Minecraft, de la pantalla a la mente: cómo un juego ayuda al pensamiento computacional

El desarrollo del pensamiento computacional, que tiene una conexión intrínseca con la informática, permite a los estudiantes adquirir destrezas para la resolución de problemas de manera eficiente. Para este propósito, el popular videojuego “Minecraft” se ha convertido en un gran aliado.

Por Robert Bourgoing (@robertb_py)

Cada generación suele estar marcada por un evento de gran trascendencia o, en todo caso, por alguna moda que adquiere protagonismo y aceptación entre el público. En el caso de los videojuegos, podríamos citar como grandes protagonistas a “Super Mario Bros” y “Tetris” a finales de los 80, “Doom” a inicios de los 90 y “World of Warcraft” a inicios de los 2000.

La diversificación de las consolas y soportes para videojuegos, sumada al cada vez mayor perfeccionamiento y nivel de detalle en el producto final, dieron a la “nueva camada” de gamers -en su mayoría niños y jóvenes- una oferta que supera ampliamente a la existente décadas atrás.

En este apartado se debe mencionar obligadamente a “Minecraft”, un videojuego que redefinió el juego colaborativo en línea, convirtiéndose en uno de los más vendidos de la historia. Con su característico mundo de bloques y animaciones al estilo 3D, ha logrado sumar más de 350 millones de copias comercializadas en todas las plataformas, que incluyen PC, Xbox, PlayStation y Nintendo Switch.

¿Qué relación podría tener un juego de este tipo con el desarrollo de habilidades en los estudiantes? Aunque pueda sonar contradictorio, la realidad es más de lo que uno podría pensar.

Existe una rama conocida como “pensamiento computacional”, que consiste en el proceso de resolución de problemas basado en principios de la informática, como la lógica. En esencia, consiste en “descomponer” un problema grande y complejo en partes más pequeñas y manejables, lo cual facilita el análisis y la resolución de cada componente de manera individual.

En las aulas, Minecraft Education es utilizado como una herramienta educativa, sobre todo con estudiantes de carreras afines a la computación. Desde su experiencia, la Mag. Ángeles Núñez, docente del Bachillerato Técnico en Informática (BTI) del Colegio Nacional “Pablo Patricio Bogarín” de Ñemby, destaca la eficacia de esta plataforma, que empezó a implementar en sus clases desde este año.

Ellos tenían el reto de crear una misión jesuítica, a mis alumnos les tocó la Misión Jesuítica de Trinidad. Tenían que programar algunas cosas que debía tener la misión, los NPC (jugadores no jugables), agregar cosas interactivas, realizar videos, insertar enlaces, entre otras cosas”, explicó a HOY.

Con este trabajo, los estudiantes secundarios se vieron desafiados a desarrollar habilidades conectadas con el pensamiento computacional, afianzando su capacidad de trabajo en equipo y, a su vez, la resolución de conflictos y problemas de manera asertiva.

Otras instituciones educativas donde desarrollan programas curriculares sobre informática y robótica también aplican Minecraft Education, teniendo en cuenta el enorme potencial que posee el uso de esta edición del videojuego para mejorar las capacidades de los alumnos, logrando entretenerse mientras aprenden.

“Cuando hablamos de pensamiento computacional, hablamos de un enfoque que nos enseña a resolver problemas. En informática es fundamental porque nosotros descomponemos los datos y luego los analizamos para llegar a un resultado”, explicó la maestra, quien posee una Maestria en Tecnología Educativa internacional.

La identificación precisa de un problema es uno de los aspectos esenciales cuando se trabaja para fomentar el pensamiento computacional, indicó, ya que se trabaja con los estudiantes para desmenuzar cada punto y luego buscar una resolución final.

Por ejemplo, si un jugador que quiere construir una granja automática en Minecraft, primero debe desglosar el problema en tareas más pequeñas y manejables. Esto podría incluir la creación de un sistema de recolección, un mecanismo de plantación y un sistema de almacenamiento.

Trasladando esto a la vida real, la habilidad de dividir grandes proyectos en pasos más pequeños puede ser crucial a la hora de planificar tareas complejas del día a día, como la organización de un evento o un proyecto escolar.

Justamente, uno de los beneficios del pensamiento computacional es el desarrollo de habilidades para resolver problemas, no solo matemáticos o algorítmicos, sino también “para la vida”, sostuvo Núñez, además de fomentar la creatividad, ya que se trabaja continuamente en las estrategias de resolución, con una o varias soluciones para tener un mismo resultado.

