Gotas de paz

Nuestra Señora de Guadalupe: 12 de diciembre

525 - “En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá”. Lc 1, 39

En el día de la Virgen de Guadalupe, nos damos cuenta de que nuestra Madre celestial siempre está apresurada yendo a los que la necesitan. Ella continúa aun hoy visitándonos para ayudarnos en nuestras necesidades. Desde que Jesús, al pie de la cruz, pidió que ella cuidase al discípulo amado, ella no nos deja nunca abandonados. También hoy la Virgen nos dice: “No te preocupes. ¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”. Es por eso que con tanta confianza todos los días rezamos para que interceda por nosotros “ahora”, en las tantas situaciones difíciles que pasamos, pues tenemos la certeza de que ella no nos deja desamparados. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la segunda semana de Adviento

014 – “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados y yo los aliviaré”. Mt 11, 28

Qué consolador escuchar estas palabras. El Señor llama a todos los que están mal; no pone condiciones. No le importa por qué estás mal: si es por tu pecado, porque te hicieron daño o porque tienes fracasos, no importa; él solo dice: “Estás mal, ven y te consolaré”. Después, ciertamente, nos hará una propuesta de vida; pero delante del dolor, solo se dispone a ser alivio. Primero viene el amor, la sanación de la herida, el alivio al sufrimiento; solo después, las enseñanzas, las normas, las exigencias. Enséñanos, Señor, a hacer lo mismo, a ayudar sin imponer criterios.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Martes de la segunda semana de Adviento

013 – “El Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños”. Mt 18, 14

Yo no necesito convencer a Dios para que me salve. Esta es su voluntad. La Palabra de Dios nos dice que Él es como el pastor que no quiere perder ni una sola de sus ovejas, sino que busca a cada una que se descarría. Dios hace de todo para que estemos en su presencia: nos visita de mil modos, nos acompaña, nos bendice, aun cuando ni no nos damos cuenta. Seguro hoy el Señor te está buscando, con la esperanza de poder llevarte de nuevo a la felicidad y la paz. Déjate encontrar por Él.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Lunes de la segunda semana de Adviento

012 - “¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios?”. Lc 5, 21

Muchos no querían aceptar que Jesús se atribuyera el poder de perdonar a las personas. Para ellos, esto era una blasfemia, porque no creían que Jesús era Dios. Algunos lo veían solo como un hombre bueno, con algunos poderes, pero no divino. Toda la vida de Jesús, sus palabras y obras buscan demostrar que él es el Hijo de Dios vivo y por eso puede no solo sanar el cuerpo sino también perdonar los pecados y así devolver la paz a las personas. Aun hoy muchos no conocen lo grande que es Jesús, nuestro Dios, y por eso no experimentan toda su gracia.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Tiempo de Adviento

“Muestren, pues, los frutos dignos de conversión, en vez de confiarse en que son los hijos de Abraham.” (MT 3,8)

El tiempo del Adviento es marcadamente un tiempo de preparación para recibir al Señor que viene. Existen tres venidas de Cristo. La primera fue como un niñito en la Gruta de Belén, es el misterio de la encarnación, la última será al final de los tiempos, como el Señor de la historia, pero existe también su venida de cada día, en los hermanos necesitados, en la comunidad cristiana, en su Palabra, en los sacramentos. En este sentido el mensaje de Juan Bautista, que sirvió para preparar a las personas a acoger la presencia de Jesús, nos sirve también para colocarnos en el mismo clima de apertura y conversión, necesarios para poder reconocer a Jesús, que viene cada día y que vendrá en el último día.

Juan insiste sobre el tema de la conversión, y nosotros algunas veces ya meditamos sobre este argumento, pero como nuestra vida es dinámica y a cada día se nos presentan nuevas situaciones, haciéndonos descubrir nuevas tentaciones, este es un tema siempre actual y exigente.

