Un sabor a superación: la historia de un pizzero que se convirtió en médico

Un joven enfrentó innumerables adversidades, desde incendios y asaltos hasta dificultades económicas, pero su determinación lo llevó a alcanzar su sueño de convertirse en médico.

Juan Servín Garcete, un joven originario de Fuerte Olimpo y residente en Concepción, recorrió un camino de enormes dificultades para cumplir su sueño de convertirse en médico. Su historia de lucha y resiliencia es un poderoso recordatorio de que, con perseverancia y fe, los sueños pueden volverse realidad.

Llegado a Concepción en 2013 desde su natal Fuerte Olimpo, Juan sabía que no sería fácil estudiar medicina en un contexto lleno de limitaciones económicas. Desde el inicio tuvo que valerse de su ingenio para generar ingresos: “Comencé vendiendo adhesiones a los vecinos. Luego, muchos me dijeron que la carrera no era compatible con mi rubro”, recordó en una entrevista a un medio local. Pero decidido a no rendirse, comenzó a vender pizzas, lo que con el tiempo le permitió abrir su propio negocio.

A medida que avanzaba en su carrera, también ganaba reconocimiento en la comunidad. “Publiqué en Facebook que vendía pizzas para solventar mi carrera y eso hizo que la gente me conociera”, explicó el reciente médico, quien vio cómo su historia se viralizaba y se convertía en un símbolo de superación. Pronto, el éxito de su emprendimiento le permitió establecer su primer local de pizzas, un hito que le hacía sentir que el camino al éxito estaba cerca. Sin embargo, apenas dos años después, en el 2017, todo se desplomó.

Ese año, un incendio devastador destruyó por completo su pizzería, dejándolo “con las manos vacías”, según sus propias palabras. Sin seguro para cubrir los daños, el negocio y sus sueños quedaron en cenizas. “Fue una bajada bastante dura. Perdí todo, la maquinaria y el local”, lamentó. En lugar de rendirse, Juan decidió iniciar de nuevo, esta vez, repartiendo pizzas a domicilio. Para hacer frente a las pérdidas, se dedicó a producir y repartir él mismo, tratando de mantener su sueño a flote mientras también luchaba por regresar a sus estudios.

Sin embargo, su racha de dificultades no había terminado. “En ese tiempo también sufrí un asalto, un hurto, y tuve complicaciones de salud que me obligaron a operarme”, relató. A pesar de todas estas pruebas, continuó perseverando y, tres años después del incendio, cuando muchos creían que su carrera como médico estaba perdida, logró estabilizar su negocio lo suficiente como para retomar los estudios de medicina. “Mucha gente me dijo que hasta ahí había llegado, que no iba a poder retomar mi carrera, pero se pudo”, aseguró con firmeza y convicción.

Finalmente, después de años de sacrificio, Juan alcanzó su meta y aprobó el examen final en Medicina. Hoy, el expizzero se convirtió en el doctor que siempre soñó ser. “No hay palabras para describir lo que siento. Cumplí mi sueño, y eso es lo más importante”, expresó con una sonrisa que refleja la dedicación y el esfuerzo de tantos años de trabajo.

Su negocio también evolucionó: con el apoyo de su comunidad, estableció “Dr. Burger Pizzas”, un local renovado que simboliza su esfuerzo y su capacidad de renacer ante las adversidades. “Ha sido como una montaña rusa”, reflexiona Juan, recordando sus subidas y bajadas. “Empecé desde abajo y, hoy, después de tantas pruebas, puedo decir que lo logré”.

La historia de Juan Servín Garcete es un ejemplo inspirador de que, aunque el camino esté lleno de obstáculos, la voluntad y la perseverancia pueden vencer cualquier adversidad.


Crisis, redención y una constante cultural 

Pueblos diferentes; distantes entre sí por miles de kilómetros, océanos, lenguas e incluso épocas, comparten una misma intuición y certeza: el mundo se salió de control y, en algún momento, alguien (o algo) vendrá a reencauzarlo.

Puede que sea la manera de entender el tiempo y el destino colectivo, lo cierto es que esta mítica figura adopta nombres y formas distintas según la tradición y el contexto: un rey justo, un maestro, una divinidad, un nuevo ciclo. El relato cambia, pero el mensaje es el mismo. El mundo puede cambiar… y seguimos en la espera.

Por Gonzalo Cáceres - Periodista

Guerras, opresión, desigualdad extrema, crisis morales o incluso la sensación de un desorden en la naturaleza. Las sociedades enfrentan, tarde o temprano, situaciones en las que todo parece perder coherencia.

Y es ahí que se deja notar una tensión: si existe un orden -sea divino o natural-, ¿por qué la realidad funciona mal? Esa pregunta no queda sin respuesta. Las culturas elaboran explicaciones que, en muchos casos, incluyen la idea de una intervención futura. El mundo, tal como está, no puede sostenerse indefinidamente. Tiene que cambiar.

