Gotas de paz

Martes de la trigésima tercera semana del tiempo durante el año

461 - “Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa”. Lc 19, 5

Qué interesante la historia de Zaqueo. Jesús sabe que en el corazón de este gran pecador existe una insatisfacción y, sin preconceptos, va a su casa, entra en su intimidad, hace sentir el amor de Dios y genera en él una gran conversión. Zaqueo se dispone a dar la mitad de sus bienes a los pobres y a devolver cuatro veces más de lo que robó. Esto nos dice una vez más que tenemos que ir al encuentro de los pecadores, pues la experiencia de amor y de acogida es lo que puede darnos la fuerza para cambiar el rumbo de nuestra existencia. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la trigésima tercera semana del tiempo durante el año

460 - «Jesús le preguntó: “Qué quieres que haga por ti?”. Y el ciego respondió: “Señor, que yo vea de nuevo”». Lc, 18, 41

La visión es uno de los sentidos más importantes. Existen muchos ciegos corporales, pero una persona puede ser también ciega espiritualmente. Ejemplo de esto tenemos cuando la persona jamás reconoce el bien que los demás hacen, cuando cree que ella es la única en el mundo que tiene derechos, cuando la rabia y el rencor impiden ver al otro como realmente es o cuando por los celos y envidia solo ve los defectos. Sin embargo, Jesús puede sanarnos de todas nuestras cegueras si verdaderamente lo queremos, pues “el peor ciego es aquel que no quiere ver”. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario (C)

“Jesús contestó: «tengan cuidado y no se dejen engañar, porque muchos vendrán en mi lugar, diciendo: Yo soy el Salvador, ésta es la hora de Dios. No los sigan»” Lc 21, 8

Estamos casi al final de más un año litúrgico, pues el domingo próximo será su conclusión con la fiesta de Cristo Rey del Universo. Es por eso que el evangelio de hoy nos quiere preparar para el futuro para las cosas que podrán suceder en nuestras vidas antes de su culminación.

Es natural que todos tengamos un poco de curiosidad por las cosas futuras, pues queremos sentirnos seguros, queremos hacer buenos programas en la vida, queremos ser felices… El problema es que tal curiosidad muchas veces nos hace caer en trampas pues existen algunas personas mal intencionadas que manipulan la realidad y se presentan como adivinos: descifran las estrellas, leen las cartas, juegan al Tarot, dicen tener contactos con espíritus… y acaban sembrando una gran confusión. A nosotros también hoy Jesús dice «tengan cuidado y no se dejen engañar».

Estas personas nos quieren convencer de que existe un destino y que todo ya está programado. Y porque el destino ya está todo definido, ellos creen que pueden tener acceso a través de algún medio y conocerlo. Así, porque creen poder consultar nuestro futuro se ponen a disposición, mediante una oferta o un pago, para contarnos. «No los sigan» dice Jesús.

Pero, la pregunta es: si el destino ya está todo trazado, ¿de qué nos sirve conocerlo? Y si conociéndolo podemos hacer algo para cambiarlo, entonces, significa que no estaba trazado, sino que en verdad lo construimos con nuestras acciones.

Que nadie nos engañe: nuestro futuro depende en gran parte de nuestras elecciones presentes y todos sabemos de esto. Siempre que ponemos nuestro esfuerzo para realizar algo, es porque entendemos que el futuro, que las conquistas dependen en gran parte de la fuerza de voluntad que tenemos. Dios se conmueve con el sudor de los hombres de bien, y bendice las obras de sus manos.

Sin embargo, debemos estar atentos a otro fenómeno muy peligroso.

Existen personas que están convencidas que el futuro está en sus manos, o que pueden realizar cualquier cosa, o que son tan capaces que saben lo que es mejor para los demás, o que recibieron una iluminación especial y que todos tienen que darle la razón en todo… Ellas acaban pensando que son exactamente ellas, Salvadoras del mundo. Los grandes dictadores que la historia conoció, que se creían realmente con una misión especial, por la cual hicieron muchas víctimas, son un ejemplo de cuanto mal puede hacer el hombre cuando acaba creyéndose un Dios. No podemos dejarnos engañar por estas personas. Tampoco a estas debemos seguir.

