Guaireña expide su boleto a la Copa Sudamericana

Un solitario gol de José Verdún le dio a Guaireña el triunfo sobre un demacrado Sportivo Luqueño y la clasificación para la Copa Sudamericana 2022.

Luqueños y guaireños se vieron las caras hoy en el estadio Feliciano Cáceres de la ciudad de Luque por la 18ª y última fecha del torneo Clausura 2021 de Primera División.

El conjunto azul y oro llegó prácticamente enfocado en lo que será la disputa de la Promoción ante el Sportivo Ameliano, episodio que le enfrenta a la seria posibilidad de perder la categoría tras más de 50 años de presencia continua en la élite. Y se notó.

Luqueño no arriesgó más de lo necesario ante un equipo guaireño que salió al todo o nada.

José ‘Patito’ Verdún marcó para Guaireña (55’) tras una alevosa desatención del fondo luqueño y obligó a los del Sportivo a salir a buscar el empate, con lo que el partido ganó en situaciones y emoción.

Sin embargo, el marcador no se volvió a mover y Guaireña conquistó un triunfo que consolidó su ventaja en la tabla anual. De esta manera, se hizo con el boleto a la Conmebol Sudamericana 2022.

Y la angustia es palpable en Luque. El equipo de Badayco Maciel no reacciona y en días más deberá encarar el primer asalto por la permanencia, ante un rival que lleva semanas preparándose con las miras puestas en el ascenso.

 

El cruce con Leoz y la escandalosa expulsión del ‘Tala’ de la Albirroja

Antes de los partidos finales contra los chilenos por la Copa América del 79, el “Tala” fue expulsado de la selección por el presidente de la entonces Liga Paraguaya de Fútbol (LPF), Nicolás Leoz, por reclamar premios.

Hugo Talavera fue otro de los grandes “10” que tuvo el fútbol paraguayo. En la selección que ganó la Copa América de 1979, él era el líder y capitán del equipo. Antes de la final que se jugó contra Chile fue dejado de lado por los dirigentes, por pedir el pago de los premios atrasados y un aumento en caso de que Paraguay consiga el título.

Esta es la historia…

El 24 de noviembre, a cuatro días del primer partido final, Nicolás Leoz declaraba en rueda de prensa: “No vamos a permitir que nadie avasalle las normas de la LPF”. Sin embargo y sorpresivamente, al día siguiente, el mismo Leoz explicaba; “Talavera está descartado por el departamento médico. No va a recuperarse de su lesión”.



Si bien el capitán albirrojo había sufrido un desgarro en el segundo partido semifinal contra Brasil, el 31 de octubre, a esa altura ya se encontraba restablecido.

El 3-0, que Paraguay propinó a Chile, en Asunción, en la final de ida, el 28 de noviembre, trajo la aparente paz y al día siguiente Talavera de nuevo fue admitido en el seno de la selección, pero faltaba el episodio más comentado.

El líder de La Albirroja estuvo presente en la revancha frente a los chilenos, jugado en Santiago, el 5 de diciembre, en la que Paraguay cayó, 1-0 y había que jugar una finalísima a disputarse el 11, en el estadio del Vélez Sarsfield argentino. El empate le daba a Paraguay el título, por adquirir mejor diferencia de goles en los dos partidos definitorios.



A la vuelta de Chile, de nuevo “explotó la bomba” y, esta vez, ya no tendría retorno. Nuevamente Talavera fue portavoz de sus compañeros de selección, que pedían poder cobrar los premios atrasados y un aumento sustancial en la bolsa estipulada por la obtención del título de campeón.

Talavera fue acusado de ser el “cabecilla” por la cúpula dirigencial de la Liga y el día previo al viaje del seleccionado a Buenos Aires y ante la nueva negativa, el capitán abandonó la concentración y fue a entrenar en su club, Olimpia.

Al término de la movilización franjeada, periodistas de todos los medios esperaban a Talavera, quien era la noticia del momento. El “10” se limitó a decir; “Hay cosas que tienen que saberse. Va a llegar el momento en que diré la verdad, aunque por ello tenga que dejar mi carrera futbolística”.



Así, en una atmósfera poco propicia y sin Talavera dentro de la delegación, viajó la selección a la Argentina un día antes de la finalísima. Por fortuna aquel 11 de diciembre de 1979 Paraguay igualó sin goles ante Chile y logró por segunda vez en su historia la Copa América.

