Gotas de paz

¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?

MT. 11, 3.

La pregunta de Juan Bautista a Jesús, me parece muy oportuna para nuestra vivencia del adviento. Aún más que en otros tiempos, ahora ,a causa de los medios de comunicación social que todos los días nos presentan reportajes con musulmanes, budistas, confucionistas, animistas y muchos otros, también en nosotros surgen preguntas y dudas:

¿Será que realmente Jesús es el único salvador del mundo?

¿Será que el cristianismo es la verdadera revelación de Dios?

¿Vale la pena seguir una religión y pautar la vida según los valores religiosos? Y otras…

Creo que es natural tener estas dudas en algún momento de nuestra vida. Todos tenemos el derecho de evaluar nuestra fe y preguntarnos si de verdad ella corresponde a lo que promete. Lo que no podemos es permanecer siempre en la duda: pues ella nos inmoviliza, nos hace perder energías, nos tiene inútiles. También Juan Bautista se preguntó: ¿es Jesús de verdad el Salvador, o aún tenemos que continuar esperando?

Jesús no tiene miedo de esta pregunta, al contrario, cuando es hecha con sinceridad, cuando es hecha por alguien que realmente está buscando el camino cierto, le hace vibrar de alegría, pues le da la posibilidad de encontrar un nuevo y verdadero discípulo.

Si miramos atentamente, la respuesta de Jesús no es caracterizada por argumentos filosóficos o teológicos: su respuesta no es una teoría. Su respuesta no es violenta o amenazadora: no quiere forzar la adhesión de nadie. Él sencillamente invita a mirar su vida: sus acciones y sus palabras. “Vayan y cuéntenle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan sanos, los sordos oyen, los muertos resucitan, y una buena nueva llega a los pobres.” Jesús no responde ni con un sí, ni con un no. Él reenvía a Juan Bautista la decisión. Él está seguro de que si Juan Bautista acoge las señales de su vida, tendrá todas las condiciones necesarias para saber que Él es el salvador prometido por Dios.

Las dos características de la respuesta de Jesús son muy importantes: no es fruto de un trabajo intelectual ni está fundamentada en la violencia. Existen muchas religiones que poseen un rico patrimonio intelectual: son auténticas filosofías de vida, cargadas de mucha sabiduría y con consejos prácticos muy interesantes y válidos. Otras están arraigadas en la fuerza, recurren a la violencia y a la amenaza, constriñen muchas veces a los fieles a ciertas prácticas y rehúsan la libertad personal. Estos dos estilos de religiones, aunque puedan lograr buenos resultados en la organización de una sociedad o puedan generar personas maravillosas que viviendo con convicción los valores propuestos dan un bello testimonio, creo yo, no poseen aquel don de más que solo Dios mismo podría dar y que lo hizo en Jesucristo.

Por eso, a todos aquellos que tienen dudas sobre la persona de Jesús, y quieren saber cuál es su verdad, Él mismo invita a aproximarse a él y a conocerlo mejor. La convicción cristiana solo puede nacer de la experiencia hecha con el Señor. El cristianismo no es una teoría, es la vida de una persona que, siendo el propio Dios humanizado, es el paradigma para todos. El cristianismo no es coerción, no se funda en la violencia, en el miedo o en la amenaza, es adhesión personal, libre y responsable.

El adviento es pues, un tiempo muy oportuno para este encuentro personal, para sanar estas dudas. Dios mismo se mueve, Él es el primer interesado en este encuentro, por eso toma la iniciativa y viene en nuestra dirección. Todavía, respetando siempre nuestra decisión personal, se quedará en la puerta y, con esperanzas esperara a que le abramos.

No podemos quedarnos con las dudas para siempre. Pues como ya dijimos ellas nos paralizan.

Existen muchas personas que eligieron esta cómoda vía: dicen siempre tener dudas y por eso no se comprometen con nada. Tengo pena de ellas, pues la vida pasará sin que ellas se den cuenta, y porque siempre se escudan en la duda, no crecen ni encuentran el camino de la auténtica felicidad.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino

 

Gotas de paz

Sábado de la segunda semana de Adviento

017 - “Elías debe venir a poner orden en todas las cosas; pero les aseguro que Elías ya ha venido y no lo han reconocido”. Mt 17, 11-12

