Gotas de paz

Viernes Santo

111 - “Uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua”. Jn 19, 34

Hasta qué punto puede llegar la maldad humana: clavar en una cruz a aquel que pasó su vida haciendo el bien: predicando y sanando. Pero lo interesante de Dios es que puede transformar incluso nuestras maldades en oportunidades de gracia. Este soldado, al traspasar el corazón de Jesús, nos dejó abierto para siempre el corazón de Dios. En efecto, la herida de su costado permaneció después de la resurrección y continúa hasta hoy derramando sangre y agua para nuestra salvación. Acerquémonos y pongámonos bajo su cruz para que nos lave su preciosísima sangre. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves Santo

110 - “Sabiendo Jesús que había llegado su hora, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo”. Jn 13, 1

El amor de Cristo no es un amor azucarado o superficial. No es solo de palabras, sino un amor vivido y practicado con radicalidad. Un amor que no se avergüenza de humillarse poniéndose a los pies de los amados en profunda actitud de servicio. Un amor que no escatima nada, ni siquiera la propia vida, por el bien de los que ama. Es un amor tan fuerte que contagia y empuja a hacer lo mismo: servir con radicalidad, sin preocuparse por lo que puedan decir los demás, pues amor que no se hace servicio es solo una ilusión. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles Santo

109 - “Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”. Mt 26, 18

Aun hoy, Jesús insiste en querer celebrar su pascua en nuestra casa. Es allí, en lo profundo de nuestro corazón, donde él desea renovar su entrega total haciéndonos experimentar hasta qué punto llega la fuerza de su amor por nosotros. Por nuestra parte, debemos prepararnos haciendo una buena limpieza en la casa, quitando toda la basura del pecado y el polvo del egoísmo y también adornándola con nuestras oraciones y obras de caridad. Si el Señor encuentra nuestra casa preparada (limpia y adornada), celebra con nosotros su Pascua llenándonos de su gracia. Preparémonos, pues el tiempo se hace corto. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Martes Santo

108 - “Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti”. Jn 13, 37

Muchas veces, en nuestro corazón estamos muy decididos a hacer el bien, pero al rato, ante ciertas dificultades, miedos o dudas, terminamos por encerrarnos en nuestros egoísmos y nos esquivamos de Dios. Todo ser humano es muy frágil y esto nos lleva a muchas incoherencias. Dios sabe de esto y está dispuesto a mirarnos con misericordia como lo hizo con Pedro. Lo que sí debemos rechazar con fuerza es la maldad, es el actuar con mala intención, el traicionar premeditadamente pensando solo en ventajas personales como lo hizo Judas. Es innegable que todos somos frágiles, pero no debemos ser corruptos. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes Santo

107 - “La casa se impregnó con la fragancia del perfume”. Jn 12, 3

Cuando tocamos algún perfume, difícilmente pasamos desapercibidos. Su olor tiende a propagarse. Así es también el bien. Cuando lo practicamos, él tiende a difundirse y o arranca elogios y contagia a otros a hacer lo mismo o puede también generar reacciones adversas. Ciertamente, la motivación para hacerlo no debe ser la publicidad; sin embargo, no por eso debemos dejar de realizarlo. El perfume precioso que María usó en los pies de Jesús impregnó todo el ambiente y, aunque generó críticas, Jesús lo aprobó. Nuestra decisión debe ser practicar el bien siempre sin importar que esto nos deje expuestos a elogios o críticas. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Domingo de Ramos (C)

“¡Bendito sea el Rey que viene en el Nombre del Señor!” Lc 19,38

Con el domingo de Ramos empezamos la semana más importante de nuestra fe. Los antiguos la llamaban la gran semana, o la semana mayor.

De hecho, en estos días celebramos el misterio central de nuestra fe: la entrega, la pasión, la muerte y la resurrección de Cristo. En verdad para nosotros cristianos, es como si ésta semana tuviera ocho días, desde este domingo hasta el próximo domingo. La Iglesia nos desafía a vivir estos días con fuerza, en espíritu de profunda oración, de penitencia, de caridad, de conversión, de búsqueda y de ofrenda de perdón y de participación activa en la comunidad eclesial.

