Gotas de paz

Anunciación del Señor

476 - “¡Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo!”. Lc 1, 28

La Iglesia celebra hoy el día de la anunciación del ángel Gabriel a la Virgen María. Estamos a exactos nueve meses de la Navidad. Esta fiesta nos hace contemplar el misterio del Dios que confía en la ayuda de los humanos para la salvación del mundo y también en nuestra posibilidad de responder sí o no al proyecto de Dios. El Señor sabe de nuestras limitaciones, pero igual recuerda que podemos colaborar en la instauración del Reino de Dios en esta tierra, por eso nos visita y nos invita a decir sí confiadamente a su propuesta. No tengas miedo, el Señor está contigo. Paz y bien.

 

Gotas de paz

III Domingo de Cuaresma (C)

Y Jesús dijo esta parábola: "Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas" Lc 13, 8-9

Hoy la Iglesia nos presenta un evangelio que nos sirve como una fuerte llamada de atención. Es este el tiempo de preguntarnos: ¿mi vida cristiana está produciendo frutos? Mirando mi vida, mis acciones, mis palabras, mí alrededor… ¿pueden los demás reconocerme como un cristiano? ¿Dios estará contento conmigo?

El texto nos habla de la frustración de este dueño de la viña que por tres años viene a buscar el fruto en la higuera, pero no encuentra nada.

El número tres nos da una idea de un tiempo completo, o sea, de mucho tiempo, hasta el punto que el dueño piensa que ya no se puede esperar más. También los tres años se puede asociar a la duración del ministerio público de Jesús.

La higuera ya tendría que estar fructificando. Mantener un árbol así, es inútil, es una perdida, pues la tierra puede ser aprovechada para plantar a otro árbol.

Sin embargo, el viñador, que trabajaba en la viña cotidianamente, tuvo pena de la higuera. Manifiesta así, una señal de la paciencia de Dios, que en esta cuaresma nos ofrece una nueva chance. El viñador se dispone a cuidarla, y hará de todo para que esta higuera se despierte y empiece a producir frutos. Pero, él insiste que esta es la ultima chance, pues si aun después de estos nuevos cuidados ella no produce, será sin dudas cortada.

Ciertamente, Dios es paciente también con nosotros, y está dispuesto a darnos una nueva chance, pero de igual modo un día, que no sabemos cuándo, nuestro tiempo se terminará. No podemos quedarnos tranquilos, siempre postergando nuestra conversión. Cuanto antes empecemos a producir frutos, tanto mejor.

Este tiempo de la cuaresma es el tiempo oportuno para rever nuestra vida, para pedir al viñador que nos ayude a limpiar nuestras ramas, quitándonos los parásitos, que son los vicios y que consumen nuestra savia sin dejarnos producir frutos. Es tiempo de pedir al viñador que nos haga la poda, pues con demasiadas ramas, demasiados empeños, no podemos producir nada. Es tiempo para pedir al viñador para cavar nuestro alrededor y así poder poner abono nuevo, dándonos una fuerza nueva, pues a lo mejor la tierra en que estamos plantados está débil y agotada.

La cuaresma nos ofrece la posibilidad de esta completa renovación. El viñador está dispuesto a trabajar junto a nosotros, dándonos una nueva posibilidad de producir buenos frutos. Sin embargo, todo depende de nuestra decisión. Sin que realmente queramos producir frutos, todos los esfuerzos del viñador podrán ser inútiles.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

“E Jesus disse esta parábola: Um certo homem tinha uma figueira plantada na sua vinha, e foi procurar nela fruto, não o achando; disse ao vinhateiro: Eis que há três anos venho procurar fruto nesta figueira, e não o acho. Corta-a; por que ocupa ainda a terra inutilmente? E, respondendo ele, disse-lhe: Senhor, deixa-a este ano, até que eu a escave e a esterque; e, se der fruto, ficará e, se não, depois a mandarás cortar”. Lc 13, 7-9

Hoje a Igreja nos apresenta um evangelho que nos serve como uma forte chamada de atenção. Esse é o tempo de perguntar-nos: minha vida cristã está produzindo frutos? Olhando minha vida, minha ações, minhas palavras, meu ao redor ... podem os demais me reconhecerem como um cristão? Deus estará contente comigo?

O texto nos fala da frustração deste dono da vinha que por três anos vem buscar o fruto da figueira, e não encontra nada.

O número três nos dá uma idéia de um tempo completo, ou seja, de muito tempo, até o ponto que o dono pensa que já não se pode esperar mais. Também o numero três se pode associar a duração do ministério público de Jesus: três anos.

