Rehén de la democracia

Nada representa mayor pérdida de tiempo que involucrarnos en falsas discusiones. Por ejemplo, si el acuerdo entre Añetete y Honor Colorado -para rechazar el juicio al presidente y zanjar la crisis- marca el inicio de un “cogobierno”, si quién es el que ahora ejerce el poder político en la república o si Marito es o no es “rehén” de Horacio Cartes. Y es un despropósito porque ni de refilón explica el cambio en el escenario político, pero, sobre todo, porque mientras tanto el país se hunde cada vez más hondo en el fango de la recesión, dejando a su paso más desempleo y más pobreza.

Los realineamientos producidos en ámbitos del coloradismo se fundan en hechos muy concretos de la realidad. Los lectores recordarán que tras los comicios generales del 2018, el oficialismo emergente le dio la espalda al cartismo y comenzó a perseguirlo. En lugar de mantener esa alianza, factor clave de la victoria electoral, optó por articular el poder con sectores de la oposición, los encabezados por el liberal Efraín Alegre y Desiré Masi, entre otros, además de con los diversos grupos que integran Colorado Añetete y dos de los principales grupos mediáticos.

El único elemento en común de todos estos actores era su fobia a Horacio Cartes, a quien, como bautizo del nuevo oficialismo, le impidieron jurar como senador. Y a partir de entonces, ya no pararon. Todas las medidas del nuevo gobierno llevaban el “sello anti HC”. Éste había trasladado la embajada paraguaya en Israel a Jerusalén y Marito, a las 3 semanas de asumir, revocó la decisión y fijó nuevamente como sede Tel Aviv. Los linces fueron integrados por el gobierno anterior y, por tanto, la nueva administración les desfinanció. Y así una larga lista, incluyendo el hostigamiento sistemático a los identificados como cartistas y el premio con altos cargos a sus peores detractores.

Creyeron que un reagrupamiento de esta naturaleza, sin proyecto alguno, más que “el anti”, podría gobernar. Y no solo eso, sino que también podrían llevarse todo por delante, sin ninguna consecuencia. Sin embargo, los sucesos de las últimas semanas demostraron cuán equivocados estaban. El proyecto fracasó de manera estrepitosa.

Los principales “amigos” del gobierno tomaron distancia y comenzaron a bombardearle sin piedad, tal vez porque no obtuvieron la tajada de torta que pretendían, en unos casos, tal vez por la necesidad de posicionarse ya de cara a los próximos comicios, en otros, pero que le soltaron la mano, no hay ninguna duda. Y el cartismo, que tenía en sus manos la decisión de tumbar a Mario Abdo o mantenerlo en la presidencia, se decidió por lo segundo, a sabiendas de que la primera alternativa era sinónimo de una derrota casi segura de los colorado en futuras elecciones, es decir de cargar con el estigma de causar la vuelta de la ANR a la llanura.

¿Es ilógico que corrientes de un mismo partido cierren filas para seguir en ejercicio del poder?. Por supuesto que no. Es tan lógico como cuando la oposición se unificó para las últimas elecciones, después de que liberales expulsaran del poder al luguismo y de ser acusados por estos de golpistas.

Lo que cambió es la forma en que se hallan articuladas las fuerzas en las que se asienta el poder político. Antes era oficialismo, más oposición, más medios; y ahora es oficialismo, más cartismo.

¿Esto convierte a Marito en rehén de HC?. Con el criterio de los que sostienen que sí, deberían entonces admitir que antes lo era de Efraín, Desirée, Vierci y Zuccolillo. Pero no es un planteamiento correcto, porque salvo los proyectos autoritarios, sean populistas de izquierda o de derecha, en democracia es normal, prudente y necesario que el presidente de turno no pueda imponer su voluntad y, en su reemplazo, se vea obligado a negociar las políticas de importancia.

En definitiva, todo presidente que se halle al frente de un sistema republicano, debe ser un rehén, en el mejor sentido de la palabra. El presidente debe ser un rehén, un rehén de la democracia.

 

No saben dónde están parados

En momentos en que el gobierno se debate en una profunda crisis política, que cuestiona severamente su legitimidad, los esfuerzos comunicacionales del aparato oficial siguen girando alrededor de presentar lo negro como blanco y lo malo como bueno. Así, el inusual hecho de que el presidente de la república comparezca ante el ministerio público, sería “una muestra de respeto a la independencia de los poderes del Estado y de su incuestionable vocación democrática”. Un disparate mayúsculo. Lo inédito en realidad es que un mandatario se vea obligado a declarar en un caso tan grave, como el del acta bilateral suscrita con el Brasil a espaldas de toda la sociedad, calificado como un acto de traición a la patria.

