Gotas de paz

“Uno solo es bueno”

Mt 19, 17

Todos nosotros debemos esforzarnos por ser buenos, pero siempre en nuestra vida tendremos sombras de maldad o de pecados. Solo Dios es en forma absoluta totalmente bueno. El hecho de que nos caigamos y pequemos, no nos debe desesperar, pues el Señor, en su infinita bondad, sabe y quiere perdonar nuestras equivocaciones. Él espera que exista siempre el esfuerzo. Por otro lado, no debo desanimarme al reconocer que, aunque mucho me esfuerce, no llego a ser perfecto. Esto sería soberbia y orgullo. Es propio de la condición humana estar en camino, con sus fragilidades e inconsistencias. Lo importante es mantener siempre la meta y levantarse cada caída con el deseo de ser mejor que ayer.

Paz y bien.

 

Gotas de paz

XX Domingo del Tiempo Ordinario (B)

"El que coma de este pan, vivirá para siempre" Jn 6, 51-59

Con estas palabras Jesús finaliza su discurso sobre el Pan Vivo y nos manifiesta la centralidad de la vida sin límites en su mensaje.

Todos los hombres en todas las culturas tienen un deseo de eternidad, es algo que nace con nosotros y acompaña prácticamente todos nuestros actos. Nadie quiere terminar, desaparecer o morir definitivamente. Los distintos ceremoniales de los funerales en las más variadas culturas revelan una esperanza profunda de que la muerte terrena no sea definitiva. Pero también el generar hijos para la perpetuidad del apellido, la gran importancia de poseer nombres en las plazas o calles, el hacer alguna obra realmente significante y otras cosas de este genero, están presentes en nuestros más secretos deseos.

Sin dudas, esto es un fuertísimo indicio de que el hombre fue creado para la trascendencia. No somos solamente materia, ni queremos ser solamente eso. La gran pregunta es: ¿Qué debo hacer para ser eterno, para no terminarme? Jesús tiene una respuesta que a primera vista parece muy sencilla: "quien come del pan de la vida vivirá para siempre". Este Pan es su propia carne, es la Eucaristía.

Muchas veces pensamos que la eternidad es ser recordados con monumentos o estatuas, o en libros y esto, realmente, puede prolongar nuestra presencia en esta historia, pero no nos garantiza la eternidad. La eternidad es mucho más. Es plenitud. Ya no depende del tiempo o tal vez de otros humanos. Eternidad es entrar en la vida de Dios. Es participar de su ser. Es realizarse plenamente en Él.

Y sin dudas, la única posibilidad es a través de Jesús, único camino que nos lleva al Padre.

Su encarnación tiene esta función: reconciliarnos con Dios y abrirnos de nuevo la posibilidad de comunión con su Ser, que Adán y Eva habían perdido. Jesús quiere romper con el límite que el pecado impuso a nuestra condición.

Pero ¿cómo participar de la eternidad si no somos Dioses? Jesús nos enseña un camino muy concreto: comiendo el Pan Vivo, alimentándonos de Dios, de su carne, mezclándonos con Él, teniendo en nuestra carne su propia carne. Si Dios está en nosotros, nosotros nos volvemos semejantes a Él. Por eso la eucaristía es muy importante. Por eso es muy importante participar de la misa y comulgar.

Ya dijimos en otra oportunidad los efectos que puede tener en nosotros, el recibir al Pan Vivo, pero tal vez sea interesante decir que la eucaristía no es sólo punto de partida, ella es también punto de llegada. Para llegar a la comunión debemos prepararnos. Debemos tener una decisión fuerte de eliminar en nosotros aquellas cosas que son contrarias al sueño de Dios. Debemos estar dispuestos a ser nuevas encarnaciones de Dios en el mundo. Debemos estar abiertos a la fraternidad, a la caridad y a la conversión del corazón.

Si es así, entonces, comulgar será para nosotros principio de la vida eterna y, aunque nuestros nombres no estén en las plazas o en los libros, estarán escritos en el corazón de Dios, en Él viviremos para siempre y aunque pase esta tierra y todo lo demás, nosotros no pasaremos, pues el Altísimo habitará en nosotros.

El Señor te bendiga y te guarde.

El Señor te muestre su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, Capuchino.

