Mario Ferreiro bajo un manto de dudas

La gestión del intendente Mario Ferreiro es blanco de innumerables críticas, que subieron de tono en los últimos días a partir de denuncias sobre malos manejos administrativos del ejecutivo comunal, léase, posibles actos de corrupción. No se cuantificaron los montos, pero afectarían a rubros a los que fueron asignados sumas millonarias en el presupuesto 2018, como el desagüe pluvial de Asunción (alrededor de G. 30.000 millones) y la construcción o reparación de escuelas (más de G. 53.000 millones del Fonacide); programas que en la actualidad están cubiertos por un enorme manto de dudas.

El director financiero de la Municipalidad, Rolando Alvarenga, admitió a la 970 la excesiva demora para dar inicio a las obras del desagüe, que recién ayer, después de 3 años, un oferente fue adjudicado para ejecutar los trabajos en 2 de las 7 cuencas que comprende el proyecto. Y lógicamente, rechazó la existencia de irregularidades en la administración de los millonarios fondos, aunque sin aclarar suficientemente el uso que se le dio al dinero.

Los 30.000 millones de guaraníes, que según el alto funcionario tenían por finalidad el pago al contratista, una vez finalizado el trabajo, se emplearon en la limpieza de alcantarillas y adquisición de maquinarias relacionadas a dichas labores, como retroexcavadoras, camiones tumba, etcétera. Y aquí surgen las primeras interrogantes, aún sin respuestas. ¿Puede acaso la intendencia adquirir algún bien que no esté expresamente establecido en el presupuesto? ¿Si los fondos en cuestión debían utilizarse como “contraprestación”, por qué tuvieron otro destino? ¿Por qué no se reprogramó el presupuesto? ¿Hubo licitación o se hicieron compras directas?

En contraposición a la versión de Alvarenga, el presidente de la Junta Municipal, Oscar Rodríguez, políticamente afín a Ferreiro, había afirmado públicamente que sí hubo reprogramación presupuestaria, mientras que sus colegas Álvaro Grau (PPQ) y Orlando Fiorotto (ANR), aseguraron que el Ejecutivo nunca solicitó a los concejales redireccionar fondos para ese objetivo, aportando mayores sospechas sobre lo sucedido.

Con respecto al elevado monto que debía aplicarse el año pasado a la construcción de aulas o refacción de escuelas, los 53.000 millones, pero nada se hizo, el director atribuyó el hecho a los excesivos trámites burocráticos, que culminan recién con la aprobación de los procesos licitatorios en ámbitos del Ministerio de Educación. Pero, ¿en verdad puede llevar 12, 14 o 16 meses construir un par de aulas, algunos baños o, aunque más no sea, reparar goteras? Poco creíble.

Alvarenga se apresuró en decir que si bien dicho capital está en un banco de plaza y que por ley eso no genera intereses, pues tiene que estar como depósito a la vista, la denuncia apunta a que se habría celebrado un acuerdo con instituciones financieras, de no tocar el dinero durante un año, para recibir la comisión (¿coima?) como si estuviera colocado a plazo fijo.

Demás está decir que su demostración es casi imposible. Ni el banquero admitiría que coimea para captar tan apetecible depósito, ni un funcionario que acepta coimas a cambio de hacer el depósito. Pero si el objetivo es disipar las dudas, basta con seguir el procedimiento empleado para la ejecución de este rubro y así determinar si el alarmante retraso tiene o no alguna justificación.

¿Qué queda de lo expuesto?. Muy poco, excepto que Alvarenga reconoció una alta cuota de ineficiencia por parte de la administración municipal y formuló “aclaraciones” que solo despertaron más sospechas.

 

“Desastre ko Mario”

La gestión de Mario Ferreiro, al frente de la Municipalidad de Asunción, viene siendo objeto de todo tipo de objeciones desde hace ya cierto tiempo. Desde las calles en pésimo estado, hasta la deficiente recolección de basura, pasando por la situación de abandono en el que se encuentran muchos espacios públicos. Pero a todo esto, que puede atribuírsele a ese mal que afecta a tantos administradores de la cosa pública, llamada ineptitud, se sumaron últimamente otras aún más graves: el manejo presuntamente doloso de 30.000 millones de guaraníes previstos para el desagüe pluvial de la ciudad, correspondientes al presupuesto 2018, de los cuales no se aplicaron ni un solo centavo.

Cuando el tema saltó a la luz pública, las críticas apuntaron a la increíble incapacidad del intendente y su equipo, pero luego tomaron un giro muy distinto, que arrancaron por preguntas elementales: ¿Si no se gastó en el rubro para el cual estaba proyectado, dónde fue a parar tanto dinero?.

El presidente de la Junta Municipal, concejal Oscar Rodríguez, afín a Ferreiro, declaró a la 970 am que las obras del desagüe no se iniciaron dado que la Dirección de Contrataciones Públicas no autorizó el endeudamiento de la comuna por US$ 90 millones, costo total del proyecto. Y agregó que la plata se utilizó para la adquisición de retroexcavadoras y otras maquinarias necesarias para el mantenimiento de los canales y tuberías que desagotan parte del exceso de agua en Asunción, previa reprogramación presupuestaria. Pero mintió, con total descaro.

