Gotas de paz

Viernes de la 28ª semana del tiempo durante el año

419 - “Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía”. Lc 12, 1

La hipocresía es una mala actitud que descompone nuestras relaciones, pues no respeta al otro, sino que lo juega, lo engaña, pues de frente dice una cosa y por detrás acuchilla; entonces trata de aparentar algo completamente diferente de aquello que tiene por dentro. Jesús sabe que también entre los cristianos hay una fuerte tentación a la hipocresía. Por eso, el Señor nos pide que nos cuidemos, que estemos atentos, pues ella puede ir entrando en nuestra vida de a poquito, como la levadura, que despacito fermenta toda la masa. Todos debemos estar vigilantes para no permitir que la hipocresía se instale en nuestros corazones. Paz y bien.

 

Gotas de paz

San Lucas, evangelista

515 - “En las ciudades… curen a sus enfermos y digan a la gente: «El Reino de Dios está cerca de ustedes»”. Lc 10, 9

El evangelista Lucas, cuya fiesta celebramos hoy, sin dudas cumplió este evangelio. Siendo médico de profesión, tenía siempre una gran sensibilidad hacia los enfermos como se evidencia en su evangelio, y además supo anunciar a todas las personas la cercanía del reino de Dios. Sus parábolas de la misericordia son un icono precioso de este Dios que se acerca a todo hombre, no para juzgarlo o condenarlo sino para sanarlo y salvarlo. También nosotros somos hoy parte de los setenta y dos enviados a todos los lugares donde Jesús debe llegar. Que nuestra cercanía a los que sufren sea un signo de la presencia de Dios. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la 28ª semana del tiempo durante el año

417 - “¡Ay de ustedes, que descuidan la justicia y el amor de Dios!”. Lc 11, 42

Hay muchas personas que piensan que para estar al día con Dios basta solo con decir algunas oraciones e ir algunos días al templo, olvidándose de ser justos con los demás, no explotando ni engañando a nadie; no oprimiendo ni estafando a los demás. Dios no mira solo los preceptos rituales, sino que también está atento a nuestras relaciones fraternas. Nuestra fe en Dios tiene que ayudarnos a vivir el amor y el servicio a los hermanos. De lo contrario, nuestra religión es estéril e inútil. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Martes de la 28ª semana del tiempo durante el año

416 - “Así son ustedes, los fariseos purifican por fuera la copa y el plato, y por dentro están llenos de voracidad y perfidia”. Lc, 11, 39

La preocupación solo por las apariencias es un problema muy antiguo. El maquillaje puede hacer que un rostro parezca feliz, pero no puede borrar la amargura o el dolor del corazón ni llenar el alma de paz y serenidad. Es muy cierto que todos nos fijamos primero en las apariencias, pero no nos quedamos en ellas: necesitamos descubrir lo que hay por dentro. Y ¡cuántas veces nos llenamos de decepción! Cuidemos nuestro corazón. Limpiémoslo de los odios, vicios, celos, envidias, mezquindades y arrogancias… Así nuestra belleza no será una farsa. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la 28ª semana del tiempo durante el año

415 - “Jesús es más que Salomón y más que Jonás”. cf. Lc 11, 31-32

Tantas veces estamos buscando a quien nos dé una palabra de consolación, o sea, capaz de levantar nuestro ánimo o de cambiar nuestra suerte. Gastamos dinero, tiempo y energía buscando en personas limitadas o incapaces de dar lo que necesitamos cuando en Jesucristo y en su palabra podríamos encontrar justamente lo que necesitamos. No nos dejemos ilusionar por tantos que nos prometen una inmensa felicidad cuando en verdad no tienen cómo realizarla. Busquemos en Jesús, nuestro único Salvador, el sentido y la realización de nuestra existencia. Solo, él puede dar la verdadera felicidad. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Todo lo que tienes dáselo a los pobres

“Jesús lo miró, sintió cariño por él y le dijo: Sólo te falta una cosa: anda, vende todo lo que tienes, dalo a los pobres, y así tendrás un tesoro en el Cielo. Después, ven y sígueme. Cuando el otro oyó estas palabras, se sintió golpeado, porque tenía muchos bienes, y se fue triste.” (Mc 10, 21-22)

Creo que todos ya escuchamos este texto que nos habla del hombre rico que pregunta a Jesús qué es lo que debería hacer para conseguir la vida eterna. Sin dudas, él era un hombre bueno y cumplía los mandamientos: no mataba, no cometía adulterio, no robaba, no decía cosas falsas de sus hermanos, no era injusto y honraba a su padre y a su madre. Aún así, Jesús mirándolo profundamente con ternura descubrió que tenía aun una cosa que no estaba bien en su vida: él era muy apegado a sus bienes materiales. Su corazón no era libre. Sus manos, sus razonamientos, sus afectos, sus preocupaciones… eran condicionadas por los bienes materiales. En una palabra: él era esclavo de sus riquezas.