Todos somos llamados por Dios a colaborar en la construcción del futuro, pero nadie debe creerse el único llamado, ni tampoco debemos creer y seguir a aquellos que quieren tomar el lugar de Dios. Ciertamente la colaboración que Dios espera de nosotros, no es hacer anuncios de catástrofes o predicar sobre los futuros sufrimientos del infierno. Estas cosas pueden generar miedo, y no una autentica conversión. El reino de Dios no será jamás impuesto por la fuerza, pues donde existe violencia él no puede crecer. Al reino de Dios están invitados los pacíficos, los mansos y los humildes. Son invitados los que desean conocer el amor de Dios y están dispuestos a dejarse transformar por él, descubriéndose un hermano entre hermanos, donde todos son importantes, pero nadie es el único necesario, fuera de Cristo Jesús.

«Tengan cuidado y no se dejen engañar, porque muchos vendrán en mi lugar, diciendo: Yo soy el Salvador, ésta es la hora de Dios. No los sigan.»

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Sábado de la trigésima segunda semana del tiempo durante el año

456 - “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?”. Lc 18, 8

La fe es un don de Dios que se despierta y crece con el anuncio de la salvación y nuestras prácticas diarias. Todos la recibimos en germen en el bautismo, pero ella debe ser desarrollada en la medida en que vivimos nuestra vida eclesial, en la oración, cuando practicamos los sacramentos y la caridad. También puede menguar y desaparecer cuando abandonamos completamente las cosas de Dios y vivimos una vida solo mundana y de placeres. Por eso debemos tomar conciencia y cuidar el don que recibimos, pues, de lo contrario, el Señor nos encontrará como personas sin fe. Paz y bien.

 

Gotas de paz

San Roque González de Santa Cruz

521 - “El Buen Pastor da su vida por las ovejas”. Jn 10, 11

Existen algunas personas que, tocadas por Dios, sienten la vocación de entregar su vida para el bien de los demás. Experimentan la felicidad en el servicio, en la sencillez y en el amor. Renuncian a construir su vida basada en proyectos personales y se abandonan a la voluntad de Dios, sufriendo muchas veces el contagio de enfermedades, persecuciones y hasta el martirio. Es bello ver que valorizan más el servicio que prestan al Señor que la propia vida. Ejemplos como: Roque González de Santacruz, Madre Teresa de Calcuta, Francisco de Asís nos hablan de la fuerza del amor.

Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la trigésima segunda semana del tiempo durante el año

454 - “El reino de Dios no viene ostensiblemente, porque el Reino de Dios está entre ustedes”. Lc 17, 20-21

En la cultura de la visibilidad, todos estamos muy preocupados con la apariencia y con la publicidad. A veces queremos que Dios actúe del mismo modo. Sin embargo, el Dios de la encarnación prefiere la discreción, prefiere empezar por abajo. Así es el Reino de Dios, presente ya entre nosotros cuando, en las pequeñas cosas, actuamos como Él quiere: con disponibilidad, con caridad, con un buen consejo, con algún voluntariado o en una renuncia en favor de alguien. El Reino de Dios ya está entre nosotros cuando somos concretamente sensibles con los que necesitan. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la trigésima segunda semana del tiempo durante el año

454 - “El reino de Dios no viene ostensiblemente, porque el Reino de Dios está entre ustedes”. Lc 17, 20-21

