¿Por qué disparan contra Benigno?

Ningún ministro de Hacienda, sea de nuestro país o de cualquier rincón del planeta signado por las carencias, se caracteriza por contar con la simpatía de la opinión pública. Pisa callos y toma medidas que no son precisamente “populares”, porque gran parte de su tarea es administrar miserias, presupuestos que no alcanzan y enfrentar severas dificultades para generar recursos, por los conflictos que eso siempre provoca. Sin embargo, llama la atención la serie de ataques y cuestionamientos de los que está siendo objeto Benigno López, no por cuestiones que hacen a sus funciones, sino por hechos que se registran en otros ámbitos, fuera de su cartera, de los cuales igualmente se le responsabiliza.

Desde hace algunas semanas es el supuesto culpable de “trabar” los pagos en el Ministerio de Obras Públicas y, en consecuencia, hasta de la baja ejecución presupuestaria. El objetivo sería, según dicen, “deteriorar la imagen de Arnoldo Wiens”, para lograr su destitución y así reemplazarlo con “un hombre de su confianza”.

Absurdo por donde se mire. El “acusado” de tales cargos es uno de los personajes más influyentes del gobierno, el más interesado en que no fracase el presidente, que por otra parte es su hermano, y él mismo, pues el “parate” de las obras afecta la marcha de la economía, que sí es responsabilidad suya. En otras palabras, no necesita “conspirar” ni un solo segundo y, menos aún, desequilibrar la gestión de Marito y la suya propia.

Los problemas del MOPC son incumbencia exclusiva de su titular, quien, además, no necesita “ayuda” externa para que su imagen siga deteriorándose, como producto de sus escasas aptitudes para desempeñar un cargo de tanta relevancia. Es la opinión unánime de las empresas constructoras, las llamadas “vialeras”, avalada por los pobres resultados obtenidos, al filo de culminar el semestre.

También le asignan los supuestos negociados en el IPS -que sin dudas deben ser objeto de investigación- porque el presidente de la previsional fue parte de su equipo cuando él ejerció dicho cargo, en la pasada administración. Tan absurdo como lo anterior. Las responsabilidades, si las hubiere, son personalísimas, salvo que se demostraran nexos que nunca siquiera se insinuaron.

A López nadie le critica, al menos hasta ahora, por sus obligaciones de ministro. Ni en lo relativo a como maneja el tema presupuestario, relacionado al déficit fiscal, ni en lo concerniente al endeudamiento público, ni al aliento a políticas públicas para contrarrestar las condiciones adversas en la región, cuya demora en la implementación depende de terceros, como MOPC, Salud, Educación y Urbanismo (viviendas), que hasta ahora no han superado la prueba.

De hecho, Hacienda y Banco Central son las instituciones que gozan de mayor prestigio nacional e internacional. En ellas radican las fortalezas del gobierno de Abdo Benítez, si no las únicas, las más importantes, de lejos, lo cual puede resultar muy pesado de digerir para las restantes.

Abdo seguramente es consciente de esto y por eso no cede a las presiones, pero estas irán en aumento con el correr de los meses, fruto de las contradicciones internas, así como las que se ejercen desde la política y la prensa, que si terminaran imponiéndose, serían un revés tremendo para su presidencia y, “de paso”, para el rumbo de la economía. Algo a lo que por lo visto algunos apuestan, sin pensar por un instante en el país, ubicándose en las antípodas de cómo debe actuar una oposición seria y constructiva.

 

Abdo debe exigir a Brasil que respete a nuestro país

Alarma la disociación superlativa que hay entre la dirigencia política y la sociedad, entre nuestras autoridades, en su más amplia acepción, y los problemas que son de real interés nacional, de máxima importancia para los paraguayos. Ellos están “en lo suyo”, en sus cuestiones particulares (¿negocios?), o en el marketing para intentar mejorar la imagen, o en las vendettas contra sus adversarios. Llegan hasta ahí, a lo sumo. La gente, mientras, es castigada por una crisis económica no asumida, pero que se siente cada vez con más fuerza a la hora de pagar las cuentas y, en el caso de toda la zona de frontera con Brasil, por una medida que adoptó el Banco Central de ese país, fulminante para el comercio, cuyas consecuencias sociales serán devastadoras.

Lo que está pasando en Ciudad del Este, así como en Salto del Guairá y Pedro Juan Caballero, es la expresión más avanzada de la indolencia del gobierno, que no mueve un dedo para evitar el colapso inminente de la actividad comercial, principal actividad económica de dichas capitales departamentales.

