ABC es el “artífice” de la peor crisis en la frontera

Ciudad del Este atraviesa la peor situación que haya enfrentado en toda su historia. A la prolongada crisis del Brasil, que impacta directamente sobre el comercio de frontera, se sumó en las últimas semanas la prohibición del vecino país al envío de los reales que sus “compristas” gastan en el nuestro. Una medida que, de no revertirse en el corto plazo, liquidará la principal actividad económica no solo en la capital del Alto Paraná, sino también en Salto del Guairá y Pedro Juan Caballero. Paradójicamente, a esto no se llegó por obra de la “creatividad brasileña”, sino de la campaña infame impulsada por Abc color, cuyas fobias políticas y su voracidad por el dinero no tienen límites.

Recapitulemos, para entender la gravedad del problema. Los compradores provenientes del Brasil, que en el 2018 fueron 16 millones y en años anteriores llegaron a 21, realizan sus operaciones en reales, equivalentes a más de U$S 3.000 millones. Los comerciantes depositan esos reales en bancos privados, los cambian por dólares para renovar su stock en el exterior y esos bancos remiten los reales a su origen, es decir al Brasil, en donde los convierten nuevamente a dólares. En consecuencia, si se corta esta cadena, si no se puede reenviar más reales al Brasil, adiós comercio.

Son operaciones normales, rutinarias, que se realizan todos los días entre Inglaterra y la Comunidad Económica Europea, entre EE.UU y China, entre México y EE.UU, y… en el mundo entero. A nadie se le ocurrió nunca ponerlas en entredicho o menos denunciarlas, hasta que a Abc se le ocurrió la “genial” idea.

El pasado 19 de mayo, en grandes titulares, Abc publicó “investigan a banco de HC por supuesto lavado”, refiriéndose a Basa, que es uno de los tres bancos paraguayos privados que opera en este segmento, junto a Continental y… Atlas, del grupo Zuccolillo, nunca mencionados por dicho diario. La investigación, según el relato, se estaría llevando a cabo en Brasil, en el marco del “Lava Jato”.

Después hubo otras tapas y más artículos referidos al tema, con el objetivo de siempre: “pegarle” a Cartes y, “de paso”, quedarse con la cartera de clientes de Basa, a lo que tanto aspira Atlas.

El cretinismo cada vez más notorio de los Zuccolillo no reparó en un “pequeño detalle”. Fueron artífices del anhelado pretexto que precisaban “os irmáos brasileiros” para ahogar el comercio fronterizo paraguayo. Y entonces el Banco Centra del Brasil no dejó pasar la oportunidad y “sugirió” a la entidad bancaria de su país que recibía reales de Paraguay que suspendiera las operaciones. Y así lo hizo.

Después, la misma autoridad financiera brasileña, desmintió que Basa o cualquier otra entidad bancaria paraguaya fuera investigada en el vecino país, ni por lavado, ni en el “Lava Jato”, ni en nada. No hubo una pizca de cierto en todo lo dicho por Abc color, pero los resultados del terrorismo financiero que practica están a la vista: Decenas de empresas están en terapia intensiva y, sólo en CDE, 15.000 puestos de trabajo están a punto de perderse.

Criminal desde todo punto de vista. Antinacional por donde se le mire. E impune, por la cobardía de una dirigencia nacional complaciente, que vive arrodillada ante el poder de los medios, tal vez, por tener el techo de vidrio.

Ahora la “pelota tatá” está en manos del gobierno que, felizmente, reaccionó de manera positiva. El BCP y Hacienda están abocados a terciar en un problema inventado por unos irresponsables a los que no importa el país, ni la gente, ni nada, salvo saciar sus enfermizos odios políticos y su avidez por acumular riquezas, en forma ilícita.

Hacemos votos para que lo logren y para que, de una vez por todas, seamos capaces de ponerle freno a quienes, en nombre de la libertad de prensa, ejercen la libertad de delinquir.

 

¿Por qué disparan contra Benigno?

Ningún ministro de Hacienda, sea de nuestro país o de cualquier rincón del planeta signado por las carencias, se caracteriza por contar con la simpatía de la opinión pública. Pisa callos y toma medidas que no son precisamente “populares”, porque gran parte de su tarea es administrar miserias, presupuestos que no alcanzan y enfrentar severas dificultades para generar recursos, por los conflictos que eso siempre provoca. Sin embargo, llama la atención la serie de ataques y cuestionamientos de los que está siendo objeto Benigno López, no por cuestiones que hacen a sus funciones, sino por hechos que se registran en otros ámbitos, fuera de su cartera, de los cuales igualmente se le responsabiliza.

