Una historia de lucha contra el cáncer de mama: las ganas de vivir por sobre la adversidad
En el mes de concienciación contra el cáncer de mama, es importante estar al tanto de todas las informaciones médicas referentes a la enfermedad. Pero un factor adicional es conocer la historia de una persona que lo vivió en “carne propia” y que además, en base a su lucha, logró superar todo tipo de adversidad.
Por Juan Riveros (@JuancitoRiveros)
Actualmente Esmilce Portillo tiene 45 años de edad, 10 años atrás su vida dio un giro totalmente inesperado. En ese momento, residía en Sao Paulo - Brasil, junto a su marido brasileño, su hijo de 9 y su hija de 3, incluso todavía en calidad de amamantamiento.
“Yo no tengo historial de cáncer en mi familia, siempre tuve una vida saludable y en teoría no estaba en riesgo. Un día sentí un bulto y eso me confundió. Posteriormente sentí que iba creciendo y decidí ir a un doctor que me dijo que tenía que esperar y no hacerme la mamografía. Me fui a otro médico y me dijo que no tenía nada y que era poco probable que tenga cáncer”, relató Esmilce, quien fue invitada en el programa “Las Residentas” del canal GEN, en busca de que su historia de vida llegue a más personas, especialmente a aquellas que están padeciendo la enfermedad.
Siguiendo con su relato y en ese momento con diagnósticos erróneos, contó que el dolor persistía tanto en el pecho como en la espalda. Eso hizo que recorriera por otros hospitales y especialistas de la ciudad de Sao Paulo. “Tuve que buscar otros médicos, insistí y me hicieron la ecografía mamaria. Encontré a una doctora que para mí es un ángel que me avisó de lo que tenía”, señaló Portillo.
Esmilce expresó que ese diagnóstico y saber de la enfermedad, fue un golpe para toda la familia más que para ella, ya que sus ganas de vivir eran más fuertes.
Explicó que, a pesar de que en Brasil se cuenta con un buen servicio de salud en general, el tratamiento en sí tuvo que pagarlo, ya que su marido quedó sin trabajo y, por ende, sin seguro médico privado.
De ahí en más, su lucha se centró en los hospitales, donde los médicos le hablaban de que para el tipo de cáncer que padecía (nivel 4), la probabilidad de vida que le daban era de 2 años. Lejos de tirar la toalla, para Esmilce eso fue un incentivo para buscar historias de vida y de esa manera aferrarse a sí misma. Contó que encontró refugio en Dios, pudiendo así fortalecerse en lo espiritual y mental. “Él me abrió las puertas para superar con fe y esperanzas de vida”, agregó.
Al completar la extirpación total de mamas y con el tratamiento concluido, los primeros años fueron de miedo de que la enfermedad pudiera volver en cualquier momento e incluso en otras partes del cuerpo.
Sin embargo, meses atrás, la vida le dio una nueva oportunidad al recibir el alta médico definitivo. “Cuando el doctor me dijo que estaba curada, fue como nacer de vuelta. Dios me dio una segunda chance para verle crecer a mis hijos y continuar con mi lucha”, expresó.
Cada situación es diferente, el cáncer puede afectar de diferentes maneras en las personas. Sin embargo, la historia de Esmilce lo que revela es la importancia de que se pueda conocer el cuerpo y estar atentos a los signos de alarma. Una prevención adecuada y un diagnóstico certero, puede salvarte la vida.
“No quiero ser fit”: el cansancio de miles de mujeres y el debate sobre la presión estética
La coach fitness Guise Dancuart rompió esquemas con su primer libro, “No quiero ser fit”, una obra sincera y directa que cuestiona la obsesión por la perfección y reivindica el amor propio. El lanzamiento se agotó en menos de un mes y ya prepara su versión digital.
Lo que comenzó como un proyecto íntimo terminó convirtiéndose en un fenómeno inesperado. Guise Dancuart, entrenadora, atleta y creadora de contenido, lanzó 100 copias de su primer libro, sin imaginar que desaparecerían de las estanterías en pocas semanas.