El jueves pasado, el Banco Central del Brasil le “sugirió” al único banco del vecino país autorizado a importar reales del Paraguay, que suspendiera dichas operaciones, las cuales se ejecutan con toda normalidad en el sistema financiero internacional. Sus implicancias serán tremendas, veamos por qué.

Los brasileños compran sus productos con reales, los comerciantes los cambian en los bancos por dólares y realizan los pagos para nuevas importaciones y éstos los remiten a un banco del Brasil, el autorizado para importar de nuestro país la moneda brasileña. O mejor dicho, remitían…

Al cortarse esa cadena, tras la “sugerencia” de la banca central brasileña, los bancos privados se verán obligados a no recibir reales y, lo mismo, los comerciantes, que no tendrían donde cambiarlos por dólares. Al menos no de manera lícita. El comercio formal, en consecuencia, se iría al tacho, junto con miles de puestos laborales, y crecerían la informalidad, las transacciones en el mercado negro, etcétera, etcétera.

Hasta aquí, podría tratarse de una bravuconada más del Brasil, muy grave por cierto, pero las cosas se tornan mucho más preocupante dada la inacción del Banco Central y del gobierno nacional, que probablemente ni huelan la dimensión del problema en puertas y que, si no actúan, les estallará en el rostro.

Abdo, su inepto ministro de relaciones Exteriores y la desdibujada titular de Industria y Comercio, además del BCP, deben salir de la burbuja en la que viven, de la “zona de confort” en la cual se mueven, rompan con la burocracia y reclamen a sus pares del Brasil que cesen con el atropello a los intereses de nuestro país.

No es un pedido de favor, sino una exigencia, sin importar que lo hagamos ante “el coloso” de Sudamérica que, como cualquier hijo de vecino, está obligado a no alterar el normal funcionamiento del sistema financiero, en este caso, en lo concerniente a la importación-exportación de dinero.

Marito afirmó días pasados que las relaciones con Brasil y su mandatario, Jair Bolsonaro, son maravillosas. No le pedimos pruebas de tanto, sino algo más elemental, básico en el comportamiento de cualquier presidente: Que exija respeto.

 

Autoridades ni huelen los problemas

Cuando Basanomics comenzó a alertar sobre la desaceleración de la economía, hace ya varios meses, el desmentido oficial fue rotundo: “No ocurre tal cosa”, dijeron, ratificando que para este año se esperaba un crecimiento del PIB del 4 por ciento. Los datos de la realidad, sin embargo, fueron demostrando que el gobierno estaba completamente equivocado, obligándolo a modificar los pronósticos hacia abajo, levemente por cierto. Pero en el segundo trimestre se mantiene la tendencia negativa y sus consecuencias ya son inocultables. Disminuyó el consumo, cayeron las importaciones, la soja se vino a pique, aumentaron todos los precios, se depreció el guaraní y bajaron las recaudaciones, en un contexto regional cada vez más crítico. Como corolario, la expansión económica se reducirá a un modesto… ¡2 por ciento!

Las alarmas de sectores empresarios no son por tanto exageradas. El presidente del Centro de Importadores, Neri Giménez, informó ayer que el consumo promedio de los paraguayos experimentó una reducción del 25% en lo que va del año y las importaciones bajaron más de 15%; mientras que la Cámara Nacional de Comercio y Servicios advirtió sobre la pérdida de puestos laborales, a raíz de la falta de respuestas oficiales a los problemas de la economía.

Ambas entidades se pronunciaron ayer, comunicados mediante, expresando su malestar por la situación, como hace tiempo no lo hacen los gremios empresarios, sin diplomacia, en tono áspero.

Los reclamos no distan mucho a los formulados por sus colegas de otras ramas: Elevar con urgencia la inversión pública, revirtiendo la pobre ejecución presupuestaria, pero dan un paso más y proponen suspender -por ahora- el tratamiento del proyecto de reforma tributaria, que no es prioridad en este momento y solo genera más incertidumbre a la desfavorable coyuntura. Lo prioritario, sostienen, es debatir un plan para reactivar la economía y ponerlo en marcha cuanto antes.

El planteamiento suena más que razonable, pero su ejecución depende de que las autoridades dimensionen correctamente la gravedad del momento; algo poco probable. Estas parecen más interesadas en llevar adelante la reforma impositiva como sea, minimizar los problemas o echarle la culpa de todo a los países vecinos, a la caída de los “commodities” y, por supuesto, al anterior gobierno, pero no en asumir las cosas como son e impulsar políticas concretas para disminuir sus efectos negativos.

