Gotas de paz

Presentación de la Virgen María

522 - “Todo aquel que hace la voluntad de mi Padre es mi hermano, mi hermana y mi madre”. Mt 12, 50

La fiesta de la presentación de la Virgen María en el templo que hoy celebramos nos recuerda una vez más que la grandeza de esta mujer no está solo en que haya sido escogida por Dios, sino también en que ella siempre supo ser su discípula. Desde su núcleo familiar, ella fue introducida en el servicio del Señor; por eso fue presentada en el templo. También nosotros somos llamados a conocer la voluntad de Dios y vivirla concretamente, pues no nos salvarán los títulos ni los cargos ni tampoco las amistades, sino solamente el cumplir lo que Dios nos pide. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Martes de la 33ª semana del tiempo durante el año

461 - “Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa”. Lc 19, 5

Qué interesante la historia de Zaqueo. Jesús sabe que en el corazón de este gran pecador existe una insatisfacción y, sin preconceptos, va a su casa, entra en su intimidad, hace sentir el amor de Dios y genera en él una gran conversión. Zaqueo se dispone a dar la mitad de sus bienes a los pobres y a devolver cuatro veces más de lo que robó. Esto nos dice una vez más que tenemos que ir al encuentro de los pecadores, pues la experiencia de amor y de acogida es lo que puede darnos la fuerza para cambiar el rumbo de nuestra existencia. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la 33ª semana del tiempo durante el año

460 - «Jesús le preguntó: “Qué quieres que haga por ti?”. Y el ciego respondió: “Señor, que yo vea de nuevo”». Lc, 18, 41

La visión es uno de los sentidos más importantes. Existen muchos ciegos corporales, pero una persona puede ser también ciega espiritualmente. Ejemplo de esto tenemos cuando la persona jamás reconoce el bien que los demás hacen, cuando cree que ella es la única en el mundo que tiene derechos, cuando la rabia y el rencor impiden ver al otro como realmente es o cuando por los celos y envidia solo ve los defectos. Sin embargo, Jesús puede sanarnos de todas nuestras cegueras si verdaderamente lo queremos, pues “el peor ciego es aquel que no quiere ver”. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario (B)

“Les aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto suceda. Pasarán el cielo y la tierra, pero mis palabras no pasarán” Mc 13, 30-31

Estamos ya en la penúltima semana del año litúrgico. El domingo próximo ya es la fiesta de Cristo Rey, la culminación de más un año eclesial. Después ya empezará el Adviento y será un nuevo tiempo. Por eso la liturgia de este domingo nos habla del fin del mundo y de la nueva venida de Cristo.

Ciertamente el propósito de la Iglesia no es generar el miedo y la desesperación en nadie. Dios no quiere que las personas se conviertan por miedo, pues no quiere que nadie tenga con él una relación infantil, que hace las cosas solo para no ser castigado, o que participa de los ritos solo para que no tengan de que acusarles, o que viva en una religión de preceptos externos, pero mantiene el corazón lleno de basura.

Existen por ahí unas cartas famosas que hacen anuncios horribles, que ponen en la boca de la Virgen palabras tenebrosas, y que dan recetas supersticiosas de cómo evitar la desgracia de los últimos días. Estas cartas jamás partieron de la Iglesia, y no debemos creerlas ni reenviarlas.

Es cosa de gente ingenua o de personas que no tienen fe, pues éste no es el método de Dios. Para conquistarnos, Dios envió a su Hijo amado, que dio la vida por nosotros, y nos enseñó que Dios es Amor. Él quiere que cada uno de nosotros busque con todas nuestras fuerzas evitar el pecado en nuestra vida personal, familiar y social, no por miedo, pero si por haber encontrado el sentido de la vida, y de una vida que desea ser plena.

El evangelio de este domingo empieza con unas palabras asustadoras: “después de esa angustia, el sol no alumbrará, la luna perderá su brillo, las estrellas caerán del cielo y el universo entero se conmoverá.” Estas son palabras apocalípticas y esto significa decir: son palabras que tienen un doble sentido y no deben ser interpretadas al pié de la letra.

