¡Sanos y salvos!

Vivimos días oscuros, a nadie ya le cabe la menor duda. Una epidemia que se expande sin cesar, al igual que el desempleo y la pobreza, más escándalos de corrupción no resueltos, ya eran detonantes suficientes para desencadenar una crisis aguda, a los que ahora se incorporó otro factor que nunca nos abandonó pero que se hallaba en estado latente: La violencia.

Su reaparición se dio primero en el confuso episodio que protagonizaron efectivos de la Fuerza de Tarea Conjunta(FTC) y del autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), en Yby Yaú, que arrojó como saldo la muerte de dos niñas de 11 años. Y este miércoles, apenas 7 días después, se hizo nuevamente presente con el secuestro del exvicepresidente de la República, Óscar Denis, y de un empleado a su cargo, Adelio Mendoza, ocurrido en la zona de Bella Vista norte (Amambay), que se le atribuye a la misma banda criminal.

Cualquier secuestro conmociona, como lo demostraron todos los casos anteriores, pero cuando se trata de una persona pública de vasta trayectoria política, como Denis, en un contexto de por sí “volátil”, como el actual, las cosas se tornan aún más complicadas y sus consecuencias difíciles de prever.

El gobierno reaccionó esta vez con más cautela, al menos hasta ahora. Su porta voz, el ministro del Interior Euclides Acevedo, anunció el “despliegue de fuerzas en la zona” con el fin de rescatar a los secuestrados. Pero algo más, también deslizó una caracterización de lo acontecido al señalar la connotación política que reviste el hecho, lo que genera mayor incertidumbre respecto al posible curso de los acontecimientos.

¿Por qué lo de la incertidumbre? Porque si bien esta se halla presente en actos similares que persiguen objetivos extorsivos, en estos casos se presume que al aceptar las demandas de los captores o acordar lo que fuere en esta materia, se pondría fin al cautiverio, pero si el móvil fuera político, como dice Euclides, el escenario que se abre es más incierto.

Siguiendo el hilo que dejó abierto el ministro, en gran medida compartido por periodistas, analistas y otros actores, las preguntas serían si la banda criminal quiere negociar algo, que desconocemos, o si es un acto de venganza, una “réplica” a lo sucedido en Yby Yaú, lo que disminuiría sensiblemente las posibilidades de que todo esto termine de manera favorable.

Nosotros, demás está decirlo, no lo sabemos y sería irresponsable avanzar en este terreno, hasta tanto surjan más informaciones al respecto, sea porque se pronuncien los secuestradores o por los datos que divulguen el Gobierno y los organismos de seguridad, que claramente fueron sorprendidos por este desgraciado acontecimiento, lo cual deberá ser motivo de análisis y necesarias rectificaciones posteriormente.

La prioridad ahora es bregar por la recuperación de Denis y Mendoza sanos y salvos. Ese es nuestro mayor deseo, por ellos, por sus seres queridos, que están pasando por una de las peores angustias que pueda sufrir cualquier ser humano, y también por el país, que de otro modo se hundiría en un remolino de disputas y confrontaciones del cual sería más difícil salir.

 

Fracasaron en casi todo y, encima,“se hacen los churros”

Ahora resulta que son blancas palomitas, inocentes de las denuncias “mentirosas” de corrupción que se hicieron en su contra y que el Paraguay, en lo que respecta a la pandemia, tiene resultados similares a los de Alemania y Noruega. Pero la verdad, avalada por los hechos, demuestra que el Ministerio de Salud está comandado por una gavilla corrupta, además de inepta, cuyas consecuencias comenzamos a sufrirlas en todos los terrenos, empezando lógicamente por el sanitario.

Haciendo gala de su segundo apellido, el viceministro Julio Rolón Vicioso, así se apellida, no es un invento nuestro, publicó en las redes sociales cuanto sigue: “Se acuerdan de la famosa compra fallida? la que utilizaron para acusar, desacreditar, mentir, inventar, agredir, ofender, alentar la rebeldía sanitaria, etc etc… sí… esa misma que sirvió para que algunos politiquillos tengan su minuto de fama o pronuncien discursos grandilocuentes. RECUPERAMOS EL 100$ de lo que se había anticipado (sic).

Cuánta desfachatez en tan pocas líneas.

Primero, no “recuperamos” nada, eso no fue obra suya, ni de Mazzoleni, ni del ministerio de Salud, ni de alguien en particular, sino de la compañía de seguro que brindó las garantías del contrato que suscribieron con el “clan Ferreira” (plagado de irregularidades), por la famosa “compra fallida”.

