Pérdida de bosques e invasión de reservas, el “ecocidio” causado por el narcotráfico
La pérdida de zonas boscosas, en gran parte, dentro de reservas naturales protegidas por ley, es otra de las graves consecuencias que genera el avance del narcotráfico, con plantaciones de marihuana que siguen siendo descubiertas en cada nueva incursión de las autoridades.
Por Robert Bourgoing (@robertb_py)
Desde hace décadas, Paraguay se ha convertido en “tierra fértil” para los criminales ligados al tráfico de estupefacientes, principalmente vinculados a la comercialización ilícita de marihuana.
Buscando aprovechar las características y bondades de nuestro suelo, los narcos decidieron instalarse en sectores alejados de las áreas urbanas para la plantación de cannabis en grandes cantidades.
Pese a las continuas incursiones y operativos impulsados por la Secretaría Nacional Antidrogas (SENAD), con apoyo de otras autoridades tanto locales como extranjeras, esta práctica sigue tan vigente como hace unos años.

Además del problema que acarrea de por sí el narcotráfico, propiciando las adicciones en jóvenes y moviendo un millonario negocio ilegal, existe un dilema que no debe ser ignorado: la pérdida de nuestros bosques.
En una charla brindada días atrás en Hernandarias, en el marco de una serie de jornadas de capacitación promovidas por Itaipú Binacional, el ministro de la SENAD, Jalil Rachid, habló sobre lo que hoy catalogan como “un ecocidio silencioso”, producto de la destrucción sistemática de bosques en áreas protegidas.
Según datos manejados por la institución, tan solo en los últimos dos años, el crimen organizado fue capaz de arrasar con 5.400 hectáreas de bosques, que acabaron siendo convertidas en plantaciones ilegales de marihuana, producto que tiene como principal destino el Brasil.
Hablar de marihuana ilícita también es hablar de deforestación, teniendo en cuenta que la recomposición forestal de las superficies afectadas llevaría décadas, indicó Rachid, quien puso en relieve el nuevo enfoque de la lucha contra el narcotráfico con perspectiva ambiental.

Por si fuera poco, también se ha descubierto la utilización de territorios indígenas para el usufructo ilícito de los narcotraficantes, quienes invaden sin autorización estos espacios protegidos para la plantación de cannabis, alertó el ministro.
Según cifras actualizadas a julio de este año, entre 90.000 a 100.000 árboles nativos habían sido derribados para producir drogas en la Reserva Natural del Bosque Mbaracayú, ubicada en la zona de Canindeyú. En lo que va del 2025, fueron destruidas un total de 134 hectáreas de marihuana, a través de los operativos Mbaracayú I, II y III de la Secretaría Nacional Antidrogas.
Otros espacios protegidos que corrieron con la misma suerte son: Parque Nacional Cerro Corá (Amambay), Parque Nacional Caazapá (Caazapá), Reserva Natural San Rafael (Itapúa y Caazapá), Reserva Natural La Paraguaya (Amambay), Reserva Natural Ñacunday (Alto Paraná) y Reserva Natural Morombí (Caaguazú y Canindeyú).

Con el objetivo de contrarrestar esta situación, la Dirección de Desarrollo Alternativo de la SENAD, en conjunto con el Instituto Forestal Nacional (INFONA), impulsan el programa “Renovar”, que consiste en la siembra de especies nativas en parcelas de bosques deforestados para el cultivo de marihuana.
Dicha tarea, que también posee el apoyo de la Fuerza Aérea Paraguay, tiene el propósito de restituir de manera gradual algunos ecosistemas dañados para el desarrollo de actividades ilícitas mediante la siembra de plantines y la dispersión de semillas.
Como parte de estos mismos esfuerzos, la SENAD tiempo atrás había suscrito un acuerdo de cooperación con la Fundación Moisés Bertoni, de modo a llevar adelante una acción coordinada en defensa del patrimonio natural del país y, en especial, de la Reserva Natural del Bosque Mbaracayú.

Las evidencias revelan una dolorosa realidad ambiental que merece una atención aún más urgente de parte de las autoridades, puesto que los actuales esfuerzos siguen siendo insuficientes para frenar la criminal destrucción de zonas boscosas en Paraguay.
“No quiero ser fit”: el cansancio de miles de mujeres y el debate sobre la presión estética
La coach fitness Guise Dancuart rompió esquemas con su primer libro, “No quiero ser fit”, una obra sincera y directa que cuestiona la obsesión por la perfección y reivindica el amor propio. El lanzamiento se agotó en menos de un mes y ya prepara su versión digital.
