Gotas de paz

La vida de Jesús es una ofrenda al padre

334 - “¿De quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extranjeros?”. Mt 17, 25

Los cobradores de impuestos del templo quieren cobrarle también a Jesús, el hijo de Dios, para quien el templo existe. Aunque no hacía falta que el Maestro lo pagara, de igual modo quiere hacerlo para no escandalizar. Toda la vida de Jesús es una ofrenda al Padre, por lo tanto, un porcentaje o una tasa de parte de la religión para quien ya da toda su vida acaba siendo algo fuera de lugar. Sin embargo, él quiere ser modelo e instruye a Pedro sobre el modo como hacer para que cumplan con esta ley. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XIX Domingo del Tiempo Ordinario (B)

"Yo soy el pan que baja del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre" Jn 6, 51

Después de haber multiplicado el pan y saciado a una gran muchedumbre, Jesús propuso un bellísimo discurso sobre la eucaristía, sobre el modo sacramental con que El perpetuaría su presencia en la historia. Prácticamente todo el capítulo 6 de Juan nos habla de esto.

Efectivamente, el hambre y la sed son dos experiencias que cotidianamente sentimos, saciándolas probamos un gran placer y si no lo hacemos nos pueden provocar un gran sufrimiento. Son dos necesidades básicas para la vida de las cuales nadie puede ignorar.

Por eso el comer y el beber tienen una gran fuerza simbólica, y las cosas relacionadas a estas dos acciones pueden adquirir significados distintos en nuestras vidas. Podemos decir por ejemplo que una persona es muy dulce; que la vida es muy amarga; que tenemos sed de justicia; que un producto tiene un precio muy salado; que tal persona tiene hambre de poder; que las preocupaciones están consumiendo mi paz… etc.

Siendo una experiencia de fundamental importancia para la vida y común a todos los humanos, ofrece la posibilidad de ser utilizada simbólicamente para hablar de modo sencillo y a la vez profundo de realidades sobrenaturales: como del amor, de los deseos más íntimos del ser humano y también de Dios.

Jesucristo, conociendo todos los secretos de los hombres, y queriendo ser entendido por todos, sean estos sencillos o intelectuales, encontró en el pan y en el vino, elementos básicos de la alimentación de los pueblos de su época, la materia ideal para ser signo sacramental de su presencia en el mundo.

Cuando él dice que "yo soy el pan bajado del cielo." Les está hablando de un modo muy concreto de su persona y de su misión en nuestro medio, con una imagen que todos podrían entender con un poco de reflexión. No es difícil de comprender lo que quiere decir Jesús, aunque por más que queramos explicar, cada uno podrá ofrecer una interpretación diferente, pues el lenguaje simbólico permite una ilimitada interpretación. Es por eso que sobre la eucaristía mucho ya se escribió, y ciertamente mucho aún se escribirá, pues en cada momento se podrá hacer una nueva interpretación sin contradecir a las otras, ofrece una nueva luz sobre este misterio.

También nosotros estamos invitados a meditar sobre esta presencia del Señor en nuestras vidas. Y cada uno de nosotros, de acuerdo con su experiencia particular podrá aportar cosas muy bonitas. Piensa un ratito: ¿Qué significa que Jesús sea el pan de mi vida? ¿Cómo puedo entender que Jesús sea el alimento que satisface toda mi hambre y la bebida que sacia toda mi sed? ¿Será que ya descubrí en mi vida que el Señor es tan importante como la comida que me mantiene vivo? ¿Estoy, también yo dispuesto a transformarme en pan para la vida de mis hermanos? ¿O prefiero ser hiel? Pero, junto a esta fuerza simbólica que la eucaristía posee, debemos contemplarla en su realidad sacramental, pues es presencia real del Señor, que actúa con la fuerza del cielo en nuestras vidas.

Ciertamente en el plan de Dios está también el deseo de que suceda con nosotros lo que decían algunos filósofos antiguos: "nos transformamos en lo que comemos", significa que a través de la comunión frecuente podamos despacito ir cristificándonos, transformándonos en Cristo, hasta que un día podamos decir como san Pablo, "¡ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí!".