Elías fue llevado al cielo en un carro de fuego y se creía que antes que llegue el Mesías, primero Elías volvería para preparar su venida. En la interpretación cristiana, Juan Bautista fue el Elías esperado: él preparó los caminos del Señor. En efecto, Juan buscó, con su predicación y su bautismo, despertar a las personas para que pudieran reconocer al Salvador presente en medio de ellos. Lastimosamente, muchos no le hicieron caso. También hoy, la voz de Juan continúa gritando: “El Mesías está entre nosotros”.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

“La sabiduría ha quedado justificada por sus obras”

016 - . Mt 11, 19

Hay muchos que se creen sabios y entendidos, pero sus comportamientos, especialmente en momentos adversos, nos revelan que la sabiduría no les llega ni a los pies. Ser sabio no es una cuestión de títulos o certificados, sino que ser capaz de, en la oscuridad de la prueba o en los momentos de mayor dificultad, tomar la mejor decisión, dar seguridad a los que están alrededor y no actuar solo instintivamente, siendo víctima de celos, envidias o rabias. La verdadera sabiduría se revela en el comportamiento maduro y en las actitudes apropiadas según las circunstancias. Esfuérzate por adquirir la verdadera sabiduría.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchinos.

 

Gotas de paz

Nuestra Señora de Guadalupe: 12 de diciembre

525 - “En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá”. Lc 1, 39

En el día de la Virgen de Guadalupe, nos damos cuenta de que nuestra Madre celestial siempre está apresurada yendo a los que la necesitan. Ella continúa aun hoy visitándonos para ayudarnos en nuestras necesidades. Desde que Jesús, al pie de la cruz, pidió que ella cuidase al discípulo amado, ella no nos deja nunca abandonados. También hoy la Virgen nos dice: “No te preocupes. ¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”. Es por eso que con tanta confianza todos los días rezamos para que interceda por nosotros “ahora”, en las tantas situaciones difíciles que pasamos, pues tenemos la certeza de que ella no nos deja desamparados. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la segunda semana de Adviento

014 – “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados y yo los aliviaré”. Mt 11, 28

Qué consolador escuchar estas palabras. El Señor llama a todos los que están mal; no pone condiciones. No le importa por qué estás mal: si es por tu pecado, porque te hicieron daño o porque tienes fracasos, no importa; él solo dice: “Estás mal, ven y te consolaré”. Después, ciertamente, nos hará una propuesta de vida; pero delante del dolor, solo se dispone a ser alivio. Primero viene el amor, la sanación de la herida, el alivio al sufrimiento; solo después, las enseñanzas, las normas, las exigencias. Enséñanos, Señor, a hacer lo mismo, a ayudar sin imponer criterios.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Martes de la segunda semana de Adviento

013 – “El Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños”. Mt 18, 14

Yo no necesito convencer a Dios para que me salve. Esta es su voluntad. La Palabra de Dios nos dice que Él es como el pastor que no quiere perder ni una sola de sus ovejas, sino que busca a cada una que se descarría. Dios hace de todo para que estemos en su presencia: nos visita de mil modos, nos acompaña, nos bendice, aun cuando ni no nos damos cuenta. Seguro hoy el Señor te está buscando, con la esperanza de poder llevarte de nuevo a la felicidad y la paz. Déjate encontrar por Él.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Lunes de la segunda semana de Adviento

012 - “¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios?”. Lc 5, 21

Muchos no querían aceptar que Jesús se atribuyera el poder de perdonar a las personas. Para ellos, esto era una blasfemia, porque no creían que Jesús era Dios. Algunos lo veían solo como un hombre bueno, con algunos poderes, pero no divino. Toda la vida de Jesús, sus palabras y obras buscan demostrar que él es el Hijo de Dios vivo y por eso puede no solo sanar el cuerpo sino también perdonar los pecados y así devolver la paz a las personas. Aun hoy muchos no conocen lo grande que es Jesús, nuestro Dios, y por eso no experimentan toda su gracia.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Tiempo de Adviento

“Muestren, pues, los frutos dignos de conversión, en vez de confiarse en que son los hijos de Abraham.” (MT 3,8)

El tiempo del Adviento es marcadamente un tiempo de preparación para recibir al Señor que viene. Existen tres venidas de Cristo. La primera fue como un niñito en la Gruta de Belén, es el misterio de la encarnación, la última será al final de los tiempos, como el Señor de la historia, pero existe también su venida de cada día, en los hermanos necesitados, en la comunidad cristiana, en su Palabra, en los sacramentos. En este sentido el mensaje de Juan Bautista, que sirvió para preparar a las personas a acoger la presencia de Jesús, nos sirve también para colocarnos en el mismo clima de apertura y conversión, necesarios para poder reconocer a Jesús, que viene cada día y que vendrá en el último día.

