Gotas de paz

Jueves de la undécima semana del tiempo durante el año

265 - «Ustedes oren así: “Padre nuestro…”». Mt 6, 9

El cristianismo no es una ONG donde solo cuenten las capacidades de sus miembros y

las acciones concretas que hacen. El cristianismo es una religión en la que las personas

forman una iglesia para estar con Dios, descubrir su voluntad y así marcar la historia con

buenas obras. Pero el gran protagonista es el propio Dios; por eso, no hay experiencia

cristiana sin auténtica vida de oración. Quien no descubrió la importancia de la relación

con el Señor en la oración puede hasta ser un gran filántropo, pero no es aún un

cristiano. Señor, ya que nos enseñaste a orar, danos también el gusto por practicarla.

Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la undécima semana del tiempo durante el año

264 - “Cuídense de hacer obras buenas en público solamente para que los vean”. Mt 6, 1

Todos debemos hacer el bien a los demás. Sin embargo, nuestro egoísmo es tan astuto

que tantas veces nos lleva a hacer el bien buscando publicidad, reconocimientos y

aplausos. La motivación para la caridad en este caso no es el bien del otro, sino

ensalzarnos a nosotros mismos. Por eso, el Señor desafía a los cristianos a hacer el bien

en secreto para que nadie lo sepa sino Dios. Pues solo es verdadera bondad el bien que

tiene como único objetivo ayudar al otro, sin que yo gane otra cosa. Todo lo demás es mi

egoísmo maquillado. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XI Domingo del Tiempo Ordinario (B)

“El reino de Dios se parece a un hombre que echa semiente en la tierra. Él duerme de

noche, y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa

cómo” Mc 4, 26-27

En el evangelio que la Iglesia nos regala este domingo, descubrimos a Jesús que

quiere explicarnos, en un modo muy sencillo que es el Reino de Dios. Aun hablando de

cosas tan profundas, Jesús que es un perfecto comunicador, consigue explicar con un

lenguaje del cotidiano el misterio de su reino.

Hoy a través de la ciencia algunas personas ya conocen todos los mecanismos

que hacen crecer una semilla. Al contrario, la mayor parte de los campesinos no saben

explicar este proceso, pero saben exactamente lo que tienen que hacer para que ello

suceda.

Lo más importante para el Reino de Dios no es saber todas las cosas, conocer

todos los mecanismos, ser un gran científico. Lo más importante es confiar que

poniendo una semilla en la tierra y dándole agua, ella va a crecer y producir frutos.

Cuando hacemos un bien, cuando realizamos una obra de caridad, cuando

oramos, cuando perdonamos a alguien, cuando acogemos y respetamos a los demás

como personas, entonces somos como el agricultor que está colocando la semilla en la

tierra, y en esto misteriosamente va haciendo crecer el reino de Dios.

Es inútil conocer toda la fisiología del brazo, ser un especialista de los músculos,

saber explicar en detalles todos sus movimientos y no ser capaz de dar un abrazo.

Es inútil tener lindos discursos pacifistas, colocar la bandera de la paz en la

ventana, participar en marchas contra las guerras y no ser capaz de perdonar a quien

te hizo una ofensa.

Es inútil saber hablar de solidaridad internacional, hacer lindos proyectos para

ayudar a los niños carentes, y no ser capaz de renunciar a una cosa tuya para darle a

quien la necesita más que tú.

El Reino de Dios no crece con teorías. El Reino de Dios crece con la semilla

echada en la tierra. Crece en la noche.

A veces ante un problema, nos desesperamos, queremos entender todo,

queremos resolver primero en nuestras mentes y acabamos no haciendo nada. Parece

que la sugerencia de Jesús es otra: antes que nada, buscar hacer el bien, una oración,

una buena palabra, un abrazo y mucha confianza, pues sin que sepamos Dios hará

germinar la solución. Es inútil angustiarnos con lo que nos supera. Debemos hacer lo

que podemos: “colocar la semilla”, el resto Dios lo hará.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Corazón Inmaculado de María

492 - “Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón”. Lc 2, 51

Qué lindo es usar el corazón para amar, para servir y para guardar las cosas de Dios. Así

fue y es, hasta hoy, el corazón de la Madre de Jesús. Un corazón atento para interceder

por nosotros cuando en nuestra vida falta el vino de la alegría, del perdón y de la paz.

