Gotas de paz

XXV Domingo del Tiempo Ordinario (B)

“Si alguno quiere ser el primero, que se haga el ultimo de todos y el servidor de todos” Mc

9, 35

En el domingo pasado, al meditar las palabras de Jesús: “¡Tú no piensas como Dios,

sino como los hombres!”, hemos dicho que la lógica de Dios es muy diferente de la lógica

del mundo, y podemos hasta decir que muchas veces es exactamente opuesta, como en la

frase que elegimos para meditar en este domingo.

Parece ser que naturalmente todos nosotros tenemos una tendencia o un deseo

de estar en el primer puesto. Es nuestro egoísmo que de muchos modos se nos manifiesta

desde niñitos: queremos ser el centro de las atenciones, queremos ser los primeros en ser

atendidos, tenemos celos de los demás…

Y como si no bastase esta tendencia natural, vivimos en una cultura que lo

promueve y lo refuerza. Desde muy pequeños nos enseñan a competir: quien canta más

fuerte; quien corre más veloz; quien es más inteligente; quien es más bonito… y así por

adelante. Y entonces la otra persona que está a mi lado acaba siendo siempre un rival,

alguien que me amenaza, alguien a quien yo debo vencer, alguien a quien debo estar por

encima para que él no me humille… y así se pierde la conciencia de que el otro es mi

hermano, es mi compañero, es alguien a quien puedo amar, con quien puedo crecer y a

quien puedo promover.

Todos nosotros cargamos en nosotros estas marcas de egoísmo y de competición.

A veces hasta intentamos disfrazar, y actuamos disimuladamente. De verdad es muy difícil

conseguir superar este modo de ser. Por muchos años y de muchos modos somos

formados en los moldes de este mundo y nos resulta muy difícil cambiarlo.

Me molesta un poco cuando escucho una persona que sin pensar mucho, sin

examinar a fondo su conciencia, empieza luego a decir: “¡NO, yo no soy así! ¡Yo me

desvivo por los demás! ¡Yo solo hago el bien! ¡Yo siempre estoy pensando a los otros y me

olvido de mí!” Pero cuando vamos a mirar de cerca su vida, cuando encontramos las

personas que conviven con ella… entonces descubrimos que no pasa de un egoísta

disimulado. Me parece inútil no reconocer nuestros defectos, cuando todos los demás los

conocen, y más, de hecho, sufren a causa de ellos.

Nosotros somos hijos de esta sociedad, de esta cultura. Somos hijos del egoísmo y

de la competición. Y llevamos esto muy arraigado dentro de nosotros. Negar que no

seamos así, no nos hace cambiar, solo nos hace disimular.

El único camino es la conversión autentica y radical. Es dejarse penetrar por las

enseñanzas de Cristo. Es descubrir la lógica de Dios y dejarse reformatear por ella. Es

descubrir que la gloria de este mundo es efímera y no sirve para nada, pues se termina

como fuego en la paja. Es hacer experiencia concreta de lo que significa pensar diferente

de este mundo, como nos decía Jesús: si alguien te da una bofetada, ofrece la otra mejilla;

si alguien te quiere robar la túnica, dale también el manto; si alguien te exige de caminar

un kilómetro, camine dos; si alguien te hace el mal, págale con el bien; si alguien quiere

quitarte la vida, ofrécela tú mismo.

Ciertamente este es un proceso lento y a veces fatigoso. Nos exige una gran

perseverancia. Debemos estar muy atentos en renunciar voluntariamente la búsqueda del

primer puesto, aunque nos cueste mucho y nos sea muy difícil, para colocarnos en el

último lugar. Debemos estar disponibles a ayudar a todos, hasta mismo a aquellos que

creen que nos están venciendo, que se creen mejores que nosotros y que con prepotencia

y arrogancia no consiguen entender que no estamos competiendo, sino que solamente

sirviendo.

Al final, el reconocer quien es el primer o quién es el último es una cuestión que

depende de la lógica de quien lo observa. Lo que para el mundo es el primer puesto, para

Dios no sirve para nada, no tiene ningún valor, es el más despreciable. Sin embargo, lo que

para el mundo es despreciable, es una tontería, como el servir y amar a los demás,

colocándose por detrás de todos, Dios lo estima como el más importante, como el que

supera a todos.