Desde hace algunas semanas es el supuesto culpable de “trabar” los pagos en el Ministerio de Obras Públicas y, en consecuencia, hasta de la baja ejecución presupuestaria. El objetivo sería, según dicen, “deteriorar la imagen de Arnoldo Wiens”, para lograr su destitución y así reemplazarlo con “un hombre de su confianza”.

Absurdo por donde se mire. El “acusado” de tales cargos es uno de los personajes más influyentes del gobierno, el más interesado en que no fracase el presidente, que por otra parte es su hermano, y él mismo, pues el “parate” de las obras afecta la marcha de la economía, que sí es responsabilidad suya. En otras palabras, no necesita “conspirar” ni un solo segundo y, menos aún, desequilibrar la gestión de Marito y la suya propia.

Los problemas del MOPC son incumbencia exclusiva de su titular, quien, además, no necesita “ayuda” externa para que su imagen siga deteriorándose, como producto de sus escasas aptitudes para desempeñar un cargo de tanta relevancia. Es la opinión unánime de las empresas constructoras, las llamadas “vialeras”, avalada por los pobres resultados obtenidos, al filo de culminar el semestre.

También le asignan los supuestos negociados en el IPS -que sin dudas deben ser objeto de investigación- porque el presidente de la previsional fue parte de su equipo cuando él ejerció dicho cargo, en la pasada administración. Tan absurdo como lo anterior. Las responsabilidades, si las hubiere, son personalísimas, salvo que se demostraran nexos que nunca siquiera se insinuaron.

A López nadie le critica, al menos hasta ahora, por sus obligaciones de ministro. Ni en lo relativo a como maneja el tema presupuestario, relacionado al déficit fiscal, ni en lo concerniente al endeudamiento público, ni al aliento a políticas públicas para contrarrestar las condiciones adversas en la región, cuya demora en la implementación depende de terceros, como MOPC, Salud, Educación y Urbanismo (viviendas), que hasta ahora no han superado la prueba.

De hecho, Hacienda y Banco Central son las instituciones que gozan de mayor prestigio nacional e internacional. En ellas radican las fortalezas del gobierno de Abdo Benítez, si no las únicas, las más importantes, de lejos, lo cual puede resultar muy pesado de digerir para las restantes.

Abdo seguramente es consciente de esto y por eso no cede a las presiones, pero estas irán en aumento con el correr de los meses, fruto de las contradicciones internas, así como las que se ejercen desde la política y la prensa, que si terminaran imponiéndose, serían un revés tremendo para su presidencia y, “de paso”, para el rumbo de la economía. Algo a lo que por lo visto algunos apuestan, sin pensar por un instante en el país, ubicándose en las antípodas de cómo debe actuar una oposición seria y constructiva.

 

Abdo debe exigir a Brasil que respete a nuestro país

Alarma la disociación superlativa que hay entre la dirigencia política y la sociedad, entre nuestras autoridades, en su más amplia acepción, y los problemas que son de real interés nacional, de máxima importancia para los paraguayos. Ellos están “en lo suyo”, en sus cuestiones particulares (¿negocios?), o en el marketing para intentar mejorar la imagen, o en las vendettas contra sus adversarios. Llegan hasta ahí, a lo sumo. La gente, mientras, es castigada por una crisis económica no asumida, pero que se siente cada vez con más fuerza a la hora de pagar las cuentas y, en el caso de toda la zona de frontera con Brasil, por una medida que adoptó el Banco Central de ese país, fulminante para el comercio, cuyas consecuencias sociales serán devastadoras.

Lo que está pasando en Ciudad del Este, así como en Salto del Guairá y Pedro Juan Caballero, es la expresión más avanzada de la indolencia del gobierno, que no mueve un dedo para evitar el colapso inminente de la actividad comercial, principal actividad económica de dichas capitales departamentales.

El jueves pasado, el Banco Central del Brasil le “sugirió” al único banco del vecino país autorizado a importar reales del Paraguay, que suspendiera dichas operaciones, las cuales se ejecutan con toda normalidad en el sistema financiero internacional. Sus implicancias serán tremendas, veamos por qué.

Los brasileños compran sus productos con reales, los comerciantes los cambian en los bancos por dólares y realizan los pagos para nuevas importaciones y éstos los remiten a un banco del Brasil, el autorizado para importar de nuestro país la moneda brasileña. O mejor dicho, remitían…

Al cortarse esa cadena, tras la “sugerencia” de la banca central brasileña, los bancos privados se verán obligados a no recibir reales y, lo mismo, los comerciantes, que no tendrían donde cambiarlos por dólares. Al menos no de manera lícita. El comercio formal, en consecuencia, se iría al tacho, junto con miles de puestos laborales, y crecerían la informalidad, las transacciones en el mercado negro, etcétera, etcétera.