Segundo, no porque la aseguradora haya cumplido con su obligación, estipulada en las normativas que rigen la materia, la “compra fallida” dejó de ser… fallida. Y éste es el punto que Vicioso prefiere omitir en sus repulsivas manifestaciones.

Tercero, lo que el funcionario califica como “fallido” no es otra cosa que el mayor negociado, el “fato” más escandaloso en lo que respecta a la ejecución de fondos destinados a combatir la pandemia y, por eso mismo, más inmoral y canalla que los tantísimos registrados en otros tiempos.

Cuarto, el fato en cuestión, no la “compra fallida”, que se destapó merced a las denuncias periodísticas y de un puñado de legisladores, tuvo terribles consecuencias para el sistema de salud, dejando desprotegidos por meses al personal de blanco y administrativo de los hospitales, así como a los pacientes que concurrían a ellos, a sus contactos, etcétera.

Y podemos seguir, pero tanto cinismo no lo hace merecedor de una línea más al respecto, salvo para reiterar que la Fiscalía debe imputarles a él, a Mazzoleni y a todos los involucrados en este contrato que desde su gestación ya olió a podrido.

Sin embargo, la mitomanía no es monopolio de Rolón… Vicioso. Su jefe hoy volvió a sorprendernos en el afán de pintarnos una realidad que no tiene nada que ver con la que estamos padeciendo y comparó las estadísticas de nuestro país con las de Alemania y Noruega. Basta decir que estos países dejaron atrás “el pico” hace dos meses, están en pleno verano y ya se están preparando para la “segunda ola”. Nosotros, en cambio, recién comenzamos a sentir los impactos de la primera, que para finales de setiembre y octubre, podría hacer variar de manera dramática los números que manipuló al sacarlos de su contexto.

Acto seguido, el ministro anunció algunas “medidas ligth”, reiterando lo que ya había anunciado ayer, con las mismas imprecisiones, excepto la decisión de no dar marcha atrás en la “cuarentena inteligente” y las fases en las cuales se encuentran las distintas regiones, que en Asunción, Central y Alto Paraná, donde se registra el 80% de los casos positivos, no sirvieron a los fines de frenar o disminuir el ritmo de los contagios.

En consecuencia, solo podemos concluir que, en el presente, el país carece de una política sanitaria coherente para enfrentar el alarmante incremento de los contagios (que también implica el aumento de fallecimientos) y la inminente saturación de los servicios de salud pública.

Se impone, pues, dejar de lado tanta charlatanería y a los charlatanes, si estos persisten en no asumir sus fracasos y evadir sus responsabilidades.

A nadie engañan “haciéndose los churros”.

 

“Gasten, gasten”, pero, ¡por Dios!, háganlo bien

Gastan poco y parte de lo poco que gastan, gastan mal. Esta es la única conclusión a la que puede arribarse, tras el informe que brindó el Poder Ejecutivo y los ministros afectados a la aplicación de los recursos otorgados por la Ley de Emergencia Sanitaria. En consecuencia, cabe preguntarles y preguntarnos: Si ni siquiera utilizan los fondos de los que disponen, ¿qué expectativas medianamente serias podemos hacernos respecto al anunciado “plan de reactivación económica”, cuyo contenido hasta ahora sigue siendo un misterio?

Los datos expuestos por el ministro de Hacienda, de manera confusa y desordenada, indican que de los 1.600 millones de dólares, que estableció dicha normativa como tope del endeudamiento para los “gastos Covid”, se emplearon 1.205 millones. “¡Un 75%!”, exclamaron algunos, casi en tono triunfalista. Sin embargo, el secretario de Estado se refirió a los montos “transferidos”, pero los ejecutados no alcanzan ni el 50%. Y un dato más que revelador; el Ministerio de Salud, de 100 millones de dólares, solo empleó 4, lo que en el marco de la pandemia que nos acecha, resulta verdaderamente escandaloso.

En resumidas cuentas, parte del dinero se destinó a los programas Ñangareko y Pytyvô, lo que está muy bien, otro tanto a al subsidio otorgado por el Instituto de Previsión Social a los asalariados cuyos contratos laborales fueron suspendidos y una cantidad significativa a cubrir los sueldos públicos, dada la menor recaudación y los problemas que el Estado ya venía arrastrando con antelación a la crisis sanitaria. Y aún “sobran” más de 600 millones…

En una situación de profunda crisis, como la que vivimos, estos números son algo así como una bofetada, que contradice principios básicos de la lógica. La propia directora del FMI, Kristalina Georgieva, hizo un llamado a los gobiernos y Bancos Centrales a que “gasten cuanto puedan… pero guarden los recibos”. Una forma elegante de decirles que gasten bien y no se queden con los “vueltos”.

