Gotas de paz

Jueves de la segunda semana de Adviento

015 - “Hasta Juan, todos los profetas y la ley eran profecías”. Mt 11, 13

Jesús es la plenitud de la revelación. En él llegamos a la realización total del plan de Dios. La ley y los profetas anunciaban la venida del mesías y preparaban a las personas para entender, aceptar y vivir la experiencia de la cercanía de Dios, manifestada en Cristo Jesús. El Antiguo Testamento continúa válido, pero él apunta a Cristo. No puedo estar preso en las normas antiguas sin contemplarlas desde la vida de Jesús. La promesa no puede ser más importante que su realización. Que las profecías y las leyes nos ayuden a entender más y vivir mejor las enseñanzas del Salvador.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Nuestra Señora de Guadalupe

525 - “En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá”. Lc 1, 39

En el día de la Virgen de Guadalupe, nos damos cuenta de que nuestra Madre celestial siempre está apresurada yendo a los que la necesitan. Ella continúa aun hoy visitándonos para ayudarnos en nuestras necesidades. Desde que Jesús, al pie de la cruz, pidió que ella cuidase al discípulo amado, ella no nos deja nunca abandonados. También hoy la Virgen nos dice: “No te preocupes. ¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”. Es por eso que con tanta confianza todos los días rezamos para que interceda por nosotros “ahora”, en las tantas situaciones difíciles que pasamos, pues tenemos la certeza de que ella no nos deja desamparados. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Martes de la segunda semana de Adviento

013 – “El Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños”. Mt 18, 14

Yo no necesito convencer a Dios para que me salve. Esta es su voluntad. La Palabra de Dios nos dice que Él es como el pastor que no quiere perder ni una sola de sus ovejas, sino que busca a cada una que se descarría. Dios hace de todo para que estemos en su presencia: nos visita de mil modos, nos acompaña, nos bendice, aun cuando ni no nos damos cuenta. Seguro hoy el Señor te está buscando, con la esperanza de poder llevarte de nuevo a la felicidad y la paz. Déjate encontrar por Él.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Lunes de la segunda semana de Adviento

“¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios?”. Lc 5, 21

Muchos no querían aceptar que Jesús se atribuyera el poder de perdonar a las personas. Para ellos, esto era una blasfemia, porque no creían que Jesús era Dios. Algunos lo veían solo como un hombre bueno, con algunos poderes, pero no divino. Toda la vida de Jesús, sus palabras y obras buscan demostrar que él es el Hijo de Dios vivo y por eso puede no solo sanar el cuerpo sino también perdonar los pecados y así devolver la paz a las personas. Aun hoy muchos no conocen lo grande que es Jesús, nuestro Dios, y por eso no experimentan toda su gracia.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

II Domingo de Adviento (C)

En el segundo domingo del Adviento del año de Lucas, la Iglesia nos presenta a Juan Bautista, el precursor, aquel que vino a preparar los caminos del Mesías. Si Juan ha ayudado a las personas para que pudieran recibir bien a Cristo Jesús, entonces también él puede ayudarnos a vivir intensamente este tiempo di adviento.

El evangelio nos dice:

“Juan empezó a predicar su bautismo por toda la región del río Jordán, diciéndoles que cambiaran su manera de vivir para que se les perdonaran sus pecados” Lc 3, 3

En esta frase Juan nos habla de dos realidades que están profundamente relacionadas entre sí: el cambiar de vida y el perdón de los pecados. De hecho, esta es la condición para el perdón de los pecados: tenemos que cambiar nuestro modo de ser.

Infelizmente, en nuestra relación con Dios hemos entrado en una mentalidad legalista, y muchas veces nuestras confesiones buscan solamente calmar nuestras conciencias, queremos la absolución de los pecados que ya hicimos, pero no estamos preocupados en buscar, con todas nuestras fuerzas, evitarlos en el futuro, o sea, no tenemos un real interés en cambiar nuestra vida. Este modo de actuar es totalmente lo opuesto de lo que nos habla Juan Bautista. Para él, para que obtengamos el perdón es necesario que hayamos cambiado nuestra manera de actuar. No podemos, solo porque es tiempo de adviento ir a pedir perdón, porque casi no participamos de la misa dominical, para poder comulgar en la Navidad y después, en el año nuevo continuar viviendo distante de la Iglesia, hasta que llegue la cuaresma, y entonces de nuevo supuestamente “nos preparamos” para la Pascua. Esto es como jugar con Dios, es burlarse de él. Lo mismo sucede con confesar el adulterio, o una práctica de robos, o la injusticia hacia los empleados, o el frecuentar a magos y adivinos, o la mentira…, sin haber puesto un fin a estas cosas, nuestra confesión será solo una apariencia, es inútil pedir perdón pues es una contradicción. Es como estar pegando a una persona, y al mismo tiempo pedirle perdón por lo que le estoy haciendo, pero continúo haciéndolo. ¿Qué sentido tiene pedirle perdón, si no estoy dispuesto a parar de hacerlo?

