Gotas de paz

Lunes de la decimoquinta semana del tiempo durante el año

298 - “No piensen que he venido a traer paz a la tierra. No vine a traer paz, sino espada”. Mt 10, 34

Estas palabras de Jesús nos causan mucha perplejidad, pues sabemos que él es el príncipe de la paz y le escuchamos diciendo a los discípulos: “La paz esté con ustedes.” Es necesario, por lo tanto, entenderlas. Jesús no vino para generar una paz ilusoria o falsa entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto. En este caso, él vino para enfrentarlos y que el bien venza al mal, para que la justicia prevalezca. No le interesa una paz hipócrita o superficial. La paz de Jesús nace de la lucha. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XV Domingo del Tiempo Ordinario (C)

"¿Quién es mi prójimo?" Lc 10, 29

Generalmente todos nosotros sabemos cuáles son los mandamientos. Sabemos que el más importante es amar a Dios y amar al prójimo. Pero muchas veces, también nosotros, al igual que el Maestro de la Ley del Evangelio, queremos justificarnos diciendo que no sabemos exactamente quien es nuestro prójimo.

Es en estas condiciones que Jesús cuenta la parábola del Buen Samaritano, para hacernos entender que nuestro prójimo es quien encontramos caído en nuestro camino. Y, en este imperativo de amarlo, no importa quién sea la persona que está caída, ni tampoco quienes somos nosotros. Jesús aclara también que no existe ley en el mundo que pueda justificar la falta de solidaridad.

Voy a intentar explicar esto que estoy diciendo a partir del texto.

Un hombre fue robado, fue abandonado y muy golpeado, en el camino. No podía valerse por sí mismo y solamente con la ayuda de alguien podría recuperarse. En este camino, viene un sacerdote, hombre que conoce las escrituras y los mandamientos, que sabe del precepto de amar al prójimo, pero también conocía otra ley, que afirmaba que aquellos que tocasen sangre se quedaban impuros y no podrían ejercer el ministerio sacerdotal, antes de ser purificado. Así él, tiene un justificativo para no hacer nada y dejarlo, pasando por el otro lado del camino. Tal vez él debería preguntarse: ¿cuál es la ley más importante?

También pasa un Levita, lo mismo que dijimos para el sacerdote puede ser dicho para el Levita, que es un miembro de la tribu sacerdotal. Pero, podremos acrecentar que tal vez por su status, él podría creer que este no era un servicio para él, y que ciertamente pasarían otras personas que lo ayudarían. El hecho es que, en medio a sus raciocinios él creyó que podría pasar ante él, de largo.

Al final viene un samaritano, hombre despreciado por los judíos, porque lo consideraban impuro, infiel a los preceptos de Dios. Pero este hombre "vio y se compadeció" por el hermano que estaba allí caído (los otros dos solamente lo vieron, pero no se compadecieron). Él fue capaz de no pensar solamente en sí mismo. Ciertamente, esta parada iba a retrasar su viaje. Seguramente, ayudarlo iba a darle perjuicio, pero él sabía que un hombre caído al borde de su camino y que lo necesitaba, era lo más importante en aquel momento.

De aquí podemos concluir que no es importante quien sea la persona caída. No tiene sentido hacer primero una evaluación moral de ella, para saber si merece o no ser ayudada. El hecho de estar caída y lastimada al borde del camino, basta como motivo, para la obligación cristiana de ayudarla.

Por otro lado, nadie puede esquivarse en sus títulos o en sus funciones. Todos tenemos la obligación de socorrer a los necesitados: padres, obispos, laicos, ricos, pobres… Este mandamiento es anterior a cualquier otro ministerio. Tampoco es legítima ninguna otra ley que justifique el hecho de pasar de largo.

En la vida debemos saber discernir cuales son las prioridades. Pienso que este buen samaritano, nos tiene mucho a enseñar. En primer lugar, debemos aprender de él que es lo que significa tener compasión. Muchas veces también nosotros ya tenemos el corazón frío. Estamos tan ensimismados que hasta vemos, pero ya no nos conmueve. Ya nos habituamos a ver personas caídas, y nos justificamos diciendo que yo no puedo salvar a todos (y con esta excusa no salvamos a nadie).

