Vacunas anticovid no causan infertilidad ni femenina ni masculina

Las vacunas de la covid-19 no causan infertilidad ni a mujeres ni a hombres, según muestran los estudios científicos y explican a EFE expertos de los consejos generales de médicos y farmacéuticos, cuyas conclusiones contradicen afirmaciones viralizadas internacionalmente.

EFE Verifica ha recibido una consulta en su canal de WhatsApp acerca de la posibilidad de que estas vacunas causen infertilidad, después de que numerosas publicaciones en redes sociales de varios países hayan generado una alarma al respecto.

En España y Latinoamérica los mensajes que alertan de que estos fármacos causan infertilidad o de que existe la voluntad de esterilizar a los vacunados han sido difundidos por webs y asociaciones negacionistas, como Médicos por la Verdad o Biólogos por la Verdad.

HECHOS: Los investigadores no han hallado ninguna relación entre las vacunas de la covid-19 y la infertilidad en los estudios realizados hasta el momento aunque creen necesario recopilar más información.

No obstante, tampoco existe un planteamiento teórico que sugiera que los fármacos tienen esos efectos.

"De manera inequívoca, podemos afirmar que no existe asociación entre las vacunas frente a la covid-19 y la supuesta infertilidad", recalca Juan Martínez Hernández, miembro de la comisión asesora sobre esta enfermedad de la Organización Médica Colegial (OMC).

Para ello argumenta que ni las vacunas de ARN mensajero (ARNm) -como son la de Pfizer y Moderna-, ni las de vectores virales -como es el caso de los preparados de AstraZeneca y Janssen- contienen elementos que puedan actuar de esa forma en el organismo humano.

Añade que ni las bases de datos de efectos adversos ni la literatura científica reflejan problemas reproductivos vinculados a las vacunas de la covid-19.

En el Reino Unido, la Asociación de Científicos Clínicos y Reproductivos y la Sociedad Británica de Fertilidad han publicado conjuntamente una guía informativa en la que se indica que "no hay absolutamente ninguna evidencia, ni ninguna razón teórica, de que ninguna de las vacunas pueda afectar la fertilidad de mujeres u hombres".

Entre las investigaciones realizadas destaca un estudio elaborado por la Universidad de Miami y divulgado el 17 de junio por la Revista de la Asociación Médica Estadounidense (JAMA).

En él se concluye que las vacunas de Pfizer o Moderna son "seguras para la reproducción masculina" y no tienen un impacto negativo en la fertilidad de los hombres.

Los investigadores examinaron a 45 voluntarios varones saludables entre las edades de 18 y 35 años y evaluaron los parámetros de esperma antes y después de vacunarles.

Por el contrario, el responsable de ese estudio, Ranjith Ramasamy, ha advertido de que la propia enfermedad entraña más riesgos, puesto que "la covid-19 podría causar infertilidad masculina y disfunción sexual, pero las vacunas no".

Otros estudios realizados con animales "no indican efectos perjudiciales directos o indirectos con respecto a la toxicidad para la reproducción", recuerda Carlos Fernández Moriano, del Consejo General de Colegios Farmacéuticos.

Fernández Moriano señala, sin embargo, que faltan estudios por completar, algo que también indica el servicio estadounidense de información sanitaria para medios de comunicación y verificadores Health Desk.

"Hasta ahora, ningún dato sugiere ningún daño o riesgo", explica este servicio en respuesta a una consulta de EFE Verifica.

Aunque precisa que "los científicos están recopilando datos para continuar estudiando la relación entre las vacunas covid-19 y la fertilidad para asegurarse de que las vacunas no representen ningún riesgo o daño potencial para la fertilidad".

En cualquier caso, como apunta el propio Health Desk, "el Colegio Estadounidense de Obstetricia y Ginecólogos (ACOG) ha aconsejado a todas las mujeres mayores de 18 años, a las mujeres que planean quedar embarazadas, a todas las mujeres embarazadas y a las madres lactantes que se vacunen", al tiempo que ha advertido de los riesgos de contraer la covid-19 durante la gestación.

En conclusión, no hay ninguna evidencia científica ni planteamiento teórico que sugieran que las vacunas de la covid-19 pueden causar infertilidad a mujeres u hombres, frente a los riesgos que sí entraña la propia enfermedad, aunque los investigadores prosiguen con sus análisis para recabar más información.

