Gotas de paz

Martes de la 25ª semana del tiempo durante el año

389 - “La madre de Jesús y sus hermanos fueron a verlo”. Lc 8, 19

Muchas veces hemos ya interpretado este evangelio desde el punto de vista de la importancia de vivir las enseñanzas de Jesús sin estar queriendo ventajas por parentesco o amistades. Sin embargo, queremos hoy, a partir de este evangelio, pensar en nuestra responsabilidad como familia de cuidar, visitar e interesarnos por nuestros parientes. Muchos están olvidándose de “ir a ver”, esto es, de ir al encuentro de sus parientes. La visita a los padres, a los hermanos, a otros cercanos es también obligación para nosotros. Los lazos familiares deben ser conservados. Nadie debe estar tranquilo si sabe que algún pariente lo necesita. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la 25ª semana del tiempo durante el año

388 - “Nadie enciende una lámpara y la cubre…”. Lc 8, 16

La lámpara, cuando es encendida, tiene la función de alumbrar en la oscuridad para que las personas puedan ver las cosas. Su función no está centrada en ella misma, su misión no es mostrarse. Aunque debe estar en un lugar destacado, no debe llamar la atención sobre sí misma, sino hacer posible que se trabaje o se lea o se camine sin tropezar. Así deberíamos ser también nosotros en la Iglesia de Cristo: nunca deberíamos perder de vista cuál es nuestro servicio. No podemos estar escondidos si somos luz, pero no debemos tampoco llamar la atención sobre nosotros mismos, sino iluminar para el bien de los demás. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XXV Domingo del Tiempo Ordinario (B)

“Si alguno quiere ser el primero, que se haga el ultimo de todos y el servidor de todos” Mc 9, 35

En el domingo pasado, al meditar las palabras de Jesús: “¡Tú no piensas como Dios, sino como los hombres!”, hemos dicho que la lógica de Dios es muy diferente de la lógica del mundo, y podemos hasta decir que muchas veces es exactamente opuesta, como en la frase que elegimos para meditar en este domingo.

Parece ser que naturalmente todos nosotros tenemos una tendencia o un deseo de estar en el primer puesto. Es nuestro egoísmo que de muchos modos se nos manifiesta desde niñitos: queremos ser el centro de las atenciones, queremos ser los primeros en ser atendidos, tenemos celos de los demás…

Y como si no bastase esta tendencia natural, vivimos en una cultura que lo promueve y lo refuerza. Desde muy pequeños nos enseñan a competir: quien canta más fuerte; quien corre más veloz; quien es más inteligente; quien es más bonito… y así por adelante. Y entonces la otra persona que está a mi lado acaba siendo siempre un rival, alguien que me amenaza, alguien a quien yo debo vencer, alguien a quien debo estar por encima para que él no me humille… y así se pierde la conciencia de que el otro es mi hermano, es mi compañero, es alguien a quien puedo amar, con quien puedo crecer y a quien puedo promover.

Todos nosotros cargamos en nosotros estas marcas de egoísmo y de competición. A veces hasta intentamos disfrazar, y actuamos disimuladamente. De verdad es muy difícil conseguir superar este modo de ser. Por muchos años y de muchos modos somos formados en los moldes de este mundo y nos resulta muy difícil cambiarlo.

Me molesta un poco cuando escucho una persona que sin pensar mucho, sin examinar a fondo su conciencia, empieza luego a decir: “¡NO, yo no soy así! ¡Yo me desvivo por los demás! ¡Yo solo hago el bien! ¡Yo siempre estoy pensando a los otros y me olvido de mí!” Pero cuando vamos a mirar de cerca su vida, cuando encontramos las personas que conviven con ella… entonces descubrimos que no pasa de un egoísta disimulado. Me parece inútil no reconocer nuestros defectos, cuando todos los demás los conocen, y más, de hecho, sufren a causa de ellos.

Nosotros somos hijos de esta sociedad, de esta cultura. Somos hijos del egoísmo y de la competición. Y llevamos esto muy arraigado dentro de nosotros. Negar que no seamos así, no nos hace cambiar, solo nos hace disimular.

