Desidia ciudadana ayuda a la epidemia del dengue

Después de varios muertos por el mal del dengue y cientos de infectados, parece que el combate a los criaderos de los mosquitos Aedes aegypti, transmisor del dengue, es una lucha histórica perdida, lo lamentable es que la limpieza de los criaderos es una responsabilidad ciudadana. La creciente cantidad de infectados con el mal, y el aparecimiento del peor serotipo, el DEN-2, ponen en alerta a los organismos encargados, que poco pueden hacer ante una ciudadanía irresponsable con su propia salud.

Un titular en diversos medios intencionales de comunicación es: Paraguay en alerta por el brote de dengue más letal de todos. La frase no es poca cosa, sus efectos van desde el más lógico, que es la afección de la salud de la población, hasta los económicos por que ahuyenta a turistas u otro tipo de visitantes. Aquí debemos reconocer que los esfuerzos de los diferentes gobiernos son plausibles, sin embargo, la ciudadanía no esta a la altura de las circunstancias.

El mal del dengue trae el riesgo de una epidemia nacional. En todos los distritos revisados por el Servicio Nacional de Erradicación del Paludismo de Paraguay (Senepa) se detectó una tasa de criaderos positivos superior al 4%, cuando la cifra idónea debería estar por debajo del 1% para impedir la aparición de brotes. En otras palabras, si los ciudadanos no limpiamos nuestros patios, baldíos, balcones, y todo lugar donde, por mínimo que sea, recoja agua, es decir sino eliminamos estos criaderos, corremos el riesgo de tener una epidemia importante a nivel nacional.

Desde el Estado, los diferentes gobiernos invirtieron millones de guaraníes, esfuerzo, tiempo y otros recursos para lograr la concienciación ciudadana sobre la importancia de limpiar los criaderos del mosquito, trabajo que solo toma 10 minutos diarios, para revisar los puntos de la casa que puedan ser potenciales focos de criaderos, en particular los recipientes con agua, como baldes, bebederos o caños, tapitas de botellas, etc. Sin embargo, la respuesta de la población es la desidia.

Paraguay, a la fecha, registra un aumento de los casos de arbovirosis, y desde comienzos de este año se registraron en el país 60 casos positivos de dengue y seis de chikunguña. El principal foco está en el departamento de Alto Paraná, donde el número de infectados ya llega a 55.

El país sufrió en el 2013 la peor epidemia de dengue de su historia, con 150.000 casos registrados y 252 muertos en un país de 6,7 millones de habitantes. Al actual crecimiento de los casos se suma la aparición del serotipo DEN-2, es uno de los que más vidas cobró en años anteriores.

Cuando se habla de combatir al mosquito transmisor del dengue, la salud de todos está en manos de todos, porque para frenar de manera efectiva la propagación del virus se necesita un compromiso ciudadano para a eliminar los criaderos, cada familia debe recorrer por lo menos 10 minutos cada día y eliminar los criaderos, sobre todo luego de las lluvias, esto si queremos evitar males peores.

 

¿La oposición paraguaya está de vacaciones?

La oposición al Gobierno, tal como la vivió el país en los últimos cinco años, parece que se fue de vacaciones desde pasado 15 de agosto. Cesaron las críticas y las acciones irracionales contra el gobernante, así como el desprestigio a los proyectos, entre otros sapos que disparaban diariamente. En los últimos seis meses esa “recia” oposición se volvió soft (blanda), con un discurso casi inexistente, que no ve errores en la gobernanza de la nueva administración.

Los detractores políticos y mediáticos de siempre, en los últimos seis meses tienen poca participación a pesar de la existencia de casos críticos suscitados en la gestión abdista como: la “seccionalización” de la función pública; el nombramiento de escombros y reciclados en altos cargos; la pérdida de las relaciones con Israel; la amistad del Gobierno con países acusados de favorecer al terrorismo; la presencia de menores en el Servicio Militar Obligatorio; las irregularidades en la gestión de varios entes gubernamentales, negociados en contratos con el Estado; los favores a los amigos privilegiados del entorno presidencial; las constantes críticas a la prensa nacional; la carcajada irónica del mandatario sobre la sangre de las víctimas de la dictadura, entre otros tantos desaciertos.

El silenció de los “recios” opositores no obedece a que toda va bien en el país, sino a acuerdos establecidos entre ellos y el poder coyuntural que ahora está en el Gobierno, obviamente nada es gratis.

El más claro ejemplo de los pactos de silencio se reveló el 22 de agosto del año pasado, la senadora Desirée Masi, del Partido Democrático Progresista (PDP) en una entrevista con radio Ñanduti reconoció que hizo un pacto con Mario Abdo Benítez (ANR), luego de que resultase victorioso de las elecciones generales disputadas en abril del 2018. Le prometió que no iba a cuestionarlo en la designación de su gabinete, y por los hechos tampoco lo cuestiona en otras situaciones.