Réstanos decidir con cual lógica queremos impostar nuestra vida. Sabiendo que si

queremos seguir la lógica del mundo basta continuar viviendo como fuimos preparados,

dando riendas sueltas a nuestro egoísmo. Pero si queremos vivir según la lógica de Dios,

será necesario cambiar todo nuestro esquema mental y extirpar hasta la raíz este modelo

de competición que llevamos tan enraizado.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, Capuchino.

 

Gotas de paz

Sábado de la vigesimocuarta semana del tiempo durante el año

384 - “A ustedes se les concede conocer los secretos del reino de Dios”. Lc 8, 10

El reino de Dios tiene sus secretos, que ciertamente no son comprendidos por todos. Para

adentrarnos en ellos, debemos acercarnos a Jesús, quien nos reveló y continúa

revelándonos el interior del corazón de Dios, su amor y su misericordia. Ciertamente, los que

no pueden conocer los secretos del Reino, no es porque fueron rechazados por Dios, sino

porque están distantes a causa de sus propios proyectos personales o porque están

distraídos con cosas del mundo. Aprovechemos la oportunidad que Dios nos da; oportunidad

de conocer su reino. Seamos tierra fértil, acojamos la semilla de la Palabra de Dios y

produzcamos muchos frutos. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Nuestra Señora de los Dolores: 15 de septiembre

510 - “Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre”. Jn 19, 25

La maternidad de María pasó por muchas pruebas, pero, sin dudas, la más difícil fue

estar allí al pie de la cruz y ver a su hijo morir y ser aun traspasado. Ciertamente cada

clavo, la corana de espinas, la hiel con vinagre, los desprecios e insultos dolían también

en su corazón de madre. Y ella no se alejó, estuvo presente. Y allí asumió cuidar del

discípulo amado, que somos todos los que queremos seguir los pasos de su Hijo. Es por

eso que, aun hoy, ella no nos abandona en nuestros dolores y en nuestras cruces. Paz y

bien.

 

Gotas de paz

Martes de la vigesimocuarta semana del tiempo durante el año

380 - “Dios ha visitado a su Pueblo”. Lc 7, 16b

Ante las señales que realizaba Jesús, como las sanaciones y hasta la resurrección de

muertos, las personas simples que se encontraban con él, se sentían visitadas por Dios.

Experimentaban en él la misericordia y el amor del Padre eterno. Ciertamente, necesitan

dar un paso más en la fe y descubrir que aquel no era solo un profeta, sino el propio Hijo

de Dios encarnado, pero estaban en la estrada justa, pues sentían la presencia de Dios.

Lo mismo quiere hacer en nuestra vida Jesús. Abramos nuestro corazón pues él es el

Emmanuel, el Dios que continúa visitándonos y a realizando misericordia en nuestra

historia. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la vigesimocuarta semana del tiempo durante el año594

379 - “No soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra…”. Lc 7, 6-

7

Cuántas veces estamos así: necesitamos de Dios, de su ayuda, de su favor, pero nos

sentimos indignos de pedirle y también de que Él venga hasta nosotros. Como el

centurión, pedimos que otros intercedan en nuestro favor y nos quedamos temerosos

de que el Señor entre en nuestra vida quizás marcada por tantas debilidades y

pecados. Pero, más allá de la realidad concreta de este hombre, Jesús valora su fe y,

sin forzarle a nada, realiza el milagro que necesitaba. Aunque no seamos dignos de

recibir el Señor en nuestra casa, no perdamos la esperanza, pues igual él puede

salvarnos. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XXIV Domingo del Tiempo Ordinario (B)

“¡Quítate de mí vista, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de

los hombres” Mc 8, 33

Estas palabras que encontramos en el evangelio de este domingo nos parecen

muy fuertes, y nos llama la atención que sean referidas, nada más y nada menos, que a

san Pedro, el mismo que unas líneas antes había profesado su fe de que Jesús era el

Señor y que le valió el primado en la Iglesia.

