Jueves de la cuarta semana de Pascua
141 - “Quien recibe al que yo envíe me recibe a mí”. Jn 13, 20
Existe una identidad entre quien envía y el enviado. El enviado es, en cierto modo, una
presencia sacramental del que lo envía; por eso debemos estar atentos a lo que
hacemos al enviado pues es como si lo estuviéramos haciendo a aquel que lo envió. Y
esto lo siento muy fuerte en nuestra gente: porque soy un sacerdote, aun sin conocerme,
muchos me reciben como al propio Señor. Es importante tener conciencia de que los
ministros de Dios son instrumentos que nos pueden conectar con el mismo Señor. No se
queda perdido el bien que les hacemos, siempre habrá recompensa. Paz y bien.
Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
479 - (año A) “Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”. Jn 6, 56
La Iglesia vive de la Eucaristía y para ella. El Santísimo Sacramento es el tesoro más grande que el Señor entregó a su esposa, que lo cuida celosamente y lo ofrece a la
humanidad como el mejor modo de estar en comunión con Dios. A través de la participación en este misterio, Jesús nos alimenta en nuestra fe e invade nuestra vida comunicándonos su gracia y su fuerza para ayudarnos a ser fieles a su voluntad. Todos estamos llamados a este banquete que nos transforma en lo que comemos: en el cuerpo de Cristo. Paz y bien.
Sábado de la novena semana del tiempo durante el año
249 - “Todos han dado de lo que sobraba, pero ella dio todo lo que poseía…”. Mc 12, 44
El texto de la viuda pobre que ofrece dos moneditas en el templo nos deja una gran lección. Para Dios, lo importante no es el monto de la donación sino lo que ella significa para quien dona. Donar lo que nos sobra exige un cierto desprendimiento que ciertamente Dios sabe valorar, pero es aún fácil. Sin embargo, ser capaz de donar, compartir, prestar, invitar algo que no está sobrando, sino que implica una renuncia, un desprendimiento que tiene sus consecuencias en la vida concreta, aunque sea algo pequeño, tiene más valor delante de Dios que las grandes sumas. Paz y bien.
Viernes de la novena semana del tiempo durante el año
248 - “La muchedumbre escuchaba a Jesús con agrado”. Mc 12, 37
El paso de Jesús por la tierra estuvo cargado de palabras y obras. Él predicaba a todos hablando del reino y del cambio de vida que debemos realizar para vencer al mal y también actuaba con poder sanando a los enfermos, liberando a los poseídos y realizando signos prodigiosos que confirmaban sus enseñanzas. Su voz penetrante movía los corazones, despertaba a las personas, suscitaba adhesión y deseo de seguimiento. Aun hoy, Jesús continúa pasando por nuestra vida y nos predica a través de la Iglesia y realiza muchas obras. Ojalá estemos abiertos también nosotros a escucharlo con agrado, pues su palabra puede transformarnos. Paz y bien.