El buen samaritano nos enseña aun, que quien ayuda, siempre pierde alguna cosa: tiempo, dinero, se ensucia, se cansa… y a veces hasta se complica… Pero él sabe, que son estas cosas que dan sabor a la vida.

Solamente consigue asumir las perdidas por ayudar a los demás, quien ya descubrió que la vida tiene un sentido, una dirección. Aquí vale la pena recordar la frase que comentamos hace tres domingos: "El que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que pierde su vida por causa mía, la asegurará."

O Jesús, buen samaritano de toda la humanidad, ayúdanos a sentir compasión de aquellos que vemos caídos en nuestros caminos.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

"Quem é o meu próximo? (Lc 10,29)

De um modo geral, todos nós sabemos quais são os mandamentos. Sabemos que o mais importante é amar a Deus e ao próximo. Mas muitas vezes, também nós, a exemplo daquele mestre da Lei apresentado no evangelho, queremos justificar-nos dizendo que não sabemos exatamente quem é o nosso próximo.

É em uma circunstancia como esta que Jesus conta a parábola do Bom Samaritano, para nos fazer entender que o nosso próximo é quem encontramos caído em nosso caminho. Amar é o imperativo, não importa quem seja a pessoa que esteja caída, e tampouco quem somos nós. Jesus explica também que não existe lei no mundo que possa justificar a falta de solidariedade.

Vou tentar explicar isto que estou dizendo a partir do texto. Um homem foi roubado e foi abandonado no caminho muito machucado. Não podia mover-se por si mesmo e somente com ajuda de alguém poderia recuperar-se.

Neste caminho vem um sacerdote, homem que conhece as escrituras e os mandamentos, ele sabe do preceito de amar ao próximo, mas conhecia ainda uma outra lei que afirmava que aquele que tocasse sangue se tornaria impuro e não poderia exercer o ministério sacerdotal, sem que antes fosse purificado. Deste modo, ele tem uma justificativa para não fazer nada e deixar ali o seu próximo, passando para o outro lado do caminho. Talvez ele deveria ter-se perguntando: qual a lei mais importante?

Pelo mesmo caminho passa um levita. Tudo o que dissemos para o sacerdote pode ser dito para o levita, que também é um membro da tribo sacerdotal.

Mas, para nossa edificação, podemos acrescentar que talvez, por seu status, ele poderia crer que este não era um serviço a ser feito por ele e que certamente passariam outras pessoas que o ajudariam. O fato é que, em meio aos seus raciocínios ele acreditou que poderia passar adiante, ao largo.

Por fim vem um samaritano, homem desprezado pelos judeus, pois o consideravam impuro, isto é, infiel aos preceitos de Deus. Mas este homem "viu e se compadeceu" do próximo que estava caído (os outros dois também o viram, mas não se compadeceram). Ele foi capaz de não pensar somente em si mesmo. É claro que esta parada atrasaria sua viagem. Também é claro que poderia lhe trazer algum prejuízo, mas ele sabia que um homem caído a beira de seu caminho e que dele necessitava, era a coisa mais importante naquele momento.

Daqui podemos concluir que não é importante quem seja a pessoa caída. Não tem sentido fazer primeiro a avaliação moral, para saber se ela merece ou não ser ajudada. O fato de estar caída e machucada à beira do caminho basta como motivo para a obrigação cristã de ajudar. Por outro lado ninguém pode esquivar-se em seus títulos ou em suas funções. Todos temos a obrigação de socorrer aos necessitados: padres, bispos, leigos, ricos, pobres, poderosos e fracos ... Este mandamento é anterior a qualquer outro serviço.

Vale dizer que nenhuma lei que justifique passar ao largo dos necessitados será legitima. Na vida devemos saber discernir quais são as prioridades.

Penso que este bom samaritano tem muito a nos ensinar. Em primeiro lugar devemos aprender dele o que significa ter compaixão. Muitas vezes também nós temos o coração frio. Estamos tão ensimesmados que até vemos, mas já não nos comovemos. Já nos habituamos a ver pessoas caídas, e nos justificamos dizendo que não podemos salvar a todos (e com esta desculpa não salvamos ninguém).