Convertirse es cambiar profundamente. Es tomar otra dirección. Es ver con otros ojos. Es juzgar con otros criterios. Es aprender a amar con todo el corazón… Pero, en general esto sucede en un proceso lento y fatigoso, pues es casi imposible hacerlo de golpe. Perseverar en el camino de la conversión exige tener un espíritu decidido, un firme deseo y una atención constante a los detalles.

Indudablemente la conversión no puede ser un juego de palabras, y mucho menos solamente una buena intención. Ella parte de lo profundo de nuestras vidas, pero llega hasta las realidades más concretas y cotidianas. Por eso, nos dice Juan Bautista: “Muestren frutos dignos de conversión.”

Es interesante que él no solamente nos dice que debemos producir frutos, además que estos frutos deben ser dignos. Sin dudas, estos frutos no pueden ser la maldad, el egoísmo, el rencor, la injusticia… pero no basta eliminar el mal de nuestras vidas, es necesario producir frutos dignos.

Son muchos los que piensan que ser cristianos es simplemente no hacer el mal. Es muy común escuchar a algunas personas que dicen: “Yo no mato, no robo, no cometo adulterio…” creyendo que ya es suficiente para ser cristiano. Claro que evitar estas cosas es bueno, pero hasta una persona con el uso tan sólo de la razón, puede descubrir esto, sin necesitar de la fe. Cuando uno se encuentra verdaderamente con Jesús, descubre que ser cristiano es mucho más que esto. Descubre que, no basta evitar el mal, es necesario promover el bien. No basta ser un bautizado, creerse un hijo de Abraham, es necesario vivir en Cristo.

“Muestren frutos dignos de conversión”. ¿Cómo puedo mostrar a los demás que realmente yo soy cristiano? A parte de las cosas que ya hago, ¿qué nueva actitud yo puedo asumir a partir de este Adviento y que revelará mi firme decisión de dar un paso adelante en dirección a Cristo?

Tal vez el propio Juan Bautista nos pueda sugerir un fruto digno de conversión.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.

Hno Mario, capuchin“Muestren, pues, los frutos dignos de conversión, en vez de confiarse en que son los hijos de Abraham.” (MT 3,8)

El tiempo del Adviento es marcadamente un tiempo de preparación para recibir al Señor que viene. Existen tres venidas de Cristo. La primera fue como un niñito en la Gruta de Belén, es el misterio de la encarnación, la última será al final de los tiempos, como el Señor de la historia, pero existe también su venida de cada día, en los hermanos necesitados, en la comunidad cristiana, en su Palabra, en los sacramentos. En este sentido el mensaje de Juan Bautista, que sirvió para preparar a las personas a acoger la presencia de Jesús, nos sirve también para colocarnos en el mismo clima de apertura y conversión, necesarios para poder reconocer a Jesús, que viene cada día y que vendrá en el último día.

Juan insiste sobre el tema de la conversión, y nosotros algunas veces ya meditamos sobre este argumento, pero como nuestra vida es dinámica y a cada día se nos presentan nuevas situaciones, haciéndonos descubrir nuevas tentaciones, este es un tema siempre actual y exigente.

Convertirse es cambiar profundamente. Es tomar otra dirección. Es ver con otros ojos. Es juzgar con otros criterios. Es aprender a amar con todo el corazón… Pero, en general esto sucede en un proceso lento y fatigoso, pues es casi imposible hacerlo de golpe. Perseverar en el camino de la conversión exige tener un espíritu decidido, un firme deseo y una atención constante a los detalles.

Indudablemente la conversión no puede ser un juego de palabras, y mucho menos solamente una buena intención. Ella parte de lo profundo de nuestras vidas, pero llega hasta las realidades más concretas y cotidianas. Por eso, nos dice Juan Bautista: “Muestren frutos dignos de conversión.”

Es interesante que él no solamente nos dice que debemos producir frutos, además que estos frutos deben ser dignos. Sin dudas, estos frutos no pueden ser la maldad, el egoísmo, el rencor, la injusticia… pero no basta eliminar el mal de nuestras vidas, es necesario producir frutos dignos.

