Jueves de la cuarta semana de Pascua

141 - “Quien recibe al que yo envíe me recibe a mí”. Jn 13, 20

Existe una identidad entre quien envía y el enviado. El enviado es, en cierto modo, una
presencia sacramental del que lo envía; por eso debemos estar atentos a lo que
hacemos al enviado pues es como si lo estuviéramos haciendo a aquel que lo envió. Y
esto lo siento muy fuerte en nuestra gente: porque soy un sacerdote, aun sin conocerme,
muchos me reciben como al propio Señor. Es importante tener conciencia de que los
ministros de Dios son instrumentos que nos pueden conectar con el mismo Señor. No se
queda perdido el bien que les hacemos, siempre habrá recompensa. Paz y bien.

Miércoles de la cuarta semana de Pascua

Cuando estamos en las cosas del mundo, los negocios, las modas, el consumismo, los
placeres, las peleas, las envidias, los celos…, estamos envueltos en las tinieblas. El
mundo y sus cosas no tienen luz. Solo cuando nos encontramos con Jesús, que es la
luz, podemos ser rescatados de las tinieblas. Pero, si nunca he visto la luz, pienso que lo
normal es la oscuridad, que no ver nada es bueno. Solo cuando experimento la luz,
puedo darme cuenta de lo que estaba perdiendo anteriormente. Por eso, es importante
iluminar a las personas con Cristo, aunque en principio ellas no tengan interés. Paz y
bien.

Martes de la cuarta semana de Pascua

139 - “Mis ovejas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos”. Jn 10, 28

Esta es la promesa de Jesús a sus ovejas. Nos llena de consolación saber que el Buen
Pastor no permitirá que perezcamos, pues siempre estará providenciando los mejores
pastajes, las aguas refrescantes, esto es, buscará facilitar todo lo que necesitamos para
una vida plena, así como será nuestro protector en los peligros, en las trampas, en las
oscuridades y no permitirá que el enemigo nos arranque de su rebaño. Pero no
olvidemos que ser sus ovejas es conocer su voz y seguirlo. Por eso, si me dejo seducir
por otros, si empiezo a jugar con el lobo o si empiezo a buscar satisfacción por mi
cuenta, entonces es probable que me pierda. Paz y bien.

Lunes de la cuarta semana de Pascua (años B y C)

136 - “El buen Pastor llama a las ovejas por su nombre”. Jn 10, 3

Jesús, en su afán de hablar del Reino de Dios de un modo que los que le escuchaban
pudieran entenderlo, se compara con un pastor, figura muy bien conocida por todos sus
contemporáneos. Todos sabían que había pastores que trabajaban solo por la plata y no
les importaba el rebaño, no vibraban con el trabajo. Jesús es el buen pastor, que se
ocupa y se preocupa por cada oveja ya que las conoce a cada una por su nombre. Es un
pastor que se desvive por su rebaño. De él se puede decir: “¡El Señor es mi pastor, nada
me puede faltar!”. Paz y bien.