O bom samaritano nos ensina também que, quem ajuda, sempre perde alguma coisa: tempo, dinheiro, se suja, se cansa… e as vezes, até se complica… Mas ele sabe que são estas coisas que dão sabor a vida.

Somente consegue assumir as perdas por ajudar aos demais, quem já descobriu que a vida tem um sentido, uma direção. Aqui vale a pena recordar a frase que comentamos faz três domingos: "Aquele que quer ganhar a sua vida vai perdê-la, mas o que perde a sua vida por minha causa, a terá assegurada."

Oh Jesus, bom samaritano de toda a humanidade, ajuda-nos a sentir compaixão daqueles que vemos caídos em nossos caminhos.

O Senhor vos abençoe e vos guarde,

O Senhor faça brilhar a vossa face e tenha misericórdia de vós.

O Senhor volva seu olhar carinhoso e vos dê a PAZ.

Frei Mariosvaldo Florentino, capuchinho.

 

Gotas de paz

Sábado de la decimocuarta semana del tiempo durante el año

294 - “El discípulo no es más que su maestro”. Mt 10, 24

A veces nos desubicamos un poco y nos creemos ser más que nuestro maestro al querer hacer opciones diferentes de aquellas que él nos enseña. Es siempre importante no perder de vista que, por mayores que seamos o por tener este o aquel cargo importante en la Iglesia, nadie está por encima de Jesucristo, que es nuestro único maestro. Él tiene que tener la palabra inicial y final en nuestra vida. Si verdaderamente somos discípulos, debemos hacerle caso en todas las ocasiones. La independencia, la rebeldía y la soberbia… destruyen el discipulado. El verdadero discípulo reconoce la grandeza y la autoridad del maestro y quiere seguirlo. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la decimocuarta semana del tiempo durante el año

293 - “Sean astutos como las serpientes y sencillos como las palomas”. Mt 10, 16

El Señor sabe bien que no es fácil estar en este mundo tan deshumanizado, materialista, preocupado por las apariencias y el placer, o las ganancias a cualquier precio. Sin embargo, igualmente, él nos envía a este mundo “como ovejas en medio de lobos” sabiendo bien todo el riesgo que sus discípulos corren. Obedientes al Señor, debemos lanzarnos sin miedo. Lo que el Señor nos pide es que busquemos no ser ingenuos para no enredarnos con trampas. Su deseo es que, sin perder la sencillez que caracteriza a las personas que viven el amor, seamos creativamente fieles y servidores de todos. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la decimocuarta semana del tiempo durante el año

292 - “El trabajador tiene derecho a su sustento”. Mt 10, 10

El trabajo es parte integral del proyecto cristiano de vida. Él debe ser la fuente ordinaria del sustento de las personas. Todos los que tienen condiciones deben dedicarse a un trabajo honesto y deben recibir por él lo necesario para mantenerse bien con la familia. Nadie debería estar lucrando con el trabajo ajeno, pues esto es explotación. Es el pecado el que nos hace querer recibir más de lo que merecemos, dejando a otros con menos de lo que le corresponde. Ayúdanos, Señor, a establecer relaciones honestas con los trabajadores. No permitas que seamos explotados y tampoco que seamos explotadores. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la decimocuarta semana del tiempo durante el año

291 - “Por el camino proclamen que el Reino de los cielos está cerca”. Mt 10, 7

Desde los orígenes, el hombre vive con el síndrome de la distancia de Dios. Siempre piensa que Dios es un opositor, un perseguidor o un castigador. De muchos modos Dios viene al encuentro del ser humano, pero muchas veces lo encuentra escondido, con miedo y desconfiado. Es por eso que Jesús pide a aquellos que conocen su amor y son sus discípulos que, en el camino de la vida, anuncien a todos la cercanía del Reino de Dios. Dios quiere participar de nuestra vida, quiere ayudarnos en nuestras necesidades; no tengamos nuestros corazones blindados. Dios te ama y te está buscando. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Martes de la decimocuarta semana del tiempo durante el año