Celebramos la entrada de Jesús a Jerusalén. El pueblo hace una fiesta para recibir a Jesús. Lo aclaman como profeta y adornan su camino como a su rey. Pero Jesús no se ilusiona Él sabe lo que le espera en Jerusalén. Él sabe que hasta esta manifestación popular instigará aun más a los que no lo aceptan, y lo quieren matar. Las aclamaciones del pueblo son como un combustible sobre la envidia, la rabia, la ceguera. Nada peor para los que son malos que ver la gloria de aquellos a quien odian. Y Jesús conocía sus corazones. Sin embargo, Jesús no evita estas manifestaciones. Al contrario, las promueve, entra en Jerusalén solemnemente. Él sabe que su hora está llegando. Él siente que su misión ya está por terminar. Ya bastan las enseñanzas, él quiere ahora manifestar con su vida, con su capacidad de sufrir, la grandeza del amor de Dios por nosotros.

Al final es para esto que él vino: para revelarnos hasta que punto Dios nos ama. Con palabras se puede decir el cuanto se ama. Con sus parábolas, con sus comparaciones, con sus milagros él ya nos había hecho entender que Dios es realmente bueno, nos quiere mucho y desea el bien para todos nosotros. Pero cuando lo vemos a él, Dios omnipotente, clavado en una cruz, y sabemos que él no necesitaba estar allí, mas lo hizo por nosotros, entonces descubrimos que las palabras son débiles, y por más que digamos, no podemos describir el amor de Dios. Solamente la contemplación del crucificado puede ser para nosotros una ventana que nos abre al gran misterio del corazón de Dios.

Por otro lado, Jesús sabía que, en su cruz, en su sacrificio total, nos daría la medicina para nuestros pecados, para nuestra libertad. El sabía que igual al árbol del paraíso, que tenía un fruto atrayente y que llevó Adán y Eva al pecado y la expulsión de la gracia, él mismo seria el nuevo fruto del árbol ahora plantado en este “valle de lagrimas”, que atraería a todos a él, y aquellos que se alimenten de él, serian llevados de nuevo al paraíso. El sabía que en sus heridas nosotros podremos encontrar la sanación de todos nuestros males.

Estimado hermano, vive profundamente esta semana santa, santifícate cada momento. Dentro de tu posibilidad acércate todos los días a una iglesia, participa de la misa, haz una buena confesión, contempla con los ojos y con el corazón el misterio del amor de Dios. Haz al menos una buena obra de caridad. Realiza un poco de penitencia, muéstrate que eres capaz de dominar tu cuerpo. Pues solamente así en el próximo domingo, octavo día de esta semana, podrás exultar de alegría en el Señor resucitado. Y entenderás que significa su resurrección en tu vida.

Que Dios te acompañe en la aventura de esta semana santa.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Viernes de la quinta semana de Cuaresma

104 - “Si no hago las obras de mi Padre, no me crean…”. Jn 10, 37

Existe una profunda diferencia entre no creer y no querer creer. Hoy, al igual que en tiempos de Jesús, muchos no quieren creer en él, pues saben que esto implica seguir su Palabra. Los que quieren creer en Cristo no tienen que hacer otra cosa que acercarse a él y permitir que realice en su vida las obras del Padre, que son conocer el amor y el perdón, sanar las heridas, vencer el egoísmo, descubrir la fuerza de la paz, comprometerse gustosamente con el bien. Y Jesús siempre realiza tales obras en la vida de los que le permiten. Él siempre está dispuesto. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la quinta semana de Cuaresma