Y ese cambio, muchas veces, toma forma en relatos de revelación divina: la aparición de una figura capaz de restaurar el equilibrio.

UNA MISMA EXPECTATIVA

Aunque no existe consenso absoluto, los catedráticos coinciden en que las creencias en fuerzas superiores se rastrean hasta los albores de la conciencia humana. En ese marco, la idea de un redentor coincide con la necesidad de encontrar consuelo (o justificación) a momentos de profunda calamidad.

Veamos algunos ejemplos.

En el judaísmo antiguo, la figura del Mesías cobra protagonismo en contextos de derrota, exilio y pérdida de soberanía. No es una idea abstracta: es la promesa de un líder que devolverá la dignidad a su pueblo.

El cristianismo retoma esa expectativa, pero la redefine. La figura del salvador se encarna en Jesús, entendido como humano y divino a la vez. Sin embargo, la historia no se cierra con su vida. La expectativa de su regreso (la segunda venida) mantiene abierta la idea de que el desenlace final aún está pendiente, y que será justo.

Por su lado, la figura del Mahdi cumple un rol similar en el islam: un líder que aparecerá antes del fin de los tiempos para restablecer el orden y salvar a los creyentes.

Más allá de la esfera abrahámica, en la India la lógica es de otra sustancia, pero de comparable influencia. El hinduismo entiende la historia como un ciclo (no de forma lineal). La era actual, conocida como Kali Yuga, es vista como un período de decadencia moral y espiritual; por lo que se espera la llegada de Kalki, una manifestación divina que pondrá fin al ciclo y dará inicio al siguiente (Satya Yuga).

Sin embargo, el budismo ofrece una variante particular. La figura de Maitreya no es un guerrero ni un juez, sino un maestro. Su tarea será reaparecer cuando las enseñanzas se hayan perdido, para mostrar nuevamente el camino hacia la iluminación.

En los Andes, el dios Viracocha está asociado al origen del tiempo y al orden del mundo. Las tradiciones preincas afirman que podría regresar para apuntalar una nueva era de paz y prosperidad.

Algo similar ocurre en Mesoamérica con Quetzalcóatl. Más allá de las interpretaciones históricas y/o mitológicas, ciertas versiones lo presentan como el dios civilizador y figura redentora, la gran ‘serpiente emplumada’. En este caso, el énfasis no está en un juicio final, sino en la idea de que el mundo no se salva de una vez y para siempre, sino que atraviesa ciclos de desajuste y posterior restauración.

Las diferencias son contundentes, sí. Cambian los nombres, los roles y las situaciones, pero la estructura de fondo es sorprendentemente similar.

UNA IDEA POLÍTICA

Aunque estas figuras suelen presentarse en términos espirituales, su espectro no se limita a lo religioso. En muchos casos, tienen una dimensión política.

La promesa de redención no habla solo del alma o del destino, también se refiere a la justicia concreta, de condiciones de vida, de orden social. Esperar a un salvador, en este sentido, también es una forma de expresar que el presente es inaceptable.

TIEMPOS MODERNOS

Podría pensarse que, en una era de ciencia y tecnología, estas ideas perderían fuerza, pero siguen vigentes. Hoy, el redentor puede proyectarse en líderes políticos, en movimientos sociales o incluso en avances tecnológicos que parecen ofrecer respuestas definitivas.

La lógica es la misma: algo vendrá a arreglar lo que no funciona. Esto no implica que las religiones hayan sido reemplazadas. Más bien sugiere que la estructura mental que da esencia al redentor sigue presente.

La necesidad de redención/restauración no fenece, se adapta.

Mirar estas tradiciones en conjunto podemos detectar que la figura del redentor no es solo una creencia. Es también una forma de resistencia; es la manera en que las sociedades dicen: esto no está bien, pero no va a ser así para siempre.

Mientras, seguimos esperando.

Vivir más, vivir mejor: el sistema que busca transformar la vejez en Paraguay

El Complejo Santo Domingo se posiciona como una referencia en la atención integral de las personas mayores de 60 años, con un enfoque que va más allá del cuidado básico y apunta a la calidad de vida.

La doctora María del Rosario Marín, directora de la institución, explicó en el programa Residentas (canal GEN) que el centro cumple casi cuatro años de funcionamiento y fue creado con la visión de dar una atención integral en lo emocional, cognitivo y físico.

El complejo funciona sobre la avenida Lombardo, detrás del antiguo hogar de ancianos Santo Domingo, y depende del Ministerio de Salud Pública.

A diferencia de los tradicionales hogares de ancianos, el Complejo Santo Domingo combina dos áreas principales. Por un lado, el área ambulatoria, con consultorios especializados en geriatría, reumatología, odontología y otras disciplinas enfocadas en adultos mayores. Por otro, la residencia, donde actualmente viven 92 personas en situación de vulnerabilidad.