En verdad este es un tema de fundamental importancia en nuestra vida espiritual: ¿cómo nos relacionamos con los bienes de este mundo? Este es un problema que sólo nosotros los humanos poseemos. En nosotros el mundo espiritual se toca con el mundo material, pues somos las únicas criaturas formadas de cuerpo y alma.

A través de nosotros el espíritu puede trasformar la materia, puede disponerla para el bien, puede hacerla causa de crecimiento fraterno o, al contrario, la materia puede dictar normas al espíritu, puede endurecerlo y sofocarlo, puede hacerle perder la sensibilidad y la humanidad, puede ser causa de contiendas, peleas y divisiones.

Esto significa decir que no puede existir una auténtica espiritualidad que no nos instruya en relación a nuestro comportamiento delante de los bienes de este mundo. También Jesucristo tiene una palabra para decirnos en lo que a la posesión de las cosas materiales se refiere.

Dios no está en contra de que el hombre use las riquezas de este mundo. Fue él quien las hizo y las entregó en nuestras manos para que, administrándolas, pudiéramos colaborar en el progreso de la humanidad. El problema está en que el ser humano, herido por el pecado, mientras no consigue proclamar en su vida la victoria del espíritu sobre la carne, es insaciable en sus ganas de poseer.

Los bienes de este mundo ejercen sobre él una fatal atracción. El deseo de poseer y acumular lo hace ciego, lo hace perder el rumbo de la vida. Por ejemplo:

- a causa de una promoción, una persona es capaz de pasar por encima de todos, de olvidarse hasta de la mejor amistad, de no tener cuenta de la palabra dada, de desechar quien antes lo había ayudado;

- a causa de una herencia: los hijos son capaces de despreciar a los padres que les dieron la vida y con esfuerzo les hicieron crecer; pueden odiarse entre hermanos, cuñados, primos; pueden hacer embrollos y engañar hasta a los que tienen su misma sangre;

- a causa de querer tener dinero fácil, una persona es capaz de perder la dignidad, de venderse, de participar del tráfico de drogas, de aceptar coimas, de caer en el robo, de explotar a sus obreros, sin preguntarse siquiera si así no estará destruyendo la vida de otros.

Es así que los bienes materiales, originalmente regalos de Dios para que podamos vivir bien en este mundo, pueden transformarse en una verdadera desgracia que descompone completamente la vida humana. Es increíble, pero cuanto más creemos que poseemos cosas, en verdad, tanto más somos poseídos por ellas. Es un engranaje diabólico: cuanto más posee, más quiere poseer y tanto más necesita defender lo ya que tiene. Crecen las preocupaciones y el aislamiento. Disminuye la libertad y capacidad de amar y de ser gratuitos. Hechizado por el dinero, el hombre se desfigura y en todas las cosas sólo le interesa el lucro y la ganancia.

Es delante de esta realidad humana que el evangelio nos desafía a vivir la pobreza. La pobreza evangélica es el ideal de la vida cristiana. Con todo, debemos aclarar que esta pobreza no es vivir en la miseria. Ser pobre como ideal de vida evangélica es: utilizar los bienes materiales sin la preocupación de acumular; es buscar el confort y el bien-estar normal para una vida digna, y lo que fuera a más, o lo superfluo, donar a quien más lo necesite. Ser pobre en el modo evangélico es tener los bienes necesarios pero sin perder la libertad, sin ser esclavos de las cosas. Es ser feliz teniendo sólo lo necesario.

Por eso, ser capaz de donar los bienes materiales que poseemos es una señal clara de nuestra libertad delante de tales bienes. Cuando estamos aferrados a las cosas materiales, no podemos encontrar paz en la vida, pues somos esclavos de lo que pensamos poseer.

San Francisco de Asís entendió muy bien este ideal y se propuso no apropiarse de nada en este mundo. Habiendo necesidad, él utilizaba todas las cosas que estaban a su alcance, pero se negaba a sentirse dueño de ellas, se rehusaba a poner su corazón en tales cosas y sentirse apegado. Fue así que él gozó de una envidiable libertad y fue un hombre feliz y realizado.

Al contrario de lo que piensa el mundo, no son las riquezas las que pueden traer la felicidad a una persona, sino la pobreza evangélica, el poseer lo normal para una vida digna, sin avaricia, sin apegos y con un corazón abierto a la caridad.