 

El PSG ni vence ni convence

Por segunda jornada consecutiva, después de empatar 0-0 ante el Niza, el París Saint-Germain volvió a pinchar y firmó tablas frente al Lens (1-1), con un error de Keylor Navas y un tanto sobre la bocina de Georginio Wijnaldum en un duelo en el que Lionel Messi tampoco celebró su Balón de Oro con una actuación decisiva.

Desde que recibió el galardón, Messi no convence. Ante el Niza, se esperaba una fiesta que no llegó. Y, unos días después, en Lens, de nuevo no se vio la mejor versión del argentino, que aún a medio gas dispuso de una de las ocasiones más claras de su equipo con un lanzamiento a un palo en la primera parte.

La sensación general, después de un tramo ya largo del curso, es que el cuadro parisino no convence. La mayoría de las veces, gana. Sobre todo en la Ligue 1, una competición en la que apenas tiene rivales de renombre que puedan plantarle cara. El equipo de Pochettino es una reunión de estrellas mal conjuntadas. Y, así, es difícil lograr títulos de postín como la Liga de Campeones.

Ante el Lens, el técnico argentino tuvo que prescindir de uno de sus fichajes estelares del verano, Sergio Ramos, que ahora parece que sufre fatiga muscular de la que necesita recuperarse después de regresar a los terrenos de juego. Tampoco pudo contar con Neymar, lesionado, mientras que por motivos puramente tácticos, no alineó a Kylian Mbappé.

Su decisión, polémica, la intentó justificar sobre el césped con el trío de argentinos que tendría que tirar del carro y devolver al PSG a la senda de la victoria: Di María, Icardi y Messi debían catalizar todas las acciones de ataque.

En el acto inicial, con esos ingredientes, Messi fue uno de los pocos que inquietó la portería del Lens con un disparo marca de la casa desde la frontal del área que se estrelló en el palo. No hizo mucho más y, mientras, a cientos de kilómetros de distancia, Lewandowski, segundo en el Balón de Oro, se lucía ante el Dortmund con un doblete.

El Lens, ajeno a esas luchas mediáticas para otorgar galardones, jugó a su ritmo, a lo suyo, a esperar su ocasión. Y, después de otra clara de Di María, ya en la segunda parte, aprovechó su ocasión. La provocó Keylor Navas, que a los 64 minutos no fue capaz de detener un disparo lejano de Seko Fofana que iba directo a sus manos. Inexplicablemente, se le escapó la pelota y el Lens se puso por delante.

Pochettino reaccionó sacando al terreno de juego Mbappé, que fue un revulsivo. Pero, antes, Fofana, un incordio durante todo el segundo acto, pudo hacer el segundo, pero el palo salvó al PSG de la sentencia. Sin la aparición del flamante Balón de Oro, que no acaba de arrancar este curso, fue Mbappé quien se echó a su equipo a la espalda y en el descuento sirvió el empate a Georginio Wijnaldum, que endulzó el pinchazo de su equipo con el tanto del empate.

El Olympique Marsella también vivió una mala jornada. Sufrió una derrota ante el Brest (1-2), que asaltó el Vélodrome para acumular su sexta victoria consecutiva en la Ligue 1. Y eso que los hombres dirigidos por Jorge Sampaoli se adelantaron en el marcador con un tanto de Gerson, que en la primera parte aprovechó una asistencia de Payet para firmar un tanto de categoría que no pudo prolongar antes del descanso pese a su claro dominio.

Aunque el Olympique Marsella se fue al descanso por delante en el marcador y con una gran sensación de superioridad, el Brest reaccionó en la reanudación. Regresó al terreno de juego con energías renovadas y Romain Faivre empató gracias a un penalti cometido por Kamara.

En el minuto setenta, Honorat culminó la remontada gracias a un misil tierra-aire que sentenció al Olympique Marsella, que se mantendrá en la segunda plaza de la Ligue 1 a tres puntos del líder, el París Saint-Germain.

El Lille también celebró una victoria, su segunda consecutiva con la que se acerca a los puestos europeos. El vigente campeón doblegó al Troyes, que estuvo a punto de sacar un empate en su visita al Stade Pierre-Mauroy.

Se adelantó en el marcador muy pronto, a los seis minutos, por medio de Dingome. Sin embargo, en la segunda parte, entre el canadiense Jonathan David y Jimmy Giraudon, que se marcó un tanto en propia meta sobre la bocina, amargaron la existencia al Troyes, que está sólo a tres puntos del descenso.

 

Lewandowski es de oro

Pocos días después de perder el Balón de Oro en favor de Lionel Messi, Robert Lewandowski sacó a relucir sus galones para dirigir al Bayern Múnich hacia la victoria frente al Dortmund (2-3), que sufrió el acierto del delantero polaco, autor de un doblete decisivo.