Otra habilidad que se desarrolla es el reconocimiento de patrones, lo cual implica identificar similitudes, tendencias o características recurrentes dentro de un problema. En el videojuego, los jugadores identifican patrones al trabajar con materiales, por ejemplo, al aprender qué combinaciones de crafteo producen diferentes objetos o analizar si la misma secuencia de bloques se puede usar para construir varias casas idénticas.

En Minecraft, un jugador puede usar lo que se conoce como “redstone” (mineral que se puede minar para obtener un polvo rojo) para crear circuitos lógicos que automatizan tareas. Para ello, debe diseñar una secuencia de pasos para que el sistema funcione, como abrir una puerta automáticamente o activar un dispensador. De esta manera, el participante diseña un algoritmo para que el juego ejecute una acción compleja.

Ellos buscan la mejor forma de resolver ejercicios mediante programación. Cuando hablamos de pensamiento computacional, no solo hablamos de saber programar, sino también pueden aprender varias cosas. En clase, usamos la metodología basada en retos, le damos un proyecto y tratan de ejecutarlo, buscando la mejor solución, generalmente en equipo”, manifestó Núñez.

Donde muchos ven un simple videojuego, otros aprovechan para crear y educar, transformando las mentes de numerosos estudiantes a través de la tecnología y la innovación.

Un paso más hacia la inclusión: proyectan película en lenguaje de señas

Este sábado en el Shopping Mariano se dará un paso trascendental en el marco de la inclusión. Se trata de la proyección de la película para niños, Zootopia 2, en modo lenguaje de señas y otros detalles para los chicos con alguna condición neurodivergente.

Por Juan Riveros (@juancitoRiveros)

“Habrá intérpretes que también serán sordos. Ellos tienen lenguajes de señas diferentes, tienen su manera más global de comunicarse, para que sea mucho más entendida y emocional la película. Es un paso más hacia la inclusión de todos”, explicó la Lic. Eliana Almeida, psicóloga clínica.

Destacó la importancia de esta función inclusiva, ya que una de sus características es que permitirá regular el sonido a medida del público, con los decibeles autorizados y luces tenues

“Quedan unas lucecitas rojas para que sea un ambiente distendido. Nos vamos acomodando a lo que pide el público”, agregó.

Asimismo, dijo que otra de las flexibilidades es el ambiente distendido para que los que necesiten moverse, lo hagan libremente.

Cabe mencionar que, estos ajustes a la cinematografía convencional, permiten que el disfrute de una película tan esperada como Zootopia 2 sea asequible para públicos anteriormente excluidos de la experiencia.

La entrada es 2x1 con todos los medios de pago a través de la app Itaú “Cinema Pop” y será proyectada en la sucursal del Shopping Mariano a las 15:30 de este sábado.

Cuando Dios parece ser tres: acusaciones de triteísmo a través de los siglos 

En casi dos mil años de debates, el cristianismo carga con una sospecha recurrente: que su idea de un Dios en tres personas roza, o cruza, la línea hacia la existencia de “tres dioses”. Esta acusación, conocida como triteísmo, marcó fuertes polémicas en la antigüedad, moldeó discusiones filosóficas durante siglos y todavía aparece en conversaciones modernas. ¿Por qué vuelve una y otra vez? ¿Qué hay detrás de esta vieja etiqueta que nadie quiere recibir?

Por Gonzalo Cáceres - periodista

El término ‘triteísmo’ es una bomba teológica: nadie quiere cargar con el estigma de romper la idea central del monoteísmo.

VIEJO PROBLEMA

Cuando uno hurga en el cristianismo primitivo se topa con un paisaje de disputas que, vistas desde hoy, parecen interminables: que si Cristo era igual al Padre, que si el Espíritu Santo tenía la misma naturaleza, que si cada persona de la Trinidad actuaba por su lado. En medio del caos, surgieron grupos que fueron acusados de triteístas.

Uno de los casos más notorios surgió en el siglo VI con Juan Filopón (filósofo alejandrino con formación aristotélica) y ciertos círculos que seguían sus ideas. Filopón hablaba de “tres naturalezas” en Dios, lo que para algunos sonaba demasiado parecido a hablar de tres seres distintos. Él insistía en que se trataba de una forma técnica de explicar las operaciones divinas, pero la etiqueta quedó. En aquellos debates, una frase mal armada podía costarle a un pensador su reputación (y hasta la vida).