María continúa siendo hasta hoy la mujer del “sí”, siempre disponible a ir a nuestras

montañas para ayudarnos como hizo con Isabel o para asumirnos como sus hijos e ir a

habitar en nuestra casa, como lo hizo con Juan después de la pasión. Déjate amar

también por la Virgen María. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Sagrado Corazón de Jesús

480 - (año A) “Soy manso y humilde de corazón”. Mt 11, 29

(año B) “Uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó

sangre y agua”. Jn 19, 34

(año C) “Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por

noventa y nueve justos que no necesitan de conversión”. Lc 15, 7

Una de las noticias más hermosas de nuestra fe es que Dios tiene corazón. Nuestro Dios

no es pura razón, no es una computadora que está sumando pecados y calculando

penas. Él es un Dios marcado por el amor. Su corazón apasionado por cada uno de

nosotros está siempre buscando el modo de atraernos hacia Sí para llevarnos a la

plenitud de la vida. Dios no se cansa de buscarnos, de perdonarnos y darnos una nueva

chance para que empecemos de nuevo. El Corazón de Jesús está abierto para todo

hombre y mujer que necesita consuelo, fuerza y ternura. En su corazón encontramos

siempre acogida y paz. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la décima semana del tiempo durante el año

256 - “Ve primero a reconciliarte con tu hermano y después vuelve a dejar tu ofrenda”. Mt

5, 24

Nuestra relación con Dios pasa siempre por el filtro de los hermanos. El Señor quiere que

yo busque siempre estar bien con las personas que me rodean. No quiere que les haga

daño o que sea insensible. A Dios no le interesa que con Él yo sea todo amoroso si a

otras personas las ofendo o lastimo. El Dios de Jesucristo, al mismo tiempo que me atrae

hacia Sí, me exige cuidar de las relaciones con los hermanos. Es falsa e ilusoria mi

religión si no me hace capaz de reconciliarme con los demás. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la décima semana del tiempo durante el año

255 - “No desaparecerá ni una jota ni una coma de la Ley antes que desaparezcan el

cielo y la tierra”. Mt 5, 18

La Palabra de Dios debe ser amada, respetada y vivida en su conjunto. No podemos

elegir algunas partes que nos gustan o convienen y vivir solo aquellas. No podemos

manipular la Ley de Dios según nuestras conveniencias. Cuando empezamos a dar

muchas explicaciones, diciendo “esto no está bien así” …; “esto es solo una figura de

lenguaje” … “o un estilo literario”, toda la Palabra de Dios se relativiza y acaba perdiendo

su fuerza y su valor. Las Sagradas Escrituras deben ser recibidas con reverencia y

debemos buscar vivirlas en su totalidad. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Martes de la décima semana del tiempo durante el año

254 - “Ustedes son la luz del mundo”. Mt 5, 14

La luz nos da la posibilidad de ver las cosas, caminar seguros y también contemplar

la belleza. Los cristianos son aquellos que ayudan a la sociedad a ver mejor la

realizad para tomar decisiones sabias y justas. Ayudan a discernir el camino correcto

evitando equivocaciones, heridas y fatigas inútiles. Por eso, ellos, con la luz del

evangelio, tienen que influenciar, escribir, hablar, manifestarse, ocupar espacios en

los medios, en el parlamento, en los movimientos… Pero no para llamar la atención

sobre sí mismos, o promoverse. Es como la luz que, puesta en la altura, permite ver

mejor las cosas sin que haya necesidad de mirar hacia la lámpara. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo (B)

Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo (B)

“Tomen; esto es mi cuerpo” Mc 14, 22

En muchos países este domingo se celebra la solemnidad de Corpus Christi, en

otros ya se celebró el jueves. De todos modos, propongo una sencilla reflexión sobre

este gran misterio.

Ciertamente la eucaristía es, entre los dones de Dios confiados a la Iglesia, uno

de los más preciosos, y esto lo confirma el propio nombre: “Santísimo Sacramento”.

Jesús encontró un modo sencillo pero muy fuerte de permanecer en nuestro medio, y

alimentarnos en todo nuestro caminar hacia Dios.