El Señor no tiene ningún problema en perdonar nuestros pecados, hasta los más grandes, pero sí exige que busquemos cambiar nuestro modo de ser. Quiere ver en nosotros un real esfuerzo por conducir nuestras vidas en un modo diverso.

Cuando descubrimos que estamos caminando por una calle equivocada, debemos cambiar nuestra dirección. No tiene sentido continuar en aquella vía que nos está alejando de donde queremos llegar.

Es esto que Juan viene a decirnos en este adviento: mira donde te está llevando el sendero en que estás. Si estás en la estrada justa, acelera. Pero si estás en aquella vía equivocada, si no estás creciendo en el amor, si tus relaciones con los demás son superficiales, si estás abandonando tu familia, si está muy atacado a las cosas materiales, si eres esclavo de algún vicio, si oprimes a los otros… entonces, Juan el Bautista hoy te invita a cambiar tu modo de vivir. Y así, y solo así, tus pecados podrán ser perdonados.

Que el Señor en este adviento nos de la gracia de descubrir en que caminos estamos equivocándonos, para que podamos con su ayuda cambiar de dirección y recibir el perdón.

Que el Señor Jesús, cuando venga no nos encuentre errantes.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, Capuchino.

 

Gotas de paz

Inmaculada Concepción de la Virgen María

524 - “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Lc 1, 28

De entre todas las mujeres de la tierra, ciertamente la Virgen María es la más especial. El Señor mismo la preparó y la preservó de todo mal para que fuera la madre del Salvador. Desde su concepción, el Señor la cuidó para que ella fuese siempre pura pues su misión era singular. En María el sueño de Dios se anticipó lo que seremos al final: santos e inmaculados en el amor; en ella ya fue desde el inicio por un particular privilegio. Es por eso que el ángel ya la reconoce: “llena de gracia”. Madrecita, ayúdanos a decir sí a Dios. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la primera semana de Adviento

008 - «Cuando Jesús se fue, lo siguieron dos ciegos, gritando: “Ten piedad de nosotros, Hijo de David”». Mt 9, 27

Una de las promesas mesiánicas era que, cuando venga El Ungido de Dios, el descendiente de David, haría ver a los ciegos. Pero para esto las personas tenían que creer en Él. Muchos no creyeron que Jesús de Nazaret era el Mesías esperado. Y, porque no creyeron, no pudieron sentir su gracia. Sin embargo, estos dos ciegos profesaron a gritos su fe y fueron sanados. También nosotros, si creemos que Jesús es el Hijo de Dios y lo profesamos con convicción, podremos sentir en nuestra vida las maravillas de su amor y de su poder.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Jueves de la primera semana de Adviento

007 - “El que escucha mis palabras y las pone en práctica se parece a aquel hombre que construyó su casa sobre la roca”. Mt 7, 24

En un mundo de tantas alternativas y donde encontramos tantas personas destruidas por las malas opciones que toman, el Señor nos recuerda que quien quiere resistir a todas las pruebas que la vida puede presentar tiene que estar anclado en él. Solo quien practica la Palabra de Cristo y hace de ella el cimiento de su vida podrá sobrellevar y vencer los muchos golpes que nos sobrevienen a diario. Las cosas del mundo pueden darnos un gran brillo momentáneo, pero no se sostendrán en las pruebas.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Miércoles de la primera semana de Adviento

006 - “La multitud se admiraba al ver que los mudos hablaban, los inválidos quedaban curados, los paralíticos caminaban y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel”. Mt 15, 31

En tiempos de Jesús, el pueblo esperaba la venida del Mesías, que realizaría todas las señales milagrosas que él estaba realizando. Muchos de los sencillos lo aceptaron como el mesías prometido, al paso que los que se juzgaban más sabios no, pues no querían perder sus privilegios. Es interesante notar que alababan no a Jesús sino al Dios de Israel, del cual sabían que Jesús era el enviado. Y tú, ¿ya aceptaste a Jesús como el Salvador? Si es así, también tu vida podrá ser transformada.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Nuestra Señora de Guadalupe

525 - “En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá”. Lc 1, 39

En el día de la Virgen de Guadalupe, nos damos cuenta de que nuestra Madre celestial siempre está apresurada yendo a los que la necesitan. Ella continúa aun hoy visitándonos para ayudarnos en nuestras necesidades. Desde que Jesús, al pie de la cruz, pidió que ella cuidase al discípulo amado, ella no nos deja nunca abandonados. También hoy la Virgen nos dice: “No te preocupes. ¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”. Es por eso que con tanta confianza todos los días rezamos para que interceda por nosotros “ahora”, en las tantas situaciones difíciles que pasamos, pues tenemos la certeza de que ella no nos deja desamparados. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Martes de la segunda semana de Adviento