290 - “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los campos que envíe trabajadores para su cosecha”. Mt 9, 37-38

En un mundo tan deshumanizado, son tantas las necesidades de las personas que las urgencias sobrepasan mucho la capacidad de aquellos que se entregan al servicio. Por eso, siempre debe estar en nuestros labios una fuerte súplica al dueño de todo para que toque el corazón de muchos más y que tengan la valentía de colocar su vida al servicio de aquellos que más necesitan. No es fácil renunciar a los proyectos personales, pero Dios sabe cómo obrar en los corazones. Envíanos, Señor, más obreros. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la decimocuarta semana del tiempo durante el año

289 - “La mujer se decía: Con solo tocar su manto, quedaré sana”. Mt 9, 21

La fe es esta certeza que nace en nuestro corazón diciéndonos que Dios está presente y puede todo, aunque la realidad presione con su crueldad. Esta mujer creyó en el poder de Jesús y, aunque la timidez le impedía acercarse públicamente, su fe le hizo encontrar una alternativa. No nos desanimemos delante de las dificultades que la vida nos impone. Si tenemos fe, encontraremos el modo de hacer que Dios realice sus milagros. Debemos ser creativos, perseverantes y decididos. Dios nos atenderá aun cuando aparentemente está ocupado en otras cosas. También nosotros podemos sorprender a Dios. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XIV Domingo del Tiempo Ordinario (C)

"Después de esto, el Señor eligió a otros setenta y dos discípulos y los envió de dos en dos, delante de él, a todas las ciudades y lugares a donde él debía ir. (...) En toda ciudad que entren y los acojan, coman lo que les sirvan, sanen sus enfermos y digan a ese pueblo: El Reino de Dios ha llegado a ustedes" Lc 10, 1.8-9

En la semana pasada hemos reflexionado sobre el seguimiento de Cristo, en este domingo la Iglesia nos presenta el ideal de la misión. Uno es consecuencia del otro. Las palabras discípulo y apóstol pueden ayudarnos a comprender mejor. Discípulo significa aquel que aprende, aquel que sigue. Apóstol significa aquel que es enviado. Así: un discípulo de Cristo es un alumno (seguidor) de él, y un Apóstol de Cristo, es un enviado de él.

Si en la semana pasada hablamos de algunos aspectos del ser discípulo, hoy el evangelio nos habla de las características del Apóstol. En primer lugar, el enviado, no puede el mismo darse este encargo, necesita ser enviado de alguien. Es Dios quien elige de entre sus discípulos aquellos que él desea enviar. Por eso ningún misionero lo es en nombre propio, pero lo hace en nombre de quien lo ha enviado. Es muy importante que el misionero sepa que no debe anunciarse a sí mismo, que él es un instrumento, un portavoz y por eso debe estar muy atento de mantener la pureza del mensaje, sin contaminarlo con sus prejuicios o con sus ideas personales. Ser un Apóstol es muy exigente, pues requiere mucha humildad y docilidad a la voluntad de quien envía y un cuidado muy grande para no usurparle el puesto.

En un cierto modo el Apóstol es llamado a no perder jamás la actitud de discípulo. Para evitar los peligros, el Señor los envía de dos en dos. El ideal cristiano del Apostolado no es solitario. Para la misión es muy importante la presencia del otro. El será apoyo y compañía, pero también fuente de discernimiento y de confronto, necesario para no salir del camino. Los dos se completarán para el bien de la misión.

El misionero es llamado a ir a la frontera del cristianismo, esto es a los lugares donde el Señor aún no ha llegado. Estos pueden ser lugares muy distantes, pero también gente muy cercana, que aún no ha aceptado la presencia de Cristo. Cada uno debe estar atento a descubrir donde es "su tierra de misión": la propia familia, el lugar de trabajo, la comunidad parroquial, otras regiones del país, u otros países y hasta otros continentes.

Después Jesús da algunas instrucciones: estar atentos con los lobos, no llevar nada, no buscar a conocidos… "comer de lo que les sirvan". El misionario debe ser consciente de que quien lo envió no lo dejará solo, y la prueba de esta confianza es abandonarse a su providencia. Un Apóstol que se preocupa con lo que irá comer en la misión, o como va a defenderse, o con otras cosas de este género, aun no entendió que significa ser un misionero cristiano.