El titular de la DNCP, Pablo Seitz manifestó a la misma emisora que la institución no tiene facultad para autorizar o no el monto de las deudas que contraiga el municipio, ni cualquier otra institución. “No es nuestra función”, afirmó tajante, derrumbando así uno de los principales argumentos de Rodríguez. Lo mismo sucedió al consultarles a otros concejales sobre la alegada reprogramación. Álvaro Grau, del Partido Patria Querida, fue rotundo al afirmar que la Junta no trató ningún proyecto de ese tipo, y en el mismo sentido se pronunció el colorado Orlando Fiorotto.

Llegado a este punto, comienzan las conjeturas. La primera que salta a la vista es que si Mario utilizó el monto en cuestión en la compra de maquinarias, sin previa reprogramación, habrá incurrido en el delito de lesión de confianza, pues la legislación no le permite realizar ningún gasto fuera de lo que figura en el presupuestado. La segunda, sin dudas más grave, es que depositó en uno o varios bancos de plaza, en donde la suma genera millonarios intereses que no son ingresados a la administración municipal.

La versión oficial de la Municipalidad es que una parte de los 30.000 millones se gastó para ciertas obras comprendidas en el proyecto y otra se reserva para la “contraprestación de servicio”, lo cual resulta por demás llamativo, teniendo en cuenta que no hubo “servicio”, aunque a pesar de eso, a los asuncenos se les descuenta por algo que no se les brinda.

El intendente Ferreiro debe aclarar los cuestionamientos y disipar las dudas, informando detalladamente en qué se gastaron los 30.000 millones, si hubo alguna reprogramación (como dijo el titular de la Junta) y si todo o parte de dicho capital está en algún banco de plaza, a qué tasa de interés y cuándo y cuánto ingreso a la administración en ese concepto.

Mientras, la mezcla de impericia y posibles manejos fraudulentos hacen que Ferreiro le dispute el mismo título a su “tocayo”, como ya se escucha en distintos ámbitos: “Desastre ko Mario”.

 

Nuevo desastre, vieja farsa

Lo que está pasando en Ñeembucú y otras regiones del país, como Asunción, ciudades circunvecinas y localidades del Chaco, es verdaderamente grave. Son más de 40.000 las familias damnificadas, que revelan la magnitud del desastre ocasionado por las intensas lluvias, antecedidas en algunos casos por destructivas riadas. En tales circunstancias, la prioridad absoluta debe ser la asistencia estatal a los compatriotas que se hallan en estado de desesperación y la solidaridad ciudadana, que se ven perjudicadas por las conductas marketineras y auto-justificativas de las autoridades, las cuales desempolvan viejas fórmulas nunca ejecutadas o le tiran el fardo a otras instituciones.

Ahora seguramente se responderá al socorro, a medidas de urgencia, como exige la situación. Pero las aguas bajarán, las cámaras apuntarán a otras direcciones y, entonces, autoridades y prensa, en general, seguirán nuevas agendas, hasta siguientes inundaciones o eventos climáticos como el del pasado viernes.

Nuestro escepticismo no es infundado. Los problemas son antiquísimos, si bien se manifiestan de manera cada vez más intensa por efecto del desarrollo sin mayores fiscalizaciones (ni hablar de planificación) y, según algunos, de los cambios climáticos. Y esos problemas preexistentes, no fueron abordados más que para reiterar la “necesidad perentoria” de construir defensas costeras en Pilar y otras ciudades, y ejecutar las obras de desagüe pluvial en la Capital y el área metropolitana, tal como se viene diciendo desde hace al menos 36 años, después de “la gran inundación” de 1983.

El presidente de la república visitó Pilar, en el marco de un amplio despliegue de organismos públicos, incluyendo a las Fuerzas Armadas. No vamos a cuestionar sus evidentes fines propagandísticos, pues, además de ser legítimos, podían servir para avivar los sentimientos de solidaridad hacia nuestros hermanos; hasta que escuchamos grandes anuncios de Abdo Benítez, de dudosa veracidad, y vemos los indignantes video de “Marly”, la “influencer” más destacada del Ejecutivo. Entonces, de un plumazo, se derrumbó el discurso oficial.

Marito dijo que la ejecución del emprendimiento depende del Congreso, en donde está radicado un proyecto de Defensa Costera para la capital de Ñeembucú, agregando que “después de que ganamos y antes de asumir la conducción nacional ya hablamos con una empresas alemana…”. Sin embargo, la senadora Desirée Masi, una de sus principales aliadas, le desmintió, en tanto que el diputado Basilio Núñez manifestó desconocer su existencia. Y en lo que respecta a la mención a una empresa en particular, cualquier “trato verbal” con ella u otra genera más suspicacias que otra cosa, al dejar en entredicho la transparencia que debe existir en los procesos licitatorios.