Jesús no quería decir que san Pedro estaba poseído por el demonio, sino que su

razonamiento en aquel momento era contrario a la voluntad de Dios. Pedro quería

liberar a Jesús del sufrimiento. Quería que no caminase hacia la cruz. Quería que Jesús

pensase en sí mismo, y no en la salvación que su sacrificio traería a todos. En el fondo

él quería solo proteger a Jesús. Su modo de pensar era solo humano. Él no estaba

consiguiendo ver más allá de lo inmediato. Es por eso que Jesús lo llama ¡Satanás!,

porque estaba siendo un obstáculo en el camino de Dios.

Satanás es aquel que nos confunde, que nos hace ver mal a las cosas; que nos

hace creer que el mal, no es tan malo; que nos hace inventar justificaciones que nos

acomodan y tranquilizan nuestra conciencia; que nos hace pensar que lo que hago yo

es lo correcto y los demás yerran, cuando en la verdad soy yo, el que camino en la

oscuridad. Así que su acción en nuestras vidas es muy sutil y continuada. Todos

nosotros estamos muy sujetos a caer en sus trampas, y también muchas veces

queriendo ayudar preparamos sus trampas para los demás, como Pedro estaba

haciendo con Jesús.

Es verdad, que no es muy fácil conocer los pensamientos de Dios. La lógica del

Señor es muy diferente de la lógica del mundo. Para él, los pobres son

bienaventurados, así como los que lloran, los mansos, los pacíficos, los que buscan la

justicia, los que perdonan, los perseguidos, los puros de corazón ... cuando en la lógica

del mundo estos son desgraciados o estúpidos.

Abrazar la cruz por amor es una cosa que el mundo jamás comprenderá. Ser

capaz de morir, de renunciar mis pensamientos y proyectos, para que otro pueda ser

feliz, es para el mundo una autentica tontería.

En nuestro caminar en este mundo hacia Dios nos encontramos cada día

delante de estas dos lógicas. Naturalmente nuestros instintos nos quieren convencer

que la lógica del mundo es la mejor, es la más sensata, es la justa. Pero desde nuestro

bautismo habita en nosotros el Espíritu del Señor, y es él quien nos hace recordar las

cosas que nos dice Jesús y que son la voluntad de Dios. Depende de cuánto nosotros

fortalecemos a este Espíritu, con la oración, con la eucaristía, con el examen de

conciencia, con la meditación de la palabra de Dios… para que él nos dé la posibilidad

de ver más allá de lo aparente.

Una persona que está completamente metida en las cosas del mundo tendrá a

flor de piel la lógica de mundo, vivirá mundanamente. Una persona que se deje

envolver por Dios podrá despacito desenmascarar los fraudes del mundo y vivir según

el Espíritu. No nos olvidemos que, para nosotros desde el pecado original, el mal es

siempre más atrayente. Y aunque ya tengamos hecho muchos progresos en la vida

espiritual, siempre estamos sujetos a caer en sus insidias. Nadie está libre de su

tentación: ni Pedro, ni los grandes hombres espirituales, ni nosotros… “Quien está de

pie, se cuide para no caer…” nos dice san Pablo.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, Capuchino.

 

Gotas de paz

Sábado de la vigesimotercera semana del tiempo durante el año

375 - “La boca habla de lo que está lleno el corazón”. Lc 6, 45

Cuánta sabiduría la de Jesús. Todos deberíamos atender por un día cuáles son nuestras

conversaciones, las palabras que tenemos siempre en la boca, nuestras bromas,

sentencias y juicios, pues esto nos revelaría de qué está lleno nuestro corazón.

Descubriremos cuánto hay de maldades, lujurias, odios, peleas, vicios y soberbia… Y no

basta solo con reprimir las palabras y cuidarse para no decir ciertas cosas, es necesario

vaciar el corazón y recargarlo con algo diferente. Mi corazón se llena de lo que le

alimento. Si paso más tiempo en las cosas del mundo: placeres, televisiones, músicas,

redes sociales…, naturalmente, él absorberá estas cosas, y mi boca me denunciará. Paz

y bien.

 

Gotas de paz

“Saca primero la viga de tu ojo” Lc 6, 42

A todos nosotros nos resulta mucho más fácil ver los defectos ajenos que los nuestros.