El único camino es la conversión autentica y radical. Es dejarse penetrar por las enseñanzas de Cristo. Es descubrir la lógica de Dios y dejarse reformatear por ella. Es descubrir que la gloria de este mundo es efímera y no sirve para nada, pues se termina como fuego en la paja. Es hacer experiencia concreta de lo que significa pensar diferente de este mundo, como nos decía Jesús: si alguien te da una bofetada, ofrece la otra mejilla; si alguien te quiere robar la túnica, dale también el manto; si alguien te exige de caminar un kilómetro, camine dos; si alguien te hace el mal, págale con el bien; si alguien quiere quitarte la vida, ofrécela tú mismo.

Ciertamente este es un proceso lento y a veces fatigoso. Nos exige una gran perseverancia. Debemos estar muy atentos en renunciar voluntariamente la búsqueda del primer puesto, aunque nos cueste mucho y nos sea muy difícil, para colocarnos en el último lugar. Debemos estar disponibles a ayudar a todos, hasta mismo a aquellos que creen que nos están venciendo, que se creen mejores que nosotros y que con prepotencia y arrogancia no consiguen entender que no estamos competiendo, sino que solamente sirviendo.

Al final, el reconocer quien es el primer o quién es el último es una cuestión que depende de la lógica de quien lo observa. Lo que para el mundo es el primer puesto, para Dios no sirve para nada, no tiene ningún valor, es el más despreciable. Sin embargo, lo que para el mundo es despreciable, es una tontería, como el servir y amar a los demás, colocándose por detrás de todos, Dios lo estima como el más importante, como el que supera a todos.

Réstanos decidir con cual lógica queremos impostar nuestra vida. Sabiendo que si queremos seguir la lógica del mundo basta continuar viviendo como fuimos preparados, dando riendas sueltas a nuestro egoísmo. Pero si queremos vivir según la lógica de Dios, será necesario cambiar todo nuestro esquema mental y extirpar hasta la raíz este modelo de competición que llevamos tan enraizado.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, Capuchino.

 

Gotas de paz

Sábado de la 24ª semana del tiempo durante el año

384 - “A ustedes se les concede conocer los secretos del reino de Dios”. Lc 8, 10

El reino de Dios tiene sus secretos, que ciertamente no son comprendidos por todos. Para adentrarnos en ellos, debemos acercarnos a Jesús, quien nos reveló y continúa revelándonos el interior del corazón de Dios, su amor y su misericordia. Ciertamente, los que no pueden conocer los secretos del Reino, no es porque fueron rechazados por Dios, sino porque están distantes a causa de sus propios proyectos personales o porque están distraídos con cosas del mundo. Aprovechemos la oportunidad que Dios nos da; oportunidad de conocer su reino. Seamos tierra fértil, acojamos la semilla de la Palabra de Dios y produzcamos muchos frutos. Paz y bien.

 

Gotas de paz

San Mateo apóstol

511 - «Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos y le dijo: “Sígueme”». Mt 9, 9

San Mateo es un icono de lo que la gracia y la misericordia de Dios puede hacer en una persona. Él era un gran pecador. Estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, o sea, estaba acomodado en su vida de pecado, pero igual Jesús lo llamó y él respondió, tornándose apóstol de Cristo y, además, evangelista. Su predicación en aquellos tiempos hizo nacer comunidades; también las páginas del evangelio por él escritas vienen transformando la vida de muchas personas a lo largo de los siglos. Tal vez también nosotros estemos acomodados en nuestro pecado, y hoy Jesús nos llama. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la 24ª semana del tiempo durante el año

382 - “Sus numerosos pecados le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor”. Lc 7, 47

Jesús permitió que una prostituta le lavase los pies con sus lágrimas, los secase con sus cabellos y los ungiese con perfume rico. Los puritanos de turno se quedaron escandalizados, pero Jesús les dio una bella lección: también los pecadores son amados por Dios, que no quiere perder a ninguno de sus hijos. Aunque esta mujer tenía muchos pecados, ella supo buscar a Dios y demostrarle su amor y su fe. Y el Señor no la despreció ni la recriminó, sino que recibió su ofrenda y le dio la salvación. Hermano, hermana: aun en nuestros límites, que nunca nos falte el amor. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la 24ª semana del tiempo durante el año

381 - “Hemos tocado la flauta y no bailaron, hemos entonado cantos fúnebres y no lloraron”. Lc 7, 32

Qué triste es nuestra vida cuando somos indiferentes a la acción de Dios en ella. El Señor nos cubre con su ternura, nos regala sus dones, nos brinda tantas posibilidades…, pero, muchas veces, encandilados por las cosas del mundo, no nos damos cuenta de su presencia. Vivimos como si Él no existiera. No tenemos tiempo para Él, no Le agradecemos, no aprovechamos las oportunidades que nos da. ¡Despertémonos! Dios nos ama y está siempre a nuestro lado, amándonos y sirviéndonos. No puede ser que pasemos toda nuestra existencia sin darnos cuenta de eso, sin disfrutar de Él. Paz y bien.

