Gotas de paz

XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario (C)

Jesús sanó a diez leprosos. “Uno de ellos, al verse sano, volvió de inmediato. Llegó alabando a Dios en alta voz y echándose a los pies de Jesús, con el rostro en tierra, le daba gracias” Lc 17, 15-16

Creo que este evangelio nos da una oportunidad para reflexionar sobre nuestra relación con Dios y con los demás. Todos necesitamos de la ayuda de Dios y de los otros. Recurrimos a ellos para hacerle pedidos en nuestras dificultades, así como aquellos diez leprosos que gritaban a Jesús para que les sanara.

A veces cuando queremos pedir algo a Dios, le suplicamos de todos los modos posibles, nos arrodillamos dando señal de humildad, hacemos oraciones en que nos pintamos como muy sumisos a su voluntad, y como queriendo convencerlo a que nos dé, lo que necesitamos, prometemos de todo llenándonos de buenos propósitos. Más o menos lo mismo hacemos con los demás. Muchas veces hasta somos muy exigentes. Creemos que Dios tiene la obligación de darnos todas las gracias que deseamos. Y si por acaso algo no nos hace como hemos dicho, entonces nos enfurecemos, y nos quedamos enojados con él. Le criticamos y para colmo hasta hacemos ciertas cosas por despecho, sin darnos cuenta de que los únicos perjudicados seremos nosotros mismos.

Lo más increíble en nuestro comportamiento es que cuando Dios o los demás nos dan lo que estamos suplicando, entonces con mucha rapidez abandonamos la situación de humildad que teníamos antes y con insensibilidad continuamos nuestro camino, sin al menos parar y hacer algo concreto para agradecer por el bien que nos hicieron. En el fondo con nuestro comportamiento dejamos entender que creemos que ellos no hicieron nada más que su obligación. Al igual que los nueve leprosos sanados, en general, no retornamos para agradecer.

Seguramente todos, los diez, estaban contentos con la sanación y en su interior hasta habrán pensado: “¡Qué bueno fue Dios!” Sin embargo, uno solo volvió para alabar concretamente. Los otros nueve siguieron sus caminos. En ellos la gratitud no encontró un modo de expresarse y así quedó solo un sentimiento pasajero. Y por eso, porque la gratitud no fue manifestada, ellos perdieron una excelente ocasión de crear con Jesús una relación más profunda.

Solo cuando nuestros sentimientos son manifestados, ellos pueden colaborar para que nuestra vida sea más auténtica y nuestras relaciones más profundas. Manifestar el sentimiento hace crear lazos con los demás. Cuando manifiesto mi gratitud con alguien, me comprometo con aquella persona y en cierto sentido me dispongo, para de algún modo retribuir el bien hecho. También la persona que recibe la gratitud se siente confirmada en su acción y comprometida para el futuro. Entre estas dos personas crece la unidad.

Tal vez sea por eso que aquellos nueve no volvieron. Estaban contentos con la sanación, pero no querían comprometerse con Jesús. No querían sentirse comprometidos con él. Querían mantener una relación superficial.

Creo que tantas veces nuestra ingratitud, es miedo a sentirnos obligados con el otro. Es miedo a que me pueda pedir algo. Es miedo a crear lazos. Cuando necesitamos, forzados por la situación, somos presionados a pedir, a suplicar… pero después que conseguimos lo que queríamos, sin la presión de la necesidad, entonces el miedo, el egoísmo, la superficialidad nos hacen preferir no manifestar nuestra gratitud, supuestamente para salvaguardar nuestra independencia. Y aunque sea completamente injusto con quien nos hizo el bien, así lo hacemos, pues el egoísmo nos deja ciegos.

En general somos muy sensibles cuando no nos agradecen, (todos deseamos que los otros estén comprometidos con nosotros) pero todos tenemos naturalmente miedo de agradecer.

Jesús nos desafía a vencer este miedo. Él nos invita a romper las cadenas del egoísmo. Pues solo así podremos participar de su reino. Solo así seremos salvados.

De hecho, aquel único leproso, y solo él volvió inmediatamente y manifestó concretamente su gratitud: “llegó alabando a Dios en alta voz y echándose a los pies de Jesús, con el rostro en tierra, le daba gracias”, Jesús le pudo dar lo que más quería, no solo la simple sanación de su cuerpo, más también la salvación integral. Con él Jesús pudo empezar una nueva relación. Él aceptó estar comprometido con Dios.

