Gotas de paz

VI Domingo de Pascua (C)

"El Espíritu Santo que el Padre les enviará en mi nombre les va a enseñar todas las cosas y les recordará todas mis palabras" Jn 14, 26

Estamos ya celebrando el VI domingo de Pascua, y Jesús empieza a preparar a sus discípulos para su partida. Él ya reveló el plan de Dios, su misericordia y su gracia. Ya apareció resucitado a sus discípulos, manifestando su victoria sobre el mal. Su misión está concluyendo. Ahora son sus discípulos los que deben portar adelante el mensaje evangélico, haciendo llegar a todas partes la realidad de la salvación y de la vida renovada.

Pero, ¿cómo es posible que estos discípulos, tan miedosos, frágiles e inconstantes puedan llevar adelante la obra de Jesús? ¿Cómo puede Jesús confiar en ellos, si él conoce todas sus limitaciones? La respuesta es simple: Jesús está confiando no en sus fuerzas, pero si, en la docilidad que ellos deben tener a la fuerza de Dios: el Espíritu Santo.

Después de estos tres años de convivencia, después de todo lo que ellos vivieron juntos y, principalmente, después de reconocer que aquel Jesús que fue muerto por la maldad, la envidia, el egoísmo, las ganas de poder…, Dios lo había resucitado, entonces ellos ya habían aprendido la difícil lección: para servir a Dios basta abandonarse. Para Dios nos es importante que tengamos todos los valores, todas las cualidades, o que seamos superdotados, para Él lo importante es que sepamos dejarlo actuar.

Talvez esto sea una cosa muy difícil para nosotros. Desde el inicio del mundo buscamos ser independientes y autosuficientes. Queremos construir nosotros mismos nuestra felicidad. Nos creemos ser lo más inteligente de todos, y pensamos que solamente haciendo nuestras propias elecciones podremos realizarnos. Por eso es realmente muy difícil dejarse conducir por Dios. Permitir que Él agarre el timón de nuestras vidas, exige mucha madurez y también exige ser muy dueños de nosotros mismos. Jesús, tiene la esperanza que ahora los apóstoles están listos para vivir esta nueva fase de sus vidas. Es por eso que les anuncia el don del Espíritu Santo.

Nuestro gran problema es que en general no queremos conocer la voluntad de Dios. No estamos convencidos de su amor para con nosotros, y por eso tenemos miedo de las cosas que él pueda querer de nuestras vidas. En general hacemos nuestros planes según nuestros deseos a veces muy mezquinos, y entonces rezamos y rezamos para que Dios los asuma, los bendiga y haga todo correr bien. ¡Pero esto aún no es cristianismo!!! Aunque rezásemos mucho, si nuestras oraciones son para convencer a Dios de que haga lo que nosotros queremos, no pasamos de paganos disfrazados de cristianos.

Ser cristiano es nacer de nuevo, esto es, recibir de nuevo el soplo de la vida: el Espíritu Santo. Permitir que él nos enseñe todas las cosas. Dejar que él nos recuerde a cada instante, y ante cada situación las palabras de Jesús, que serán, sin dudas luz para nuestros pasos. Pero es muy importante, tener presente que esto no sirve solamente para los consagrados, los sacerdotes…. es para todos. Para todos los bautizados, en la familia, en el trabajo, en la recreación…

Que el Señor nos de la gracia, de estar tan convencidos de su amor, como estaban los apóstoles después de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, para que como ellos podamos abrirnos sin resistencias ni miedos a la acción del Espíritu Santo.

Seremos nosotros también piedras vivas de la Iglesia de Cristo.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Sábado de la quinta semana de Pascua

152 - “Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes”. Jn 15, 20

Si queremos ser de Cristo y decidimos vivir su palabra, identificándonos con él, debemos estar preparados para ser perseguidos. El mal no quiere que el bien prospere. Dios estará a nuestro lado y nos ayudará siempre con su gracia, pero esto no nos libra de sufrimientos y pruebas. Sabemos que la victoria final a Dios pertenece, pero no nos ilusionemos, es inevitable que tengamos que experimentar cruces en el camino. La decisión es personal: vivir la paz de Cristo con persecuciones o consumirse en el mundo con sus placeres y negocios momentáneos, adornado con un maquillaje de felicidad. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la quinta semana de Pascua

151 - “Este es mi mandamiento: ámense unos a otros como yo los he amado”. Jn 15, 12

El amor, en el cristianismo, es mucho más que un sentimiento, es una decisión. Inspirado por Cristo, yo decido amar a las personas que encuentro en mi camino: los sufrientes, los pobres y aun los enemigos. ¿En qué consiste este amor? El amor del que nos habla Cristo no se refiere a palabras, no son caricias, sino servicio. Es la capacidad de renunciar a mí mismo, a mi espacio, a mi descanso, a mis comodidades, para ayudar a quien los necesite. El modelo es él mismo, que nos amó hasta el extremo: se donó completamente para nuestro bien. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la quinta semana de Pascua