En la cultura de la visibilidad, todos estamos muy preocupados con la apariencia y con la publicidad. A veces queremos que Dios actúe del mismo modo. Sin embargo, el Dios de la encarnación prefiere la discreción, prefiere empezar por abajo. Así es el Reino de Dios, presente ya entre nosotros cuando, en las pequeñas cosas, actuamos como Él quiere: con disponibilidad, con caridad, con un buen consejo, con algún voluntariado o en una renuncia en favor de alguien. El Reino de Dios ya está entre nosotros cuando somos concretamente sensibles con los que necesitan. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Martes de la trigésima segunda semana del tiempo durante el año

452 - “Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”. Lc 17, 10

En el mundo, a causa de nuestras opciones, tenemos obligaciones que cumplir: los padres para con sus hijos, los empleados para con su empresa, los funcionarios públicos para con la gente, los ciudadanos para con el Estado, los fieles para con su Iglesia. Hacer lo que me corresponde y hacerlo bien es mi deber, también desde la fe. No estoy haciendo un favor a nadie sino cumpliendo mi obligación. Es triste ver cómo existen personas que no hacen nada más de lo que le corresponde, pero quieren adicionales aplausos y homenajes. Hasta Dios nos exige al menos cumplir bien nuestra obligación. Paz y bien.

 

Gotas de paz

San Martín de Tours: 11 de noviembre

520 - “Les aseguro que todo lo que hacen al más pequeño de mis hermanos, a mí lo hacen”. Mt 25, 40

Los pobres son también una especie de sacramental de Jesús en nuestra historia. No podemos despreciar esta presencia. No podemos decir que no sabíamos que a él servíamos o dejábamos desamparado al comportarnos de tal modo con los pobres y sufrientes que encontramos en nuestro camino o que están en nuestras cárceles u hospitales. Justamente porque conocemos el evangelio, no tendremos escusa. De hecho, todos los santos tuvieron esta gran sensibilidad. San Martín de Tours, entre otras tantas acciones, fue capaz de cortar la propia capa para dar una parte a una persona que tenía mucho frio. Hagamos lo mismo. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la trigésima tercera semana del tiempo durante el año

460 - «Jesús le preguntó: “Qué quieres que haga por ti?”. Y el ciego respondió: “Señor, que yo vea de nuevo”». Lc, 18, 41

La visión es uno de los sentidos más importantes. Existen muchos ciegos corporales, pero una persona puede ser también ciega espiritualmente. Ejemplo de esto tenemos cuando la persona jamás reconoce el bien que los demás hacen, cuando cree que ella es la única en el mundo que tiene derechos, cuando la rabia y el rencor impiden ver al otro como realmente es o cuando por los celos y envidia solo ve los defectos. Sin embargo, Jesús puede sanarnos de todas nuestras cegueras si verdaderamente lo queremos, pues “el peor ciego es aquel que no quiere ver”. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario (C)

“Jesús contestó: «tengan cuidado y no se dejen engañar, porque muchos vendrán en mi lugar, diciendo: Yo soy el Salvador, ésta es la hora de Dios. No los sigan»” Lc 21, 8

Estamos casi al final de más un año litúrgico, pues el domingo próximo será su conclusión con la fiesta de Cristo Rey del Universo. Es por eso que el evangelio de hoy nos quiere preparar para el futuro para las cosas que podrán suceder en nuestras vidas antes de su culminación.

Es natural que todos tengamos un poco de curiosidad por las cosas futuras, pues queremos sentirnos seguros, queremos hacer buenos programas en la vida, queremos ser felices… El problema es que tal curiosidad muchas veces nos hace caer en trampas pues existen algunas personas mal intencionadas que manipulan la realidad y se presentan como adivinos: descifran las estrellas, leen las cartas, juegan al Tarot, dicen tener contactos con espíritus… y acaban sembrando una gran confusión. A nosotros también hoy Jesús dice «tengan cuidado y no se dejen engañar».

Estas personas nos quieren convencer de que existe un destino y que todo ya está programado. Y porque el destino ya está todo definido, ellos creen que pueden tener acceso a través de algún medio y conocerlo. Así, porque creen poder consultar nuestro futuro se ponen a disposición, mediante una oferta o un pago, para contarnos. «No los sigan» dice Jesús.