“Fue un proyecto hecho con muchísimo amor. Pensé en 100 copias y se agotó rapidísimo”, contó en el programa Residentas del canal GEN. “Los mensajes y el feedback que recibí valieron totalmente la pena”.
Pero más allá del éxito editorial, la obra plantea un mensaje poderoso, que consiste en la renuncia a la necesidad de encajar en un modelo de mujer perfecta que se exige desde redes, el entorno y, sobre todo, desde la propia mente.
Guise explica que el nombre del libro surgió de cientos de conversaciones con mujeres que cargan con una presión silenciosa, como ser madre perfecta, profesional perfecta, pareja perfecta y encima, tener el cuerpo perfecto.
“Llega un punto donde decís: ‘yo no quiero ser fit, ya está’. Porque ese ideal de perfección no existe”, afirma. Cuando esa exigencia cae, aparece otra trampa: el descuido.
“Al dejar de lado la idea de perfección, muchas entran en un abandono que termina erosionando el amor propio. Y todo empieza a relacionarse solo con el físico, cuando en realidad es algo espiritual, emocional”.
La autora también analiza cómo las comparaciones en redes sociales destruyen la autoestima. “Vivimos comparándonos con historias de 15 segundos. Con una chica que ya entrenó, desayunó perfecto y está impecable a las 5 de la mañana… y vos estás en bata, con tu café. Compararte con eso es perder siempre”.
Peor aún, también muchas se comparan con “la mujer que fuimos antes”, una versión pasada idealizada que ya no existe.
El libro aborda uno de los puntos más sensibles, que es la forma en que las mujeres se hablan a sí mismas. “Hay cosas que nos decimos que jamás le dirías a tu mejor amiga. ‘Soy fea’, ‘esto no es para mí’, ‘que mal me queda esto’. ¿A quién le dirías eso? ¿Por qué te lo decís?”, cuestiona Guise.
Cada capítulo propone ejercicios, mantras y reflexiones para reconectar con el cuerpo desde un lugar de respeto y bienestar, no desde la crítica. “El fitness y el wellness son una búsqueda de equilibrio personal, no algo para mostrar en Instagram ni para complacer a nadie. Es lo que te hace bien a vos”, agrega.
Guise insiste en una verdad que incomoda, pero libera: que cualquier proceso de cambio va a doler. “La gente viene un día al gimnasio, le duele y no vuelve. Pero los momentos incómodos son parte de la vida. Y son los que más enseñan”.
Subraya que no se trata de entrenar horas, sino de comprometerse con uno mismo. “Si solo podés cuatro minutos, hacé cuatro minutos. Con el tiempo serán diez, quince, veinte. La clave es honrar tu palabra”, resalta.
También invita a dejar la fantasía de que todas las mujeres deben lucir igual. “Me dicen ‘quiero tu panza’. Y yo les digo: ‘Mi panza no vas a tener nunca, porque vos tenés la tuya. Busquemos la mejor versión de la tuya’”.
Dancuart vive un estilo de alimentación disciplinado hace más de 10 años, y comparte recetas simples y accesibles para derribar mitos.
“Cuando empecé, comer avena era de gente enferma. Hacer mantequilla de maní en casa, un delirio. Hoy por suerte ya no. Me gusta mostrar que la comida saludable puede ser rica, fácil y con ingredientes que encontramos en cualquier súper”.
La autora analiza lanzar una nueva tirada del libro y adelantó que prepara una versión digital para ampliar su alcance.
Aguinaldo sí, canasta y fiesta de fin de año no: ¿a qué están obligados los empleadores?
Llega la temporada más esperada por todos, especialmente por los trabajadores, quienes reciben en esta época el ansiado aguinaldo, sin embargo, surge la duda sobre si la entrega de las tradicionales canastas navideñas y los festejos de fin de año son obligatorios o simplemente dependen de la buena voluntad de los empleadores. Esto es lo que dice realmente nuestra legislación.
Empieza diciembre, y todo se vuelve festividad, emoción y expectativas, principalmente, por el pago del decimotercer salario. Ese “premio” al esfuerzo laboral que se realizó en el año.