Sin embargo, el encuentro con Cristo nos invita, antes que nada, a volver la mirada hacia

nosotros mismos para que nos conozcamos y busquemos, en primer lugar, cambiarnos a

nosotros mismos y, solo después, tratar de corregir y ayudar a los demás. Quien es

capaz de mirarse profundamente y sabe reconocer los propios defectos, se hace mucho

más comprensivo con los otros. De hecho, dicen los santos: para que el mundo sea

mejor, el primero que debe cambiar soy yo mismo, pues mi peor enemigo es mi propio

egoísmo. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la vigesimotercera semana del tiempo durante el año

373 - “Si hacen el bien solo a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito

tienen?”. Lc 6, 33

Naturalmente queremos responder a los estímulos. Si nos saludan, respondemos. Si

nos hacen el bien, debemos sentirnos obligados en retribuirlo. Sin dudas, no hay

nada de errado en esto. Sin embargo, el cristianismo nos invita a ir más allá. Nos

desafía a hacer el bien por una decisión propia nuestra, aunque no sea respuesta a

un estímulo, esto es, aunque el otro no nos lo haya hecho o hasta nos haya dañado.

Si queremos tener méritos delante de Dios, debemos no solo responder, sino hacer el

bien siempre y a todos independiente del que nos haga el otro. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Sábado de la vigesimocuarta semana del tiempo durante el año

384 - “A ustedes se les concede conocer los secretos del reino de Dios”. Lc 8, 10

El reino de Dios tiene sus secretos, que ciertamente no son comprendidos por todos. Para

adentrarnos en ellos, debemos acercarnos a Jesús, quien nos reveló y continúa

revelándonos el interior del corazón de Dios, su amor y su misericordia. Ciertamente, los que

no pueden conocer los secretos del Reino, no es porque fueron rechazados por Dios, sino

porque están distantes a causa de sus propios proyectos personales o porque están

distraídos con cosas del mundo. Aprovechemos la oportunidad que Dios nos da; oportunidad

de conocer su reino. Seamos tierra fértil, acojamos la semilla de la Palabra de Dios y

produzcamos muchos frutos. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Nuestra Señora de los Dolores: 15 de septiembre

510 - “Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre”. Jn 19, 25

La maternidad de María pasó por muchas pruebas, pero, sin dudas, la más difícil fue

estar allí al pie de la cruz y ver a su hijo morir y ser aun traspasado. Ciertamente cada

clavo, la corana de espinas, la hiel con vinagre, los desprecios e insultos dolían también

en su corazón de madre. Y ella no se alejó, estuvo presente. Y allí asumió cuidar del

discípulo amado, que somos todos los que queremos seguir los pasos de su Hijo. Es por

eso que, aun hoy, ella no nos abandona en nuestros dolores y en nuestras cruces. Paz y

bien.

 

Gotas de paz

Martes de la vigesimocuarta semana del tiempo durante el año

380 - “Dios ha visitado a su Pueblo”. Lc 7, 16b

Ante las señales que realizaba Jesús, como las sanaciones y hasta la resurrección de

muertos, las personas simples que se encontraban con él, se sentían visitadas por Dios.

Experimentaban en él la misericordia y el amor del Padre eterno. Ciertamente, necesitan

dar un paso más en la fe y descubrir que aquel no era solo un profeta, sino el propio Hijo

de Dios encarnado, pero estaban en la estrada justa, pues sentían la presencia de Dios.

Lo mismo quiere hacer en nuestra vida Jesús. Abramos nuestro corazón pues él es el

Emmanuel, el Dios que continúa visitándonos y a realizando misericordia en nuestra

historia. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la vigesimocuarta semana del tiempo durante el año594

379 - “No soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra…”. Lc 7, 6-

7

Cuántas veces estamos así: necesitamos de Dios, de su ayuda, de su favor, pero nos

sentimos indignos de pedirle y también de que Él venga hasta nosotros. Como el

centurión, pedimos que otros intercedan en nuestro favor y nos quedamos temerosos

de que el Señor entre en nuestra vida quizás marcada por tantas debilidades y

pecados. Pero, más allá de la realidad concreta de este hombre, Jesús valora su fe y,

sin forzarle a nada, realiza el milagro que necesitaba. Aunque no seamos dignos de

recibir el Señor en nuestra casa, no perdamos la esperanza, pues igual él puede

salvarnos. Paz y bien.