Les doy un ejemplo: el evangelio de hoy afirma: “les aseguro que no pasará esta generación sin que esto suceda.” Si pensamos en el sentido literal de estas palabras, entonces diremos que este evangelio se equivocó pues aquella generación a quien Jesús habló ya se fue hace casi dos mil años y no vieron pasar estas cosas en modo literal.

Nuestra sociedad vive una verdadera fobia pensando en el fin de mundo. Gastamos tantas energías con esto, y nos olvidamos de pensar en nuestro propio fin. Yo mismo ya conocí, muchas personas que tenían mucho miedo, y cada vez que escuchaban ciertas noticias, ya empezaban a llorar y hasta perdían el sueño, y ahora ya no están entre nosotros. Y el mundo sigue….

¿Qué Jesús quiere decir con estas palabras: esta generación no pasará...? Creo que El me quiere decir: Mario, tu vida no pasará sin que experimentes en algún momento que tu sol no iluminará, la luna no tendrá brillo… probarás la angustia… ¡Esté atento! ¡No te derrumbes! Aun en la dificultad más grande mira hacia arriba, pues verás “al Hijo del Hombre viniendo en medio de las nubes, con mucho poder y gloria.”

¿Quién de nosotros ya no probó en la vida momentos de dolor, de angustia, de desesperación? ¿Quién de nosotros piensa que estás cosas no me sucederán más? Un problema, una calumnia, una enfermedad, un desempleo, una traición son cosas a las cuales todos estamos sujetos. Pero Jesús nos invita a prepararnos para saber dar una respuesta de fe, delante de estos problemas. Nos invita a mirar hacia arriba, cuando nuestro mundo parece hundirse, y acoger su venida.

Así, la palabra de Jesús no viene para meter miedo, más bien, para comunicar esperanza.

No nos olvidemos que: “pasarán el cielo y la tierra, pero mis palabras no pasarán.” Y ¿qué palabras son estas? Pienso que todas las que Jesús nos dejó. Como por ejemplo “yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.” O “Coraje, yo vencí al mundo” o “no perderé ninguno de los que el Padre me dio” o “yo también no te condeno, va y no peques más…” o “yo soy el buen pastor”.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Sábado de la 32ª semana del tiempo durante el año

456 - “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?”. Lc 18, 8

La fe es un don de Dios que se despierta y crece con el anuncio de la salvación y nuestras prácticas diarias. Todos la recibimos en germen en el bautismo, pero ella debe ser desarrollada en la medida en que vivimos nuestra vida eclesial, en la oración, cuando practicamos los sacramentos y la caridad. También puede menguar y desaparecer cuando abandonamos completamente las cosas de Dios y vivimos una vida solo mundana y de placeres. Por eso debemos tomar conciencia y cuidar el don que recibimos, pues, de lo contrario, el Señor nos encontrará como personas sin fe. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la 32ª semana del tiempo durante el año

455 - “El que trate de salvar su vida, la perderá; y el que la pierda, la conservará”. Lc 17, 33

El evangelio siempre nos alerta acerca del peligro del egoísmo, pues este nos encierra en nosotros mismos y, aunque su objetivo sea obtener lo mejor para el propio individuo, acaba desfigurándonos y hasta llevándonos a la asfixia. Nuestra vida tiene sentido y crece cuando somos capaces de salir de nuestras jaulas egoístas e ir al encuentro de los hermanos que sufren o de aquellos que necesitan nuestra ayuda. Hacer el bien a los demás es como oxigenar nuestro ser, es rejuvenecer, pues al final somos nosotros los que ganamos, nos embellecemos y encontramos la paz. Paz y bien.

