Lo público, en público, y más si es sobre Itaipú

Sorprende la rara “habilidad” que tienen nuestras autoridades de repetir los errores, aunque hacemos votos para que, en este caso, no representen la totalidad de los cometidos anteriormente. Por lo pronto, la falta de información concerniente a l preacuerdo con Brasil, sobre la contratación de potencia de Itaipú, es un hecho inexplicable que genera preocupación y alimenta la usina de rumores, tal vez innecesariamente.

El ingeniero Luis Villordo, presidente de la Ande, afirmó a distintos medios de prensa que “es un acuerdo justo y beneficioso”, avalado por cinco concejeros de la binacional que “vieron su viabilidad técnica”. Puede que sí, puede que no. Es algo que no sabemos, porque al mismo tiempo de formular dichas afirmaciones dijo que el contenido del acuerdo, asentado en un documento a ser suscrito entre las partes, se dará a conocer recién el próximo jueves, después de que se expidan las asesorías jurídicas de ambos países y de la Binacional.

La política de “sigilo”, por un lado, y de “hechos consumados” por el otro, ha sido altamente perniciosa para el gobierno, al menos en esta materia, al extremo de casi costarle el puesto al presidente de la república, en julio pasado, cuando estuvo a un paso de ser sometido a juicio político.

En aquella ocasión, además del “secretismo” de las negociaciones, se cuestionó airadamente el hecho de que los negociadores resignaron ante sus pares brasileños derechos que habían sido adquiridos en el 2007, por el cual nuestro país podía adquirir “energía excedente” (que tiene un costo menor al de la potencia contratada), a cambio de poner en funcionamiento dos nuevas turbinas que precisaba Brasil, financiadas lógicamente por ambas partes.

Ahora se repite el mismo esquema, en lo que refiere a mantener en reserva de lo que se está negociando, mientras divulgaciones periodísticas dan cuenta de un posible aumento en el costo de la energía contratada en el orden de los 100 millones de dólares, lo cual no fue confirmado ni desmentido por la ANDE.

Tomando en consideración los antecedentes de esta cuestión tan sensible, sería inconcebible que el gobierno formalice un acuerdo con el Brasil sin antes dar a conocer lo que contiene, con claridad meridiana, así como sus eventuales consecuencias, cualquieras sean estas. Eso sería abrir las puertas a nuevos conflictos, que el país y el Ejecutivo no pueden darse el lujo de enfrentar nuevamente en tan corto plazo.

Villordo tal vez tenga razón y se trate de “un acuerdo justo y beneficioso”. Eso veremos. Lo que no admite discusión es la necesidad perentoria de dar conocer el documento ya mismo, sin más demoras, antes de su firma.

La transparencia de los actos del gobierno es un requisito básico que debe cumplir para reconstruir legitimidad. No hay otro camino. Lo público en público y, lo que es de gran interés nacional, como es este caso, con más razón.

 

Cuento chino

En las últimas semanas surgió una discusión insólita, acerca de la conveniencia (o inconveniencia) de mantener los lazos que une a nuestro país con la República de China (Taiwán) o distanciarnos de esta para establecer relaciones más firmes con la República Popular China (continental). Una disyuntiva tan absurda, que no debería siquiera figurar en los últimos lugares de los temas que tenemos que debatir los paraguayos.

Los más interesados en la última de las opciones son los productores de carne y los grandes frigoríficos, que recibieron un guiño desde Pekín para ingresar a dicho mercado, pero a condición de poner fin a los vínculos con el antiguo aliado. Este, a su vez, inició un fuerte lobby para contrarrestar la iniciativa, mostrando las ventajas de reafirmar la condición de “socios estratégicos” y, por el contrario, lo perjudicial que le resultaría al Paraguay mirar hacia sus históricos adversarios.

El tema en cuestión, para un país soberano y con claridad de objetivos, tendría que abordarse y resolverse en un abrir y cerrar de ojos. Ningún país tiene por qué imponernos condición alguna, entre ellos ambas chinas, podemos y debemos relacionarnos con todo el mundo (valga esta verdad de Perogrullo) y el que, por tal motivo, no nos aceptara, sea quien sea, pues simplemente se toma nota del hecho. Y a otra cosa.