Oh Jesús, cuantas veces sin percibir también yo hice lo mismo. Cuantas veces como un mecanismo de defensa, no manifesté mi gratitud a mis familiares, a mis amigos, a mis colegas y principalmente a ti, para no sentirme comprometido y obligado. Cuantas veces en mi egoísmo preferí mantener relaciones superficiales, usando y desechando a los demás. Perdóname Señor, y ayúdame a ser diferente. Ayúdame a manifestar concretamente mi gratitud, pues despacito me doy cuenta que no existe otro camino de salvación y ni de felicidad.

El Señor te bendiga e te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Sábado de la vigesimoséptima semana del tiempo durante el año

411 - “Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”. Lc 11, 28

Para Dios no es importante que yo sea un pariente o un amigo de un gran santo. Esto no me hace tener méritos ni me da algún privilegio. Lo único que cuenta para Él es la vivencia concreta de su Palabra. Este es el caso de la Virgen María, que es bienaventurada por ser la madre de Jesús, pero lo es mucho más porque en toda su vida siempre puso en práctica la voluntad de Dios. De hecho, en el Reino de los Cielos no existen padrinos que llevarán a alguien a la salvación cuando él mismo la haya despreciado. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la vigesimoséptima semana del tiempo durante el año

410 - “El que no está conmigo, está en contra de mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”. Lc 11, 23

En esta vida no hay como quedarse neutro: o yo colaboro con el crecimiento del bien o estoy automáticamente colaborando para que el mal prospere. Es como la tierra: o planto algo bueno y lo cuido continuamente o espontáneamente crece la yerba mala. No hay como cruzarse los brazos y pensar que no tengo ninguna culpa por lo que sucede: para el bien se necesita esfuerzo y para el mal, basta reposar. Por eso, debo preguntarme: ¿estoy colaborando con el bien o, con mi pasividad, soy un promotor del mal? La omisión también es un pecado. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la vigesimoséptima semana del tiempo durante el año

409 - “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá”. Lc 11, 9

Dios responde a nuestro esfuerzo. Cuando nos interesamos –y con perseverancia ponemos de nuestra parte–, Dios nos bendice y hace que nuestras obras prosperen. Nuestro Dios es un Padre amoroso, que quiere acompañar a sus hijos con gracias especiales cuando oramos, cuando trabajamos, cuando nos esforzamos. Jamás el Señor deja sin respuesta el clamor de sus hijos. Aun cuando lo que pedimos sea un disparate, Él nos escucha y nos regala lo que realmente necesitamos. Pero si nunca pido, busco o llamo…, estaré perdiendo muchas oportunidades de la gracia de Dios en mi vida. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la vigesimoséptima semana del tiempo durante el año

408 - «Cuando oren, digan: “Padre, santificado sea tu Nombre…”». Lc 11, 2

La oración es el respirar de nuestra alma. Necesitamos aprender a orar para que nuestros momentos con el Señor verdaderamente nos llenen de fuerza, de vida y de gracia. La oración que Jesús enseñó a sus discípulos es muy completa, pues da gloria a Dios, pide que su Reino se haga realidad en nuestra historia y también suplica que el Señor no descuide nuestras necesidades básicas: pan, perdón y protección. No hay oración en el mundo que pueda ser más completa que esta que el propio Hijo de Dios nos enseñó, por más bonitas y significativas que sean las demás. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Martes de la vigesimoséptima semana del tiempo durante el año

407 - “María a los pies del Señor escuchaba su Palabra. Marta estaba muy ocupada…”. Lc 10, 39-40

Las figuras de Marta y María son muy emblemáticas para nuestra vida. Marta, mujer generosa y decidida que recibe a Jesús en su casa, pero que está ajetreada con todos los quehaceres y no disfruta de la presencia del Maestro. María, más tranquila y pacata, se toma el tiempo para estar con el Señor aprovechando su presencia. El gran desafío de todos nosotros es saber equilibrar en modo correcto los tiempos de trabajo, pues estos son necesarios, y los tiempos de encuentro con el Señor, que también son fundamentales en la vida. Debemos saber hacer nuestras prioridades; si no, el mundo nos consumirá. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la vigesimoséptima semana del tiempo durante el año

406 - “Un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas…”. Lc 10, 33-34

También nosotros debemos ser como este samaritano cuando encontramos a alguien que nos necesita. En primer lugar, debemos verlo. A veces nuestra insensibilidad ya llegó a niveles tan elevados que ni vemos más el dolor, no nos damos cuenta. En según lugar, hay que conmoverse con el dolor del otro. Sentir compasión, esto es, entrar en su dolor. Pero no basta solo esto. No basta solo llorar, emocionarse y después no hacer nada. Es necesario llegar a la acción concreta. El samaritano se bajó y se hizo cargo del que le necesitaba. “Ve y haz lo mismo”. Paz y bien.