 

Covid-19, como otros coronavirus, podría ser sobre todo infantil y no grave a futuro

En los próximos años, a medida que el SARS-CoV-2 se haga endémico en la población mundial, el covid-19 podría comportarse como otros coronavirus del resfriado común, afectando sobre todo a los niños pequeños que aún no han sido vacunados o expuestos al virus, según datos de un modelo numérico.


Fuente: EFE

Dado que la gravedad del covid-19 es generalmente menor entre los niños, se espera que la carga global de esta enfermedad disminuya, según un trabajo que publica la revista Science Advances.

"Tras la infección por SARS-CoV-2, se ha observado una clara tendencia a la gravedad y mortalidad con la edad", recuerda Ottar Bjornstad, de la Universidad de Pensilvania (EE.UU).

Los resultados de nuestro modelo -añade- "modelo sugieren que el riesgo de infección probablemente se desplazará a los niños más pequeños a medida que la comunidad adulta se inmunice, ya sea mediante la vacunación o la exposición al virus".

Bjornstad explica en un comunicado de la universidad que tales cambios se han observado en otros coronavirus y virus de la gripe a medida que han surgido y luego se han hecho endémicos.

Como ejemplo señala que los trabajos genómicos sugieren que la pandemia de 1889-1890, a veces conocida como gripe asiática o rusa y que mató a un millón de personas, principalmente adultos mayores de 70 años, puede haber sido causada por la aparición del virus HCoV-OC43, que ahora es un virus del resfriado endémico, leve y de infección repetida que afecta sobre todo a niños de 7 a 12 meses.

No obstante, Bjornstad advierte de que si la inmunidad a la reinfección por el SARS-CoV-2 disminuye entre los adultos, la carga de la enfermedad podría seguir siendo alta en ese grupo, aunque la exposición previa al virus disminuiría la gravedad.

El equipo estadounidense-noruego desarrolló lo que se conoce como un "modelo matemático realista estructurado por edades (RAS)", que integra demografía, grado de mezcla social y duración de la inmunidad que bloquea la infección y reduce la enfermedad, para examinar posibles escenarios futuros de incidencia y carga de mortalidad de la covid-19.

En concreto, examinó la carga de la enfermedad en plazos inmediatos, medios y largos: 1, 10 y 20 años, respectivamente.

También estudió la carga de esta en 11 países -China, Japón, Corea del Sur, España, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Estados Unidos, Brasil y Sudáfrica- que diferían ampliamente en su demografía.

Para parametrizar el modelo utilizaron datos de Naciones Unidas para cada uno de los países.

"Independientemente de la inmunidad y la mezcla, la carga de mortalidad a nivel de la población puede diferir entre los países debido a las diferencias demográficas", apunta Ruiyun Li, de la Universidad de Oslo.

El modelo RAS predice una estructura de edad sorprendentemente diferente al comienzo de la epidemia de la covid-19 en comparación con la situación endémica final.

En un escenario de inmunidad duradera, ya sea permanente o de al menos 10 años, se predice que los jóvenes tendrán las tasas más altas de infección, ya que los individuos de mayor edad están protegidos de nuevas infecciones por una previa.

Debido a las variaciones demográficas, el modelo apunta resultados diferentes para los países.

Por ejemplo, Sudáfrica -probablemente debido, en parte, a su estructura poblacional más joven- tiene un menor número de muertes en comparación con poblaciones de mayor edad como Italia.

Estas "disparidades de muerte" están muy influenciadas por la demografía. Sin embargo, independientemente de la demografía, el modelo enseña un desplazamiento constante del riesgo hacia los jóvenes.

Según los investigadores, su modelo se diseñó para que las autoridades sanitarias dispongan de una herramienta "potente y flexible" para examinar la futura circulación de la covid-19 por edades, y reforzar las intervenciones.

 

Sputnik-V tiene 83 % de efectividad contra variante Delta, supera a Pfizer y Moderna

La vacuna rusa Sputnik V tiene una efectividad de alrededor del 83 por ciento contra la variante Delta del coronavirus, más baja de lo que se pensaba, pero superior a Moderna y Pfizer.