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

 

Gotas de paz

Santa Clara de Asís

503 - “Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor”. Jn 15, 10

La Iglesia recuerda hoy a santa Clara de Asís. Ella fue una mujer fuertemente enamorada de Dios. Supo entregar toda su vida para vivir en íntima unión con el amado. Rechazó las riquezas y los honores del mundo y, como una plantita de Francisco de Asís, buscó hacer la voluntad de Dios en todo. Cada día de su vida supo mirarse en el espejo de Jesucristo para adecuarse a aquel que se entregó totalmente por nosotros. Clara hoy nos invita a vivir el cristianismo no como algo superficial, sino en su radicalidad, sin acomodarnos a este mundo de placeres vanos. Paz y bien.

 

Gotas de paz

San Lorenzo, diácono y mártir

502 - “El que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor”. Jn 12, 26

El día de san Lorenzo, diácono y mártir, nos da la ocasión para meditar en lo radical que debe ser nuestra respuesta a la llamada de Cristo. No podemos seguirlo con reservas o a medias. No podemos ser mezquinos en la entrega de nuestra vida, dándonos solo a lo que sea agradable. Quien se hace verdadero seguidor de Cristo tiene la certeza de que estará con él en la gloria, pero está dispuesto también a estar crucificado con él, a sufrir por él la persecución. No puede haber un seguidor de Jesús que huya de la cruz. Paz y bien.

 

Gotas de paz

“Y ustedes, ¿quién dicen que soy?”

. Mt 16, 15

Ante la pregunta ¿quién es Jesús?, muchas veces respondemos diciendo solo lo que otros nos dijeron (sacerdotes, catequistas, papás o abuelos…) o lo que leímos en algún lado. Sin embargo, estas respuestas no satisfacen al propio Jesús. Él quiere saber quién es él para mí, concretamente. Aunque sea cierto todo lo que me dijeron de él, yo solo me torno testigo suyo cuando expongo lo que he experimentado de él en primera persona, lo que él es para mí. A partir de ahí, él me hace piedra viva de su Iglesia. Prueba de qué bueno es el Señor y da testimonio de él. Esa es nuestra misión. Paz y bien.

 

Gotas de paz

La fe verdadera no se intimida en las dificultades

327 - “Mujer, ¡qué fe tan grande tienes! Que se cumplan tus deseos “. Mt 15, 28

La mujer cananea es un gran ejemplo de fe y perseverancia en la oración. Aunque todo parecía conspirar contra ella -y que el milagro que necesitaba no estaba en los planos de Dios-, ella supo insistir y humillarse delante de Jesús, hasta que él se dio cuenta de que ella estaba movida por una mujer grande y que no podría continuar sin atenderla. Tampoco debemos bajar las manos cuando nos parece que nuestras súplicas no son atendidas. La fe verdadera no se intimida en las dificultades, sino que persevera hasta llegar a su meta. Paz y bien.

 

Gotas de paz

"A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar"

. Mt 14, 25

El mar en la biblia es, muchas veces, el símbolo de las dificultades y de las barreras. Jesús estaba muy golpeado por la noticia del martirio de Juan Bautista y pasó toda la tarde y casi toda la noche en la montaña en oración. Por la madrugada, cuando aún era oscuro, se sentía fortalecido y podía enfrentar la realidad. Es por eso que el texto nos dice que caminó sobre las aguas. La oración, el encuentro con el Padre, dio a Jesús la fuerza necesaria para ir adelante. También nosotros, si oramos confiadamente, podremos superar nuestras pruebas. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Transfiguración del Señor

481 - “Pedro y sus compañeros vieron la gloria de Jesús y los dos hombres que estaban con él”. Lc 9, 32