Algo parecido sucedió con Asunción. El intendente Ferreiro no reconoció error alguno, le culpó de todo al exceso de lluvia y pidió dinero, mucho dinero (US$ 90 millones), para realizar las obras de desagüe pluvial en la ciudad, ya licitadas y adjudicadas… en el 2017!!.

Además de esto último, el problema es que el año pasado disponía de 5 millones de dólares, para desarrollar parte del proyecto, y lo usó en otras cosas, según lo reconoció el presidente de la Junta Municipal afín a Mario, el concejal Oscar Rodríguez.

Al reclamársele por qué no se destinó esa suma al tema para el cual fue presupuestado, Rodríguez sostuvo que el caso se trabó en la Dirección Nacional de Contrataciones Públicas (DNCP) por más de un año, al no autorizar el endeudamiento del municipio por ese monto.

Pero mintió. Palo Seitz, titular de dicha institución, explicó que ésta carece de facultades para aprobar o rechazar el monto de un empréstito municipal o de cualquier otra entidad pública, señalando que la Municipalidad solo hizo una consulta, respondida a fines del año pasado.

Es hora de poner fin a tanta farsa y discutir con rigor cómo aplicar las consabidas fórmulas para solucionar de manera estructural los viejos problemas que sufrimos hace décadas, es decir, lo opuesto a la conducta demostrada hasta ahora por los políticos.

 

Período de “vacas flacas”

Los datos de la economía pueden resultar abstractos, números fríos y aburridos que dicen poco, pero sin embargo sus efectos en la vida cotidiana de los ciudadanos son muy concretos, en ocasiones negativos. Es lo que pasa en lo relativo a la “caída del consumo”, que los técnicos mencionan casi al pasar en medio de una catarata de estadísticas, pero constituye en realidad uno de los principales termómetros de la situación por la que atraviesan “los comunes”, al decir del diputado Carlos Portillo. Se consume menos porque hay menor cantidad dinero en el bolsillo de los consumidores, de Juana, Pedro y María, de todos, aunque en distintas proporciones; o bien, porque se tiene la misma cantidad, pero “rinde menos” que antes. La pregunta es cuáles son las causas que motivan el hecho y, sobre todo, qué se hace para corregirlas.

Con la misma cantidad de plata compramos menos productos dado que el guaraní se depreció 14% con respecto al dólar, en los últimos 12 meses, y si bien nuestras transacciones son en guaraníes, no en dólares, muchos de los artículos que adquirimos son importados. Pero, además, existen muchas familias en las que alguno de sus miembros quedó desempleado o, si son cuentapropistas, no obtienen trabajo con igual frecuencia.

El problema es que la economía perdió impulso, ya no crece al ritmo en que lo hacía. Según el Banco Central del Paraguay, el Producto Interno Bruto (PIB) bajará de 4%, como pronosticaba hasta hace un mes, a 3,2. La explicación fue la caída de la producción de soja, a 9 millones de toneladas, aproximadamente, y la crisis regional, pero mantuvo sus pronósticos optimistas para el segundo semestre, apostando fundamentalmente a la ejecución de obras públicas, que es un factor dinamizador, sin ninguna duda.

Sin embargo, la caída de la soja será mayor, por debajo de las 8 millones de toneladas, con el agravante que también experimentó una depreciación considerable, situándose por debajo de los US$ 300 la tonelada. A raíz de esto, se estima que dejarán de ingresar al país 1.160 millones de dólares. Mientras tanto, la crisis de los países vecinos no muestra el menor síntoma de mejoría, sino todo lo contrario.

Conclusión, es muy probable que el crecimiento de la economía esté en una franja de entre el 2 y el 3,2%, difícil de determinar ahora qué tan cerca se ubique finalmente de uno u otro guarismo.

Claro, esto implica que sectores de la producción y del comercio, como venden menos, también producen e importan en menores volúmenes e, inmediatamente, recortan sus gastos, entre ellos el de personal, perdiéndose así muchas fuentes de trabajo. Y como corolario, el fisco recauda menos, tanto en aduanas, como en concepto de IVA y el selectivo al consumo, según los datos oficiales.

Esta es la película que transcurre detrás de las estadísticas que se publican. No es la realidad de todos, pero abarca a la producción agrícola, sectores de la industria y del comercio.

En cuanto a lo que se hace, cabe mencionar que hasta hace un mes ni se reconocía la crisis. Ahora el Ejecutivo anunció por segunda o tercera vez que apurará las obras desde el MOPC, que al mes de abril solo ejecutó el 19% de su presupuesto, evidenciando serias dificultades en materia de gestión. Y algo peor sucede en los Ministerios de Urbanismo, Salud y Educación, en donde prácticamente no hubo llamados a licitación de obras públicas.

Tal como están las cosas, todo indica que estamos en los primeros tramos de un período de “vacas flacas”. De las medidas que adopte o deje de adoptar el Ejecutivo, dependerá su magnitud y duración.