Gotas de paz

Jueves de la segunda semana del tiempo durante el año

184 - “Como Jesús había curado a muchos, todos los que sufrían de alguna dolencia se le echaban encima para tocarlo”. Mc 3, 10

Nuestra fe pasa por el cuerpo. No somos ángeles y necesitamos tocar y ser tocados por lo sagrado. Todos los sacramentos necesitan de realidades materiales que toquen nuestros sentidos y realicen en nosotros la gracia salvadora. No podemos ser demasiado racionalistas y despreciar la materialidad de la fe. Los gestos y ritos (tocar una biblia o una imagen, besar la cruz, peregrinar o participar en una procesión, prender una vela, arrodillarse en la iglesia, recibir la aspersión con agua bendita) pueden ser oportunidades para que Dios toque nuestra vida. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la segunda semana del tiempo durante el año

183 - “Jesús entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre con parálisis en un brazo”. Mc 3, 1

Tener el brazo paralizado significa estar impedido para realizar muchas cosas. Este hombre puede ser símbolo de los que están en la Iglesia, pero tienen la mano paralizada, esto es, no saben servir, no quieren ayudar a los demás y solo esperan recibir. Lastimosamente, hay muchos con este problema. Este no es el ideal de la vida cristiana. Jesús no quiere que nadie esté así en su Iglesia. Cada uno debe verificar sus manos para ver si no es él este hombre de la mano seca. Si esto fuera así, muéstrate a Jesús, pues él quiere sanarte. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Martes de la segunda semana del tiempo durante el año

182 - “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”. Mc 2, 27

Las normas son muy importantes para garantizar nuestra convivencia, para ordenar nuestra vida aprovechando mejor nuestras potencialidades y para respetar a los demás. Sin embargo, es igualmente importante no petrificar tales reglas para que ellas no terminen siendo un peso opresor que hace lo contrario a su propósito, que es favorecer la convivencia. Hay que cuidar siempre que las normas, que son un instrumento importante de ayuda, no se tornen una camisa de fuerza que impida la movilidad. Nunca debemos perder de vista el espíritu de la ley pues es lo que le da vitalidad. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la segunda semana del tiempo durante el año

181 - “Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque revientan los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos”. Mc 2, 22

La fe cristiana es como el vino nuevo: solo un hombre nuevo puede vivirla. No es posible que un hombre viejo, lleno de vicios y acostumbrado al pecado, quiera tener el cristianismo solo como un barniz: esto es hipocresía. Nuestra fe no puede ser un moñito en la basura. Debemos renovarnos completamente en Cristo. Hay que nacer de nuevo para acoger el vino nuevo de la gracia. De lo contrario, nuestras incoherencias reventarán nuestra vida, descompondrán la Iglesia y nos harán perder credibilidad. Podemos ser frágiles, pero no hipócritas. Paz y bien.

 

Gotas de paz

II Domingo del Tiempo Ordinario (A)

“Al día siguiente, Juan vio a Jesús que le venía al encuentro y exclamó: «Ahí viene el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo»”. Jn 1, 29

El domingo pasado con toda la Iglesia celebramos el bautismo. Juan, al principio, no sentía de hacerlo, pero después entendió que su ministerio era importante en la realización del proyecto de Dios. Seguramente este fue uno de los días más bonitos en la vida de Juan. Él vio la manifestación de Dios en Jesucristo con la bajada del Espíritu Santo. Fue un privilegio muy grande, él pudo contemplar la revelación de toda la Trinidad. Juan ya no tenía más dudas y decía: “Yo lo he visto! Por eso puedo decir que éste es el Elegido de Dios.” (Jn 1, 34)

Intento imaginar el sentimiento de Juan cuando “al día siguiente vio que Jesús le venía al encuentro”. Aquel a quien el Padre eterno había dicho “éste es mi Hijo, el Amado, éste es mi Elegido”, ahora venía a encontrarlo. En la vida suceden encuentros que cambian el rumbo de nuestra existencia. Juan sabía que este era uno de estos. Es por eso que exclama: «Ahí viene el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo.»

Dentro de esta palabra “pecado”, Juan entendía todas las cosas negativas que nos perturban y descomponen nuestra vida, pues todo lo que es malo tiene su origen en el pecado. Jesús venia para quitar todas estas cosas. Él era la realización plena de la imagen del cordero expiatorio del Antiguo Testamento.

Muy interesante es que Jesús después de su unción con el Espíritu Santo en el bautismo, se encontró en primer lugar con su precursor. Importante es que ahora Juan entregue a Jesús lo que ya había preparado y él lo hace dando este testimonio para que los que le seguían en el momento sean además seguidores de Jesús. Juan era solo un medio de paso, nadie debería quedarse con él, era Jesús el Mesías, el salvador, el Cordero de Dios.

Con todo, estas palabras: “Jesús le venía al encuentro” tienen un sentido que va más allá de este texto. Ellas indican el movimiento de Dios. En Jesús es Dios que viene al encuentro de todos los hombres que peregrinan en este mundo. Nuestro Dios no es inmóvil como nos decían los filósofos.