El primer recuerdo que nos viene en mente es el ‘Maná’ del desierto, que

regalado de Dios todos los días de igual modo para todos, y sin poder acumular, hizo

con que aquella gente cambiara la mentalidad y aprendiera a compartir, a vencer el

egoísmo, a ser solidarios. También la eucaristía quiere ser una escuela de Dios. A

través de la comunión frecuente, Dios quiere ir transformando nuestros valores,

nuestros proyectos, nuestras actitudes, nuestros sentimientos en los mismos que tenía

y vivía Jesús. Interesante notar que: comunión no es sólo comer, sino también meditar,

rezar y sentirse desafiado a dar un nuevo paso en la dirección del Único Bien.

En segundo lugar, la eucaristía es memorial permanente de la pasión, muerte y

resurrección de Cristo. “Es cuerpo entregado por vosotros… es sangre derramada por

vosotros” No es un cuerpo cualquier, es cuerpo entregado, donado, sacrificado… no es

una sangre cualquiera, es sangre derramada, oferta, versada… Por eso la eucaristía nos

hace recordar un proyecto de Vida. Nos desafía: “Hagan esto en memoria mía.”

Mientras, tantas veces, solamente pensamos en nosotros mismo, ¿cómo ganar más?;

¿dónde tener ventajas?; ¿cómo vengarme? La eucaristía es sacramento de la donación

completa. Es la propuesta de una otra lógica para vivir en el mundo.

En tercer lugar, la eucaristía y la Iglesia participan del mismo misterio: ambas

son cuerpo de Cristo, ambas hacen presente a Jesucristo en nuestras vidas. Y ellas

están íntimamente ligadas, a tal punto que no se puede hacer eucaristía sin la Iglesia,

así como también sin la eucaristía la Iglesia no puede sobrevivir. San Agustín decía que

cuando comulgamos recibimos lo que nosotros somos. No podemos disociar y creer

que se puede adorar el cuerpo de Cristo en la Hostia Santa, y despreciar su otro

cuerpo: la Iglesia.

En cuarto lugar, debo decir una palabrita sobre el domingo: Día del Señor. Qué

bueno sería si nosotros tuviéramos a Dios en el primer puesto en nuestras vidas. Si en

el domingo lo más importante para nosotros fuera participar de la misa en la

comunidad, y también dedicarlo a la familia, a la recreación y al reposo. Sin tener que

inventar excusas, o decir que no tuve tiempo, o que estaba muy cansado, o que tenía

otros quehaceres.

¡Sin Dios no somos nada! Sin él no vivimos, solamente vagamos en la vida.

Dios se ofrece para estar en comunión con nosotros, pero la comunión entre

dos personas no sucede cuando solo una quiere. La comunión exige voluntad y

empeño de ambos.

Jesús se ofrece como pan vivo bajado del cielo, capaz de transformarnos

interiormente y darnos una vida sin límites, pero para “comer de este pan”, para estar

en comunión con él yo debo integrarme a su cuerpo, esto es, a la Iglesia. Porque es

solamente a través de ella, cuando celebra la eucaristía, que yo puedo alimentarme de

este pan vivo que nos da vida eterna.

Querido hermano, querida hermana que Dios nos dé la gracia de fundar

nuestras vidas, sea como padres o madres de familia, como jóvenes o ancianos, como

sacerdotes o laicos, en la eucaristía. Que ella sea la fuente de nuestro amor, de nuestra

paciencia, de nuestra caridad y de nuestra esperanza, y hacia ella concurra todas

nuestras fuerzas, todo nuestro empeño y toda nuestra energía.

Pues así, en nosotros ya habrá empezado la vida eterna.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Miércoles de la undécima semana del tiempo durante el año

264 - “Cuídense de hacer obras buenas en público solamente para que los vean”. Mt 6, 1

Todos debemos hacer el bien a los demás. Sin embargo, nuestro egoísmo es tan astuto

que tantas veces nos lleva a hacer el bien buscando publicidad, reconocimientos y

aplausos. La motivación para la caridad en este caso no es el bien del otro, sino

ensalzarnos a nosotros mismos. Por eso, el Señor desafía a los cristianos a hacer el bien

en secreto para que nadie lo sepa sino Dios. Pues solo es verdadera bondad el bien que

tiene como único objetivo ayudar al otro, sin que yo gane otra cosa. Todo lo demás es mi

egoísmo maquillado. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XI Domingo del Tiempo Ordinario (B)