Pero, la pregunta es: si el destino ya está todo trazado, ¿de qué nos sirve conocerlo? Y si conociéndolo podemos hacer algo para cambiarlo, entonces, significa que no estaba trazado, sino que en verdad lo construimos con nuestras acciones.

Que nadie nos engañe: nuestro futuro depende en gran parte de nuestras elecciones presentes y todos sabemos de esto. Siempre que ponemos nuestro esfuerzo para realizar algo, es porque entendemos que el futuro, que las conquistas dependen en gran parte de la fuerza de voluntad que tenemos. Dios se conmueve con el sudor de los hombres de bien, y bendice las obras de sus manos.

Sin embargo, debemos estar atentos a otro fenómeno muy peligroso.

Existen personas que están convencidas que el futuro está en sus manos, o que pueden realizar cualquier cosa, o que son tan capaces que saben lo que es mejor para los demás, o que recibieron una iluminación especial y que todos tienen que darle la razón en todo… Ellas acaban pensando que son exactamente ellas, Salvadoras del mundo. Los grandes dictadores que la historia conoció, que se creían realmente con una misión especial, por la cual hicieron muchas víctimas, son un ejemplo de cuanto mal puede hacer el hombre cuando acaba creyéndose un Dios. No podemos dejarnos engañar por estas personas. Tampoco a estas debemos seguir.

Todos somos llamados por Dios a colaborar en la construcción del futuro, pero nadie debe creerse el único llamado, ni tampoco debemos creer y seguir a aquellos que quieren tomar el lugar de Dios. Ciertamente la colaboración que Dios espera de nosotros, no es hacer anuncios de catástrofes o predicar sobre los futuros sufrimientos del infierno. Estas cosas pueden generar miedo, y no una autentica conversión. El reino de Dios no será jamás impuesto por la fuerza, pues donde existe violencia él no puede crecer. Al reino de Dios están invitados los pacíficos, los mansos y los humildes. Son invitados los que desean conocer el amor de Dios y están dispuestos a dejarse transformar por él, descubriéndose un hermano entre hermanos, donde todos son importantes, pero nadie es el único necesario, fuera de Cristo Jesús.

«Tengan cuidado y no se dejen engañar, porque muchos vendrán en mi lugar, diciendo: Yo soy el Salvador, ésta es la hora de Dios. No los sigan.»

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Sábado de la trigésima segunda semana del tiempo durante el año

456 - “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?”. Lc 18, 8

La fe es un don de Dios que se despierta y crece con el anuncio de la salvación y nuestras prácticas diarias. Todos la recibimos en germen en el bautismo, pero ella debe ser desarrollada en la medida en que vivimos nuestra vida eclesial, en la oración, cuando practicamos los sacramentos y la caridad. También puede menguar y desaparecer cuando abandonamos completamente las cosas de Dios y vivimos una vida solo mundana y de placeres. Por eso debemos tomar conciencia y cuidar el don que recibimos, pues, de lo contrario, el Señor nos encontrará como personas sin fe. Paz y bien.

 

Gotas de paz

San Roque González de Santa Cruz

521 - “El Buen Pastor da su vida por las ovejas”. Jn 10, 11

Existen algunas personas que, tocadas por Dios, sienten la vocación de entregar su vida para el bien de los demás. Experimentan la felicidad en el servicio, en la sencillez y en el amor. Renuncian a construir su vida basada en proyectos personales y se abandonan a la voluntad de Dios, sufriendo muchas veces el contagio de enfermedades, persecuciones y hasta el martirio. Es bello ver que valorizan más el servicio que prestan al Señor que la propia vida. Ejemplos como: Roque González de Santacruz, Madre Teresa de Calcuta, Francisco de Asís nos hablan de la fuerza del amor.

Paz y bien.