También en esto "coman de lo que les sirvan" podemos encontrar un buen principio de intercambio cultural. El misionario debe estar dispuesto a vivir la vida de donde él va sin exigencias, debe entrar con las costumbres de su nueva casa. Esta es la llave para llegar al corazón de quien le acoge. Jesucristo prometió que acompañaría la predicación de sus apóstoles, con signos para que la gente crea. Por eso, una de las misiones del Apóstol es "sanar a los enfermos", señal de la compañía de Cristo. Es claro que este sanar puede tener muchos sentidos: como sanar la ceguera de la gente que no ve sus pecados, o que no reconoce la gracia y el amor de Dios. Pero sin dudas será también sanar físicamente las personas. El Señor no deja jamás que la Palabra sea proclamada, sin que él realice maravillas en su pueblo.

Al final Jesús indica el contenido de la predicación: "digan a ese pueblo: El Reino de Dios ha llegado a ustedes." La presencia del misionero, la buena noticia de Jesús predicada, las sanaciones intervenidas por Dios, serán todas señales de que el Reino de Dios se hace presente allí.

Hermanos recemos por los misioneros, para que sean fieles a quien les envió, pero también pidamos que el Señor envíe muchos más, pues la "cosecha es mucha, y los obreros son pocos".

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

XV Domingo del Tiempo Ordinario (C)

"¿Quién es mi prójimo?" Lc 10, 29

Generalmente todos nosotros sabemos cuáles son los mandamientos. Sabemos que el más importante es amar a Dios y amar al prójimo. Pero muchas veces, también nosotros, al igual que el Maestro de la Ley del Evangelio, queremos justificarnos diciendo que no sabemos exactamente quien es nuestro prójimo.

Es en estas condiciones que Jesús cuenta la parábola del Buen Samaritano, para hacernos entender que nuestro prójimo es quien encontramos caído en nuestro camino. Y, en este imperativo de amarlo, no importa quién sea la persona que está caída, ni tampoco quienes somos nosotros. Jesús aclara también que no existe ley en el mundo que pueda justificar la falta de solidaridad.

Voy a intentar explicar esto que estoy diciendo a partir del texto.

Un hombre fue robado, fue abandonado y muy golpeado, en el camino. No podía valerse por sí mismo y solamente con la ayuda de alguien podría recuperarse. En este camino, viene un sacerdote, hombre que conoce las escrituras y los mandamientos, que sabe del precepto de amar al prójimo, pero también conocía otra ley, que afirmaba que aquellos que tocasen sangre se quedaban impuros y no podrían ejercer el ministerio sacerdotal, antes de ser purificado. Así él, tiene un justificativo para no hacer nada y dejarlo, pasando por el otro lado del camino. Tal vez él debería preguntarse: ¿cuál es la ley más importante?

También pasa un Levita, lo mismo que dijimos para el sacerdote puede ser dicho para el Levita, que es un miembro de la tribu sacerdotal. Pero, podremos acrecentar que tal vez por su status, él podría creer que este no era un servicio para él, y que ciertamente pasarían otras personas que lo ayudarían. El hecho es que, en medio a sus raciocinios él creyó que podría pasar ante él, de largo.

Al final viene un samaritano, hombre despreciado por los judíos, porque lo consideraban impuro, infiel a los preceptos de Dios. Pero este hombre "vio y se compadeció" por el hermano que estaba allí caído (los otros dos solamente lo vieron, pero no se compadecieron). Él fue capaz de no pensar solamente en sí mismo. Ciertamente, esta parada iba a retrasar su viaje. Seguramente, ayudarlo iba a darle perjuicio, pero él sabía que un hombre caído al borde de su camino y que lo necesitaba, era lo más importante en aquel momento.

De aquí podemos concluir que no es importante quien sea la persona caída. No tiene sentido hacer primero una evaluación moral de ella, para saber si merece o no ser ayudada. El hecho de estar caída y lastimada al borde del camino, basta como motivo, para la obligación cristiana de ayudarla.

