más que todos ellos. Pues todos han echado dinero que les sobraba; ella, en cambio, ha dado lo que había reunido con sus privaciones, eso mismo que necesitaba para vivir»” Mc 12, 43-44

De nuevo nos encontramos con un texto que nos habla sobre la diferencia entre la lógica del Reino de Dios y aquélla del mundo. Unas moneditas, para Jesús, valen mucho más que grandes sumas en dinero o en joyas.

¿Será que Jesús no sabía calcular? ¿Será que él no entendía que con algunos millones se podría dar de comer a mucha gente, y al contrario que con algunas moneditas tal vez no se pueda satisfacer ni mismo a una persona? ¿Cómo es posible pensar que donar un ladrillo pueda ser más valioso que donar una casa, un hospital, un orfanato? Sin embargo, es así: para Jesús, aquella pobre viuda dando sus moneditas, donó mucho más que aquellos ricachones que dieron algunos millones. ¿Por qué?

Creo que podemos intuir que para Dios no son importantes los números absolutos, pero sí los relativos, esto es, aquellos que están relacionados con nuestro ser personal.

Aquí encontramos una de las verdades más bonitas del evangelio: Dios no se deja impresionar con los números, sino que guarda el corazón. No es porque los ricos pueden hacer muchas más obras de caridad que están en ventaja delante de Dios. Por ejemplo, cuando una persona hace una gran donación, una gran obra de caridad, pero delante de sus bienes lo que dio no significa nada, esto es, que no tuvo que cambiar nada en su vida, o que al final del mes ni sintió falta (y que a veces hasta consigue descuentos en el impuesto de renta), esa persona delante de Dios, tiene menos méritos que una familia sencilla, que se priva de algo para poder servir a alguien necesitado, o que recibe un niñito en casa para que pueda estudiar, y entonces porque son pobres tienen que trabajar un poco más, dividir mejor la comida y hasta privarse de algunas comodidades.

Madre Teresa de Calcuta sintetizó muy bien este parámetro evangélico en la siguiente frase: “Amar es dar hasta que duela.” Esto significa que la caridad, el amor, tienen valor cuando es verdaderamente sentido por quien lo practica, cuando no es solo un gesto superficial de dar lo que sobra. Una autentica caridad tiene que dejar marcas, tiene que ser sentida, tiene que ser exigente, sea para el rico, sea para el pobre. Entonces ¿Cuándo un rico puede hacer una caridad significativa delante de Dios?: cuando él dona algo que signifique una real renuncia, cuando por ejemplo él hace un ayuno y dona el equivalente de su banquete, cuando renuncia a un viaje de vacaciones y dona su valor. Esto es, cuando lo que él dona manifiesta una efectiva renuncia en su vida, y no es solo algo que le sobra.

Esto viene a desnudar una frase tan común que escuchamos: “¡me gustaría tener mucho más para poder dar más!”. Esta frase solo tiene sentido delante de la lógica del mundo, pues para Dios es una pavada. Para él, el pobre puede hacer tanta caridad cuanto el rico, ya que no es importante cuanto se dona, sino lo que significa para la persona que lo ha dado. Quien no es capaz de dar de lo poco que posee, como un gesto de real desprendimiento, aunque tenga mucho más, igual no será capaz de hacerlo. El pobre que no sabe ser generoso en su pobreza, es inútil decir que “¡me gustaría tener mucho más para poder dar más!”, pues cuando tenga mucho tampoco será generoso.

Es verdad, que a veces en la Iglesia, nosotros los sacerdotes, tan preocupados con el bien que debemos hacer hacia los demás o con la eficiencia del nuestro apostolado, nos quedamos muy contentos y agradecemos mucho, cuando nos llega una grande donación hecha por un millonario, y nos olvidamos de dar valor a la pequeñita oferta de un pobre. Sin embargo, Dios que no se deja ilusionar con las grandes cifras, sino que está atento a la medida del corazón, no deja pasar desapercibido ni el menor gesto de verdadera caridad. Él no hace comparaciones entre los que aportan, pero se interesa particularmente por cada uno.

Señor Jesús, danos la gracia de ver como tú, que reconociste en la humilde donación de aquella pobre viuda, la mejor donación que recibió el templo en aquel día. Danos también un corazón verdaderamente generoso, que sea capaz de no acomodarse y medirse por los demás, sino que pueda dar todo lo que esté de acuerdo con nuestras posibilidades.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, Capuchino

 

Gotas de paz

Sábado de la 31ª semana del tiempo durante el año

447 - “No pueden estar al servicio de Dios y del dinero”. Lc 16, 13

El gran opositor de Dios en este mundo es la plata. Ella es capaz de encandilar a las personas quitándolas del camino evangélico, haciéndolas olvidar hasta el amor por los parientes, sacrificando las amistades más auténticas, generando una profunda ingratitud hacia quien siempre las ayudó. Es la fascinación del dinero la que hace que las personas pacten con la corrupción, promuevan el narcotráfico, se presten al robo, a aceptar ventajas ilícitas. Aunque no podamos vivir sin plata, es muy importante vigilar siempre para no dejarse enceguecer por ella. Una relación profunda con Dios puede ayudarnos a resistir a la tentación del tener sin límites. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Dedicación de la Basílica de Letrán

519 - “No hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio”. Jn 2, 16

La fiesta de la dedicación de la Basílica de Letrán en Roma nos ofrece una excelente oportunidad para reflexionar sobre la santidad que debe existir en nuestras iglesias. El espacio sagrado no es un lugar cualquiera, sino lugar de la presencia de Dios, del encuentro, de oración y de gracia. Es verdad que se puede encontrar a Dios en todas partes, pero también es verdad que la iglesia favorece y nos ayuda a experimentar el misterio. Por eso, es muy importante que cuidemos nuestras ropas, nuestras actitudes, las conversaciones, los cantos… Jesús siempre se enoja cuando desfiguramos la casa de Dios. Paz y bien.