A figueira já tinha que estar frutificando. Manter uma árvore assim, é inútil, é uma perda, pois a terra pode ser aproveitada para se plantar uma outra árvore.

Contudo, o vinhateiro, que trabalhava na vinha diariamente, teve pena da figueira. Este vinhateiro, figura de Jesus, manifesta, assim, a paciência de Deus, que nesta quaresma nos oferece uma nova chance. O vinhateiro se dispõe a cuidá-la, e fará de tudo para que esta figueira se desperte e comece a produzir frutos. Mas, ele insiste que esta é a ultima chance, pois se depois destes novos cuidados ela continuar sem produzir, então será sem dúvidas cortada.

Certamente, Deus é paciente também conosco, e está disposto a dar-nos uma nova oportunidade, mas de igual modo um dia, que não sabemos quando, nosso tempo terminará. Não podemos ficar tranqüilos, sempre postergando nossa conversão. Quanto antes começarmos a produzir frutos, tanto melhor.

Este tempo de quaresma é o tempo oportuno para rever nossa vida, para pedir ao vinhateiro que nos ajude a limpar nossas ramas, tirando as parasitas, que são os vícios e que consumem nossa seiva sem deixar-nos produzir frutos. É tempo de pedir ao vinhateiro que nos faça a poda, pois com demasiadas ramas, demasiados compromissos, também não podemos produzir nada. È tempo para pedir ao vinhateiro para cavar ao nosso redor e assim poder por adubo novo, dando-nos uma nova força, pois talvez a terra em que estamos plantados esteja fraca e esgotada.

A quaresma nos oferece a possibilidade desta completa renovação. O vinhateiro está disposto a trabalhar junto conosco, dando-nos uma nova oportunidade de produzir bons frutos. Contudo, tudo depende da nossa decisão. Sem que realmente queiramos produzir frutos, todos os esforços do vinhateiro poderão ser inúteis.

O Senhor te abençoe e te guarde

O Senhor te faça brilhar o seu rosto e tenha misericordia de ti.

O Senhor volva seu olhar carinhoso e te de a PAZ.

 

Gotas de paz

Sábado de la segunda semana de Cuaresma

078 - “Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó”. Lc 15, 20

La parábola del Hijo pródigo es uno de los mejores iconos de la misericordia de Dios. El padre bondadoso, delante del hijo que tanto se equivocó, pero que está volviendo a casa, no se resiste y lo acoge conmovido y le devuelve toda la dignidad de antes, sin castigarlo, sin reprenderlo, sin imponer condiciones. Dios es así. No debemos ni podemos tener miedo de Él. Por mayor que haya sido nuestro pecado, Él quiere perdonarnos, quiere recuperarnos. Sin dudas, podemos confiar en el amor de Dios y volver a Él. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la segunda semana de Cuaresma

077 - “La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos”. Mt 21, 42

Nunca debemos desesperarnos ante las dificultades ni pensar que todo está perdido, aunque sea muy grande nuestra derrota. Dios es bueno y maravilloso. Si nos entregamos a Él, Él nos sorprenderá y podrá transformar situaciones que parecían un verdadero caos en grandes oportunidades de crecimiento y de nuevas realizaciones. En la vida tendremos persecuciones, pruebas, rechazos, pero, si creemos en el Señor, afrontaremos todo con serenidad, púes sabemos que esta situación cambiará, pues Él tiene la historia en sus manos. Dios puede hacer maravillas aun en el desierto. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la segunda semana de Cuaresma

076 - “Había un hombre rico que se vestía de púrpura y a su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro”. Lc 16, 19-20

Esta parábola nos revela hasta qué punto puede llegar nuestra des humanidad. Este rico era tan superficial e insensible que no veía ni se compadecía del dolor de Lázaro. El perro parece más “humano” que este rico. Él no se volvería pobre por socorrer o ayudar a Lázaro. Aunque conocía al padre Abraham, esto es, conocía algo de las Escrituras, esto no le hizo capaz de ayudar a ese pobre. Su religión era estéril y por eso no le sirvió para la salvación. También nosotros: si nuestra fe no nos hace sensibles, no nos salvará. Paz y bien.