Juan insiste sobre el tema de la conversión, y nosotros algunas veces ya meditamos sobre este argumento, pero como nuestra vida es dinámica y a cada día se nos presentan nuevas situaciones, haciéndonos descubrir nuevas tentaciones, este es un tema siempre actual y exigente.

Convertirse es cambiar profundamente. Es tomar otra dirección. Es ver con otros ojos. Es juzgar con otros criterios. Es aprender a amar con todo el corazón… Pero, en general esto sucede en un proceso lento y fatigoso, pues es casi imposible hacerlo de golpe. Perseverar en el camino de la conversión exige tener un espíritu decidido, un firme deseo y una atención constante a los detalles.

Indudablemente la conversión no puede ser un juego de palabras, y mucho menos solamente una buena intención. Ella parte de lo profundo de nuestras vidas, pero llega hasta las realidades más concretas y cotidianas. Por eso, nos dice Juan Bautista: “Muestren frutos dignos de conversión.”

Es interesante que él no solamente nos dice que debemos producir frutos, además que estos frutos deben ser dignos. Sin dudas, estos frutos no pueden ser la maldad, el egoísmo, el rencor, la injusticia… pero no basta eliminar el mal de nuestras vidas, es necesario producir frutos dignos.

Son muchos los que piensan que ser cristianos es simplemente no hacer el mal. Es muy común escuchar a algunas personas que dicen: “Yo no mato, no robo, no cometo adulterio…” creyendo que ya es suficiente para ser cristiano. Claro que evitar estas cosas es bueno, pero hasta una persona con el uso tan sólo de la razón, puede descubrir esto, sin necesitar de la fe. Cuando uno se encuentra verdaderamente con Jesús, descubre que ser cristiano es mucho más que esto. Descubre que, no basta evitar el mal, es necesario promover el bien. No basta ser un bautizado, creerse un hijo de Abraham, es necesario vivir en Cristo.

“Muestren frutos dignos de conversión”. ¿Cómo puedo mostrar a los demás que realmente yo soy cristiano? A parte de las cosas que ya hago, ¿qué nueva actitud yo puedo asumir a partir de este Adviento y que revelará mi firme decisión de dar un paso adelante en dirección a Cristo?

Tal vez el propio Juan Bautista nos pueda sugerir un fruto digno de conversión.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.

Hno Mario, capuchin“Muestren, pues, los frutos dignos de conversión, en vez de confiarse en que son los hijos de Abraham.” (MT 3,8)

El tiempo del Adviento es marcadamente un tiempo de preparación para recibir al Señor que viene. Existen tres venidas de Cristo. La primera fue como un niñito en la Gruta de Belén, es el misterio de la encarnación, la última será al final de los tiempos, como el Señor de la historia, pero existe también su venida de cada día, en los hermanos necesitados, en la comunidad cristiana, en su Palabra, en los sacramentos. En este sentido el mensaje de Juan Bautista, que sirvió para preparar a las personas a acoger la presencia de Jesús, nos sirve también para colocarnos en el mismo clima de apertura y conversión, necesarios para poder reconocer a Jesús, que viene cada día y que vendrá en el último día.

Juan insiste sobre el tema de la conversión, y nosotros algunas veces ya meditamos sobre este argumento, pero como nuestra vida es dinámica y a cada día se nos presentan nuevas situaciones, haciéndonos descubrir nuevas tentaciones, este es un tema siempre actual y exigente.

Convertirse es cambiar profundamente. Es tomar otra dirección. Es ver con otros ojos. Es juzgar con otros criterios. Es aprender a amar con todo el corazón… Pero, en general esto sucede en un proceso lento y fatigoso, pues es casi imposible hacerlo de golpe. Perseverar en el camino de la conversión exige tener un espíritu decidido, un firme deseo y una atención constante a los detalles.

Indudablemente la conversión no puede ser un juego de palabras, y mucho menos solamente una buena intención. Ella parte de lo profundo de nuestras vidas, pero llega hasta las realidades más concretas y cotidianas. Por eso, nos dice Juan Bautista: “Muestren frutos dignos de conversión.”

Es interesante que él no solamente nos dice que debemos producir frutos, además que estos frutos deben ser dignos. Sin dudas, estos frutos no pueden ser la maldad, el egoísmo, el rencor, la injusticia… pero no basta eliminar el mal de nuestras vidas, es necesario producir frutos dignos.