103 - “Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás”. Jn 8, 51

El hombre desea y busca la inmortalidad. Algunos filósofos dicen que él busca inmortalizarse, aunque sea indirectamente: o a través de la generación de hijos, pues es un modo de perpetuarse, o haciendo grandes obras para ser recordado. En nuestro tiempo hay quien sueña que la ciencia un día encontrará un modo de conservar para siempre la vida. Sin embargo, la fe nos dice que solo en Jesús podremos encontrar la real inmortalidad. En él podremos vencer a la muerte. Para esto hay que vivir en Cristo, ser fieles a su Palabra pues así la muerte será solo una trasformación. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la quinta semana de Cuaresma

102 - “Si se mantienen fieles a mi palabra, serán realmente discípulos míos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres”. Jn 8, 32

La plenitud de la vida humana solo es posible en la fidelidad a la Palabra de Cristo, que es el verdadero discipulado. En efecto, sin una relación profunda con Jesús no seremos capaces de llegar al conocimiento de la verdad ni experimentaremos lo máximo de la libertad humana. Los estudios y las investigaciones pueden hacernos conocedores de tantas verdades científicas, pero aquella verdad profunda que ilumina y da sentido a la existencia humana, solo puede ser experimentada en el discipulado de Cristo. Solo en él podremos llegar a ser verdaderamente libres. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves Santo

110 - “Sabiendo Jesús que había llegado su hora, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo”. Jn 13, 1

El amor de Cristo no es un amor azucarado o superficial. No es solo de palabras, sino un amor vivido y practicado con radicalidad. Un amor que no se avergüenza de humillarse poniéndose a los pies de los amados en profunda actitud de servicio. Un amor que no escatima nada, ni siquiera la propia vida, por el bien de los que ama. Es un amor tan fuerte que contagia y empuja a hacer lo mismo: servir con radicalidad, sin preocuparse por lo que puedan decir los demás, pues amor que no se hace servicio es solo una ilusión. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles Santo

109 - “Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”. Mt 26, 18

Aun hoy, Jesús insiste en querer celebrar su pascua en nuestra casa. Es allí, en lo profundo de nuestro corazón, donde él desea renovar su entrega total haciéndonos experimentar hasta qué punto llega la fuerza de su amor por nosotros. Por nuestra parte, debemos prepararnos haciendo una buena limpieza en la casa, quitando toda la basura del pecado y el polvo del egoísmo y también adornándola con nuestras oraciones y obras de caridad. Si el Señor encuentra nuestra casa preparada (limpia y adornada), celebra con nosotros su Pascua llenándonos de su gracia. Preparémonos, pues el tiempo se hace corto. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Martes Santo

108 - “Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti”. Jn 13, 37

Muchas veces, en nuestro corazón estamos muy decididos a hacer el bien, pero al rato, ante ciertas dificultades, miedos o dudas, terminamos por encerrarnos en nuestros egoísmos y nos esquivamos de Dios. Todo ser humano es muy frágil y esto nos lleva a muchas incoherencias. Dios sabe de esto y está dispuesto a mirarnos con misericordia como lo hizo con Pedro. Lo que sí debemos rechazar con fuerza es la maldad, es el actuar con mala intención, el traicionar premeditadamente pensando solo en ventajas personales como lo hizo Judas. Es innegable que todos somos frágiles, pero no debemos ser corruptos. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes Santo

107 - “La casa se impregnó con la fragancia del perfume”. Jn 12, 3

Cuando tocamos algún perfume, difícilmente pasamos desapercibidos. Su olor tiende a propagarse. Así es también el bien. Cuando lo practicamos, él tiende a difundirse y o arranca elogios y contagia a otros a hacer lo mismo o puede también generar reacciones adversas. Ciertamente, la motivación para hacerlo no debe ser la publicidad; sin embargo, no por eso debemos dejar de realizarlo. El perfume precioso que María usó en los pies de Jesús impregnó todo el ambiente y, aunque generó críticas, Jesús lo aprobó. Nuestra decisión debe ser practicar el bien siempre sin importar que esto nos deje expuestos a elogios o críticas. Paz y bien.