 

Gotas de paz

San José, esposo de la Virgen María

486 - “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa”. Mt 1, 20

En el plan de Dios para la encarnación del Verbo, también José tenía una misión muy importante. Aunque él estuvo dudando al principio, cuando Dios le hizo conocer claramente su voluntad, José no opuso ninguna resistencia. En su silencio, se entregó completamente al servicio divino recibiendo a María, ya embarazada, en su casa y cuidando de ella y del fruto de su vientre. Siendo capaz de no pensar más en sí mismo, sino poniendo todas sus capacidades a disposición de María y Jesús, vivió una vida inmensamente feliz y se hizo el mejor modelo de esposo y padre. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la segunda semana de Cuaresma

073 - “Sean misericordiosos como el Padre de ustedes es misericordioso”. Lc 6, 36

Entrar en la escuela de la misericordia es el gran desafío de quien quiere ser un amigo de Dios. Tantas veces somos demasiado duros con los que se equivocan o insensibles con los que sufren. A veces parecemos jueces despiadados con los que fallan o seres de piedra, incapaces de compasión. Así no es el corazón de Dios, siempre dispuesto a perdonar y siempre listo a ayudar a quien lo necesite. Si queremos de verdad crecer en la vida espiritual, es necesario practicar la misericordia en todos sus niveles, pues solo así nos acercaremos más al Padre creador, compartiendo su mismo ser. Paz y bien.

 

Gotas de paz

II Domingo de Cuaresma (C)

“Pedro y sus compañeros se sintieron invadidos por el sueño. Pero se despertaron de repente y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él” Lc 9, 32

Desde muy antiguamente (hacia el siglo V) la Iglesia propone el Evangelio de la Transfiguración de Jesús, en el segundo domingo de la cuaresma. Como bien sabemos, el periodo cuaresmal, era el tiempo de especial preparación para los catecúmenos (los que se van a bautizar) y los penitentes, que en la Pascua serian integrados a la Iglesia, a través de los sacramentos.

Guardar a Jesús trasfigurado, contemplar su gloria, es lanzar una mirada hacia el futuro, hacia nuestra meta, es recordar nuestro ideal de vida, y así llenar el corazón de esperanza y el espíritu de fuerza, para empeñarnos aún con más ahínco en la búsqueda de lo que anhelamos.

Es muy importante en la vida recordar continuamente hacia donde estamos yendo y donde queremos llegar. A veces en medio de las pruebas y dificultades de la vida nos entra el desanimo, el cansancio, el desaliento. Nos vienen las ganas de abandonar todo, de huir o de escondernos. A veces la situación es tan difícil, que nos sentimos impotentes y fracasados. Parece que todo se está arruinado y que no tenemos más fuerza para avanzar. Es justamente en estos momentos que nos conviene, parar un ratito, “subir a la montaña”, entrar en oración y recordar nuestro ideal, nuestro objetivo y soñar de nuevo. Todos necesitamos hacer esto para renovar nuestras fuerzas, para recargar nuestras baterías, para reencontrar nuestro punto de apoyo. Esta mirada hacia la belleza, hacia el gozo completo, hacia la gloria, es un pregustar la victoria que nos ayuda a redimensionar los problemas, despierta en nosotros la confianza en nuestras capacidades y hace renacer en nuestro interior la voluntad de luchar y de continuar el combate.

Ciertamente esto sirve para todas las experiencias de nuestras vidas. Un atleta, por ejemplo, cuando recuerda el pódium, renueva la fuerza de continuar en el fatigoso entrenamiento, tal vez hasta de un modo aun más exigente, incluso cuando parecía no poder más. Un estudiante, cuando consigue tener presente, donde quiere llegar (el diploma, el futuro cargo), encontrará la fuerza para superar cada examen, aunque tenga que sacrificarse mucho. Un esposo o una esposa, que en medio a una crisis no encuentra otra salida que el divorcio, podría cambiar de idea, si fuera capaz de contemplar de nuevo el sueño inicial, los planes y deseos que le llevaron a empezar la vida matrimonial. Una persona de iglesia, delante de las innumerables dificultades que surgen, podría ser capaz de renovar y llevar adelante su empeño, si de vez en cuando, fuera capaz de mirar hacia el cielo, y de antever la gloria que le es prometida.

Es increíble la fuerza que tiene sobre nosotros el mirar hacia el futuro y recordar la meta que soñamos. En la vida, vence quien tiene buenas motivaciones, y consigue mantenerse motivado, pues este consigue canalizar sus fuerzas, sin dejarse aplastar por los problemas del camino. Quién sabe dónde quiere llegar y mantiene fresco en la memoria la imagen de la victoria, no se quedará caído, aunque caiga muchas veces, y mucho menos pensará en dar vuelta atrás.