Infelizmente es muy difícil aceptar esto y conseguir practicarlo, pero Jesús continúa mirándonos con cariño y nos desafía a dar este paso en la vida.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, Capuchino

 

Gotas de paz

Sábado de la 27ª semana del tiempo durante el año

411 - “Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”. Lc 11, 28

Para Dios no es importante que yo sea un pariente o un amigo de un gran santo. Esto no me hace tener méritos ni me da algún privilegio. Lo único que cuenta para Él es la vivencia concreta de su Palabra. Este es el caso de la Virgen María, que es bienaventurada por ser la madre de Jesús, pero lo es mucho más porque en toda su vida siempre puso en práctica la voluntad de Dios. De hecho, en el Reino de los Cielos no existen padrinos que llevarán a alguien a la salvación cuando él mismo la haya despreciado. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la 27ª semana del tiempo durante el año

410 - “El que no está conmigo, está en contra de mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”. Lc 11, 23

En esta vida no hay como quedarse neutro: o yo colaboro con el crecimiento del bien o estoy automáticamente colaborando para que el mal prospere. Es como la tierra: o planto algo bueno y lo cuido continuamente o espontáneamente crece la yerba mala. No hay como cruzarse los brazos y pensar que no tengo ninguna culpa por lo que sucede: para el bien se necesita esfuerzo y para el mal, basta reposar. Por eso, debo preguntarme: ¿estoy colaborando con el bien o, con mi pasividad, soy un promotor del mal? La omisión también es un pecado. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la 27ª semana del tiempo durante el año

409 - “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá”. Lc 11, 9

Dios responde a nuestro esfuerzo. Cuando nos interesamos –y con perseverancia ponemos de nuestra parte–, Dios nos bendice y hace que nuestras obras prosperen. Nuestro Dios es un Padre amoroso, que quiere acompañar a sus hijos con gracias especiales cuando oramos, cuando trabajamos, cuando nos esforzamos. Jamás el Señor deja sin respuesta el clamor de sus hijos. Aun cuando lo que pedimos sea un disparate, Él nos escucha y nos regala lo que realmente necesitamos. Pero si nunca pido, busco o llamo…, estaré perdiendo muchas oportunidades de la gracia de Dios en mi vida. Paz y bien.

 

Gotas de paz

San Lucas, evangelista

515 - “En las ciudades… curen a sus enfermos y digan a la gente: «El Reino de Dios está cerca de ustedes»”. Lc 10, 9

El evangelista Lucas, cuya fiesta celebramos hoy, sin dudas cumplió este evangelio. Siendo médico de profesión, tenía siempre una gran sensibilidad hacia los enfermos como se evidencia en su evangelio, y además supo anunciar a todas las personas la cercanía del reino de Dios. Sus parábolas de la misericordia son un icono precioso de este Dios que se acerca a todo hombre, no para juzgarlo o condenarlo sino para sanarlo y salvarlo. También nosotros somos hoy parte de los setenta y dos enviados a todos los lugares donde Jesús debe llegar. Que nuestra cercanía a los que sufren sea un signo de la presencia de Dios. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la 28ª semana del tiempo durante el año

417 - “¡Ay de ustedes, que descuidan la justicia y el amor de Dios!”. Lc 11, 42

Hay muchas personas que piensan que para estar al día con Dios basta solo con decir algunas oraciones e ir algunos días al templo, olvidándose de ser justos con los demás, no explotando ni engañando a nadie; no oprimiendo ni estafando a los demás. Dios no mira solo los preceptos rituales, sino que también está atento a nuestras relaciones fraternas. Nuestra fe en Dios tiene que ayudarnos a vivir el amor y el servicio a los hermanos. De lo contrario, nuestra religión es estéril e inútil. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Martes de la 28ª semana del tiempo durante el año

416 - “Así son ustedes, los fariseos purifican por fuera la copa y el plato, y por dentro están llenos de voracidad y perfidia”. Lc, 11, 39

La preocupación solo por las apariencias es un problema muy antiguo. El maquillaje puede hacer que un rostro parezca feliz, pero no puede borrar la amargura o el dolor del corazón ni llenar el alma de paz y serenidad. Es muy cierto que todos nos fijamos primero en las apariencias, pero no nos quedamos en ellas: necesitamos descubrir lo que hay por dentro. Y ¡cuántas veces nos llenamos de decepción! Cuidemos nuestro corazón. Limpiémoslo de los odios, vicios, celos, envidias, mezquindades y arrogancias… Así nuestra belleza no será una farsa. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la 28ª semana del tiempo durante el año

415 - “Jesús es más que Salomón y más que Jonás”. cf. Lc 11, 31-32

Tantas veces estamos buscando a quien nos dé una palabra de consolación, o sea, capaz de levantar nuestro ánimo o de cambiar nuestra suerte. Gastamos dinero, tiempo y energía buscando en personas limitadas o incapaces de dar lo que necesitamos cuando en Jesucristo y en su palabra podríamos encontrar justamente lo que necesitamos. No nos dejemos ilusionar por tantos que nos prometen una inmensa felicidad cuando en verdad no tienen cómo realizarla. Busquemos en Jesús, nuestro único Salvador, el sentido y la realización de nuestra existencia. Solo, él puede dar la verdadera felicidad. Paz y bien.