 

Gotas de paz

San Francisco de Asís

514 - “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber revelado estas cosas a los pequeños”. Mt 11, 25

De los muchos santos que florecieron en la Iglesia, san Francisco es muy particular. Confió plenamente en Dios buscando ser menor en todo y el Padre Eterno le reveló en abundancia el amor de su corazón. Con mucha sencillez, Francisco se encontraba con Dios también a través de todas las criaturas del cielo y de la tierra, pues aprendió a reconocer en ellas las marcas del creador. Hoy él es para nosotros una llamada de atención para que aprendamos a convivir con amor y respeto con los demás, y también con toda la naturaleza. Más que nunca su ideal de reconstrucción necesita ser revigorizado. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Día de los ángeles custodios

“Sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial.” Mt 18, 10

Nuestra fe nos enseña que cada uno de nosotros tiene un ángel custodio que nos cuida, protege e intercede por nosotros ante el Padre eterno. Las palabras de Jesús nos dejan claro. Sin embargo, muchos de nosotros no damos el debido valor a este compañero espiritual que Dios nos regala y muchas veces lo ignoramos totalmente, no le damos importancia ni disfrutamos de su ayuda. Nuestro ángel custodio nos acompaña siempre y cuando nos damos cuenta de esto y entramos en mutua colaboración con él, esto puede darnos muchos beneficios. No dejes tu ángel custodio desocupado.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino

 

Gotas de paz

Sábado de la vigesimoséptima semana del tiempo durante el año

411 - “Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”. Lc 11, 28

Para Dios no es importante que yo sea un pariente o un amigo de un gran santo. Esto no me hace tener méritos ni me da algún privilegio. Lo único que cuenta para Él es la vivencia concreta de su Palabra. Este es el caso de la Virgen María, que es bienaventurada por ser la madre de Jesús, pero lo es mucho más porque en toda su vida siempre puso en práctica la voluntad de Dios. De hecho, en el Reino de los Cielos no existen padrinos que llevarán a alguien a la salvación cuando él mismo la haya despreciado. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la vigesimoséptima semana del tiempo durante el año

410 - “El que no está conmigo, está en contra de mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”. Lc 11, 23

En esta vida no hay como quedarse neutro: o yo colaboro con el crecimiento del bien o estoy automáticamente colaborando para que el mal prospere. Es como la tierra: o planto algo bueno y lo cuido continuamente o espontáneamente crece la yerba mala. No hay como cruzarse los brazos y pensar que no tengo ninguna culpa por lo que sucede: para el bien se necesita esfuerzo y para el mal, basta reposar. Por eso, debo preguntarme: ¿estoy colaborando con el bien o, con mi pasividad, soy un promotor del mal? La omisión también es un pecado. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la vigesimoséptima semana del tiempo durante el año

409 - “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá”. Lc 11, 9

Dios responde a nuestro esfuerzo. Cuando nos interesamos –y con perseverancia ponemos de nuestra parte–, Dios nos bendice y hace que nuestras obras prosperen. Nuestro Dios es un Padre amoroso, que quiere acompañar a sus hijos con gracias especiales cuando oramos, cuando trabajamos, cuando nos esforzamos. Jamás el Señor deja sin respuesta el clamor de sus hijos. Aun cuando lo que pedimos sea un disparate, Él nos escucha y nos regala lo que realmente necesitamos. Pero si nunca pido, busco o llamo…, estaré perdiendo muchas oportunidades de la gracia de Dios en mi vida. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la vigesimoséptima semana del tiempo durante el año

408 - «Cuando oren, digan: “Padre, santificado sea tu Nombre…”». Lc 11, 2

La oración es el respirar de nuestra alma. Necesitamos aprender a orar para que nuestros momentos con el Señor verdaderamente nos llenen de fuerza, de vida y de gracia. La oración que Jesús enseñó a sus discípulos es muy completa, pues da gloria a Dios, pide que su Reino se haga realidad en nuestra historia y también suplica que el Señor no descuide nuestras necesidades básicas: pan, perdón y protección. No hay oración en el mundo que pueda ser más completa que esta que el propio Hijo de Dios nos enseñó, por más bonitas y significativas que sean las demás. Paz y bien.