Son muchos los que piensan que ser cristianos es simplemente no hacer el mal. Es muy común escuchar a algunas personas que dicen: “Yo no mato, no robo, no cometo adulterio…” creyendo que ya es suficiente para ser cristiano. Claro que evitar estas cosas es bueno, pero hasta una persona con el uso tan sólo de la razón, puede descubrir esto, sin necesitar de la fe. Cuando uno se encuentra verdaderamente con Jesús, descubre que ser cristiano es mucho más que esto. Descubre que, no basta evitar el mal, es necesario promover el bien. No basta ser un bautizado, creerse un hijo de Abraham, es necesario vivir en Cristo.

“Muestren frutos dignos de conversión”. ¿Cómo puedo mostrar a los demás que realmente yo soy cristiano? A parte de las cosas que ya hago, ¿qué nueva actitud yo puedo asumir a partir de este Adviento y que revelará mi firme decisión de dar un paso adelante en dirección a Cristo?

Tal vez el propio Juan Bautista nos pueda sugerir un fruto digno de conversión.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.

Hno Mario, capuchinoo

 

Gotas de paz

Sábado de la primera semana de Adviento

009 - “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para su cosecha”. Mt 9, 37

De entre las tantas cosas que el Señor nos recomendó, una de ellas es orar por las vocaciones. Todos los cristianos son responsables de pedir a Dios que envíe más trabajadores para sus sembrados. Sin embargo, muchas veces nos olvidamos de esto. Somos muy exigentes en querer ser atendidos por sacerdotes en los momentos importantes de nuestra vida, pero descuidamos orar y sostener las vocaciones. El mundo podría ser diferente si tuviéramos más consagrados al servicio de Dios. Esta también es tu obligación.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Viernes de la primera semana de Adviento

008 - «Cuando Jesús se fue, lo siguieron dos ciegos, gritando: “Ten piedad de nosotros, Hijo de David”». Mt 9, 27

Una de las promesas mesiánicas era que, cuando venga El Ungido de Dios, el descendiente de David, haría ver a los ciegos. Pero para esto las personas tenían que creer en Él. Muchos no creyeron que Jesús de Nazaret era el Mesías esperado. Y, porque no creyeron, no pudieron sentir su gracia. Sin embargo, estos dos ciegos profesaron a gritos su fe y fueron sanados. También nosotros, si creemos que Jesús es el Hijo de Dios y lo profesamos con convicción, podremos sentir en nuestra vida las maravillas de su amor y de su poder.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Jueves de la primera semana de Adviento

007 - “El que escucha mis palabras y las pone en práctica se parece a aquel hombre que construyó su casa sobre la roca”. Mt 7, 24

En un mundo de tantas alternativas y donde encontramos tantas personas destruidas por las malas opciones que toman, el Señor nos recuerda que quien quiere resistir a todas las pruebas que la vida puede presentar tiene que estar anclado en él. Solo quien practica la Palabra de Cristo y hace de ella el cimiento de su vida podrá sobrellevar y vencer los muchos golpes que nos sobrevienen a diario. Las cosas del mundo pueden darnos un gran brillo momentáneo, pero no se sostendrán en las pruebas.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Miércoles de la primera semana de Adviento

006 - “La multitud se admiraba al ver que los mudos hablaban, los inválidos quedaban curados, los paralíticos caminaban y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel”. Mt 15, 31

En tiempos de Jesús, el pueblo esperaba la venida del Mesías, que realizaría todas las señales milagrosas que él estaba realizando. Muchos de los sencillos lo aceptaron como el mesías prometido, al paso que los que se juzgaban más sabios no, pues no querían perder sus privilegios. Es interesante notar que alababan no a Jesús sino al Dios de Israel, del cual sabían que Jesús era el enviado. Y tú, ¿ya aceptaste a Jesús como el Salvador? Si es así, también tu vida podrá ser transformada.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Miércoles de la segunda semana de Adviento

014 – “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados y yo los aliviaré”. Mt 11, 28