Lo que comenzó como un proyecto íntimo terminó convirtiéndose en un fenómeno inesperado. Guise Dancuart, entrenadora, atleta y creadora de contenido, lanzó 100 copias de su primer libro, sin imaginar que desaparecerían de las estanterías en pocas semanas.
“Fue un proyecto hecho con muchísimo amor. Pensé en 100 copias y se agotó rapidísimo”, contó en el programa Residentas del canal GEN. “Los mensajes y el feedback que recibí valieron totalmente la pena”.
Pero más allá del éxito editorial, la obra plantea un mensaje poderoso, que consiste en la renuncia a la necesidad de encajar en un modelo de mujer perfecta que se exige desde redes, el entorno y, sobre todo, desde la propia mente.
Guise explica que el nombre del libro surgió de cientos de conversaciones con mujeres que cargan con una presión silenciosa, como ser madre perfecta, profesional perfecta, pareja perfecta y encima, tener el cuerpo perfecto.
“Llega un punto donde decís: ‘yo no quiero ser fit, ya está’. Porque ese ideal de perfección no existe”, afirma. Cuando esa exigencia cae, aparece otra trampa: el descuido.
“Al dejar de lado la idea de perfección, muchas entran en un abandono que termina erosionando el amor propio. Y todo empieza a relacionarse solo con el físico, cuando en realidad es algo espiritual, emocional”.
La autora también analiza cómo las comparaciones en redes sociales destruyen la autoestima. “Vivimos comparándonos con historias de 15 segundos. Con una chica que ya entrenó, desayunó perfecto y está impecable a las 5 de la mañana… y vos estás en bata, con tu café. Compararte con eso es perder siempre”.
Peor aún, también muchas se comparan con “la mujer que fuimos antes”, una versión pasada idealizada que ya no existe.
El libro aborda uno de los puntos más sensibles, que es la forma en que las mujeres se hablan a sí mismas. “Hay cosas que nos decimos que jamás le dirías a tu mejor amiga. ‘Soy fea’, ‘esto no es para mí’, ‘que mal me queda esto’. ¿A quién le dirías eso? ¿Por qué te lo decís?”, cuestiona Guise.
Cada capítulo propone ejercicios, mantras y reflexiones para reconectar con el cuerpo desde un lugar de respeto y bienestar, no desde la crítica. “El fitness y el wellness son una búsqueda de equilibrio personal, no algo para mostrar en Instagram ni para complacer a nadie. Es lo que te hace bien a vos”, agrega.
Guise insiste en una verdad que incomoda, pero libera: que cualquier proceso de cambio va a doler. “La gente viene un día al gimnasio, le duele y no vuelve. Pero los momentos incómodos son parte de la vida. Y son los que más enseñan”.
Subraya que no se trata de entrenar horas, sino de comprometerse con uno mismo. “Si solo podés cuatro minutos, hacé cuatro minutos. Con el tiempo serán diez, quince, veinte. La clave es honrar tu palabra”, resalta.
También invita a dejar la fantasía de que todas las mujeres deben lucir igual. “Me dicen ‘quiero tu panza’. Y yo les digo: ‘Mi panza no vas a tener nunca, porque vos tenés la tuya. Busquemos la mejor versión de la tuya’”.
Dancuart vive un estilo de alimentación disciplinado hace más de 10 años, y comparte recetas simples y accesibles para derribar mitos.
“Cuando empecé, comer avena era de gente enferma. Hacer mantequilla de maní en casa, un delirio. Hoy por suerte ya no. Me gusta mostrar que la comida saludable puede ser rica, fácil y con ingredientes que encontramos en cualquier súper”.
La autora analiza lanzar una nueva tirada del libro y adelantó que prepara una versión digital para ampliar su alcance.
Aguinaldo sí, canasta y fiesta de fin de año no: ¿a qué están obligados los empleadores?
Llega la temporada más esperada por todos, especialmente por los trabajadores, quienes reciben en esta época el ansiado aguinaldo, sin embargo, surge la duda sobre si la entrega de las tradicionales canastas navideñas y los festejos de fin de año son obligatorios o simplemente dependen de la buena voluntad de los empleadores. Esto es lo que dice realmente nuestra legislación.