 

Gotas de paz

“Dios ha visitado a su pueblo”

. Lc 7, 16b

Ante las señales que realizaba Jesús, como las sanaciones y hasta la resurrección de muertos, las personas simples que se encontraban con él, se sentían visitadas por Dios. Experimentaban en él la misericordia y el amor del Padre eterno. Ciertamente, necesitan dar un paso más en la fe y descubrir que aquel no era solo un profeta, sino el propio Hijo de Dios encarnado, pero estaban en la estrada justa, pues sentían la presencia de Dios. Lo mismo quiere hacer en nuestra vida Jesús. Abramos nuestro corazón pues él es el Emmanuel, el Dios que continúa visitándonos y a realizando misericordia en nuestra historia. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la 24ª semana del tiempo durante el año

379 - “No soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra…”. Lc 7, 6-7

Cuántas veces estamos así: necesitamos de Dios, de su ayuda, de su favor, pero nos sentimos indignos de pedirle y también de que Él venga hasta nosotros. Como el centurión, pedimos que otros intercedan en nuestro favor y nos quedamos temerosos de que el Señor entre en nuestra vida quizás marcada por tantas debilidades y pecados. Pero, más allá de la realidad concreta de este hombre, Jesús valora su fe y, sin forzarle a nada, realiza el milagro que necesitaba. Aunque no seamos dignos de recibir el Señor en nuestra casa, no perdamos la esperanza, pues igual él puede salvarnos. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la 25ª semana del tiempo durante el año

388 - “Nadie enciende una lámpara y la cubre…”. Lc 8, 16

La lámpara, cuando es encendida, tiene la función de alumbrar en la oscuridad para que las personas puedan ver las cosas. Su función no está centrada en ella misma, su misión no es mostrarse. Aunque debe estar en un lugar destacado, no debe llamar la atención sobre sí misma, sino hacer posible que se trabaje o se lea o se camine sin tropezar. Así deberíamos ser también nosotros en la Iglesia de Cristo: nunca deberíamos perder de vista cuál es nuestro servicio. No podemos estar escondidos si somos luz, pero no debemos tampoco llamar la atención sobre nosotros mismos, sino iluminar para el bien de los demás. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XXV Domingo del Tiempo Ordinario (B)

“Si alguno quiere ser el primero, que se haga el ultimo de todos y el servidor de todos” Mc 9, 35

En el domingo pasado, al meditar las palabras de Jesús: “¡Tú no piensas como Dios, sino como los hombres!”, hemos dicho que la lógica de Dios es muy diferente de la lógica del mundo, y podemos hasta decir que muchas veces es exactamente opuesta, como en la frase que elegimos para meditar en este domingo.

Parece ser que naturalmente todos nosotros tenemos una tendencia o un deseo de estar en el primer puesto. Es nuestro egoísmo que de muchos modos se nos manifiesta desde niñitos: queremos ser el centro de las atenciones, queremos ser los primeros en ser atendidos, tenemos celos de los demás…

Y como si no bastase esta tendencia natural, vivimos en una cultura que lo promueve y lo refuerza. Desde muy pequeños nos enseñan a competir: quien canta más fuerte; quien corre más veloz; quien es más inteligente; quien es más bonito… y así por adelante. Y entonces la otra persona que está a mi lado acaba siendo siempre un rival, alguien que me amenaza, alguien a quien yo debo vencer, alguien a quien debo estar por encima para que él no me humille… y así se pierde la conciencia de que el otro es mi hermano, es mi compañero, es alguien a quien puedo amar, con quien puedo crecer y a quien puedo promover.

Todos nosotros cargamos en nosotros estas marcas de egoísmo y de competición. A veces hasta intentamos disfrazar, y actuamos disimuladamente. De verdad es muy difícil conseguir superar este modo de ser. Por muchos años y de muchos modos somos formados en los moldes de este mundo y nos resulta muy difícil cambiarlo.