Qué consolador escuchar estas palabras. El Señor llama a todos los que están mal; no pone condiciones. No le importa por qué estás mal: si es por tu pecado, porque te hicieron daño o porque tienes fracasos, no importa; él solo dice: “Estás mal, ven y te consolaré”. Después, ciertamente, nos hará una propuesta de vida; pero delante del dolor, solo se dispone a ser alivio. Primero viene el amor, la sanación de la herida, el alivio al sufrimiento; solo después, las enseñanzas, las normas, las exigencias. Enséñanos, Señor, a hacer lo mismo, a ayudar sin imponer criterios.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Martes de la segunda semana de Adviento

013 – “El Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños”. Mt 18, 14

Yo no necesito convencer a Dios para que me salve. Esta es su voluntad. La Palabra de Dios nos dice que Él es como el pastor que no quiere perder ni una sola de sus ovejas, sino que busca a cada una que se descarría. Dios hace de todo para que estemos en su presencia: nos visita de mil modos, nos acompaña, nos bendice, aun cuando ni no nos damos cuenta. Seguro hoy el Señor te está buscando, con la esperanza de poder llevarte de nuevo a la felicidad y la paz. Déjate encontrar por Él.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Lunes de la segunda semana de Adviento

012 - “¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios?”. Lc 5, 21

Muchos no querían aceptar que Jesús se atribuyera el poder de perdonar a las personas. Para ellos, esto era una blasfemia, porque no creían que Jesús era Dios. Algunos lo veían solo como un hombre bueno, con algunos poderes, pero no divino. Toda la vida de Jesús, sus palabras y obras buscan demostrar que él es el Hijo de Dios vivo y por eso puede no solo sanar el cuerpo sino también perdonar los pecados y así devolver la paz a las personas. Aun hoy muchos no conocen lo grande que es Jesús, nuestro Dios, y por eso no experimentan toda su gracia.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Tiempo de Adviento

“Muestren, pues, los frutos dignos de conversión, en vez de confiarse en que son los hijos de Abraham.” (MT 3,8)

El tiempo del Adviento es marcadamente un tiempo de preparación para recibir al Señor que viene. Existen tres venidas de Cristo. La primera fue como un niñito en la Gruta de Belén, es el misterio de la encarnación, la última será al final de los tiempos, como el Señor de la historia, pero existe también su venida de cada día, en los hermanos necesitados, en la comunidad cristiana, en su Palabra, en los sacramentos. En este sentido el mensaje de Juan Bautista, que sirvió para preparar a las personas a acoger la presencia de Jesús, nos sirve también para colocarnos en el mismo clima de apertura y conversión, necesarios para poder reconocer a Jesús, que viene cada día y que vendrá en el último día.

Juan insiste sobre el tema de la conversión, y nosotros algunas veces ya meditamos sobre este argumento, pero como nuestra vida es dinámica y a cada día se nos presentan nuevas situaciones, haciéndonos descubrir nuevas tentaciones, este es un tema siempre actual y exigente.

Convertirse es cambiar profundamente. Es tomar otra dirección. Es ver con otros ojos. Es juzgar con otros criterios. Es aprender a amar con todo el corazón… Pero, en general esto sucede en un proceso lento y fatigoso, pues es casi imposible hacerlo de golpe. Perseverar en el camino de la conversión exige tener un espíritu decidido, un firme deseo y una atención constante a los detalles.

Indudablemente la conversión no puede ser un juego de palabras, y mucho menos solamente una buena intención. Ella parte de lo profundo de nuestras vidas, pero llega hasta las realidades más concretas y cotidianas. Por eso, nos dice Juan Bautista: “Muestren frutos dignos de conversión.”

Es interesante que él no solamente nos dice que debemos producir frutos, además que estos frutos deben ser dignos. Sin dudas, estos frutos no pueden ser la maldad, el egoísmo, el rencor, la injusticia… pero no basta eliminar el mal de nuestras vidas, es necesario producir frutos dignos.