Por otro lado, nadie puede esquivarse en sus títulos o en sus funciones. Todos tenemos la obligación de socorrer a los necesitados: padres, obispos, laicos, ricos, pobres… Este mandamiento es anterior a cualquier otro ministerio. Tampoco es legítima ninguna otra ley que justifique el hecho de pasar de largo.

En la vida debemos saber discernir cuales son las prioridades. Pienso que este buen samaritano, nos tiene mucho a enseñar. En primer lugar, debemos aprender de él que es lo que significa tener compasión. Muchas veces también nosotros ya tenemos el corazón frío. Estamos tan ensimismados que hasta vemos, pero ya no nos conmueve. Ya nos habituamos a ver personas caídas, y nos justificamos diciendo que yo no puedo salvar a todos (y con esta excusa no salvamos a nadie).

El buen samaritano nos enseña aun, que quien ayuda, siempre pierde alguna cosa: tiempo, dinero, se ensucia, se cansa… y a veces hasta se complica… Pero él sabe, que son estas cosas que dan sabor a la vida.

Solamente consigue asumir las perdidas por ayudar a los demás, quien ya descubrió que la vida tiene un sentido, una dirección. Aquí vale la pena recordar la frase que comentamos hace tres domingos: "El que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que pierde su vida por causa mía, la asegurará."

O Jesús, buen samaritano de toda la humanidad, ayúdanos a sentir compasión de aquellos que vemos caídos en nuestros caminos.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

"Quem é o meu próximo? (Lc 10,29)

De um modo geral, todos nós sabemos quais são os mandamentos. Sabemos que o mais importante é amar a Deus e ao próximo. Mas muitas vezes, também nós, a exemplo daquele mestre da Lei apresentado no evangelho, queremos justificar-nos dizendo que não sabemos exatamente quem é o nosso próximo.

É em uma circunstancia como esta que Jesus conta a parábola do Bom Samaritano, para nos fazer entender que o nosso próximo é quem encontramos caído em nosso caminho. Amar é o imperativo, não importa quem seja a pessoa que esteja caída, e tampouco quem somos nós. Jesus explica também que não existe lei no mundo que possa justificar a falta de solidariedade.

Vou tentar explicar isto que estou dizendo a partir do texto. Um homem foi roubado e foi abandonado no caminho muito machucado. Não podia mover-se por si mesmo e somente com ajuda de alguém poderia recuperar-se.

Neste caminho vem um sacerdote, homem que conhece as escrituras e os mandamentos, ele sabe do preceito de amar ao próximo, mas conhecia ainda uma outra lei que afirmava que aquele que tocasse sangue se tornaria impuro e não poderia exercer o ministério sacerdotal, sem que antes fosse purificado. Deste modo, ele tem uma justificativa para não fazer nada e deixar ali o seu próximo, passando para o outro lado do caminho. Talvez ele deveria ter-se perguntando: qual a lei mais importante?

Pelo mesmo caminho passa um levita. Tudo o que dissemos para o sacerdote pode ser dito para o levita, que também é um membro da tribo sacerdotal.

Mas, para nossa edificação, podemos acrescentar que talvez, por seu status, ele poderia crer que este não era um serviço a ser feito por ele e que certamente passariam outras pessoas que o ajudariam. O fato é que, em meio aos seus raciocínios ele acreditou que poderia passar adiante, ao largo.

Por fim vem um samaritano, homem desprezado pelos judeus, pois o consideravam impuro, isto é, infiel aos preceitos de Deus. Mas este homem "viu e se compadeceu" do próximo que estava caído (os outros dois também o viram, mas não se compadeceram). Ele foi capaz de não pensar somente em si mesmo. É claro que esta parada atrasaria sua viagem. Também é claro que poderia lhe trazer algum prejuízo, mas ele sabia que um homem caído a beira de seu caminho e que dele necessitava, era a coisa mais importante naquele momento.