En la vida cristiana, de un modo particular, esto es válido. Contemplar la gloria de Cristo, que es prefiguración de nuestra glorificación, nos capacita a vencer todas las pruebas, nos da la fuerza para soportar la pasión y la cruz. No es fácil, mantenerse motivado para ser bueno en la vida, para perdonar siempre, para estar dispuesto a servir a los demás. Muchas veces la ingratitud de los demás nos rebela, y nos hace desanimar. Muchas veces el mal que nos hacen, nos quieren hacer retroceder, y hace renacer en nosotros el deseo carnal de pagar con la misma moneda. No es fácil continuar soñando con la santidad, cuando a causa de nuestras debilidades tantas veces caímos y nos ensuciamos. Muchas veces el propio tentador nos quiere convencer de que es inútil querer levantarse, pues nos caeremos de nuevo. Con todo, es justo en estos momentos en que debemos recordar, que nuestras motivaciones no vienen del presente, o de este mundo. Nuestra motivación, nuestra esperanza y nuestra fuerza es sostenida por la promesa futura, nuestros ojos están vueltos hacia el cielo. Y aquí encontramos la importancia de una autentica vida litúrgica, de la participación a la eucaristía, al menos en los domingos, de la reconciliación frecuente, de la oración y meditación de la Palabra de Dios, pues son estas experiencias que nos hacen pregustar el cielo, nos dan fuerza para alzarnos y nos mantienen dispuestos al combate cotidiano. Ojalá en esta cuaresma el Espíritu santo nos “despierte de repente” y nos haga contemplar la gloria de Dios.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Sábado de la primera semana de Cuaresma

071 - “Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores”. Mt 5, 44

Lo que Jesús nos pide no sucede naturalmente. Solo cuando renacemos en Cristo podremos cumplir con gusto este mandamiento, porque él nos da una nueva naturaleza. Naturalmente queremos, la venganza o, al menos, pagar con la misma moneda. Amar al enemigo significa estar dispuesto a pasarle la mano, a ayudarle si él me necesita. No es que tengo que hacerlo mi amigo, tal vez seguirá siempre enemigo por sus malas opciones, pero de igual modo debo estar disponible a socorrerlo. ¡Ojo! Amar a los enemigos no es un sentimiento sino una decisión de quien se dejó invadir por Cristo. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Sábado de la segunda semana de Cuaresma

078 - “Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó”. Lc 15, 20

La parábola del Hijo pródigo es uno de los mejores iconos de la misericordia de Dios. El padre bondadoso, delante del hijo que tanto se equivocó, pero que está volviendo a casa, no se resiste y lo acoge conmovido y le devuelve toda la dignidad de antes, sin castigarlo, sin reprenderlo, sin imponer condiciones. Dios es así. No debemos ni podemos tener miedo de Él. Por mayor que haya sido nuestro pecado, Él quiere perdonarnos, quiere recuperarnos. Sin dudas, podemos confiar en el amor de Dios y volver a Él. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la segunda semana de Cuaresma

077 - “La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos”. Mt 21, 42

Nunca debemos desesperarnos ante las dificultades ni pensar que todo está perdido, aunque sea muy grande nuestra derrota. Dios es bueno y maravilloso. Si nos entregamos a Él, Él nos sorprenderá y podrá transformar situaciones que parecían un verdadero caos en grandes oportunidades de crecimiento y de nuevas realizaciones. En la vida tendremos persecuciones, pruebas, rechazos, pero, si creemos en el Señor, afrontaremos todo con serenidad, púes sabemos que esta situación cambiará, pues Él tiene la historia en sus manos. Dios puede hacer maravillas aun en el desierto. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la segunda semana de Cuaresma

076 - “Había un hombre rico que se vestía de púrpura y a su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro”. Lc 16, 19-20

Esta parábola nos revela hasta qué punto puede llegar nuestra des humanidad. Este rico era tan superficial e insensible que no veía ni se compadecía del dolor de Lázaro. El perro parece más “humano” que este rico. Él no se volvería pobre por socorrer o ayudar a Lázaro. Aunque conocía al padre Abraham, esto es, conocía algo de las Escrituras, esto no le hizo capaz de ayudar a ese pobre. Su religión era estéril y por eso no le sirvió para la salvación. También nosotros: si nuestra fe no nos hace sensibles, no nos salvará. Paz y bien.

 

Gotas de paz

San José, esposo de la Virgen María

486 - “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa”. Mt 1, 20

En el plan de Dios para la encarnación del Verbo, también José tenía una misión muy importante. Aunque él estuvo dudando al principio, cuando Dios le hizo conocer claramente su voluntad, José no opuso ninguna resistencia. En su silencio, se entregó completamente al servicio divino recibiendo a María, ya embarazada, en su casa y cuidando de ella y del fruto de su vientre. Siendo capaz de no pensar más en sí mismo, sino poniendo todas sus capacidades a disposición de María y Jesús, vivió una vida inmensamente feliz y se hizo el mejor modelo de esposo y padre. Paz y bien.