Me molesta un poco cuando escucho una persona que sin pensar mucho, sin examinar a fondo su conciencia, empieza luego a decir: “¡NO, yo no soy así! ¡Yo me desvivo por los demás! ¡Yo solo hago el bien! ¡Yo siempre estoy pensando a los otros y me olvido de mí!” Pero cuando vamos a mirar de cerca su vida, cuando encontramos las personas que conviven con ella… entonces descubrimos que no pasa de un egoísta disimulado. Me parece inútil no reconocer nuestros defectos, cuando todos los demás los conocen, y más, de hecho, sufren a causa de ellos.

Nosotros somos hijos de esta sociedad, de esta cultura. Somos hijos del egoísmo y de la competición. Y llevamos esto muy arraigado dentro de nosotros. Negar que no seamos así, no nos hace cambiar, solo nos hace disimular.

El único camino es la conversión autentica y radical. Es dejarse penetrar por las enseñanzas de Cristo. Es descubrir la lógica de Dios y dejarse reformatear por ella. Es descubrir que la gloria de este mundo es efímera y no sirve para nada, pues se termina como fuego en la paja. Es hacer experiencia concreta de lo que significa pensar diferente de este mundo, como nos decía Jesús: si alguien te da una bofetada, ofrece la otra mejilla; si alguien te quiere robar la túnica, dale también el manto; si alguien te exige de caminar un kilómetro, camine dos; si alguien te hace el mal, págale con el bien; si alguien quiere quitarte la vida, ofrécela tú mismo.

Ciertamente este es un proceso lento y a veces fatigoso. Nos exige una gran perseverancia. Debemos estar muy atentos en renunciar voluntariamente la búsqueda del primer puesto, aunque nos cueste mucho y nos sea muy difícil, para colocarnos en el último lugar. Debemos estar disponibles a ayudar a todos, hasta mismo a aquellos que creen que nos están venciendo, que se creen mejores que nosotros y que con prepotencia y arrogancia no consiguen entender que no estamos competiendo, sino que solamente sirviendo.

Al final, el reconocer quien es el primer o quién es el último es una cuestión que depende de la lógica de quien lo observa. Lo que para el mundo es el primer puesto, para Dios no sirve para nada, no tiene ningún valor, es el más despreciable. Sin embargo, lo que para el mundo es despreciable, es una tontería, como el servir y amar a los demás, colocándose por detrás de todos, Dios lo estima como el más importante, como el que supera a todos.

Réstanos decidir con cual lógica queremos impostar nuestra vida. Sabiendo que si queremos seguir la lógica del mundo basta continuar viviendo como fuimos preparados, dando riendas sueltas a nuestro egoísmo. Pero si queremos vivir según la lógica de Dios, será necesario cambiar todo nuestro esquema mental y extirpar hasta la raíz este modelo de competición que llevamos tan enraizado.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, Capuchino.

 

Gotas de paz

Sábado de la 24ª semana del tiempo durante el año

384 - “A ustedes se les concede conocer los secretos del reino de Dios”. Lc 8, 10

El reino de Dios tiene sus secretos, que ciertamente no son comprendidos por todos. Para adentrarnos en ellos, debemos acercarnos a Jesús, quien nos reveló y continúa revelándonos el interior del corazón de Dios, su amor y su misericordia. Ciertamente, los que no pueden conocer los secretos del Reino, no es porque fueron rechazados por Dios, sino porque están distantes a causa de sus propios proyectos personales o porque están distraídos con cosas del mundo. Aprovechemos la oportunidad que Dios nos da; oportunidad de conocer su reino. Seamos tierra fértil, acojamos la semilla de la Palabra de Dios y produzcamos muchos frutos. Paz y bien.

 

Gotas de paz

San Mateo apóstol

511 - «Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos y le dijo: “Sígueme”». Mt 9, 9

San Mateo es un icono de lo que la gracia y la misericordia de Dios puede hacer en una persona. Él era un gran pecador. Estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, o sea, estaba acomodado en su vida de pecado, pero igual Jesús lo llamó y él respondió, tornándose apóstol de Cristo y, además, evangelista. Su predicación en aquellos tiempos hizo nacer comunidades; también las páginas del evangelio por él escritas vienen transformando la vida de muchas personas a lo largo de los siglos. Tal vez también nosotros estemos acomodados en nuestro pecado, y hoy Jesús nos llama. Paz y bien.