 

Gotas de paz

"Dejen que los niños vengan a mí”

Mt 19, 14

En su vida terrena, Jesús tuvo siempre mucha atención a los niños ya sea porque, en su sencillez, ellos hablan de los valores del reino que todos debemos tener, ya sea porque necesitan de un especial cuidado para que puedan crecer y desarrollarse integralmente. Jesús siempre quiere bendecirlos; por eso debemos llevarlos a la iglesia, debemos presentarlos a Jesús, debemos ir sembrando en sus corazoncitos los valores, el amor hacia Dios y a los hermanos. No impidamos jamás con nuestros prejuicios, con nuestras maldades o con nuestra pereza que los niños se acerquen al Señor y reciban de él las gracias necesarias para una vida feliz. Paz y bien.

 

Gotas de paz

El Reino de Dios necesita mucha gente a tiempo completo

338 - “Hay personas que no se casan a causa del Reino de los cielos”. Mt 19, 12

Casarse y formar familia es un derecho natural del ser humano; sin embargo, existen algunas personas que, tocadas por el amor de Dios, sienten el deseo de servir totalmente a la Iglesia y a los hermanos, renunciando a este derecho natural. Ellas se esfuerzan por vivir en castidad, entregándose enteramente al apostolado. Ciertamente, esta es una opción exigente, que necesita estar bien motivada, pues los asedios de la sexualidad están siempre presentes. Aunque sea difícil, el reino de Dios necesita de muchas personas a tiempo completo. Sostiene, Señor, en fidelidad a aquellos que lo dejaron todo y envíanos más trabajadores a tiempo completo. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Dios siempre quiere perdonar nuestros pecados

337 - “¡Miserable! ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?”. Mt 18, 32-33

Dios siempre quiere perdonar nuestros pecados, aunque sean muy grandes. Su misericordia es infinita y con confianza podemos acercarnos a Él para pedir clemencia. Solo una cosa puede hacer a Dios cambiar su actitud hacia nosotros y hasta retirar el perdón ya dado: el hecho de que no queramos perdonar a quienes nos ofenden. La condición que Él nos pone es clara: nos perdona sin problemas nuestros muchos pecados, pero quiere que hagamos lo mismo con los que nos fallan. Dios se arrepiente de su perdón cuando nos encuentra atrincherados en odios, rabias y venganzas. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Asunción de la Virgen María

504 - “Todas las generaciones me llamarán bienaventurada”. Lc 1, 48

Las palabras del evangelio de Lucas sobre la Virgen María nos demuestran que la admiración por ella estaba presente ya en las primeras comunidades. Con el paso de los siglos, el Espíritu Santo hizo que la Iglesia comprendiese aún mejor la importancia y la misión de María en los eventos de Jesús histórico y también en el cuidado del pueblo de Dios en todas las generaciones. La asunción de la Virgen María empezó cuando ella dijo sí a Dios: toda su vida estuvo en subida hacia Dios. La ascesis cristiana es justamente subir cada día más para que un día estemos completamente en el cielo, como la Virgen. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Dios no quiere perder a ninguno de sus hijos

335 - “Les aseguro que el pastor se alegrará más por la oveja reencontrada que por las noventa y nueve que no se extraviaron”. Mt 18, 13

El misterio del amor y de la misericordia de Dios encuentra, en el comportamiento del pastor que busca la oveja perdida y se alegra por reencontrarla, una muy buena descripción. Dios no quiere perder a ninguno de sus hijos. Y no se queda esperando que vuelva, pues su amor no es pasivo, sino que sale en búsqueda, se interesa y cuando la encuentra hace fiesta. No tengamos miedo de Dios, aunque nos hayamos desviado mucho. Seguro que Él está buscándonos y quiere hacer fiesta con nuestro retorno. ¡Déjate encontrar! Paz y bien.

 

Gotas de paz

La vida de Jesús es una ofrenda al padre

334 - “¿De quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extranjeros?”. Mt 17, 25

Los cobradores de impuestos del templo quieren cobrarle también a Jesús, el hijo de Dios, para quien el templo existe. Aunque no hacía falta que el Maestro lo pagara, de igual modo quiere hacerlo para no escandalizar. Toda la vida de Jesús es una ofrenda al Padre, por lo tanto, un porcentaje o una tasa de parte de la religión para quien ya da toda su vida acaba siendo algo fuera de lugar. Sin embargo, él quiere ser modelo e instruye a Pedro sobre el modo como hacer para que cumplan con esta ley. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XIX Domingo del Tiempo Ordinario (B)

"Yo soy el pan que baja del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre" Jn 6, 51

Después de haber multiplicado el pan y saciado a una gran muchedumbre, Jesús propuso un bellísimo discurso sobre la eucaristía, sobre el modo sacramental con que El perpetuaría su presencia en la historia. Prácticamente todo el capítulo 6 de Juan nos habla de esto.