Empieza diciembre, y todo se vuelve festividad, emoción y expectativas, principalmente, por el pago del decimotercer salario. Ese “premio” al esfuerzo laboral que se realizó en el año.
Según el artículo 243 del Código Laboral, el pago del aguinaldo es de carácter obligatorio y debe abonarse antes del 31 de diciembre de cada año. Su propósito es aliviar financieramente a los trabajadores durante los tiempos de mayores gastos, como las fiestas de Navidad y Año Nuevo.
En esta época, aunque el aguinaldo sea un pago obligatorio, también es una oportunidad ideal para que los empleadores expresen gratitud y reconocimiento a los trabajadores con otros tipos de beneficios, como las famosas canastas navideñas o las fiestas para despedir el año con todos los colaboradores.
Ni la canasta ni la fiesta, los empleadores no están obligados por ninguna ley a brindar estos beneficios, pero según había señalado el experto en empleo, Enrique López Arce, ambas son poderosas armas de motivación.
Para Arce, un trabajador valorado es un trabajador con mayor capacidad de producción y creatividad en el entorno.
Algunas empresas también hacen otro tipo de obsequios a sus trabajadores, como regalos personalizados u otros presentes.
¿Plata o fiesta?
Días atrás, el mismo Arce compartió el resultado de una encuesta que realizó a 2.000 trabajadores, de los cuales, el 97% ya no prefiere una fiesta como tal, sino dinero.
Históricamente los trabajadores optaron por festejos, regalos o canastas, pero según el especialista, el encarecimiento del costo de vida, la carne y otros productos básicos, obligan a optar por el dinero.
Una historia de superación, con un empujoncito formativo y financiero
Celeste López es una joven ingeniera agrónoma oriunda de Caaguazú capital. A lo largo de su carrera universitaria fue dibujando sueños que esperaba cumplir al recibirse. Sin embargo, en el camino se encontró con algunas dificultades financieras y la necesidad de aprender mucho más sobre el manejo del negocio. Conocemos su historia.
Ni la salud ni la educación tienen el mismo nivel de cobertura en todo el territorio, lo que obliga a muchos paraguayos a dejar su ciudad natal y trasladarse hasta Asunción y alrededores para satisfacer necesidades básicas.
Así lo hizo Celeste López, quien, tras culminar su carrera de Ingeniería Agrónoma regresó a su pueblo Jagua Kái, dentro de la ciudad de Caaguazú, departamento de Caaguazú, con la esperanza de trabajar y sacarle provecho a sus grandes parcelas de tierra, pero no sabía cómo dar el primer paso.
Lo primero que notó que le faltaba era aumentar sus conocimientos sobre el manejo administrativo de un emprendimiento. Fue así quecomenzó por capacitarse sin gastar dinero, a través del curso virtual denominado Plan de Negocio de Sinafocal (Sistema Nacional de Formación y Capacitación Laboral), en el que aprendió a hacer un estudio de mercado para saber a dónde apuntar y ver qué probabilidades de suceso tenía en la zona.
Celeste decidió comenzar a cultivar y producir ají, para lo cual, registró la marca Don Virgilio en homenaje a su abuelo, según se lo contó con mucho entusiasmo a sus padres Salustiana Martínez y Toribio López.Desde entonces abrió su empresa familiar.
Al iniciar el emprendimiento, Celeste se percató de una falencia. El déficit en infraestructura en relación a los objetivos que ella tenía y a las condiciones que requería para la elaboración de un producto de calidad.
A esta segunda dificultad, la ingeniera no la vio como un impedimento para seguir escalando, antes bien, observó una oportunidad y un desafío por superar. En ese interín se inscribió al programa Capital Semilla, en el que, además del apoyo financiero, también le ofrecieron asesoramiento en la materia.
La emprendedora recibió 10 millones de guaraníes que utilizó como inversión inicial para construir un laboratorio para elaborar y procesar sus productos antes de dejarlos listos para la venta al mercado.
“Confíen en los programas y en los cursos de capacitación que ayudan para emprender o conseguir trabajo en forma rápida y fácil”, expresó Celeste.
Luego de este largo camino recorrido, el cual resumimos para no extendernos, Celeste hoy puede contar con mucha satisfacción que es productora de 100 ajíes por día y que su trabajo llega a los locales comerciales y gastronómicos de su pueblo.
Entre sus variedades se destacan: ajíes picantes, suaves, ahumados, con miel, entre otros que son muy solicitados por los consumidores.