150 - “Permanezcan en mi amor”. Jn 15, 9

Jesús trajo al mundo el amor de Dios y nos amó hasta el extremo, entregando su vida por nosotros. Él nos pide que permanezcamos en su amor; esto es, que no nos alejemos de él, que no cerremos nuestro corazón y que no despreciemos su palabra. Debo, por lo tanto, estar en alerta al amor de Dios en mi vida, cuidarlo para que esta llama de amor que él incendió en mi corazón no se apague por la maldad o por el egoísmo. Permanecer en el amor de Cristo significa ser canal del bien, instrumento de paz y promotor de la verdad y de la justicia. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la quinta semana de Pascua

149 - “A las ramas que dan fruto, el Padre las poda para que den más todavía”. Jn 15, 2

Ser podado es siempre una experiencia muy dolorosa. Sin embargo, sabemos que una vid que no es podada va perdiendo su fuerza y va dejando de dar frutos. A veces, nos preguntamos por qué surgen pruebas en nuestra vida si estamos tratando de hacerlo todo bien. Aquí tenemos la respuesta: a quien produce, el Padre poda para que pueda dar aun más frutos. Las pruebas son, por lo tanto, ternura del Viñador que nos cuida y sabe que podemos producir más, que no quiere que nos acomodemos y vayamos perdiendo nuestro vigor. Aunque duela, digamos siempre: gracias, Señor, por las podas. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la quinta semana de Pascua

147 - “El que me ama será fiel a mi palabra”. Jn 14, 23

Amar a Cristo es mucho más que un sentimiento, es una decisión de seguir su palabra, de buscar vivir la propia vida según sus enseñanzas, aun con las limitaciones que se tienen. No basta decir que lo amo, sentir algo en el corazón al pronunciar su nombre o emocionarse al ver una bella imagen. Es necesario decidirse a servir a los necesitados, comprometerse con la Iglesia, participar en los sacramentos, dar testimonio y rechazar la corrupción, la maldad, el egoísmo. Quien vive en Cristo encuentra el verdadero gusto a la vida y se llena de paz. Paz y bien.

 

Gotas de paz

V Domingo de Pascua (C)

"Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros" Jn 13, 34

Jesús pronunció estas palabras al final de la última cena, y seguramente los discípulos no la habían entendido en su profundidad. Ellos aún no sabían nada sobre el misterio de la cruz. No se imaginaban hasta qué punto Jesús estaba dispuesto a amarles.

Escuchando aquellas palabras, en aquella noche de fiesta, en el banquete de pascua, creo que habrán dicho: ¡lo haremos muy bien! ¡amaremos como tú nos has amado! Habrán recordado los tantos lindos momentos que habían vivido juntos en aquellos años. Tal vez pensaban, que también ellos debían hacer alguna fiesta para sus amigos, que debían invitarles a compartir sus alegrías…. Cuando en aquella misma noche Jesús fue preso por los soldados, los discípulos fueron tomados por el miedo, por el pánico, y huyeron todos… Y Jesús hasta les ayudó a irse… ¡Si es a mí que quieren, dejen que ellos que se vayan…!

Allí recién empezaba la gran prueba de amor que Jesús les quería dar…

Jesús estaba dispuesto a dar su vida por sus amigos.

Estaba dispuesto a permitir que le torturen…

Estaba dispuesto a llevar una cruz en sus hombros…

Estaba dispuesto a ser clavado en una cruz…

Estaba dispuesto a perdonar a todos los que le habían hecho el mal…

Estaba dispuesto a dar hasta su espíritu…

Estaba dispuesto dejar que abran su corazón con una lanza…

Estaba dispuesto a entregar hasta su última gota de sangre…

Y todo esto para decir que su amor era así, capaz de no pensar en si mismo, Y darse completamente… capaz de amar hasta el extremo… hasta anularse completamente.

Los discípulos, aunque habían huido, supieron todo lo que le había sucedido. Mas en aquellos días estaban con tanto miedo, tan trastornados que seguramente ni consiguieron pensar directamente en los hechos de la cruz… Es solo cuando se encuentran con Cristo resucitado, una, dos, tres y muchas veces… despacito van perdiendo el miedo, y empiezan a recordar, reflexionar y entender muchas de aquellas palabras que Jesús les había dicho antes. La resurrección de Cristo, llenaba de luz cada palabra suya que antes había pronunciado. Ahora ellos podían comprender lo que parecía un enigma. Ahora ellos podían entender el mandamiento nuevo. El mandamiento antiguo era: ¡ama a tu próximo como a ti mismo! Este ya era un mandamiento bastante exigente, pues cada uno cree que tiene más derechos que los demás. Nuestro egoísmo nos hace muy generosos con nosotros mismos y muy exigente con los demás. Pero, de igual modo el criterio del amor en este caso, al final soy siempre yo. Ahora Jesús les había dicho: mis discípulos deben asumir un nuevo criterio para el amor. Les doy un mandamiento nuevo: que ustedes se amen unos a otros; como yo les he amado. Ahora el criterio ya no es cuanto yo me amo, debo también amar a los demás. Ahora el criterio es Jesucristo, debo amar como Él me ha amado, esto significa, hasta el extremo, dando mi vida por mis amigos.