RAÍCES FILOSÓFICAS

Para entender la aparición del fantasma del triteísmo hay que mirar la base conceptual de la cual disponían estos intelectuales. Varios intentaban explicar a Dios con categorías griegas, especialmente las de Aristóteles: “sustancia”, “naturaleza”, “hipóstasis”. Hoy suenan ajenas, pero entonces eran herramientas para intentar describir una “unidad divina” que, al mismo tiempo, se manifestaba como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

El tema empezaba cuando algún osado intentaba separar demasiado los roles o las “personas”. Si el Padre generaba, el Hijo era engendrado y el Espíritu procedía, ¿eran actos independientes? ¿Podrían pensarse como centros distintos de conciencia? En cuanto la descripción sonaba un poco más individualista, los opositores salían con la acusación de triteísmo.

Es importante recordar que no se trataban de simples discusiones de merienda. La manera en que se entendía la relación dentro de la Trinidad definía la forma en que se concebía el universo, la creación, la salvación y el vínculo mismo entre la humanidad y Dios. No era un detalle técnico, sino la columna vertebral del sistema religioso.

GRUPOS SEÑALADOS

En la Antigüedad, varios monjes y obispos fueron acusados de propagar ideas “triteístas” sin quererlo. A veces se debía a un lenguaje torpe; otras, a diferencias culturales. Por ejemplo, algunos siríacos tenían una forma más concreta y narrativa de hablar sobre Dios, lo que les hacía describir las “acciones” del Padre, del Hijo y del Espíritu como si fueran casi entidades distintas. Quienes venían de la tradición filosófica helenizada entendían ese estilo con recelo.

Más adelante, durante la Edad Media, volvieron las sospechas. Hubo quien acusó a ciertos teólogos latinos de describir la individualidad del Hijo o del Espíritu. Otros señalaban a pensadores “místicos” por hablar de “la voz del Padre” o “la luz del Hijo” como si fueran entidades con agendas distintas. En cada caso, el problema era similar: la dificultad para mantener el equilibrio entre unidad y diversidad.

¿SIGUE VIVO EL TEMA?

Aunque a simple vista pueda parecer un asunto del pasado, la acusación de triteísmo sigue apareciendo en cuestiones cristianas modernas. Algunas iglesias evangélicas pentecostales, por ejemplo, fueron señaladas de hablar de las “personas” divinas como si fueran tres seres coordinados en vez de un único Dios. En Estados Unidos, ciertos predicadores famosos han tenido que aclarar públicamente que no enseñan “tres dioses”, a raíz de debates internos en sus denominaciones.

Lo curioso es que el fenómeno también se invierte: hay iglesias que acusan a otras de “ir en la otra dirección”, es decir, de borrar tanto las diferencias internas de la Trinidad que, al final, parecen reducirlo todo a una sola entidad. Este tira y afloja muestra algo simple pero profundo: la idea de Dios en el cristianismo siempre ronda un punto delicado, y cualquier énfasis demasiado fuerte puede detonar los ánimos de unos y otros.

INFLUENCIA CULTURAL

Esta discusión incluso logró permear espacios no religiosos. Filósofos contemporáneos que estudian la noción de persona y de identidad revisaron los textos de teólogos triteístas para entender cómo concebían la relación entre individuos y comunidad. Algunos ven en estas discusiones tempranas un antecedente -muy indirecto, claro- de debates actuales sobre la conciencia y la mente.

También aparecen paralelos culturales: en Latinoamérica, donde las prácticas devocionales suelen estar llenas de imágenes, rituales y figuras, ciertos observadores externos creen ver señales de “tres dioses” incluso sin conocer la teoría. En cambio, muchos creyentes ni siquiera sienten esa tensión (para ellos, la Trinidad es una manera de expresar cercanía).

ETERNA TENSIÓN

Entonces, ¿el cristianismo estuvo alguna vez a punto de caer en el triteísmo? La respuesta, como tiende a suceder en los debates complejos, no es tan sencilla. Hubo quienes se acercaron peligrosamente en su lenguaje; también quienes fueron malentendidos. Hubo quienes, simplemente, tenían otra manera de hablar de Dios (según su contexto cultural). Pero lo cierto es que la sospecha nunca desapareció.