A Lewandowski no le afectan sus reveses individuales. Siempre marca. Da igual lo que ocurra fuera del césped. Se le caen los goles de los bolsillos. Aunque esta semana se dio un "tortazo" tras quedar segundo en el Balón de Oro, días después de lo que para muchos fue una injusticia, dejó para su currículum otros dos tantos decisivos con los que mantiene una racha impresionante.

Y es que, el clásico de Alemania, el número 132 de la historia, invitaba a sentarse delante del televisor para ver a dos animales del área heridos. Uno, Lewandowski, con ganas de demostrar que merecía el Balón de Oro. El otro, Erling Haaland, con hambre de minutos tras reaparecer frente al Wolfsburgo la pasada jornada después de superar una lesión en su cadera.

Las cifras de ambos adornaban el duelo más espectacular de Alemania. Bailaban de un lado a otro. Los veinticinco tantos del delantero polaco en veinte partidos oficiales (catorce en la Bundesliga) por los catorce (diez en Liga) del noruego en once encuentros oficiales presagiaban una batalla espectacular en las áreas.

El Dortmund, sin Haaland, aunque naufragó en la Liga de Campeones con una eliminación muy dura para el club presidido por Hans-Joachim Watzke, sobrevivió el torneo de la regularidad a las cuatro ausencias de su hombre franquicia. Ganó tres de los cuatro partidos sin el noruego y se presentó ante el Bayern con opciones de alcanzar el liderato.

A un solo punto de distancia, una victoria le colocaba en la primera plaza. Tenía que superar a un gigante y propuso un encuentro en el que brilló por su ausencia el centro del campo para lucimiento de los jugadores más veloces. El Bayern, sin Joshua Kimmich, sin querer, tuvo que jugar a ese juego. Pero, como Haaland en el Dortmund, también tenía arriba un cuarteto explosivo muy peligroso: Kingsley Coman, Leroy Sané, Thomas Müller y Lewandowski).

El Dortmund sacó rédito de su idea muy pronto. Exactamente, a los cuatro minutos, los que tardó en abrir el marcador por medio de Julian Brandt, que se fabricó el primer tanto con un quiebro dentro del área que cerró con un derechazo que no puso salvar Manuel Neuer.

Sin embargo, todo el poderío que tenía el Dortmund arriba, no existía atrás, donde Mats Hummels no está para muchos trotes. Sobre todo cuando se mide en velocidad a jugadores explosivos. Y, si además no tenía el día, el cocktail era explosivo.

La peligrosa mezcla dio una oportunidad a Lewandowski que el polaco, como casi siempre, no desaprovechó. Hummels quiso hacer un pase largo que rebotó en la espalda de Müller. El delantero del Bayern le ganó la posición en velocidad y Lewandowski, que acompañó en todo momento la jugada, recogió el balón para batir en un mano a mano a Kobel.

Su tanto número 26 del curso espoleó al Bayern, que dentro de la locura del duelo, de ida y vuelta, tenía algo más control que su rival. Y, en medio de ese toma y daca, Coman apareció en varias ocasiones hasta acertar al filo del descanso. Pudo hacer el 1-2 tras otro error de Hummels que salvó Kobel, pero acertó en el minuto 44 gracias a un mal despeje de Raphael Guerreiro dentro del área que no desaprovechó con un derechazo que rebotó en Marco Reus.

El tanto, de los llamados psicológicos, no afectó al Dortmund, que salió lanzado en la segunda parte. Haaland, que en acto inicial firmó una de sus cabalgadas que no acabó en gol por centímetros, no falló en su segunda oportunidad. Otro error, esta vez de Dayot Upamecano, que como un alevín controló el balón con el pecho, propició el tanto del noruego. Haaland no desperdició el regalo y con una rosca exquisita subió las tablas al marcador.

Haaland no sólo empató el choque. Empató con Lewandowski en su duelo particular que después perdería. Y es que, tras su tanto, el partido perdió ritmo. Las interrupciones, obligadas por un golpe tremendo en la cabeza de Brandt y por la lesión de Lucas Hernández, frenaron el ímpetu del Dortmund.

Y, al final, la mala tarde de Hummels terminó de decantar el choque. De nuevo, cometió otro error. Esta vez, lo vio el VAR, que avisó al árbitro para pitar una mano muy clara dentro del área. Lewandowski no falló desde los once metros y dejó claro que todavía es el maestro y Haaland un alumno de lujo. Y, ya de paso, reafirmó en el liderato al Bayern, que saca cuatro puntos a su máximo rival al ritmo del Balón de Oro moral.