La fiesta de la transfiguración es también una invitación a la que subir al Monte Tabor para contemplar la gloria de Dios. Es esta experiencia del cielo anticipado la que nos estimula para desear siempre llegar a un día a esta gloria. Cuando el Señor nos da la gracia de experimentar su esplendor, nos resulta mucho más fácil enfrentar las pruebas y los cruces de la vida, porque el tener presente el premio celestial nos mantiene motivados para, vigilantes, renunciar al mal, promover el bien y vivir en el amor aun en los dias mas oscuros. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XVIII Domingo del Tiempo Ordinario (B)

"El que viene a mí no tiene hambre y el que cree en mí no tiene sed" Jn 6, 35

La palabra de Dios en este domingo nos invita a descubrir la plena satisfacción de nuestras vidas en el encuentro con Cristo. Si venimos a Él no tendremos hambre y sí creemos en Él se terminará nuestra sed.

Lo que podría suceder en la vida de todos los cristianos: ser personas satisfechas, realizadas, plenas ... Sin embargo, existen muchos de los que hasta ahora son fieles a la Iglesia. Están en la expectativa de un encuentro más profundo o de una realización más plena. Al estar insatisfechos, encontrarán a sus hijos fáciles de encontrar, milagros, bendiciones abundantes, si abandonan la iglesia católica para congregarse en las carpas.

La pregunta que siempre hago es: ¿Por qué estos hermanos están insatisfechos con nuestro encuentro con Cristo? si estoy convencido que la eucaristía es lo máximo de la comunión con Dios que podemos lograr en este mundo.

Creo que existen dos factores que pueden contribuir a esta insatisfacción.

En primer lugar, o modo como muchas eucarísticas son celebradas. Sacerdotes desanimados, sin ninguna vibración que consiguen desfigurar la celebración. A veces con una comunicación muy débil que no llega a tocar las personas, que no hace el pueblo de Dios vive intensamente el misterio de encuentro con este Señor que dio su vida por nosotros.

La otra posibilidad es, que las personas que van a la iglesia, lo hacen en modo muy deficitario. Están allí solo de cuerpo presente. Participan distraídamente, no cantan no responden, o están pensando en otras cosas, no se esfuerzan en vivir los ritos, para que su voz coincida con sus sentimientos. Ciertamente quien va a la misa y se queda jugando con el celular o distraído con otras cosas, saldrá de allí insatisfecho del encuentro con el Señor.

Yo estoy convencido que una misa bien vivida, bien participada, con un sacerdote que nos ayuda a vivir este encuentro es aquella experiencia que nos lleva a una satisfacción tan profunda que rechazaríamos cualquier otra propuesta.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

XIX Domingo del Tiempo Ordinario (B)

"Yo soy el pan que baja del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre" Jn 6, 51

Después de haber multiplicado el pan y saciado a una gran muchedumbre, Jesús propuso un bellísimo discurso sobre la eucaristía, sobre el modo sacramental con que El perpetuaría su presencia en la historia. Prácticamente todo el capítulo 6 de Juan nos habla de esto.

Efectivamente, el hambre y la sed son dos experiencias que cotidianamente sentimos, saciándolas probamos un gran placer y si no lo hacemos nos pueden provocar un gran sufrimiento. Son dos necesidades básicas para la vida de las cuales nadie puede ignorar.

Por eso el comer y el beber tienen una gran fuerza simbólica, y las cosas relacionadas a estas dos acciones pueden adquirir significados distintos en nuestras vidas. Podemos decir por ejemplo que una persona es muy dulce; que la vida es muy amarga; que tenemos sed de justicia; que un producto tiene un precio muy salado; que tal persona tiene hambre de poder; que las preocupaciones están consumiendo mi paz… etc.

Siendo una experiencia de fundamental importancia para la vida y común a todos los humanos, ofrece la posibilidad de ser utilizada simbólicamente para hablar de modo sencillo y a la vez profundo de realidades sobrenaturales: como del amor, de los deseos más íntimos del ser humano y también de Dios.

Jesucristo, conociendo todos los secretos de los hombres, y queriendo ser entendido por todos, sean estos sencillos o intelectuales, encontró en el pan y en el vino, elementos básicos de la alimentación de los pueblos de su época, la materia ideal para ser signo sacramental de su presencia en el mundo.