Fuente: Reuters

El Ministro de Salud, Mikhail Murashko, sin embargo, presumió que la efectividad es mayor a la estimada de Moderna (76%) o Pfizer (42%).

Las autoridades rusas culparon del aumento de los casos de coronavirus en junio y julio a la variante Delta más contagiosa y a la renuencia de la población a vacunarse a pesar de que las vacunas están ampliamente disponibles.

Los desarrolladores de la vacuna en junio dijeron que Sputnik V tenía una efectividad de alrededor del 90 por ciento contra la variante Delta.

 

Mientras algunos humanos no lo hacen, los simios sí se saludan y despiden en sus interacciones

Cuando una persona habla con otra, probablemente no se iría sin despedirse; eso sería de mala educación. Los simios parecen hacer algo parecido, según un estudio que constata que estos se comunican para iniciar y finalizar interacciones sociales con señales como tocarse o mirarse fijamente.


Fuente: EFE

En un artículo publicado en la revista iScience, se documenta el uso intencionado de señales por parte de los simios para comenzar y terminar estas interacciones, un comportamiento -dicen los autores- que no se había visto hasta ahora fuera de la especie humana.

Compartir intenciones y trabajar juntos en un objetivo común conduce a un sentido mutuo de obligación, también conocido como compromiso conjunto.

La investigadora Raphaela Heesen, de la Universidad de Durham (Reino Unido), y su equipo están viendo evidencias, en los grandes simios, que podrían desafiar la afirmación de que este compromiso conjunto es exclusivo de los humanos.

En experimentos anteriores sobre este comportamiento, se había documentado cómo los niños humanos protestaban cuando un investigador dejaba de jugar con ellos de forma abrupta. Ofreciendo juguetes o vocalizando, estos intentaban que este volviera a participar en el juego previamente acordado.

Tras presenciar una situación similar entre dos bonobos -que fueron interrumpidos mientras se aseaban y luego utilizaron gestos para reanudar la interacción- los investigadores sintieron curiosidad por saber más.

Para llevar a cabo sus experimentos, propusieron que el compromiso conjunto no se basara únicamente en el sentimiento de obligación entre dos participantes de cumplir una promesa compartida, sino que también implicara el proceso de establecer el acuerdo y decidir mutuamente después que el acuerdo se ha cumplido.

Eso significa que algo tan sencillo como establecer un compromiso de conversación con un contacto visual y un "hola" y luego señalar que una conversación está terminando con la repetición de "vale, suena bien" o un "adiós" podría ser un ejemplo de este proceso.

Así que se propusieron comprobar si los grandes simios tenían un proceso similar de entrada y salida de la interacción, lo que, aseguran, demostraría el proceso de compromiso conjunto.

Tras analizar 1.242 interacciones en grupos de bonobos y chimpancés en zoológicos, descubrieron que los simios se miraban y se comunicaban entre sí con frecuencia para iniciar y finalizar las interacciones.

Los bonobos intercambiaban señales de entrada y miradas mutuas antes de jugar en el 90% de las veces y los chimpancés en el 69%.

Las fases de salida eran aún más comunes, ya que el 92% de las interacciones de los bonobos y el 86% de las de los chimpancés incluían salidas.

Estas señales comprendían gestos como tocarse, tomarse de las manos o chocar las cabezas, o mirarse fijamente, antes y después de encuentros como el acicalamiento o el juego.

Los investigadores también tuvieron en cuenta factores como la proximidad social entre los simios o quién tenía más poder sobre el otro.

Curiosamente, cuanto más cerca estaban los bonobos entre sí, más corta era la duración de sus fases de entrada y salida, si es que existían.

Los autores afirman que este patrón es similar a la forma en que nosotros, como humanos, nos comunicamos: "Cuando interactúas con un buen amigo, es menos probable que te esfuerces en comunicarte amablemente", dice Heesen en un comunicado.

En cuanto a la comprensión del origen y la evolución del compromiso conjunto, este estudio es un paso más, pero la investigadora dice que aún queda mucho por hacer.

"El comportamiento no se fosiliza, no se pueden desenterrar huesos para ver cómo ha evolucionado el comportamiento, pero sí se puede estudiar a nuestros parientes vivos más cercanos: los grandes simios como los chimpancés y los bonobos", argumenta.