Cada época reabre la discusión a su tono y manera. Un sermón, una definición teológica, una comparación mal calibrada, un debate en redes sociales. Basta con un empujoncito para que vuelva la vieja pregunta de si el cristianismo cree, en la práctica, en un solo Dios o en tres. Y quizá esa persistencia dice algo importante: la idea de la Trinidad no es una fórmula inquebrantable, sino un esfuerzo siempre vivo por describir un misterio que, hasta hoy, sigue desafiando incluso a quienes lo defienden con más pasión.

“No quiero ser fit”: el cansancio de miles de mujeres y el debate sobre la presión estética

La coach fitness Guise Dancuart rompió esquemas con su primer libro, “No quiero ser fit”, una obra sincera y directa que cuestiona la obsesión por la perfección y reivindica el amor propio. El lanzamiento se agotó en menos de un mes y ya prepara su versión digital.

Lo que comenzó como un proyecto íntimo terminó convirtiéndose en un fenómeno inesperado. Guise Dancuart, entrenadora, atleta y creadora de contenido, lanzó 100 copias de su primer libro, sin imaginar que desaparecerían de las estanterías en pocas semanas.

“Fue un proyecto hecho con muchísimo amor. Pensé en 100 copias y se agotó rapidísimo”, contó en el programa Residentas del canal GEN. “Los mensajes y el feedback que recibí valieron totalmente la pena”.

Pero más allá del éxito editorial, la obra plantea un mensaje poderoso, que consiste en la renuncia a la necesidad de encajar en un modelo de mujer perfecta que se exige desde redes, el entorno y, sobre todo, desde la propia mente.

Guise explica que el nombre del libro surgió de cientos de conversaciones con mujeres que cargan con una presión silenciosa, como ser madre perfecta, profesional perfecta, pareja perfecta y encima, tener el cuerpo perfecto.

“Llega un punto donde decís: ‘yo no quiero ser fit, ya está’. Porque ese ideal de perfección no existe”, afirma. Cuando esa exigencia cae, aparece otra trampa: el descuido.

“Al dejar de lado la idea de perfección, muchas entran en un abandono que termina erosionando el amor propio. Y todo empieza a relacionarse solo con el físico, cuando en realidad es algo espiritual, emocional”.

La autora también analiza cómo las comparaciones en redes sociales destruyen la autoestima. “Vivimos comparándonos con historias de 15 segundos. Con una chica que ya entrenó, desayunó perfecto y está impecable a las 5 de la mañana… y vos estás en bata, con tu café. Compararte con eso es perder siempre”.

Peor aún, también muchas se comparan con “la mujer que fuimos antes”, una versión pasada idealizada que ya no existe.

El libro aborda uno de los puntos más sensibles, que es la forma en que las mujeres se hablan a sí mismas. “Hay cosas que nos decimos que jamás le dirías a tu mejor amiga. ‘Soy fea’, ‘esto no es para mí’, ‘que mal me queda esto’. ¿A quién le dirías eso? ¿Por qué te lo decís?”, cuestiona Guise.

Cada capítulo propone ejercicios, mantras y reflexiones para reconectar con el cuerpo desde un lugar de respeto y bienestar, no desde la crítica. “El fitness y el wellness son una búsqueda de equilibrio personal, no algo para mostrar en Instagram ni para complacer a nadie. Es lo que te hace bien a vos”, agrega.

Guise insiste en una verdad que incomoda, pero libera: que cualquier proceso de cambio va a doler. “La gente viene un día al gimnasio, le duele y no vuelve. Pero los momentos incómodos son parte de la vida. Y son los que más enseñan”.

Subraya que no se trata de entrenar horas, sino de comprometerse con uno mismo. “Si solo podés cuatro minutos, hacé cuatro minutos. Con el tiempo serán diez, quince, veinte. La clave es honrar tu palabra”, resalta.

También invita a dejar la fantasía de que todas las mujeres deben lucir igual. “Me dicen ‘quiero tu panza’. Y yo les digo: ‘Mi panza no vas a tener nunca, porque vos tenés la tuya. Busquemos la mejor versión de la tuya’”.

Dancuart vive un estilo de alimentación disciplinado hace más de 10 años, y comparte recetas simples y accesibles para derribar mitos.

“Cuando empecé, comer avena era de gente enferma. Hacer mantequilla de maní en casa, un delirio. Hoy por suerte ya no. Me gusta mostrar que la comida saludable puede ser rica, fácil y con ingredientes que encontramos en cualquier súper”.

La autora analiza lanzar una nueva tirada del libro y adelantó que prepara una versión digital para ampliar su alcance.