Daqui podemos concluir que não é importante quem seja a pessoa caída. Não tem sentido fazer primeiro a avaliação moral, para saber se ela merece ou não ser ajudada. O fato de estar caída e machucada à beira do caminho basta como motivo para a obrigação cristã de ajudar. Por outro lado ninguém pode esquivar-se em seus títulos ou em suas funções. Todos temos a obrigação de socorrer aos necessitados: padres, bispos, leigos, ricos, pobres, poderosos e fracos ... Este mandamento é anterior a qualquer outro serviço.

Vale dizer que nenhuma lei que justifique passar ao largo dos necessitados será legitima. Na vida devemos saber discernir quais são as prioridades.

Penso que este bom samaritano tem muito a nos ensinar. Em primeiro lugar devemos aprender dele o que significa ter compaixão. Muitas vezes também nós temos o coração frio. Estamos tão ensimesmados que até vemos, mas já não nos comovemos. Já nos habituamos a ver pessoas caídas, e nos justificamos dizendo que não podemos salvar a todos (e com esta desculpa não salvamos ninguém).

O bom samaritano nos ensina também que, quem ajuda, sempre perde alguma coisa: tempo, dinheiro, se suja, se cansa… e as vezes, até se complica… Mas ele sabe que são estas coisas que dão sabor a vida.

Somente consegue assumir as perdas por ajudar aos demais, quem já descobriu que a vida tem um sentido, uma direção. Aqui vale a pena recordar a frase que comentamos faz três domingos: "Aquele que quer ganhar a sua vida vai perdê-la, mas o que perde a sua vida por minha causa, a terá assegurada."

Oh Jesus, bom samaritano de toda a humanidade, ajuda-nos a sentir compaixão daqueles que vemos caídos em nossos caminhos.

O Senhor vos abençoe e vos guarde,

O Senhor faça brilhar a vossa face e tenha misericórdia de vós.

O Senhor volva seu olhar carinhoso e vos dê a PAZ.

Frei Mariosvaldo Florentino, capuchinho.

 

Gotas de paz

Sábado de la decimocuarta semana del tiempo durante el año

294 - “El discípulo no es más que su maestro”. Mt 10, 24

A veces nos desubicamos un poco y nos creemos ser más que nuestro maestro al querer hacer opciones diferentes de aquellas que él nos enseña. Es siempre importante no perder de vista que, por mayores que seamos o por tener este o aquel cargo importante en la Iglesia, nadie está por encima de Jesucristo, que es nuestro único maestro. Él tiene que tener la palabra inicial y final en nuestra vida. Si verdaderamente somos discípulos, debemos hacerle caso en todas las ocasiones. La independencia, la rebeldía y la soberbia… destruyen el discipulado. El verdadero discípulo reconoce la grandeza y la autoridad del maestro y quiere seguirlo. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la decimocuarta semana del tiempo durante el año

293 - “Sean astutos como las serpientes y sencillos como las palomas”. Mt 10, 16

El Señor sabe bien que no es fácil estar en este mundo tan deshumanizado, materialista, preocupado por las apariencias y el placer, o las ganancias a cualquier precio. Sin embargo, igualmente, él nos envía a este mundo “como ovejas en medio de lobos” sabiendo bien todo el riesgo que sus discípulos corren. Obedientes al Señor, debemos lanzarnos sin miedo. Lo que el Señor nos pide es que busquemos no ser ingenuos para no enredarnos con trampas. Su deseo es que, sin perder la sencillez que caracteriza a las personas que viven el amor, seamos creativamente fieles y servidores de todos. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la decimocuarta semana del tiempo durante el año

292 - “El trabajador tiene derecho a su sustento”. Mt 10, 10

El trabajo es parte integral del proyecto cristiano de vida. Él debe ser la fuente ordinaria del sustento de las personas. Todos los que tienen condiciones deben dedicarse a un trabajo honesto y deben recibir por él lo necesario para mantenerse bien con la familia. Nadie debería estar lucrando con el trabajo ajeno, pues esto es explotación. Es el pecado el que nos hace querer recibir más de lo que merecemos, dejando a otros con menos de lo que le corresponde. Ayúdanos, Señor, a establecer relaciones honestas con los trabajadores. No permitas que seamos explotados y tampoco que seamos explotadores. Paz y bien.