Él es persona y viene al nuestro encuentro. Dios no es pasivo, no se queda simplemente esperando sentado en su trono de gloria. La celebración de la Navidad, como hicimos hace unos días, es la expresión máxima de este interés de Dios. Él bajó del cielo y se hizo hombre como nosotros. Vino a nuestro encuentro. Si el cielo estaba muy lejos para nosotros que somos tan limitados, ahora Dios está con nosotros. Él vino a nuestro encuentro. Basta no huir de Dios. Basta no cerrar la puerta. Basta ser capaz de acogerlo.

Los judíos decían «¿Qué pueblo es igual al nuestro, que tiene un Dios tan cercano, un Dios que participa de nuestras luchas?». Y hablaban así, cuando ni se les pasaba por la cabeza que Dios mismo se encarnaría, que él mismo vendría a habitar entre nosotros. Si los judíos hablaban en aquel modo, ¿cuál debería ser nuestra expresión hoy?

Nuestro Dios es realmente increíble, pues aun sin dejar de ser un Dios trascendente, al cual nadie puede agarrar y manipular, él es misteriosamente cercano, hasta mucho más de lo que podamos imaginar y nos invita al encuentro, pues está siempre presente.

No importa donde estés, ni cuán lejos te encuentras, él igual quiere ir a tu encuentro. Él es como el buen pastor que sale a buscar la oveja perdida, y cuando la encuentra hace una fiesta.

Dios quiera que todos nosotros podamos verlo (reconocerlo) como Juan y exclamar: “Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo”.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Sábado de la primera semana del tiempo durante el año

177 - «Jesús los oyó y les dijo: “No necesitan médicos los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”». Mc 2, 17

Los fariseos creían que Dios solo podía dar atención a los buenos y santos. Creían que primero uno debe ser bueno para después contar con la gracia divina. Pero la lógica de Dios es otra. Dios quiere acercarse a los malos, enfermos, viciados, pervertidos, vagabundos, amargados y pecadores para ayudarlos a superar estas situaciones y transformarse. La Iglesia nunca debe olvidarse de esto para no ser farisaica. En efecto, participamos de ella no porque ya somos buenos, puros y santos, sino porque queremos superarnos cada día más. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la primera semana del tiempo durante el año

176 - «Viendo Jesús la fe que tenían los que lo llevaron, le dijo al paralitico: “Hijo, tus pecados quedan perdonados”». Mc 2, 5

La acción de Dios en nuestra vida es un misterio: unas veces cuenta la fe de la propia persona; otras, la fe de quien intercede por ella. El hecho es que, de un modo o de otro, Dios se hace sensible a nuestras necesidades. Ciertamente, lo mejor es cuando el propio necesitado pide la gracia, pero hay veces que la persona no lo hace o ni se da cuenta: los paralizados por los vicios, por el odio, por el materialismo… En estos casos, cuenta la fe de los padres, de los amigos, de los esposos. Intercedamos siempre por quienes necesitan alguna gracia. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la primera semana del tiempo durante el año

175 - “Jesús, conmovido, extendió la mano y tocó al leproso”. Mc 1, 41

Jesús vino al mundo para salvarnos. Por eso, no debemos tener miedo de él, no importa cuán graves sean nuestros problemas o cuán complicada sea nuestra situación. Aunque seamos leprosos, aunque estemos completamente descompuestos, aunque hayamos pecado a no poder más, si nos acercamos a él, si le pedimos su gracia, él siempre se conmoverá delante de nuestro dolor y no tendrá reparos en extender su mano y tocarnos. Por los pecadores él vino al mundo y no se hace el delicado. Con toda confianza podemos buscarlo, pues su respuesta será siempre de misericordia. También nosotros lo escucharemos decir: “Yo quiero, queda purificado”. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la primera semana del tiempo durante el año

174 - “Jesús recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios”. Mc 1, 39

Después que empezó su vida pública, Jesús fue incansable en la predicación y en la realización de señales milagrosas. Él recorría las ciudades y pueblos, predicaba sobre el verdadero modo de relacionarse con Dios y con los hermanos; sanaba a todos los sufrientes que se acercaban a él. Su misión era destruir el mal, el pecado y el egoísmo tan arraigado en la vida de las personas, pero sin violencia, buscando la adhesión voluntaria de cada uno de los que encontraba en el camino. Aun hoy él continúa pasando por nuestra vida llevando la salvación. ¡Escúchalo! Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la segunda semana del tiempo durante el año

183 - “Jesús entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre con parálisis en un brazo”. Mc 3, 1

Tener el brazo paralizado significa estar impedido para realizar muchas cosas. Este hombre puede ser símbolo de los que están en la Iglesia, pero tienen la mano paralizada, esto es, no saben servir, no quieren ayudar a los demás y solo esperan recibir. Lastimosamente, hay muchos con este problema. Este no es el ideal de la vida cristiana. Jesús no quiere que nadie esté así en su Iglesia. Cada uno debe verificar sus manos para ver si no es él este hombre de la mano seca. Si esto fuera así, muéstrate a Jesús, pues él quiere sanarte. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Martes de la segunda semana del tiempo durante el año