Son muchos los que piensan que ser cristianos es simplemente no hacer el mal. Es muy común escuchar a algunas personas que dicen: “Yo no mato, no robo, no cometo adulterio…” creyendo que ya es suficiente para ser cristiano. Claro que evitar estas cosas es bueno, pero hasta una persona con el uso tan sólo de la razón, puede descubrir esto, sin necesitar de la fe. Cuando uno se encuentra verdaderamente con Jesús, descubre que ser cristiano es mucho más que esto. Descubre que, no basta evitar el mal, es necesario promover el bien. No basta ser un bautizado, creerse un hijo de Abraham, es necesario vivir en Cristo.

“Muestren frutos dignos de conversión”. ¿Cómo puedo mostrar a los demás que realmente yo soy cristiano? A parte de las cosas que ya hago, ¿qué nueva actitud yo puedo asumir a partir de este Adviento y que revelará mi firme decisión de dar un paso adelante en dirección a Cristo?

Tal vez el propio Juan Bautista nos pueda sugerir un fruto digno de conversión.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.

Hno Mario, capuchinoo

 

Gotas de paz

Sábado de la primera semana de Adviento

009 - “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para su cosecha”. Mt 9, 37

De entre las tantas cosas que el Señor nos recomendó, una de ellas es orar por las vocaciones. Todos los cristianos son responsables de pedir a Dios que envíe más trabajadores para sus sembrados. Sin embargo, muchas veces nos olvidamos de esto. Somos muy exigentes en querer ser atendidos por sacerdotes en los momentos importantes de nuestra vida, pero descuidamos orar y sostener las vocaciones. El mundo podría ser diferente si tuviéramos más consagrados al servicio de Dios. Esta también es tu obligación.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Sábado de la segunda semana de Adviento

017 - “Elías debe venir a poner orden en todas las cosas; pero les aseguro que Elías ya ha venido y no lo han reconocido”. Mt 17, 11-12

Elías fue llevado al cielo en un carro de fuego y se creía que antes que llegue el Mesías, primero Elías volvería para preparar su venida. En la interpretación cristiana, Juan Bautista fue el Elías esperado: él preparó los caminos del Señor. En efecto, Juan buscó, con su predicación y su bautismo, despertar a las personas para que pudieran reconocer al Salvador presente en medio de ellos. Lastimosamente, muchos no le hicieron caso. También hoy, la voz de Juan continúa gritando: “El Mesías está entre nosotros”.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

“La sabiduría ha quedado justificada por sus obras”

016 - . Mt 11, 19

Hay muchos que se creen sabios y entendidos, pero sus comportamientos, especialmente en momentos adversos, nos revelan que la sabiduría no les llega ni a los pies. Ser sabio no es una cuestión de títulos o certificados, sino que ser capaz de, en la oscuridad de la prueba o en los momentos de mayor dificultad, tomar la mejor decisión, dar seguridad a los que están alrededor y no actuar solo instintivamente, siendo víctima de celos, envidias o rabias. La verdadera sabiduría se revela en el comportamiento maduro y en las actitudes apropiadas según las circunstancias. Esfuérzate por adquirir la verdadera sabiduría.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchinos.

 

Gotas de paz

Nuestra Señora de Guadalupe: 12 de diciembre

525 - “En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá”. Lc 1, 39

En el día de la Virgen de Guadalupe, nos damos cuenta de que nuestra Madre celestial siempre está apresurada yendo a los que la necesitan. Ella continúa aun hoy visitándonos para ayudarnos en nuestras necesidades. Desde que Jesús, al pie de la cruz, pidió que ella cuidase al discípulo amado, ella no nos deja nunca abandonados. También hoy la Virgen nos dice: “No te preocupes. ¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”. Es por eso que con tanta confianza todos los días rezamos para que interceda por nosotros “ahora”, en las tantas situaciones difíciles que pasamos, pues tenemos la certeza de que ella no nos deja desamparados. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la segunda semana de Adviento

014 – “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados y yo los aliviaré”. Mt 11, 28

Qué consolador escuchar estas palabras. El Señor llama a todos los que están mal; no pone condiciones. No le importa por qué estás mal: si es por tu pecado, porque te hicieron daño o porque tienes fracasos, no importa; él solo dice: “Estás mal, ven y te consolaré”. Después, ciertamente, nos hará una propuesta de vida; pero delante del dolor, solo se dispone a ser alivio. Primero viene el amor, la sanación de la herida, el alivio al sufrimiento; solo después, las enseñanzas, las normas, las exigencias. Enséñanos, Señor, a hacer lo mismo, a ayudar sin imponer criterios.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.