Lunes de la vigesimonovena semana del tiempo durante el año

424 – “Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?”. Lc 12, 20

 

Hay personas que gastan sus mejores energías buscando acumular bienes: casas, joyas, automóviles, acciones, ahorros… Parece que están hipnotizadas u obsesionadas por acumular, olvidándose de que nuestros días aquí son limitados y que nada de lo que acumulamos lo llevamos. Supuestamente, quieren dejar a los hijos en buena situación, pero es solo una excusa de quien esta hechizado por las riquezas. Cada uno debe trabajar normalmente para tener lo necesario para sí y su familia. La vida en Cristo debe liberarnos de la esclavitud de la acumulación. Es necesario equilibrar trabajo, familia, religión y vida social, pues la muerte no nos perdona. Paz y bien.

 

Jueves de la tercera semana de Pascua

“El pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”. Jn 6, 51


Jesús, en su predicación, prometió a sus seguidores un pan que era su carne y que tenía una fuerza vital. Esto él lo realizó cuando instituyó la Eucaristía. Por la fuerza de la gracia de Dios, en la celebración de la misa, un sencillo pan, hecho de harina de trigo y agua, se transforma en el propio cuerpo de Cristo, con una fuerza tal que hace casi dos mil años viene transformando la vida de muchas personas: genera mártires, inspira consagraciones, conquista servidores incansables, anima a perdonar, a amar y a testimoniar. Paz y bien.

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Miércoles de la tercera semana de Pascua

“Esta es la voluntad del que me envió: que no pierda a ninguno de los que me confió…”. Jn 6, 39


Dios no quiere perder a ninguno de sus hijos. Él tiene un verdadero interés por cada uno de nosotros. Para Dios no es lo mismo si yo estoy en el buen camino o en el equivocado. Él siempre está buscando recuperar a aquellos que se desvían. Jesús fue enviado por el Padre al mundo justamente con esta misión: recuperar a todos los que estaban perdidos. Por eso él está buscando a cada hijo de Dios desviado, herido o muerto en el pecado. Y los que él rescata se hacen colaboradores de él en esta misión. Paz y bien.

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Martes de la tercera semana de Pascua

“Yo soy el pan de vida”. Jn 6, 35

Cuando Jesús hizo esta afirmación, ciertamente sus discípulos no lograron comprenderla. Sin embargo, después de su pasión y muerte en la cruz, ellos sabían que cada vez que hacían lo que Jesús hizo en la última cena, con el pan ázimo y la copa de vino, tenían como alimento el pan de vida, verdadera carne sacramental de Cristo. La Eucaristía nos ofrece el mejor alimento que puede haber en esta tierra: aquel pan capaz de saciarnos en lo más íntimo de nuestro ser, capaz de dar sentido a nuestra existencia. Es un pan que parece inofensivo, pero capaz de transformar, revitalizar y fortalecer. Paz y bien.

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