El pacto entre Desirée Masi y el actual mandatario, para no criticar a este último, puede haberse replicado con los restantes “recios” opositores del último quinquenio, esto puede evidenciarse en la casi nula crítica de ellos al actual Gobierno, por supuesto nada es gratis. Ahora se entiende por qué las voces de los opositores gubernamentales a Cartes parecen estar en modo “mute” con Mario Abdo: Desirée Masi y su esposo Rafael Filizzola (PDP), Efraín Alegre (PLRA), Salin Buzarquis, Katia González (PEN), Luis Alberto Wagner (PLRA), Guillermo Duarte (PDP), entre otros. A pesar de los abultados desaciertos y escándalos acumulados por el nuevo Gobierno en sus primeros seis meses de gestión, muy poco o nada, se les escucha reprochar al nuevo mandatario y su gestión.

Esa “recia” oposición que hoy guarda un silencio pactado, durante los últimos cinco años se enfocó en golpear al ex Gobierno en busca de dividendos políticos, fue una oposición enceguecida, irracional, “denuncióloga”. Nunca miraron la gestión que arrojó resultados positivos, tan buenos fueron que aún hoy el nuevo Gobierno sigue inaugurado obras heredadas obteniendo réditos mediáticos y políticos con los proyectos y programas establecidos durante el cartismo.

La famosa tregua de los 100 días para no oponerse a la gestión de un nuevo Gobierno, en el caso de la administración de Mario Abdo ya terminaron. La oposición política en democracia es sana para todo Gobierno, en tanto sea racional, objetiva.

La oposición política en democracia es sana para todo Gobierno, en tanto sea racional, objetiva. Terminaron los 100 días de tregua al Gobierno abdista, pero aún no se escucha con fuerza la necesaria voz disonante, equilibrada, como un servicio público que le prevenga a tiempo al mandatario antes de caer en la mala o ausente gestión o en las garras de la corrupción.

 

¿Por qué se incendian los buses?

El viernes pasado, solo en una mañana, dos unidades del transporte público fueron consumidas por las llamas.

Hace menos de dos semanas, una unidad de la empresa Automotores Guaraní SRL se había incendiado en pleno microcentro de Asunción.

A partir de este hecho, desde el Viceministerio del Transporte anunciaron controles, no solamente en las empresas que explotan el servicio, sino también a los talleres habilitados para realizar la inspección vehicular.

A estas alturas, es inadmisible que se aleguen situaciones fortuitas para justificar que se sigan incendiando los buses.

No basta solamente anuncios rimbombantes de sumarios y controles. Hasta que un empresario del transporte público no vaya preso por exposición al peligro y pague las consecuencias, seguiremos viendo este tipo de “espectáculos” bochornosos.

¿Qué esperan las autoridades para actuar? Esperemos que no aguarden alguna víctima que lamentar para reaccionar.

La “postal” de los buses incendiados es una pésima imagen para el país. Es el reflejo de la improvisación, del así nomás y en donde siempre el ciudadano común es el más perjudicado.

 

Galopante justicia selectiva

La venganza es tan vieja como el origen del hombre. En el último año, el país asiste casi a diario a acciones y discursos sustentados en la vendetta política, viene con sus efectos irracionales, aunque en este caso fue el ridículo. La justicia selectiva, como instrumento de punición política, volvió a actuar este jueves en las dos cámaras del Congreso Nacional, con la destitución del cargo a quien ya no lo tenía desde hace varios días atrás y con el desafuero a un senador sin que haya el respectivo pedido de un juez.

La ciudadanía asistió de nuevo al espectáculo de la falta de seriedad de un grupo de políticos paraguayos, que arrasaron a tambor batiente con la institucionalidad. Por un lado, una mayoría coyuntural en la Cámara de Diputados, en una sesión que no contaba con el cuórum correspondiente, procedió a destituir del cargo de intendenta de Ciudad del Este a Sandra McLeod.

El ridículo que hicieron los diputados en la destitución de McLeod radica en que la misma presentó su renuncia al cargo de intendenta la semana pasada, y este lunes concejales de la Junta Departamental de Ciudad del Este aceptaron su dimisión. Es decir, una mayoría coyuntural en la Cámara de Diputados, en una sesión ilegal -por falta de cuórum- destituyeron de su cargo a intendenta a quien hace varios días ya no lo era.

En otro evento la Cámara de Senadores aprobó la pérdida de fueros del senador Javier Zacarias Irún, parapetada en una orgía mediática alimentada por el poder gubernamental, que viene empujando desde hace varios meses atrás tener en bandeja la cabeza de ciertos referentes del Movimiento Honor Colorado.

Lo suscitado en ambas cámaras del Congreso Nacional devalúan la democracia paraguaya, porque viola el estado de derecho y lesiona gravemente la institucionalidad de la República, por causa del actuar poco serio de mayorías coyunturales, que anteponen sus intereses revanchistas, por sobre el interés de la gente.

En los últimos meses vemos como la justicia no actúa bajo el principio de igualdad ante la ley, con descaro permiten acciones de sus partners, pero que en cabeza de sus enemigos se vuelven pecados capitales. Estos últimos eventos dejan nuevamente de manera diáfana la existencia de una justicia selectiva, que va erosionando peligrosamente la institucionalidad y la democracia en el país.