Efectivamente, el hambre y la sed son dos experiencias que cotidianamente sentimos, saciándolas probamos un gran placer y si no lo hacemos nos pueden provocar un gran sufrimiento. Son dos necesidades básicas para la vida de las cuales nadie puede ignorar.

Por eso el comer y el beber tienen una gran fuerza simbólica, y las cosas relacionadas a estas dos acciones pueden adquirir significados distintos en nuestras vidas. Podemos decir por ejemplo que una persona es muy dulce; que la vida es muy amarga; que tenemos sed de justicia; que un producto tiene un precio muy salado; que tal persona tiene hambre de poder; que las preocupaciones están consumiendo mi paz… etc.

Siendo una experiencia de fundamental importancia para la vida y común a todos los humanos, ofrece la posibilidad de ser utilizada simbólicamente para hablar de modo sencillo y a la vez profundo de realidades sobrenaturales: como del amor, de los deseos más íntimos del ser humano y también de Dios.

Jesucristo, conociendo todos los secretos de los hombres, y queriendo ser entendido por todos, sean estos sencillos o intelectuales, encontró en el pan y en el vino, elementos básicos de la alimentación de los pueblos de su época, la materia ideal para ser signo sacramental de su presencia en el mundo.

Cuando él dice que "yo soy el pan bajado del cielo." Les está hablando de un modo muy concreto de su persona y de su misión en nuestro medio, con una imagen que todos podrían entender con un poco de reflexión. No es difícil de comprender lo que quiere decir Jesús, aunque por más que queramos explicar, cada uno podrá ofrecer una interpretación diferente, pues el lenguaje simbólico permite una ilimitada interpretación. Es por eso que sobre la eucaristía mucho ya se escribió, y ciertamente mucho aún se escribirá, pues en cada momento se podrá hacer una nueva interpretación sin contradecir a las otras, ofrece una nueva luz sobre este misterio.

También nosotros estamos invitados a meditar sobre esta presencia del Señor en nuestras vidas. Y cada uno de nosotros, de acuerdo con su experiencia particular podrá aportar cosas muy bonitas. Piensa un ratito: ¿Qué significa que Jesús sea el pan de mi vida? ¿Cómo puedo entender que Jesús sea el alimento que satisface toda mi hambre y la bebida que sacia toda mi sed? ¿Será que ya descubrí en mi vida que el Señor es tan importante como la comida que me mantiene vivo? ¿Estoy, también yo dispuesto a transformarme en pan para la vida de mis hermanos? ¿O prefiero ser hiel? Pero, junto a esta fuerza simbólica que la eucaristía posee, debemos contemplarla en su realidad sacramental, pues es presencia real del Señor, que actúa con la fuerza del cielo en nuestras vidas.

Ciertamente en el plan de Dios está también el deseo de que suceda con nosotros lo que decían algunos filósofos antiguos: "nos transformamos en lo que comemos", significa que a través de la comunión frecuente podamos despacito ir cristificándonos, transformándonos en Cristo, hasta que un día podamos decir como san Pablo, "¡ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí!".

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

 

Gotas de paz

XX Domingo del Tiempo Ordinario (B)

"El que coma de este pan, vivirá para siempre" Jn 6, 51-59

Con estas palabras Jesús finaliza su discurso sobre el Pan Vivo y nos manifiesta la centralidad de la vida sin límites en su mensaje.

Todos los hombres en todas las culturas tienen un deseo de eternidad, es algo que nace con nosotros y acompaña prácticamente todos nuestros actos. Nadie quiere terminar, desaparecer o morir definitivamente. Los distintos ceremoniales de los funerales en las más variadas culturas revelan una esperanza profunda de que la muerte terrena no sea definitiva. Pero también el generar hijos para la perpetuidad del apellido, la gran importancia de poseer nombres en las plazas o calles, el hacer alguna obra realmente significante y otras cosas de este genero, están presentes en nuestros más secretos deseos.

Sin dudas, esto es un fuertísimo indicio de que el hombre fue creado para la trascendencia. No somos solamente materia, ni queremos ser solamente eso. La gran pregunta es: ¿Qué debo hacer para ser eterno, para no terminarme? Jesús tiene una respuesta que a primera vista parece muy sencilla: "quien come del pan de la vida vivirá para siempre". Este Pan es su propia carne, es la Eucaristía.