Según el artículo 243 del Código Laboral, el pago del aguinaldo es de carácter obligatorio y debe abonarse antes del 31 de diciembre de cada año. Su propósito es aliviar financieramente a los trabajadores durante los tiempos de mayores gastos, como las fiestas de Navidad y Año Nuevo.
En esta época, aunque el aguinaldo sea un pago obligatorio, también es una oportunidad ideal para que los empleadores expresen gratitud y reconocimiento a los trabajadores con otros tipos de beneficios, como las famosas canastas navideñas o las fiestas para despedir el año con todos los colaboradores.
Ni la canasta ni la fiesta, los empleadores no están obligados por ninguna ley a brindar estos beneficios, pero según había señalado el experto en empleo, Enrique López Arce, ambas son poderosas armas de motivación.
Para Arce, un trabajador valorado es un trabajador con mayor capacidad de producción y creatividad en el entorno.
Algunas empresas también hacen otro tipo de obsequios a sus trabajadores, como regalos personalizados u otros presentes.
¿Plata o fiesta?
Días atrás, el mismo Arce compartió el resultado de una encuesta que realizó a 2.000 trabajadores, de los cuales, el 97% ya no prefiere una fiesta como tal, sino dinero.
Históricamente los trabajadores optaron por festejos, regalos o canastas, pero según el especialista, el encarecimiento del costo de vida, la carne y otros productos básicos, obligan a optar por el dinero.
Una historia de superación, con un empujoncito formativo y financiero
Celeste López es una joven ingeniera agrónoma oriunda de Caaguazú capital. A lo largo de su carrera universitaria fue dibujando sueños que esperaba cumplir al recibirse. Sin embargo, en el camino se encontró con algunas dificultades financieras y la necesidad de aprender mucho más sobre el manejo del negocio. Conocemos su historia.
Ni la salud ni la educación tienen el mismo nivel de cobertura en todo el territorio, lo que obliga a muchos paraguayos a dejar su ciudad natal y trasladarse hasta Asunción y alrededores para satisfacer necesidades básicas.
Así lo hizo Celeste López, quien, tras culminar su carrera de Ingeniería Agrónoma regresó a su pueblo Jagua Kái, dentro de la ciudad de Caaguazú, departamento de Caaguazú, con la esperanza de trabajar y sacarle provecho a sus grandes parcelas de tierra, pero no sabía cómo dar el primer paso.
Lo primero que notó que le faltaba era aumentar sus conocimientos sobre el manejo administrativo de un emprendimiento. Fue así quecomenzó por capacitarse sin gastar dinero, a través del curso virtual denominado Plan de Negocio de Sinafocal (Sistema Nacional de Formación y Capacitación Laboral), en el que aprendió a hacer un estudio de mercado para saber a dónde apuntar y ver qué probabilidades de suceso tenía en la zona.
Celeste decidió comenzar a cultivar y producir ají, para lo cual, registró la marca Don Virgilio en homenaje a su abuelo, según se lo contó con mucho entusiasmo a sus padres Salustiana Martínez y Toribio López.Desde entonces abrió su empresa familiar.
Al iniciar el emprendimiento, Celeste se percató de una falencia. El déficit en infraestructura en relación a los objetivos que ella tenía y a las condiciones que requería para la elaboración de un producto de calidad.
A esta segunda dificultad, la ingeniera no la vio como un impedimento para seguir escalando, antes bien, observó una oportunidad y un desafío por superar. En ese interín se inscribió al programa Capital Semilla, en el que, además del apoyo financiero, también le ofrecieron asesoramiento en la materia.
La emprendedora recibió 10 millones de guaraníes que utilizó como inversión inicial para construir un laboratorio para elaborar y procesar sus productos antes de dejarlos listos para la venta al mercado.
“Confíen en los programas y en los cursos de capacitación que ayudan para emprender o conseguir trabajo en forma rápida y fácil”, expresó Celeste.
Luego de este largo camino recorrido, el cual resumimos para no extendernos, Celeste hoy puede contar con mucha satisfacción que es productora de 100 ajíes por día y que su trabajo llega a los locales comerciales y gastronómicos de su pueblo.
Entre sus variedades se destacan: ajíes picantes, suaves, ahumados, con miel, entre otros que son muy solicitados por los consumidores.