Quién hubiera dicho que desde el Fondo Monetario Internacional, un organismo conocido por implantar “recetas de austeridad”, se promovería el gasto público, el subsidio al desempleo o la urgente adopción de medidas “anti-cíclicas” para hacer frente a la demoledora recesión que afecta a todo el planeta. Pero es así. Uno de los raros efectos que trajo aparejada la pandemia y el gran susto que genera un panorama que, por ahora, tiene a la incertidumbre como única certeza.

El panorama económico y social es francamente desolador. Según el Banco Mundial, la economía paraguaya caería este año -2,8%, Brasil -8%, Argentina -7,3%, Chile -4%, México -7,5%, Perú -12%. América Latina sufrirá la peor recesión de su historia, con -7,2%. Y el impacto social será tremendo, arrojando a la pobreza o pobreza extrema a decenas de millones de personas.

Sin embargo, en nuestro país, ese susto parece no haber calado aún en nuestra clase dirigente, que no reacciona acorde a la magnitud del problema o lo hace de la peor manera, como Salud pública, que tras el estrepitoso fracaso en la adquisición de insumos (escándalos de corrupción mediante) y a 85 días de aprobada la ley de emergencia , hora anuncia que buscará concretar operaciones a través de organismos internacionales de muy dudosa trayectoria, que escapan a los controles y cobran elevadas “comisiones”.

Hay que rectificar rumbos con suma urgencia. Y aunque parezca una paradoja, en esta materia el gobierno y el equipo económico deberían cumplir al pie de la letra el llamamiento de Georgieva: “Gasten todo lo que puedan”, pero ¡por Dios!, háganlo bien, aunque más no sea por esta vez.

 

¿Qué parte de SON PARAGUAYOS no se entiende?

Más de 500 compatriotas residentes en la Argentina, 540 para ser exactos, ya pidieron retornar al país y unas cuantas decenas aguardan la autorización para hacer lo propio desde el Brasil y otras latitudes del planeta. Sin embargo, el gobierno se lava las manos y el ministro asesor de Asuntos Internacionales, Federico González, pidió ayuda a la prensa para hacerles saber a todos ellos que… ¡no vengan!, cosechando el aplauso de no pocos, sea por ignorancia o por esa ausencia de sensibilidad y solidaridad que causa repugnancia. Vaya festival de hipocresía.

Es verdad que Brasil es una bomba de tiempo y que va camino a convertirse en el próximo epicentro mundial de la pandemia. Fruto de la inacción de su esquizofrénico presidente o, peor, de la campaña que este impulsa a favor de “retornar de inmediato a la vida normal”, el vecino país ya tiene 115.953 infectados y 7.958 muertos, por ahora… Sin embargo, eso se subsana y se disipan los peligros si los que retornan cumplen una rigurosa cuarentena, como de hecho lo hicieron o están haciendo casi 3.000 paraguayos provenientes del exterior.

El problema que ahora plantean González y el Ejecutivo es que serían 20.000 los que querrían volver al país y que los centros de albergue están completos. ¿Cómo? ¿Los casi 60 días transcurridos desde que se declaró la emergencia, el pasado 11 de marzo, no fueron suficientes para montar un dispositivo a los fines de recibir a estos conciudadanos? ¿No les importa que estén sin trabajo, ni asistencia, ni nada de nada en otros países? ¿O acaso piensan que todos ellos estaban esquiando en los Alpes suizos y “de onda” nomas intentan volver con suma urgencia, porque seguramente les dio un repentino ataque de nostalgia?

La solución a este tipo de problemas, que para muchos es un verdadero drama, se encuentra al alcance de las manos, a condición, claro está, de cierta capacidad de gestión y voluntad política. Hay clubes sociales, que no van a reabrir sus puertas al menos un par de meses más, hay escuelas y colegios, que no lo harán hasta fin de año, y más simple y práctico aún, hay decenas de hoteles sin ninguna ocupación, ya montados íntegramente, que a lo sumo requerirían de ciertas adaptaciones, los que además así recibirían algo de oxígeno para preservar puestos de trabajo.

Los compatriotas que están en el exterior y desean regresar, tienen tantos derechos como los que estamos en el país. El “ejú lune” del ministro González y el gobierno es absolutamente inaceptable, al igual que los aplausos de quienes, de esa forma, se remontan a la época de la barbarie. ¿Qué parte de SON PARAGUAYOS, todavía no entienden?