Muchas veces pensamos que la eternidad es ser recordados con monumentos o estatuas, o en libros y esto, realmente, puede prolongar nuestra presencia en esta historia, pero no nos garantiza la eternidad. La eternidad es mucho más. Es plenitud. Ya no depende del tiempo o tal vez de otros humanos. Eternidad es entrar en la vida de Dios. Es participar de su ser. Es realizarse plenamente en Él.

Y sin dudas, la única posibilidad es a través de Jesús, único camino que nos lleva al Padre.

Su encarnación tiene esta función: reconciliarnos con Dios y abrirnos de nuevo la posibilidad de comunión con su Ser, que Adán y Eva habían perdido. Jesús quiere romper con el límite que el pecado impuso a nuestra condición.

Pero ¿cómo participar de la eternidad si no somos Dioses? Jesús nos enseña un camino muy concreto: comiendo el Pan Vivo, alimentándonos de Dios, de su carne, mezclándonos con Él, teniendo en nuestra carne su propia carne. Si Dios está en nosotros, nosotros nos volvemos semejantes a Él. Por eso la eucaristía es muy importante. Por eso es muy importante participar de la misa y comulgar.

Ya dijimos en otra oportunidad los efectos que puede tener en nosotros, el recibir al Pan Vivo, pero tal vez sea interesante decir que la eucaristía no es sólo punto de partida, ella es también punto de llegada. Para llegar a la comunión debemos prepararnos. Debemos tener una decisión fuerte de eliminar en nosotros aquellas cosas que son contrarias al sueño de Dios. Debemos estar dispuestos a ser nuevas encarnaciones de Dios en el mundo. Debemos estar abiertos a la fraternidad, a la caridad y a la conversión del corazón.

Si es así, entonces, comulgar será para nosotros principio de la vida eterna y, aunque nuestros nombres no estén en las plazas o en los libros, estarán escritos en el corazón de Dios, en Él viviremos para siempre y aunque pase esta tierra y todo lo demás, nosotros no pasaremos, pues el Altísimo habitará en nosotros.

El Señor te bendiga y te guarde.

El Señor te muestre su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, Capuchino.

 

Gotas de paz

"Dejen que los niños vengan a mí”

Mt 19, 14

En su vida terrena, Jesús tuvo siempre mucha atención a los niños ya sea porque, en su sencillez, ellos hablan de los valores del reino que todos debemos tener, ya sea porque necesitan de un especial cuidado para que puedan crecer y desarrollarse integralmente. Jesús siempre quiere bendecirlos; por eso debemos llevarlos a la iglesia, debemos presentarlos a Jesús, debemos ir sembrando en sus corazoncitos los valores, el amor hacia Dios y a los hermanos. No impidamos jamás con nuestros prejuicios, con nuestras maldades o con nuestra pereza que los niños se acerquen al Señor y reciban de él las gracias necesarias para una vida feliz. Paz y bien.

 

Gotas de paz

El Reino de Dios necesita mucha gente a tiempo completo

338 - “Hay personas que no se casan a causa del Reino de los cielos”. Mt 19, 12

Casarse y formar familia es un derecho natural del ser humano; sin embargo, existen algunas personas que, tocadas por el amor de Dios, sienten el deseo de servir totalmente a la Iglesia y a los hermanos, renunciando a este derecho natural. Ellas se esfuerzan por vivir en castidad, entregándose enteramente al apostolado. Ciertamente, esta es una opción exigente, que necesita estar bien motivada, pues los asedios de la sexualidad están siempre presentes. Aunque sea difícil, el reino de Dios necesita de muchas personas a tiempo completo. Sostiene, Señor, en fidelidad a aquellos que lo dejaron todo y envíanos más trabajadores a tiempo completo. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Dios siempre quiere perdonar nuestros pecados

337 - “¡Miserable! ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?”. Mt 18, 32-33

Dios siempre quiere perdonar nuestros pecados, aunque sean muy grandes. Su misericordia es infinita y con confianza podemos acercarnos a Él para pedir clemencia. Solo una cosa puede hacer a Dios cambiar su actitud hacia nosotros y hasta retirar el perdón ya dado: el hecho de que no queramos perdonar a quienes nos ofenden. La condición que Él nos pone es clara: nos perdona sin problemas nuestros muchos pecados, pero quiere que hagamos lo mismo con los que nos fallan. Dios se arrepiente de su perdón cuando nos encuentra atrincherados en odios, rabias y venganzas. Paz y bien.