Quien ama a los demás como se ama a sí mismo, ya hace una gran cosa, pero no será capaz de dar la vida, de aceptar hasta una injusticia, no será capaz de sacrificarse por los otros, pues el criterio será siempre el amarse a sí mismo… Pero, cuando el criterio es Jesucristo - el amor se transforma en algo mucho más exigente.

Que Cristo resucitado nos de la gracia del Espíritu Santo, y que nos enseñe a amar como Él nos ha amado….

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Sábado de la cuarta semana de Pascua

143 - “Yo haré todo lo que pidan en mi nombre, para que por el Hijo se manifieste la gloria del Padre”. Jn 14, 13

Jesucristo es el puente perfecto entre nosotros y el Padre. Su misión, viniendo a nosotros, es revelarlo, dar a conocer su amor, su poder y su gloria. Por eso, lo que pedimos al Padre en su nombre tiene mucha fuerza, pues Jesús quiere mostrar la gloria de Dios realizando milagros en nuestra vida. Lastimosamente, muchas veces nuestra fe es tan mezquina que nuestra oración casi no se hace sentir. Con confianza en el poder de Cristo, debemos suplicar incesantemente en su nombre y experimentaremos la gloria de Dios en nuestra existencia. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la cuarta semana de Pascua

142 - “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie va al Padre si no es por mí”. Jn 14, 6

En la búsqueda de Dios, muchas personas, a lo largo de la historia, crearon muchas teorías, inventaron doctrinas, establecieron reglas; y leyes; sin embargo, solo aquel que es el propio enviado de Dios puede, de verdad, revelar el corazón del Padre eterno: Jesucristo. Él es el Hijo de Dios que se hizo carne: en él está la divinidad y nuestra humanidad. Por eso, él es el puente que nos conecta con el cielo, camino que nos lleva seguro: verdad total y plena que nos satisface, vida que nos hace vencer todas las muertes. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Sábado de la quinta semana de Pascua

152 - “Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes”. Jn 15, 20

Si queremos ser de Cristo y decidimos vivir su palabra, identificándonos con él, debemos estar preparados para ser perseguidos. El mal no quiere que el bien prospere. Dios estará a nuestro lado y nos ayudará siempre con su gracia, pero esto no nos libra de sufrimientos y pruebas. Sabemos que la victoria final a Dios pertenece, pero no nos ilusionemos, es inevitable que tengamos que experimentar cruces en el camino. La decisión es personal: vivir la paz de Cristo con persecuciones o consumirse en el mundo con sus placeres y negocios momentáneos, adornado con un maquillaje de felicidad. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la quinta semana de Pascua

151 - “Este es mi mandamiento: ámense unos a otros como yo los he amado”. Jn 15, 12

El amor, en el cristianismo, es mucho más que un sentimiento, es una decisión. Inspirado por Cristo, yo decido amar a las personas que encuentro en mi camino: los sufrientes, los pobres y aun los enemigos. ¿En qué consiste este amor? El amor del que nos habla Cristo no se refiere a palabras, no son caricias, sino servicio. Es la capacidad de renunciar a mí mismo, a mi espacio, a mi descanso, a mis comodidades, para ayudar a quien los necesite. El modelo es él mismo, que nos amó hasta el extremo: se donó completamente para nuestro bien. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la quinta semana de Pascua

150 - “Permanezcan en mi amor”. Jn 15, 9

Jesús trajo al mundo el amor de Dios y nos amó hasta el extremo, entregando su vida por nosotros. Él nos pide que permanezcamos en su amor; esto es, que no nos alejemos de él, que no cerremos nuestro corazón y que no despreciemos su palabra. Debo, por lo tanto, estar en alerta al amor de Dios en mi vida, cuidarlo para que esta llama de amor que él incendió en mi corazón no se apague por la maldad o por el egoísmo. Permanecer en el amor de Cristo significa ser canal del bien, instrumento de paz y promotor de la verdad y de la justicia. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la quinta semana de Pascua

149 - “A las ramas que dan fruto, el Padre las poda para que den más todavía”. Jn 15, 2

Ser podado es siempre una experiencia muy dolorosa. Sin embargo, sabemos que una vid que no es podada va perdiendo su fuerza y va dejando de dar frutos. A veces, nos preguntamos por qué surgen pruebas en nuestra vida si estamos tratando de hacerlo todo bien. Aquí tenemos la respuesta: a quien produce, el Padre poda para que pueda dar aun más frutos. Las pruebas son, por lo tanto, ternura del Viñador que nos cuida y sabe que podemos producir más, que no quiere que nos acomodemos y vayamos perdiendo nuestro vigor. Aunque duela, digamos siempre: gracias, Señor, por las podas. Paz y bien.