La “condición” a la que hicieron alusión empresarios de China continental es, cuanto menos, ofensiva, pero no es el embajador de Taiwán quien debe hacernos notar esta cuestión por medio de declaraciones públicas, ni pretender asustarnos con los riesgos que implicaría entablar relaciones con el régimen de Xi Jinping.

Algo conocemos del conflicto que mantienen ambas naciones desde finales de la segunda guerra y, con mayor ímpetu, desde que la República Popular China se afianzó como parte de las ONU (1971), resultando excluida la República de China. Desde entonces, los primeros vienen sosteniendo la política de romper relaciones con aquellos países que mantuvieren vinculación con los segundos, actualmente reconocido solo por 15 estados del planeta.

El Paraguay no tiene porqué inmiscuirse en este conflicto. Si China continental estuviera dispuesta a tender puentes con nuestro país, sin condicionamientos de ninguna clase, en hora buena. Es el mercado más grande del mundo, inagotable para cualquiera de nuestros productos, no solo la carne. En esta hipótesis, China (Taiwán) no tendría otra opción más que respetar la decisión de un Estado soberano y de nada serviría que alimente nuestros temores y prejuicios. Pero si el precio fuese renunciar a esa soberanía y que Pekín determine la política exterior de nuestro país, entonces no correspondería ni iniciar conversaciones, sean comerciales, diplomáticas u otra índole.

Por supuesto, escucharemos muchas voces de sirenas, de una y otra parte. Es lo normal en estos casos, como también lo es que cada una de ellas defienda sus intereses, al igual que nosotros los nuestros. Y para esto no debemos dejarnos seducir por mujeres-pez, aunque resulten extraordinariamente bellas o, para ser más claros, por ningún “cuento chino”.

 

En Bolivia asumió Áñez ¿y ahora qué?

En el marco de un dudoso procedimiento institucional, Jeanine Áñez, vicepresidente de la Cámara de Senadores, asumió ayer como presidenta interina del Estado Plurinacional de Bolivia y se comprometió a convocar “lo antes posible” a elecciones generales. Lo hizo ante un reducido grupo de legisladores, que no reunió el quórum necesario para aceptar o rechazar la renuncia de Evo Morales, ni tampoco para cubrir las vacancias dejadas por los titulares de ambas cámaras del Congreso, considerados requisitos indispensables para proceder a la sucesión presidencial. Sin embargo, su proclamación cuenta con el aval del poder real, es decir, Fuerzas Armadas y policiales, juntas cívicas, partidos de oposición, Iglesia católica y actores claves de la comunidad internacional, como Donald Trum, Jair Bolsonaro y la OEA.

En teoría, lo resuelto anoche podría considerarse como una válvula de escape a la tremenda presión política y social, que derivó en la peor crisis que hayan enfrentado los bolivianos en las últimas décadas. De hecho se levantó el llamado “paro cívico”, en cuyo desarrollo se produjeron numerosos hechos de violencia, bloqueos de ruta, linchamientos y cierres de fronteras. Pero los problemas están lejos de haber sido resueltos, tanto en el terreno de las instituciones, como en las calles.

Con respecto a lo primero, los que respaldan a Añez en el legislativo constituyen una franca minoría, por eso la falta de quórum en la víspera. La mayoría, dos tercios del total, pertenece al Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de Morales y ese sector, que tiene el control del Congreso, está convocado para sesionar esta tarde, ocasión en la cual podría declarar nula la proclamación de la nueva presidenta, completar las vacancias en ambas cámaras y ejecutar la sucesión presidencial, designando a otro presidente/a.

Esta eventualidad fue definida por un colega boliviano, en comunicación con Universo/970, como “efecto Guaidó”, aunque no dejó del todo claro quién sería su equivalente boliviano, si Áñez, que tiene el aval de los poderes fácticos, o aquella persona ungida como presidente del Senado, para acto seguido asumir la jefatura de Estado, que tendrá el respaldo del Congreso.

