Seguir la misma línea para llegar a los objetivos, asegura Gómez

El defensor nacional Gustavo Gómez se perfila para jugar este martes con Paraguay frente a Arabia Saudita. El jugador de Palmeiras de Brasil afirma que hay que continuar insistiendo con el estilo que Eduardo Berizzo quiere implementar.

“Este es un equipo que pone todo en la cancha. Es un grupo unido y hemos demostrado eso en los partidos anteriores”.

Eso manifestó el paraguayo en charla con la prensa luego de una de las prácticas de este fin de semana en Riad.

Gómez dijo que están trabajando con suma intensidad para lograr un nivel sólido en el juego. “Nos pone contentos eso, sólo debemos continuar con la línea trazada”, indicó.

Añadió que “estamos trabajando con humildad, la que nos da esperanzas para encarar las Eliminatorias y llegar al Mundial”.

El ex Libertad y Lanús está a las puertas de su partido 40 con la selección. “Es un orgullo grande llegar a esa cifra. La selección es como mi casa”, aseguró.

También mencionó que “todos juntos podemos lograr cosas más importantes” y que en este amistoso que se viene “debemos hacer valer nuestra idea de juego, porque Arabia Saudita es un rival demasiado difícil”.

El lance con la representación asiática es a las 13:30 horas de nuestro país.

 

Cierran ensayos antes del partido frente a Arabia

El seleccionado nacional se movilizó en el estadio del club Al Hilal en Riad, localidad donde este martes, la Albirroja mide a la representación de Arabia Saudita. Ese partido marcará el cierre de la temporada 2019.

Hoy es el último día de ensayos. Posterior a las movilizaciones quedarán a la espera del cotejo que arranca a las 13:30 horas de este martes.

Dicho compromiso está para jugarse en el Faisal Bin Fahd. Paraguay llega a este juego tras superar 1-0 a Bulgaria en Sofía el pasado jueves.

El retorno de la comitiva nacional compuesta de 25 jugadores se prevé para el jueves en horas de la madrugada.

 

"Comencé a temblar", los nervios de Pelé segundos antes de marcar su gol mil

"Comencé a temblar y me dije: no puedo fallarlo". Solo once metros y el portero del Vasco da Gama le separaban del sueño de alcanzar su gol número mil. Pelé disparó con sangre fría por el lado izquierdo de Andrada y comenzó el delirio en un Maracaná a reventar.


Fuente: EFE

Fue un 19 de noviembre de 1969. Era miércoles de un partido válido por el Torneo Roberto Gomes Pedrosa, también conocido como "Taça de Prata" (Copa de Plata).

Corría el minuto 79 cuando el árbitro Manoel Amaro de Lima señaló penal a favor del Santos al ver como el astro brasileño caía derribado en el área intentando controlar un pase al espacio de Clodoaldo.

"Mi preocupación era que todo el mundo pensaba que meter un penal es fácil, pero cuando coloqué la pelota en el punto, ahí todo el mundo comenzó a gritar '¡Pelé!'", recuerda a Efe Edson Arantes do Nascimento, cincuenta años después en el museo que lleva su nombre, en la ciudad de Santos.

La decisión del colegiado pernambucano provocó una explosión de júbilo en los 65.157 espectadores que copaban las gradas del mítico estadio carioca y las protestas encarecidas de los jugadores del equipo local.

La histórica e inédita marca, tan esperada por la hinchada brasileña desde hacía varios días, estaba más cerca que nunca. La expectación rompió fronteras y se convirtió en un fenómeno internacional.

El camisa 10 del Santos habló con alguno de sus rivales, también con el portero Andrada y finalmente se fue hasta el punto de penal para recolocar el esférico.

En un intento por ponerle más nervioso, los jugadores del conjunto vascaíno le recriminaron que había adelantado el balón y situaron éste unos centímetros más atrás.

"Ahí comencé a temblar y me dije: no puedo fallarlo. Cuando miré para atrás, los jugadores (del Santos) estaban todos en el medio del campo y yo pensaba: "Y si la pelota da al palo o el portero rechaza. No había nadie de nuestro equipo'", explica Pelé, hoy con 79 años.

Una marea de fotógrafos se situó detrás de la portería. Pelé esperó con los brazos en jarra el momento decisivo. Se ajustó las medias, dio medio vuelta para ver por última vez a sus compañeros, apostados en el centro del campo.

"Fue la cosa más difícil para mí. Antes de chutar el penal, pensaba: 'No puedo fallarlo, el portero no puede pararlo'. Fue una experiencia maravillosa", recuerda.

Y llegó la hora. Desde el balcón del área caminó lentamente hasta llegar a la altura de la pelota, que golpeó con el interior de la pierna derecha, ajustado al palo izquierdo de Andrada.

El arquero adivinó la dirección de su disparo, por poco no lo detuvo, pero finalmente la bola traspasó la línea de gol a las 23 horas y 17 minutos.