 

Gotas de paz

San Roque González de Santa Cruz, primer santo paraguayo

521 - “El Buen Pastor da su vida por las ovejas”. Jn 10, 11

Existen algunas personas que, tocadas por Dios, sienten la vocación de entregar su vida para el bien de los demás. Experimentan la felicidad en el servicio, en la sencillez y en el amor. Renuncian a construir su vida basada en proyectos personales y se abandonan a la voluntad de Dios, sufriendo muchas veces el contagio de enfermedades, persecuciones y hasta el martirio. Es bello ver que valorizan más el servicio que prestan al Señor que la propia vida. Ejemplos como: Roque González de Santacruz, Madre Teresa de Calcuta, Francisco de Asís nos hablan de la fuerza del amor.

Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la 32ª semana del tiempo durante el año

453 - “Uno de los diez leprosos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta”. Lc 17, 15

La gratitud es muy poco practicada entre nosotros. Todos, en algún momento, la reclamamos de las personas que nos fueron ingratas. Sin embargo, muchas veces, sin siquiera darnos cuenta, también nosotros somos ingratos con los demás. Mientras necesitamos, gritamos, pedimos, imploramos…; pero, cuando conseguimos, fácilmente nos olvidamos de volver para agradecer. Parece que tenemos miedo de ser agradecidos, pues esto nos expone a que el otro nos pueda también pedir algo. La gratitud implica ponerse a disposición de quien nos ayudó. Aunque esto nos dé miedo, debemos hacerlo siempre, pues esto nos salva. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Martes de la 32ª semana del tiempo durante el año

452 - “Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”. Lc 17, 10

En el mundo, a causa de nuestras opciones, tenemos obligaciones que cumplir: los padres para con sus hijos, los empleados para con su empresa, los funcionarios públicos para con la gente, los ciudadanos para con el Estado, los fieles para con su Iglesia. Hacer lo que me corresponde y hacerlo bien es mi deber, también desde la fe. No estoy haciendo un favor a nadie sino cumpliendo mi obligación. Es triste ver cómo existen personas que no hacen nada más de lo que le corresponde, pero quieren adicionales aplausos y homenajes. Hasta Dios nos exige al menos cumplir bien nuestra obligación. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Martes de la 33ª semana del tiempo durante el año

461 - “Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa”. Lc 19, 5

Qué interesante la historia de Zaqueo. Jesús sabe que en el corazón de este gran pecador existe una insatisfacción y, sin preconceptos, va a su casa, entra en su intimidad, hace sentir el amor de Dios y genera en él una gran conversión. Zaqueo se dispone a dar la mitad de sus bienes a los pobres y a devolver cuatro veces más de lo que robó. Esto nos dice una vez más que tenemos que ir al encuentro de los pecadores, pues la experiencia de amor y de acogida es lo que puede darnos la fuerza para cambiar el rumbo de nuestra existencia. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la 33ª semana del tiempo durante el año

460 - «Jesús le preguntó: “Qué quieres que haga por ti?”. Y el ciego respondió: “Señor, que yo vea de nuevo”». Lc, 18, 41

La visión es uno de los sentidos más importantes. Existen muchos ciegos corporales, pero una persona puede ser también ciega espiritualmente. Ejemplo de esto tenemos cuando la persona jamás reconoce el bien que los demás hacen, cuando cree que ella es la única en el mundo que tiene derechos, cuando la rabia y el rencor impiden ver al otro como realmente es o cuando por los celos y envidia solo ve los defectos. Sin embargo, Jesús puede sanarnos de todas nuestras cegueras si verdaderamente lo queremos, pues “el peor ciego es aquel que no quiere ver”. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario (B)

“Les aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto suceda. Pasarán el cielo y la tierra, pero mis palabras no pasarán” Mc 13, 30-31

Estamos ya en la penúltima semana del año litúrgico. El domingo próximo ya es la fiesta de Cristo Rey, la culminación de más un año eclesial. Después ya empezará el Adviento y será un nuevo tiempo. Por eso la liturgia de este domingo nos habla del fin del mundo y de la nueva venida de Cristo.

Ciertamente el propósito de la Iglesia no es generar el miedo y la desesperación en nadie. Dios no quiere que las personas se conviertan por miedo, pues no quiere que nadie tenga con él una relación infantil, que hace las cosas solo para no ser castigado, o que participa de los ritos solo para que no tengan de que acusarles, o que viva en una religión de preceptos externos, pero mantiene el corazón lleno de basura.