En este escenario llevaría las de ganar la flamante presidenta, a juzgar por la correlación de fuerzas, pero de inmediato tendrá que enfrentar otros, como por ejemplo, la integración del nuevo Tribunal Electoral y echar a andar todo el proceso con miras a nuevos comicios. Insistimos, con un Congreso controlado por los leales a Morales, al menos hasta hoy.

Y a esto hay que agregar el otro factor de comprobada relevancia: la calle, que ahora comienza a poblarse de indios. Esos indios que ayer bajaron de El Alto a La Paz y que observaron, estupefactos, cómo Áñez se empoderaba portando una gran Biblia a modo de estandarte, cual si fuera el mismísimo conquistador Pizarro.

Aunque en un nuevo escenario, la crisis sigue abierta y la incertidumbre es muy grande. Esperemos que sus próximos capítulos arrojen algo de claridad y sea para bien de los bolivianos, lo que dependerá en gran medida de que las partes acuerden y respeten las reglas del juego, no como hicieron antes y hacen ahora.

 

Políticos están cada vez más lejos de la sociedad

Chile completó ayer su tercera semana de rebelión popular, que al gobierno de Piñera le resulta imposible controlar. Bolivia se debate en una profunda crisis, que puso en jaque al presidente Juan Evo Morales. A Perú y Ecuador no les va mejor, y ni hablar de Venezuela, su dictadura y su catástrofe socio económica. Argentina ganó tiempo con sus recientes elecciones, ad referéndum de las medidas que adopten “los Fernández” a fin de revertir la difícil situación en la que se encuentra. La inestabilidad es, pues, el factor dominante en toda la región, pero, en Paraguay, donde los indicadores son iguales o peores a los de varios de los países mencionados, la “gran discusión” que proponen políticos y algunos medios de prensa es… el “desbloqueo de listas”.

Parece una tomadura de pelo. No ven lo que pasa en sus narices, ni un poquito más lejos, apenas cruzando las fronteras. O ven y se hacen los bobos, porque les tiene sin cuidado o porque no tienen la más pálida idea de cómo abordar los problemas y menos aún solucionarlos; o tal vez se creen muy vivos y pretenden desviar nuestra atención de los problemas reales, haciendo mucho ruido sobre cuestiones sin relevancia.

Supongamos que se trata de la mejor de las hipótesis, es decir, de esa mezcla diabólica de irresponsabilidad e ignorancia. En este caso les comentamos que, en nuestro país, la situación es muy pero muy mala y que ésta, en cualquier momento, podría explotarles en el rostro.

Hagamos un repaso rápido. Las perspectivas de “crecimiento” de la economía, éste año, varían entre 0% y 1%, en el mejor de los casos. Las recaudaciones tributarias caerán en el orden de US$ 300 millones, el déficit fiscal será de casi US$ 1.000 millones, el doble del que tuvimos en el 2018, las importaciones están a la baja y el consumo de los paraguayos, un indicador clave a la hora de medir la situación de las distintas capas sociales, está en franca picada.

Estos pocos datos son suficientes para dimensionar la magnitud de la crisis, en un contexto económico y político regional altamente desfavorable, así como de la ausencia de políticas para, al menos, mitigar su impacto sobre los sectores más vulnerables, históricamente marginados y cuyas condiciones de vida se siguen deteriorando.

¿Y qué hacen nuestros políticos frente a estos temas? Absolutamente nada. Pero eso sí, “compensan” su inacción con la instalación de “sesudas” y “trascendentales” polémicas sobre… “desbloqueo”, “papeletas” y otras cuestiones de segundo orden, que la ley electoral ya las tiene por superadas.

Oficialistas y opositores tendrían que mirar, aunque sea de reojo, lo que pasa en Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Argentina. Esto podría despertar en ellos su instinto de supervivencia política, para así aprender de aquellos procesos y adoptar medidas preventivas que disipen las causas que los desencadenaron.