182 - “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”. Mc 2, 27

Las normas son muy importantes para garantizar nuestra convivencia, para ordenar nuestra vida aprovechando mejor nuestras potencialidades y para respetar a los demás. Sin embargo, es igualmente importante no petrificar tales reglas para que ellas no terminen siendo un peso opresor que hace lo contrario a su propósito, que es favorecer la convivencia. Hay que cuidar siempre que las normas, que son un instrumento importante de ayuda, no se tornen una camisa de fuerza que impida la movilidad. Nunca debemos perder de vista el espíritu de la ley pues es lo que le da vitalidad. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la segunda semana del tiempo durante el año

181 - “Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque revientan los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos”. Mc 2, 22

La fe cristiana es como el vino nuevo: solo un hombre nuevo puede vivirla. No es posible que un hombre viejo, lleno de vicios y acostumbrado al pecado, quiera tener el cristianismo solo como un barniz: esto es hipocresía. Nuestra fe no puede ser un moñito en la basura. Debemos renovarnos completamente en Cristo. Hay que nacer de nuevo para acoger el vino nuevo de la gracia. De lo contrario, nuestras incoherencias reventarán nuestra vida, descompondrán la Iglesia y nos harán perder credibilidad. Podemos ser frágiles, pero no hipócritas. Paz y bien.

 

Gotas de paz

II Domingo del Tiempo Ordinario (A)

“Al día siguiente, Juan vio a Jesús que le venía al encuentro y exclamó: «Ahí viene el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo»”. Jn 1, 29

El domingo pasado con toda la Iglesia celebramos el bautismo. Juan, al principio, no sentía de hacerlo, pero después entendió que su ministerio era importante en la realización del proyecto de Dios. Seguramente este fue uno de los días más bonitos en la vida de Juan. Él vio la manifestación de Dios en Jesucristo con la bajada del Espíritu Santo. Fue un privilegio muy grande, él pudo contemplar la revelación de toda la Trinidad. Juan ya no tenía más dudas y decía: “Yo lo he visto! Por eso puedo decir que éste es el Elegido de Dios.” (Jn 1, 34)

Intento imaginar el sentimiento de Juan cuando “al día siguiente vio que Jesús le venía al encuentro”. Aquel a quien el Padre eterno había dicho “éste es mi Hijo, el Amado, éste es mi Elegido”, ahora venía a encontrarlo. En la vida suceden encuentros que cambian el rumbo de nuestra existencia. Juan sabía que este era uno de estos. Es por eso que exclama: «Ahí viene el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo.»

Dentro de esta palabra “pecado”, Juan entendía todas las cosas negativas que nos perturban y descomponen nuestra vida, pues todo lo que es malo tiene su origen en el pecado. Jesús venia para quitar todas estas cosas. Él era la realización plena de la imagen del cordero expiatorio del Antiguo Testamento.

Muy interesante es que Jesús después de su unción con el Espíritu Santo en el bautismo, se encontró en primer lugar con su precursor. Importante es que ahora Juan entregue a Jesús lo que ya había preparado y él lo hace dando este testimonio para que los que le seguían en el momento sean además seguidores de Jesús. Juan era solo un medio de paso, nadie debería quedarse con él, era Jesús el Mesías, el salvador, el Cordero de Dios.

Con todo, estas palabras: “Jesús le venía al encuentro” tienen un sentido que va más allá de este texto. Ellas indican el movimiento de Dios. En Jesús es Dios que viene al encuentro de todos los hombres que peregrinan en este mundo. Nuestro Dios no es inmóvil como nos decían los filósofos.

Él es persona y viene al nuestro encuentro. Dios no es pasivo, no se queda simplemente esperando sentado en su trono de gloria. La celebración de la Navidad, como hicimos hace unos días, es la expresión máxima de este interés de Dios. Él bajó del cielo y se hizo hombre como nosotros. Vino a nuestro encuentro. Si el cielo estaba muy lejos para nosotros que somos tan limitados, ahora Dios está con nosotros. Él vino a nuestro encuentro. Basta no huir de Dios. Basta no cerrar la puerta. Basta ser capaz de acogerlo.

Los judíos decían «¿Qué pueblo es igual al nuestro, que tiene un Dios tan cercano, un Dios que participa de nuestras luchas?». Y hablaban así, cuando ni se les pasaba por la cabeza que Dios mismo se encarnaría, que él mismo vendría a habitar entre nosotros. Si los judíos hablaban en aquel modo, ¿cuál debería ser nuestra expresión hoy?

Nuestro Dios es realmente increíble, pues aun sin dejar de ser un Dios trascendente, al cual nadie puede agarrar y manipular, él es misteriosamente cercano, hasta mucho más de lo que podamos imaginar y nos invita al encuentro, pues está siempre presente.

No importa donde estés, ni cuán lejos te encuentras, él igual quiere ir a tu encuentro. Él es como el buen pastor que sale a buscar la oveja perdida, y cuando la encuentra hace una fiesta.

Dios quiera que todos nosotros podamos verlo (reconocerlo) como Juan y exclamar: “Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo”.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.