“El reino de Dios se parece a un hombre que echa semiente en la tierra. Él duerme de

noche, y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa

cómo” Mc 4, 26-27

En el evangelio que la Iglesia nos regala este domingo, descubrimos a Jesús que

quiere explicarnos, en un modo muy sencillo que es el Reino de Dios. Aun hablando de

cosas tan profundas, Jesús que es un perfecto comunicador, consigue explicar con un

lenguaje del cotidiano el misterio de su reino.

Hoy a través de la ciencia algunas personas ya conocen todos los mecanismos

que hacen crecer una semilla. Al contrario, la mayor parte de los campesinos no saben

explicar este proceso, pero saben exactamente lo que tienen que hacer para que ello

suceda.

Lo más importante para el Reino de Dios no es saber todas las cosas, conocer

todos los mecanismos, ser un gran científico. Lo más importante es confiar que

poniendo una semilla en la tierra y dándole agua, ella va a crecer y producir frutos.

Cuando hacemos un bien, cuando realizamos una obra de caridad, cuando

oramos, cuando perdonamos a alguien, cuando acogemos y respetamos a los demás

como personas, entonces somos como el agricultor que está colocando la semilla en la

tierra, y en esto misteriosamente va haciendo crecer el reino de Dios.

Es inútil conocer toda la fisiología del brazo, ser un especialista de los músculos,

saber explicar en detalles todos sus movimientos y no ser capaz de dar un abrazo.

Es inútil tener lindos discursos pacifistas, colocar la bandera de la paz en la

ventana, participar en marchas contra las guerras y no ser capaz de perdonar a quien

te hizo una ofensa.

Es inútil saber hablar de solidaridad internacional, hacer lindos proyectos para

ayudar a los niños carentes, y no ser capaz de renunciar a una cosa tuya para darle a

quien la necesita más que tú.

El Reino de Dios no crece con teorías. El Reino de Dios crece con la semilla

echada en la tierra. Crece en la noche.

A veces ante un problema, nos desesperamos, queremos entender todo,

queremos resolver primero en nuestras mentes y acabamos no haciendo nada. Parece

que la sugerencia de Jesús es otra: antes que nada, buscar hacer el bien, una oración,

una buena palabra, un abrazo y mucha confianza, pues sin que sepamos Dios hará

germinar la solución. Es inútil angustiarnos con lo que nos supera. Debemos hacer lo

que podemos: “colocar la semilla”, el resto Dios lo hará.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Corazón Inmaculado de María

492 - “Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón”. Lc 2, 51

Qué lindo es usar el corazón para amar, para servir y para guardar las cosas de Dios. Así

fue y es, hasta hoy, el corazón de la Madre de Jesús. Un corazón atento para interceder

por nosotros cuando en nuestra vida falta el vino de la alegría, del perdón y de la paz.

María continúa siendo hasta hoy la mujer del “sí”, siempre disponible a ir a nuestras

montañas para ayudarnos como hizo con Isabel o para asumirnos como sus hijos e ir a

habitar en nuestra casa, como lo hizo con Juan después de la pasión. Déjate amar

también por la Virgen María. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Sagrado Corazón de Jesús

480 - (año A) “Soy manso y humilde de corazón”. Mt 11, 29

(año B) “Uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó

sangre y agua”. Jn 19, 34

(año C) “Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por

noventa y nueve justos que no necesitan de conversión”. Lc 15, 7

Una de las noticias más hermosas de nuestra fe es que Dios tiene corazón. Nuestro Dios

no es pura razón, no es una computadora que está sumando pecados y calculando

penas. Él es un Dios marcado por el amor. Su corazón apasionado por cada uno de

nosotros está siempre buscando el modo de atraernos hacia Sí para llevarnos a la

plenitud de la vida. Dios no se cansa de buscarnos, de perdonarnos y darnos una nueva

chance para que empecemos de nuevo. El Corazón de Jesús está abierto para todo

hombre y mujer que necesita consuelo, fuerza y ternura. En su corazón encontramos

siempre acogida y paz. Paz y bien.