013 – “El Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños”. Mt 18, 14

Yo no necesito convencer a Dios para que me salve. Esta es su voluntad. La Palabra de Dios nos dice que Él es como el pastor que no quiere perder ni una sola de sus ovejas, sino que busca a cada una que se descarría. Dios hace de todo para que estemos en su presencia: nos visita de mil modos, nos acompaña, nos bendice, aun cuando ni no nos damos cuenta. Seguro hoy el Señor te está buscando, con la esperanza de poder llevarte de nuevo a la felicidad y la paz. Déjate encontrar por Él.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Lunes de la segunda semana de Adviento

“¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios?”. Lc 5, 21

Muchos no querían aceptar que Jesús se atribuyera el poder de perdonar a las personas. Para ellos, esto era una blasfemia, porque no creían que Jesús era Dios. Algunos lo veían solo como un hombre bueno, con algunos poderes, pero no divino. Toda la vida de Jesús, sus palabras y obras buscan demostrar que él es el Hijo de Dios vivo y por eso puede no solo sanar el cuerpo sino también perdonar los pecados y así devolver la paz a las personas. Aun hoy muchos no conocen lo grande que es Jesús, nuestro Dios, y por eso no experimentan toda su gracia.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

II Domingo de Adviento (C)

En el segundo domingo del Adviento del año de Lucas, la Iglesia nos presenta a Juan Bautista, el precursor, aquel que vino a preparar los caminos del Mesías. Si Juan ha ayudado a las personas para que pudieran recibir bien a Cristo Jesús, entonces también él puede ayudarnos a vivir intensamente este tiempo di adviento.

El evangelio nos dice:

“Juan empezó a predicar su bautismo por toda la región del río Jordán, diciéndoles que cambiaran su manera de vivir para que se les perdonaran sus pecados” Lc 3, 3

En esta frase Juan nos habla de dos realidades que están profundamente relacionadas entre sí: el cambiar de vida y el perdón de los pecados. De hecho, esta es la condición para el perdón de los pecados: tenemos que cambiar nuestro modo de ser.

Infelizmente, en nuestra relación con Dios hemos entrado en una mentalidad legalista, y muchas veces nuestras confesiones buscan solamente calmar nuestras conciencias, queremos la absolución de los pecados que ya hicimos, pero no estamos preocupados en buscar, con todas nuestras fuerzas, evitarlos en el futuro, o sea, no tenemos un real interés en cambiar nuestra vida. Este modo de actuar es totalmente lo opuesto de lo que nos habla Juan Bautista. Para él, para que obtengamos el perdón es necesario que hayamos cambiado nuestra manera de actuar. No podemos, solo porque es tiempo de adviento ir a pedir perdón, porque casi no participamos de la misa dominical, para poder comulgar en la Navidad y después, en el año nuevo continuar viviendo distante de la Iglesia, hasta que llegue la cuaresma, y entonces de nuevo supuestamente “nos preparamos” para la Pascua. Esto es como jugar con Dios, es burlarse de él. Lo mismo sucede con confesar el adulterio, o una práctica de robos, o la injusticia hacia los empleados, o el frecuentar a magos y adivinos, o la mentira…, sin haber puesto un fin a estas cosas, nuestra confesión será solo una apariencia, es inútil pedir perdón pues es una contradicción. Es como estar pegando a una persona, y al mismo tiempo pedirle perdón por lo que le estoy haciendo, pero continúo haciéndolo. ¿Qué sentido tiene pedirle perdón, si no estoy dispuesto a parar de hacerlo?

El Señor no tiene ningún problema en perdonar nuestros pecados, hasta los más grandes, pero sí exige que busquemos cambiar nuestro modo de ser. Quiere ver en nosotros un real esfuerzo por conducir nuestras vidas en un modo diverso.

Cuando descubrimos que estamos caminando por una calle equivocada, debemos cambiar nuestra dirección. No tiene sentido continuar en aquella vía que nos está alejando de donde queremos llegar.

Es esto que Juan viene a decirnos en este adviento: mira donde te está llevando el sendero en que estás. Si estás en la estrada justa, acelera. Pero si estás en aquella vía equivocada, si no estás creciendo en el amor, si tus relaciones con los demás son superficiales, si estás abandonando tu familia, si está muy atacado a las cosas materiales, si eres esclavo de algún vicio, si oprimes a los otros… entonces, Juan el Bautista hoy te invita a cambiar tu modo de vivir. Y así, y solo así, tus pecados podrán ser perdonados.

Que el Señor en este adviento nos de la gracia de descubrir en que caminos estamos equivocándonos, para que podamos con su ayuda cambiar de dirección y recibir el perdón.

Que el Señor Jesús, cuando venga no nos encuentre errantes.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, Capuchino.