Cuando él dice que "yo soy el pan bajado del cielo." Les está hablando de un modo muy concreto de su persona y de su misión en nuestro medio, con una imagen que todos podrían entender con un poco de reflexión. No es difícil de comprender lo que quiere decir Jesús, aunque por más que queramos explicar, cada uno podrá ofrecer una interpretación diferente, pues el lenguaje simbólico permite una ilimitada interpretación. Es por eso que sobre la eucaristía mucho ya se escribió, y ciertamente mucho aún se escribirá, pues en cada momento se podrá hacer una nueva interpretación sin contradecir a las otras, ofrece una nueva luz sobre este misterio.

También nosotros estamos invitados a meditar sobre esta presencia del Señor en nuestras vidas. Y cada uno de nosotros, de acuerdo con su experiencia particular podrá aportar cosas muy bonitas. Piensa un ratito: ¿Qué significa que Jesús sea el pan de mi vida? ¿Cómo puedo entender que Jesús sea el alimento que satisface toda mi hambre y la bebida que sacia toda mi sed? ¿Será que ya descubrí en mi vida que el Señor es tan importante como la comida que me mantiene vivo? ¿Estoy, también yo dispuesto a transformarme en pan para la vida de mis hermanos? ¿O prefiero ser hiel? Pero, junto a esta fuerza simbólica que la eucaristía posee, debemos contemplarla en su realidad sacramental, pues es presencia real del Señor, que actúa con la fuerza del cielo en nuestras vidas.

Ciertamente en el plan de Dios está también el deseo de que suceda con nosotros lo que decían algunos filósofos antiguos: "nos transformamos en lo que comemos", significa que a través de la comunión frecuente podamos despacito ir cristificándonos, transformándonos en Cristo, hasta que un día podamos decir como san Pablo, "¡ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí!".

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

 

Gotas de paz

Santa Clara de Asís

503 - “Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor”. Jn 15, 10

La Iglesia recuerda hoy a santa Clara de Asís. Ella fue una mujer fuertemente enamorada de Dios. Supo entregar toda su vida para vivir en íntima unión con el amado. Rechazó las riquezas y los honores del mundo y, como una plantita de Francisco de Asís, buscó hacer la voluntad de Dios en todo. Cada día de su vida supo mirarse en el espejo de Jesucristo para adecuarse a aquel que se entregó totalmente por nosotros. Clara hoy nos invita a vivir el cristianismo no como algo superficial, sino en su radicalidad, sin acomodarnos a este mundo de placeres vanos. Paz y bien.

 

Gotas de paz

San Lorenzo, diácono y mártir

502 - “El que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor”. Jn 12, 26

El día de san Lorenzo, diácono y mártir, nos da la ocasión para meditar en lo radical que debe ser nuestra respuesta a la llamada de Cristo. No podemos seguirlo con reservas o a medias. No podemos ser mezquinos en la entrega de nuestra vida, dándonos solo a lo que sea agradable. Quien se hace verdadero seguidor de Cristo tiene la certeza de que estará con él en la gloria, pero está dispuesto también a estar crucificado con él, a sufrir por él la persecución. No puede haber un seguidor de Jesús que huya de la cruz. Paz y bien.

 

Gotas de paz

“Y ustedes, ¿quién dicen que soy?”

. Mt 16, 15

Ante la pregunta ¿quién es Jesús?, muchas veces respondemos diciendo solo lo que otros nos dijeron (sacerdotes, catequistas, papás o abuelos…) o lo que leímos en algún lado. Sin embargo, estas respuestas no satisfacen al propio Jesús. Él quiere saber quién es él para mí, concretamente. Aunque sea cierto todo lo que me dijeron de él, yo solo me torno testigo suyo cuando expongo lo que he experimentado de él en primera persona, lo que él es para mí. A partir de ahí, él me hace piedra viva de su Iglesia. Prueba de qué bueno es el Señor y da testimonio de él. Esa es nuestra misión. Paz y bien.