En cuanto a los congresistas, no hay mucho que decir. Salta a la vista que se encuentran disociados de las cuestiones que al país más interesa. Están de espaldas a la sociedad, dedicados al “chiquitaje” de las vendettas políticas y hacer hasta lo indecible con tal de seguir libando las mieles del poder, por no decir robando.

Lo antedicho, sin embargo, no es inmutable. Las autoridades y la dirigencia política en general tendrán que escuchar las voces de quienes reclaman soluciones, desde los más variados estamentos. Es una carrera contra el tiempo, en la que toda demora se traducirá luego en mayor costo, que desde luego lo pagará la ciudadanía, pero se lo cobrará, de algún modo, a quienes pudiendo evitarlo no lo hicieron.

 

Mario siempre con cara de “yo no fui”

A veces sorprende el grado extremo de irrealidad que viven quienes ejercen el poder político, en ciertos casos, o el cinismo con el cual justifican sus inconductas, en otros. No sabemos en cuál de ellos se encuadra el intendente de Asunción, Mario Ferreiro, pero una cosa es segura: Su capacidad de autocrítica es nula, todos los cuestionamientos a su gestión tienen alguna explicación “razonable” y, por poco, debemos pedirle disculpas por los “injustos” reproches de los que frecuentemente es objeto. Los verdaderos culpables son, según él, quienes le antecedieron en el cargo, o la lluvia, o los vecinos, pero nunca asume sus propias responsabilidades.

Esta “patología” propia de no pocos poderosos, ayer se hizo nuevamente visible en Mario. Habló en algunos medios sobre la donación del gobierno de Taiwan al Estado paraguayo, de U$S 66 millones, para la construcción de 2.400 viviendas sociales. De acuerdo a sus expresiones, “todo marcha normalmente”, nunca se interrumpieron las conversaciones con el ministerio de Urbanismo (MUVH) -encargado de ejecutar las obras- y, en siete días, se suscribirán todos los documentos pertinentes, incluyendo la transferencia de la propiedad municipal a favor de dicha cartera de Estado. Pero la verdad es otra, diametralmente opuesta.

La donación taiwanesa data del año pasado. En octubre se puso en marcha la mesa de trabajo entre el MUVH y la Municipalidad de Asunción, pero lo que debía concretarse en un breve plazo, fue postergándose de manera inexplicable hasta el presente, ocho meses después de iniciadas las conversaciones. Y como no se produjo la transferencia de la propiedad municipal al citado ministerio, el inicio de obras ni se dibuja aún en el horizonte.

Ferreiro ahora habría cambiado de postura, pero no sin antes haberse divulgado ampliamente los perjuicios que acarrearían su inocultable indolencia, empezando por el redireccionamiento de la donación hacia otros fines, para desgracia de las 2.400 familias, que seguirían viviendo en zonas inundables. En otras palabras, no lo hizo por propia iniciativa, sino por presión de la prensa o, mejor, de sectores muy específicos de ella, ya que la mayoría de los medios encubrió las irregularidades endilgadas a Ferreiro en los últimos años.

En otra nota periodística, Ferreiro fue consultado sobre el tema referido a los 32.000 millones de guaraníes previstos en el presupuesto 2018 para obras de desagüe pluvial en Asunción que, a mayo de este año, no se ejecutó un solo centavo. Y su respuesta fue del mismo tenor que la anterior: La demora obedeció, según sus palabras, al engorroso proceso licitatorio que recién ahora culminó.

¿Cómo?. ¿Más de un año para realizar dos licitaciones? Entre paréntesis, también se “apuraron” estas adjudicaciones luego de las lluvias que dejaron bajo gua a la Capital, y se publicara la existencia de un millonario rubro para solucionar el problema que estaba sin utilizar.

Estos son los hechos. La pregunta es cómo pude alcanzarse semejante nivel de desidia, si bien su contracara, la eficiencia y laboriosidad, no son precisamente el rasgo dominante de los altos funcionarios en la actualidad. Las hipótesis son variadas, desde la simple ineptitud del intendente hasta las que atribuyen al “congelamiento” de dichos rubros en ciertos bancos de plaza, para generar intereses que tienen como destino las arcas de una supuesta “caja paralela”, de la cual se benefician altos exponentes de la administración municipal.

Mario ya está en la fase final de su mandato, por lo cual es harto improbable algún cambio en lo que resta antes de que se despida y se convierta en solo un mal recuerdo. Ya no será aquel Mario que a tantos agradaba, el de los programas mañaneros, sin otro compromiso más que el de hacer entretenida la jornada.