EMPIEZA LA LOCURA

La primera reacción de Pelé fue irse directo a la portería para recoger el cuero y besarlo, para entonces decenas de reporteros, fotógrafos y cámaras le cercaron hasta el punto de que desapareció por unos segundos.

Segundos después apareció cargado a hombros por la multitud. Él levantó el esférico al cielo de Río de Janeiro. La afición del Vasco olvidó sus colores y siguió gritando el nombre del considerado por muchos el mejor futbolista de la historia. Delirio en estado puro.

"Realmente es una cosa importante porque nunca esperaba, nunca soñé una cosa así. Fue un regalo de Dios", relata el triple campeón del mundo con la selección brasileña (1958, 1962 y 1970).

"Por eso siempre hablo, para todo el mundo, para los niños, para todos los jugadores: no piensen que tirar un penalti es fácil, es muy difícil", añade.

Consiguió llegar, no sin esfuerzo, hasta el centro del campo para celebrarlo con sus compañeros. Ese día Santos salió con un once formado por Agnaldo; Carlos Alberto, Ramos Delgado, Djalma Dias y Rildo; Clodoaldo y Lima; Manoel Maria, Edu, Pelé y Abel. El técnico del Santos era Antonio Fernandes, más conocido como Antoninho.

Agnaldo y Carlos Alberto le cargaron a hombros para dar la primera vuelta olímpica al Maracaná. El partido se detuvo, Brasil también. No hubo reglas para ese momento tan especial.

Un emocionado Pelé se abrazaba desde las alturas con el resto de compañeros, mientras la afición aún vitoreaba al nacido en la localidad de Tres Coraçoes, en el estado de Minas Gerais (sudeste).

En medio de la fiesta, la megafonía del estadio anunció la sustitución de Pelé por Jair Bala y los aplausos se transformaron en pitos hasta que 'O Rei' irrumpió con una camiseta del Vasco en la que estaba escrito el número 1.000 y dio otra vuelta olímpica para delicia de los hinchas.

El Santos ganó 2-1 gracias a ese tanto de Pelé, quien dedicó su milésimo gol a los niños más desfavorecidos.

"Piensen en los niños (...) Me acuerdo de los niños pobres, necesitados de una ropa usada y de un plato de comida. Ayuden a los niños desafortunados que necesitan un poco de los que tienen mucho", dijo el mítico delantero ese día en declaraciones a pie de campo.

 

Turbios manejos y meses de silencio en Luqueño

Movimientos sospechosos, demandas, incoherencias en los balances, exdirigentes con problemas con la justicia y la ley del silencio, más vigente que nunca, en el Sportivo Luqueño.

Diversos episodios, manejos dudosos y las sospechas que -consecuentemente- generan.

En agosto de 2017, HOY Deportes hacía hincapié en el caso de los futbolistas uruguayos Felipe Nicolás Avenatti y César Alejandro Falletti Dos Santos. Ambos ficharon por el Bologna de la Serie A italiana y, para sorpresa de muchos, se los anunció como provenientes del Sportivo Luqueño, cuando ni llegaron a jugar un solo lance con la casaca azul y oro.

A estas operaciones se sumaron las del argentino Leandro Espínola, el también uruguayo Carlos de Pena y el mexicano José Hanan, quienes -según los registros- pasaron por la institución para luego dirigirse a otros destinos del mercado futbolístico.

Esta práctica sería lo que en el mundo empresarial que rodea al fútbol llama ‘triangulación’ y se ha dado con frecuencia en clubes como el Locarno de Suiza o el deportivo Maldonado uruguayo con el fin de evadir impuestos o inflar la cotización de los atletas.

Por estos casos y otros, el frente opositor Movimiento Popular República de Luque denunció ante Delitos Económicos por lavado de dinero y estafa (la acción judicial contempla los ciclos 2016, 2017 y 2018) al entonces presidente fue Walter Gustavo Benítez y los miembros de su comisión directiva, entre ellos el actual titular Celso Cáceres Rojas (entonces fungía de tesorero).

Y estos casos serían tan solo la punta del iceberg. Recientemente, el club auriazul comenzó a recibir intimaciones de FIFA para forzar el pago de demandas de futbolistas, tal es el caso del argentino Cristian Ortellado que se embolsó unos USD 15 mil sin que los directivos nada pudiesen hacer para evitarlo.

SI EL RÍO SUENA

Hace contados días, el juez Humberto Otazú decretó la prisión preventiva para los expresidentes del club, Ramón González Daher y su hijo, Fernando González Karjallo. El padre está procesado por el supuesto hecho punible de usura y lavado de dinero, mientras que que el hijo, únicamente por lavado.

Según apuntan las investigaciones, los exdirigentes habría utilizado el club y un complejo sistema de recursos y situaciones para inyectar al sistema financiero local dinero de dudoso origen. Ello iría de la mano de la versión del Movimiento Popular República de Luque, que manifiesta que en los balances del club se evidencian graves incoherencias en los montos (ingresos y egresos) y estados de cuentas actuales, siempre contrariados por dirigentes que responderían a los González Daher.

Y por supuesto, la actual directiva se niega a hablar…