Son muchos los que piensan que ser cristianos es simplemente no hacer el mal. Es muy común escuchar a algunas personas que dicen: “Yo no mato, no robo, no cometo adulterio…” creyendo que ya es suficiente para ser cristiano. Claro que evitar estas cosas es bueno, pero hasta una persona con el uso tan sólo de la razón, puede descubrir esto, sin necesitar de la fe. Cuando uno se encuentra verdaderamente con Jesús, descubre que ser cristiano es mucho más que esto. Descubre que, no basta evitar el mal, es necesario promover el bien. No basta ser un bautizado, creerse un hijo de Abraham, es necesario vivir en Cristo.

“Muestren frutos dignos de conversión”. ¿Cómo puedo mostrar a los demás que realmente yo soy cristiano? A parte de las cosas que ya hago, ¿qué nueva actitud yo puedo asumir a partir de este Adviento y que revelará mi firme decisión de dar un paso adelante en dirección a Cristo?

Tal vez el propio Juan Bautista nos pueda sugerir un fruto digno de conversión.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.

Hno Mario, capuchin“Muestren, pues, los frutos dignos de conversión, en vez de confiarse en que son los hijos de Abraham.” (MT 3,8)

El tiempo del Adviento es marcadamente un tiempo de preparación para recibir al Señor que viene. Existen tres venidas de Cristo. La primera fue como un niñito en la Gruta de Belén, es el misterio de la encarnación, la última será al final de los tiempos, como el Señor de la historia, pero existe también su venida de cada día, en los hermanos necesitados, en la comunidad cristiana, en su Palabra, en los sacramentos. En este sentido el mensaje de Juan Bautista, que sirvió para preparar a las personas a acoger la presencia de Jesús, nos sirve también para colocarnos en el mismo clima de apertura y conversión, necesarios para poder reconocer a Jesús, que viene cada día y que vendrá en el último día.

Juan insiste sobre el tema de la conversión, y nosotros algunas veces ya meditamos sobre este argumento, pero como nuestra vida es dinámica y a cada día se nos presentan nuevas situaciones, haciéndonos descubrir nuevas tentaciones, este es un tema siempre actual y exigente.

Convertirse es cambiar profundamente. Es tomar otra dirección. Es ver con otros ojos. Es juzgar con otros criterios. Es aprender a amar con todo el corazón… Pero, en general esto sucede en un proceso lento y fatigoso, pues es casi imposible hacerlo de golpe. Perseverar en el camino de la conversión exige tener un espíritu decidido, un firme deseo y una atención constante a los detalles.

Indudablemente la conversión no puede ser un juego de palabras, y mucho menos solamente una buena intención. Ella parte de lo profundo de nuestras vidas, pero llega hasta las realidades más concretas y cotidianas. Por eso, nos dice Juan Bautista: “Muestren frutos dignos de conversión.”

Es interesante que él no solamente nos dice que debemos producir frutos, además que estos frutos deben ser dignos. Sin dudas, estos frutos no pueden ser la maldad, el egoísmo, el rencor, la injusticia… pero no basta eliminar el mal de nuestras vidas, es necesario producir frutos dignos.

Son muchos los que piensan que ser cristianos es simplemente no hacer el mal. Es muy común escuchar a algunas personas que dicen: “Yo no mato, no robo, no cometo adulterio…” creyendo que ya es suficiente para ser cristiano. Claro que evitar estas cosas es bueno, pero hasta una persona con el uso tan sólo de la razón, puede descubrir esto, sin necesitar de la fe. Cuando uno se encuentra verdaderamente con Jesús, descubre que ser cristiano es mucho más que esto. Descubre que, no basta evitar el mal, es necesario promover el bien. No basta ser un bautizado, creerse un hijo de Abraham, es necesario vivir en Cristo.

“Muestren frutos dignos de conversión”. ¿Cómo puedo mostrar a los demás que realmente yo soy cristiano? A parte de las cosas que ya hago, ¿qué nueva actitud yo puedo asumir a partir de este Adviento y que revelará mi firme decisión de dar un paso adelante en dirección a Cristo?

Tal vez el propio Juan Bautista nos pueda sugerir un fruto digno de conversión.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.

Hno Mario, capuchinoo