“El ingreso se da a través de la Dirección de Adultos Mayores, que evalúa cada caso desde lo social y sanitario”, detalló Marín.

La capacidad del lugar ya está al límite y existe lista de espera, siendo esto el reflejo de una necesidad creciente en el país.

Uno de los diferenciales es el Centro Día, una especie de “guardería” para adultos mayores que no viven en el lugar. Allí pasan la jornada con acompañamiento profesional, alimentación y actividades terapéuticas.

A esto se suma el Club de Envejecimiento Saludable, donde personas mayores independientes participan en actividades recreativas, controles médicos y espacios de socialización. En los últimos meses, este programa alcanzó a unas 750 personas.

EL DESAFÍO CULTURAL DE LA VEJEZ

La directora señaló que en nuestro país aún existe resistencia a llevar a los adultos mayores a las instituciones de acogida, aunque planteó la necesidad de evaluar la calidad de cuidado.

Hay personas con recursos económicos que están solas todo el día. A veces, la compañía y la atención profesional marcan la diferencia”, afirmó.

También insistió en la importancia de prepararse para la vejez desde pequeños. “Es un proceso que debe enseñarse desde la escuela, que uno va a ser un adulto mayor en el futuro”, sostuvo.

LA SOLEDAD

Aunque las necesidades básicas están cubiertas en el complejo, el mayor desafío sigue siendo emocional. “Lo que más necesitan es compañía”, enfatizó Marín.

Por eso, invitó a la ciudadanía a visitar el complejo. Las puertas están abiertas todos los días, coordinando previamente con el área social. “Ellos son felices cuando reciben visitas. Ese tiempo vale mucho más que cualquier donación”, expresó.

Las fechas como Navidad o el Día de la Madre suelen ser las más sensibles para los residentes, especialmente para quienes no reciben visitas familiares.

Dentro del complejo también se construyen nuevas historias. Algunos residentes forman parejas, participan en actividades recreativas y hasta concursos internos.

Una de las figuras más queridas es Blácida, de 92 años, quien fue elegida reina del lugar, y quien por cierto se resiste a ceder su corona. “Tuvimos que crear otras categorías porque todos quieren participar”, relató la directora.

El área ambulatoria atiende actualmente entre 42.000 y 44.000 consultas mensuales. El servicio es gratuito y está disponible para cualquier persona mayor de 60 años.

Los turnos se gestionan vía WhatsApp al 0982 781 941.

La directora destacó que el Complejo Santo Domingo busca consolidarse como un modelo que pueda replicarse en el país, con un enfoque centrado en la dignidad, la autonomía y el bienestar integral de las personas mayores.

Feria Dominguera, la iniciativa juvenil que reaviva la antigua estación de tren en Ypacaraí

Somos Group, una organización de jóvenes ypacaraienses, impulsa una actividad que pretende reactivar uno de los espacios históricos más importantes de la ciudad: la antigua Tacuaral. Cada primer domingo del mes realizan lo que llaman “Feria Dominguera”, un espacio que fusiona cultura, gastronomía y música, y donde los protagonistas principales son los emprendedores.

Juan Martín Ojeda es un joven emprendedor de Ypacaraí y fundador de Somos Group, lleva adelante el proyecto de la “Feria Dominguera” con pasión y amor a su ciudad natal, a la cual busca devolver su identidad cultural y dar espacio a la escena emprendedora.

Ypacaraí, conocida como “ciudad del folklore e inspiración de grandes guaranias”, late fuerte cada primer domingo del mes con la Feria Dominguera, la cual se realiza en la Antigua Estación del Ferrocarril, anteriormente “Tacuaral”, y con la cual se apunta a reactivar el espacio como polo cultural, gastronómico y turístico.

Durante una entrevista en el programa Residentas de canal GEN/Nación Media, Juan Martín habló del proyecto que nació en el 2015 con Adrián Becker, sin embargo, tuvo una pausa en el 2020 por la pandemia de Covid-19.

Luego de 6 años, la Feria Dominguera se reactivó en febrero de este año, y en mayo tendrá lugar este domingo 3 desde las 17:00 con edición especial patriótica y por el Día de la Madre.

La propuesta está pensada para toda la familia e incluye feria de emprendedores, gastronomía típica, música en vivo y un ambiente que busca promover el encuentro entre jóvenes y familias.

La Antigua Estación, ícono histórico de ciudad, se transforma así en un punto de encuentro mensual para emprendedores, artistas y visitantes.

Juan Martín tiene el objetivo claro: dar visibilidad a la ciudad de Ypacaraí, y por esa razón nace la organización Somos Group, a través de ella crean experiencias para que las personas puedan recorrer y conocer un poco más sobre la ciudad del lago.