Como éste, hay muchos otros temas sobre los que el Ejecutivo divulga informaciones cargadas de falso optimismo. Por ejemplo, la ministra del Trabajo anunció que “lo peor ya pasó” y que “se crearon 50.000 nuevos puestos de trabajo”, pero los indicadores económicos son cada vez peores y el propio titular de la Dirección General de Estadísticas informó que hay más de 50.000 nuevos desocupados y más de 90.000 nuevos sub ocupados, lo cual, a su vez, supone un aumento de la pobreza.

Pareciera que Abdo Benítez y sus principales colaboradores tienen terror a reconocer la situación, tal cual es, y recurren a estas maniobras torpes que logran el efecto contrario al pretendido. En lugar de tranquilidad, producen incertidumbre o directamente malestar, sumando a críticos en vez de seguidores.

Los profesionales de la sicología comparten en definir la negación como un método destructivo, altamente perjudicial, por medio del cual se evaden los problemas y, en consecuencia, estos se mantienen o profundizan.

Las personas que recurren a dicho mecanismo, inhabilitan parcialmente su propio poder para hacer los ajustes necesarios y generar un cambio favorable. Imaginemos ahora si esto trasladamos al plano de la política, de la administración de la cosa pública, de la gestión de gobierno. En este caso, la situación se seguirá agravando, inexorablemente.

La comparecencia del presidente, realizada ayer, y de su Vicepresidente en la fecha, no tiene otra definición posible más que la de bochornosa. No son simples “colaboradores que aportarán algunos datos a la justicia”. Fueron denunciados nada menos que de aprobar un pacto cuyo contenido es altamente perjudicial a los intereses de la nación. Por eso se popularizó el concepto de “traidores a la Patria”, por eso se inició la investigación del ministerio público y, en este contexto, declaró ayer el primero y lo está haciendo ahora el segundo.

Mientras el oficialismo siga negando lo que está pasando, también seguirá cavando más hondo su propia fosa, y en la ciudadanía terminará de instalarse lo que ya se discute en rondas de amigo: ¿Qué conviene más? ¿Que se vayan ahora o un poco más adelante?

 

El rol de la prensa en la crisis política

ABC color ahora dice lo que venimos sosteniendo hace 13 días, cuando estalló el escándalo del “Pacto secreto” con el Brasil, sobre Itaipú. Los chats que divulgó en la fecha, de mensajes entre Mario Abdo Benítez y el ex titular de la Ande, Pedro Ferreira, revelan no solo que el primero estaba en pleno conocimiento de las negociaciones, al menos desde el mes de febrero, sino que bregaba claramente a favor del contenido de lo suscrito, así como de mantener el tema en absoluto sigilo. Lo que el medio en cuestión no explica es porqué ocultó dicha información a sus lectores y a la opinión pública durante dos semanas, blindando así al presidente, y porqué ahora le dispara bajo la línea de flotación, como para hundir el barco. ¿Cuáles son los motivos de tan drástico cambio?

Recapitulemos. El 24 de julio explotó la bomba, al hacerse público lo que se había mantenido en los marcos del secretismo. Renuncia Ferreira, técnicos de todos los pelajes afirman que el Acta es altamente perjudicial para el país, se afianzan los cargos de “traición a la patria” y se torna inminente su enjuiciamiento político, previsto para el miércoles 31.

En ese periodo, Abc buscó afanosamente sacar al presidente del ojo de la tormenta y descargar las culpas en el Vice, Hugo Velázquez, impulsando un vasto operativo de prensa del que se hicieron eco legisladores que le son funcionales a sus intereses, como los de Patria Querida, entre otros. Alguien tenía que pagar por lo sucedido y quién mejor que un “florero”, para colmo, partidario del apaciguamiento con el “cartismo”. Y así apareció un personaje pequeñito en el escenario, José Rodríguez (27), convertido en estrella fulgurante en el firmamento político. Fueron varios días de “Pedro dijo, que Joselo dijo, que Velázquez dijo”, como parte de una campaña para desviar la atención.

Las cosas cambian, drásticamente para Abc, cuando el movimiento Añetete y Honor Colorado, que ya había retirado el pedido de enjuiciamiento, deciden cerrar filas contra la destitución de Abdo y Velázquez, anuncian la unificación de sus bancadas en el Congreso y otras medidas en el ámbito partidario.