Hasta aquí, podría tratarse de una bravuconada más del Brasil, muy grave por cierto, pero las cosas se tornan mucho más preocupante dada la inacción del Banco Central y del gobierno nacional, que probablemente ni huelan la dimensión del problema en puertas y que, si no actúan, les estallará en el rostro.

Abdo, su inepto ministro de relaciones Exteriores y la desdibujada titular de Industria y Comercio, además del BCP, deben salir de la burbuja en la que viven, de la “zona de confort” en la cual se mueven, rompan con la burocracia y reclamen a sus pares del Brasil que cesen con el atropello a los intereses de nuestro país.

No es un pedido de favor, sino una exigencia, sin importar que lo hagamos ante “el coloso” de Sudamérica que, como cualquier hijo de vecino, está obligado a no alterar el normal funcionamiento del sistema financiero, en este caso, en lo concerniente a la importación-exportación de dinero.

Marito afirmó días pasados que las relaciones con Brasil y su mandatario, Jair Bolsonaro, son maravillosas. No le pedimos pruebas de tanto, sino algo más elemental, básico en el comportamiento de cualquier presidente: Que exija respeto.

 

Autoridades ni huelen los problemas

Cuando Basanomics comenzó a alertar sobre la desaceleración de la economía, hace ya varios meses, el desmentido oficial fue rotundo: “No ocurre tal cosa”, dijeron, ratificando que para este año se esperaba un crecimiento del PIB del 4 por ciento. Los datos de la realidad, sin embargo, fueron demostrando que el gobierno estaba completamente equivocado, obligándolo a modificar los pronósticos hacia abajo, levemente por cierto. Pero en el segundo trimestre se mantiene la tendencia negativa y sus consecuencias ya son inocultables. Disminuyó el consumo, cayeron las importaciones, la soja se vino a pique, aumentaron todos los precios, se depreció el guaraní y bajaron las recaudaciones, en un contexto regional cada vez más crítico. Como corolario, la expansión económica se reducirá a un modesto… ¡2 por ciento!

Las alarmas de sectores empresarios no son por tanto exageradas. El presidente del Centro de Importadores, Neri Giménez, informó ayer que el consumo promedio de los paraguayos experimentó una reducción del 25% en lo que va del año y las importaciones bajaron más de 15%; mientras que la Cámara Nacional de Comercio y Servicios advirtió sobre la pérdida de puestos laborales, a raíz de la falta de respuestas oficiales a los problemas de la economía.

Ambas entidades se pronunciaron ayer, comunicados mediante, expresando su malestar por la situación, como hace tiempo no lo hacen los gremios empresarios, sin diplomacia, en tono áspero.

Los reclamos no distan mucho a los formulados por sus colegas de otras ramas: Elevar con urgencia la inversión pública, revirtiendo la pobre ejecución presupuestaria, pero dan un paso más y proponen suspender -por ahora- el tratamiento del proyecto de reforma tributaria, que no es prioridad en este momento y solo genera más incertidumbre a la desfavorable coyuntura. Lo prioritario, sostienen, es debatir un plan para reactivar la economía y ponerlo en marcha cuanto antes.

El planteamiento suena más que razonable, pero su ejecución depende de que las autoridades dimensionen correctamente la gravedad del momento; algo poco probable. Estas parecen más interesadas en llevar adelante la reforma impositiva como sea, minimizar los problemas o echarle la culpa de todo a los países vecinos, a la caída de los “commodities” y, por supuesto, al anterior gobierno, pero no en asumir las cosas como son e impulsar políticas concretas para disminuir sus efectos negativos.

En cuanto a los congresistas, no hay mucho que decir. Salta a la vista que se encuentran disociados de las cuestiones que al país más interesa. Están de espaldas a la sociedad, dedicados al “chiquitaje” de las vendettas políticas y hacer hasta lo indecible con tal de seguir libando las mieles del poder, por no decir robando.

Lo antedicho, sin embargo, no es inmutable. Las autoridades y la dirigencia política en general tendrán que escuchar las voces de quienes reclaman soluciones, desde los más variados estamentos. Es una carrera contra el tiempo, en la que toda demora se traducirá luego en mayor costo, que desde luego lo pagará la ciudadanía, pero se lo cobrará, de algún modo, a quienes pudiendo evitarlo no lo hicieron.