Existen por ahí unas cartas famosas que hacen anuncios horribles, que ponen en la boca de la Virgen palabras tenebrosas, y que dan recetas supersticiosas de cómo evitar la desgracia de los últimos días. Estas cartas jamás partieron de la Iglesia, y no debemos creerlas ni reenviarlas.

Es cosa de gente ingenua o de personas que no tienen fe, pues éste no es el método de Dios. Para conquistarnos, Dios envió a su Hijo amado, que dio la vida por nosotros, y nos enseñó que Dios es Amor. Él quiere que cada uno de nosotros busque con todas nuestras fuerzas evitar el pecado en nuestra vida personal, familiar y social, no por miedo, pero si por haber encontrado el sentido de la vida, y de una vida que desea ser plena.

El evangelio de este domingo empieza con unas palabras asustadoras: “después de esa angustia, el sol no alumbrará, la luna perderá su brillo, las estrellas caerán del cielo y el universo entero se conmoverá.” Estas son palabras apocalípticas y esto significa decir: son palabras que tienen un doble sentido y no deben ser interpretadas al pié de la letra.

Les doy un ejemplo: el evangelio de hoy afirma: “les aseguro que no pasará esta generación sin que esto suceda.” Si pensamos en el sentido literal de estas palabras, entonces diremos que este evangelio se equivocó pues aquella generación a quien Jesús habló ya se fue hace casi dos mil años y no vieron pasar estas cosas en modo literal.

Nuestra sociedad vive una verdadera fobia pensando en el fin de mundo. Gastamos tantas energías con esto, y nos olvidamos de pensar en nuestro propio fin. Yo mismo ya conocí, muchas personas que tenían mucho miedo, y cada vez que escuchaban ciertas noticias, ya empezaban a llorar y hasta perdían el sueño, y ahora ya no están entre nosotros. Y el mundo sigue….

¿Qué Jesús quiere decir con estas palabras: esta generación no pasará...? Creo que El me quiere decir: Mario, tu vida no pasará sin que experimentes en algún momento que tu sol no iluminará, la luna no tendrá brillo… probarás la angustia… ¡Esté atento! ¡No te derrumbes! Aun en la dificultad más grande mira hacia arriba, pues verás “al Hijo del Hombre viniendo en medio de las nubes, con mucho poder y gloria.”

¿Quién de nosotros ya no probó en la vida momentos de dolor, de angustia, de desesperación? ¿Quién de nosotros piensa que estás cosas no me sucederán más? Un problema, una calumnia, una enfermedad, un desempleo, una traición son cosas a las cuales todos estamos sujetos. Pero Jesús nos invita a prepararnos para saber dar una respuesta de fe, delante de estos problemas. Nos invita a mirar hacia arriba, cuando nuestro mundo parece hundirse, y acoger su venida.

Así, la palabra de Jesús no viene para meter miedo, más bien, para comunicar esperanza.

No nos olvidemos que: “pasarán el cielo y la tierra, pero mis palabras no pasarán.” Y ¿qué palabras son estas? Pienso que todas las que Jesús nos dejó. Como por ejemplo “yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.” O “Coraje, yo vencí al mundo” o “no perderé ninguno de los que el Padre me dio” o “yo también no te condeno, va y no peques más…” o “yo soy el buen pastor”.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Sábado de la 32ª semana del tiempo durante el año

456 - “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?”. Lc 18, 8

La fe es un don de Dios que se despierta y crece con el anuncio de la salvación y nuestras prácticas diarias. Todos la recibimos en germen en el bautismo, pero ella debe ser desarrollada en la medida en que vivimos nuestra vida eclesial, en la oración, cuando practicamos los sacramentos y la caridad. También puede menguar y desaparecer cuando abandonamos completamente las cosas de Dios y vivimos una vida solo mundana y de placeres. Por eso debemos tomar conciencia y cuidar el don que recibimos, pues, de lo contrario, el Señor nos encontrará como personas sin fe. Paz y bien.