El brusco giro de ABC obedece a eso y solo a eso. Mientras Abdo Benítez tenía en la vereda de enfrente a HC, que de haber prosperado el juicio iba a quedar “con la sartén por el mango”, según la percepción de dicho medio, había que sostener al presidente como sea. Todo con tal de ahuyentar al “cuco” cartista. Pero cuando ese “cuco” y el oficialismo decidieron enfundar las hachas y caminar juntos, al menos por ahora, el concepto de enemigo abarcó también a quien hasta entonces protegía, saliendo entonces a luz los chats que antes había ocultado.

Un monumento al antiperiodismo. El criterio nunca fue, ni es, lo que conviene al país, sino los intereses corporativos de la familia Zuccolillo, incluyendo sus fobias políticas.

Si no cambia nuevamente de posición, Abdo Benítez ahora enfrentará los “rigores” de un segmento poderoso de la prensa nacional, su aliado de años, con el que Horacio Cartes lidió por más de 3 años, pero en circunstancias muy distintas: Su gobierno era sólido, el país estaba ordenado, tenía un rumbo claro y nunca fue objeto de cargos como los que ahora se ventilan.

 

El “Pacto Secreto”, estúpidos

En las últimas horas se desató un vasto operativo mediático y político para “sacrificar” al Vicepresidente Hugo Velázquez y, así, “salvar” a Mario Abdo Benítez de su inminente destitución. ABC y Telefuturo, por un lado, Patria Querida y PDP, por el otro, buscan desviar el tema central que desató la grave crisis en curso, que hunde en el fango y la ignominia al gobierno actual, que pasará a la historia de la única forma en la que alguna vez podría ser recordado: VENDEPATRIA, tal como ya lo catalogan en amplias franjas ciudadanas. ¿Por qué Velázquez sí y Marito no? ¿Qué lo haría “culpable” a uno e “inocente” al otro? Ambos son responsables de lo mismo, con una diferencia. Abdo es el jefe de la gavilla.

El problema de fondo, el que indignó con sobradas razones a toda la nación, fue el “pacto secreto” celebrado con el Brasil el pasado 24 de mayo, que obliga a nuestro país a comprar energía por un costo muy superior al establecido con todas las formalidades de la ley desde enero el 2002. ¿Y cuánto representará esto para la ANDE y, en consecuencia, para todos los paraguayos?. Nada menos que 250 millones de dólares.

A eso se comprometió el presidente de la república y ese es el monto del daño patrimonial ocasionado al Estado paraguayo. ¿Acaso alguien en su sano juicio -y mínimamente honesto- puede sostener que semejante transa fue responsabilidad de los negociadores y no el resultado de expresas indicaciones de Marito?

Esto lo mantuvieron bajo absoluto sigilo y se hizo público solo porque por razones desconocidas, el entonces presidente de la ANDE, Pedro Ferreiro, renunció dos meses después. El Ejecutivo no informó nada a nadie, ni con antelación a estampar su firma, ni posteriormente, en el afán evidente de ponerlo en vigencia por la vía de los hechos; es decir, subiéndonos gradualmente las tarifas de electricidad y/o posponiendo las necesarias inversiones en la empresa.

Lo señalado es de lógica formal. Ningún mandatario puede estar ajeno a temas que para su país ocupan un lugar de primerísimo orden, como son las relaciones con Brasil y, en particular, todo lo referido a Itaipú Binacional. Y si no se ocupara de ellos, estaríamos ante una persona absolutamente inhábil para dirigir la república.

¿Dónde entra el Vice en esta trama?. Por su jerarquía tampoco es creíble que no supiera lo que se estaba urdiendo. Pero a él lo quieren sacar del ruedo, con todas las culpas sobre su espalda, por un “fato” realizado en paralelo a la tarifa de la electricidad, con una empresa brasileña vinculada a la familia Bolsonaro. Y éste, como sabemos, es íntimo de Marito, por lo que también es de presumir que tenía pleno conocimiento del “negocio”.

El tema principal es, pues, la feroz “transa” suscrita el 24 de mayo. Los demás, en comparación con éste, son completamente secundarios, “distraccionismo” puro con el objetivo de desviar la atención.

Una anécdota de la historia sirve para ilustrar lo que está sucediendo. En 1992, cuando Bush y sus colaboradores hacían campaña electoral difundiendo las victorias militares en el extranjero, en lugar de referirse a la mala situación del país, el asesor de Bill Clinton ideó una consigna que muy pronto acabó con sus adversarios, a quienes se dirigió diciendo: “La economía, idiotas”, fue su principal consigna, por ser este el principal problema de aquel entonces.

Esto bien podríamos aplicar en la actualidad con la gente de Patria Querida, PDP, ABC y Telefuturo. “Es el Pacto Secreto, estúpidos”.