Febrerista ñepu’ã: 90 años del Golpe del 36

La Revolución de febrero de 1936 es un episodio central en la relación entre ejército y Estado en el Paraguay del siglo XX. Se trata de la expresión palpable de un país que volvía de una guerra traumática y que exigía soluciones a graves problemas sociales y económicos. Los militares ofrecieron una salida que, para muchos, era necesaria.

Por Gonzalo Cáceres - periodista

La madrugada del 17 de febrero de 1936 un levantamiento cívico-militar depuso al presidente Eusebio Ayala y ubicó al frente del gobierno al coronel Rafael Franco Ojeda, acabando con la hegemonía del Partido Liberal, vigente desde 1904.

Parecía una respuesta acorde a tan agitados tiempos, pero se convirtió en una alteración sin precedentes del tradicional bipartidismo.

CONTEXTO

Miles de paraguayos volvieron de la Guerra del Chaco (1932–1935) exhaustos, con heridas, deudas y expectativas de reconocimiento estatal insatisfechas. La economía hacía aguas por todos los frentes y la clase política, entonces copada por el Partido Liberal, erosionó su autoridad ante la opinión pública.

Tal clima favoreció a la eclosión de proyectos de naturaleza nacionalista que recurrieron al prestigio de los oficiales que habían servido en el frente. Veteranos y sectores sociales descontentos vieron en los caudillos de uniforme una opción para superar la crisis y acabar con la corrupción que atribuían a las élites civiles.

A todo ello hay que sumarle el contexto mundial de los años 30, con los modelos autoritarios europeos y sus incendiarios discursos de regeneración patriótica, que se valieron de una poderosa combinación de frustración y estancamiento económico para dar legitimidad a sus respectivos objetivos.

EL GOLPE

La insurrección fue relativamente rápida. Las distintas fuentes indican que el teniente coronel Federico W. Smith y el teniente coronel Camilo Recalde, con apoyo del mayor Juan Martinich y los capitanes Manuel Franco, Federico Jara Troche, Francisco Chávez Delvalle, Juan Speratti y Rafael Guerrero, coordinaron las tropas de los regimientos de Infantería Curupayty y Corrales, la Aviación, la Escuela Militar y el Parque de Guerra.

También hubo cooperación de formaciones civiles comandadas por referentes como Facundo Recalde y Felipe Molas López, Emilio Gardel, Bernardino Caballero y Rafael Oddone, entre otros.

Los sublevados se movilizaron por Asunción y alrededores. El grueso del cuerpo de combate ocupó la Plaza Uruguaya y, tras unas horas de enfrentamientos con la Policía y las fuerzas constitucionalistas; más la irrupción de la Marina, terminaron por dejar al gobierno de Ayala sin capacidad de respuesta.

Tanto Eusebio Ayala como el Mariscal José Félix Estigarribia fueron puestos bajo custodia y enviados al Departamento de Policía en la capital. Meses después, ambos fueron enviados al exilio.

EL “LEÓN KARE”

El carismático Rafael Franco fue la cara visible del movimiento con sus críticas a los liberales por “la falta de atención del gobierno hacía los campesinos y desmovilizados de la reciente guerra”. Exiliado por conspirar, regresó de Buenos Aires y el 19 de febrero fue nombrado jefe del gobierno provisional. Un día después juró como 32.° presidente de la República del Paraguay.

El ‘León Kare’ aglutinó el descontento social con la expectativa de realizar los ajustes que, en teoría, debían reflotar la demacrada economía y llevar asistencia a los desmovilizados. Su discurso mezcló nacionalismo, reivindicación social y la idea de combatir la corrupción anterior.

“No copiaremos ninguna de las constituciones presentes, pero aprovecharemos las expresiones de todas ellas y daremos a la nueva organización nacional (...) la sustancia medular de nuestro pueblo y nuestra raza. El Estado paraguayo no será comunista ni fascista ni racista, y no adoptará las formas políticas referidas”, manifestó en su alocución inaugural.

EXPERIENCIA FEBRERISTA

Derogada la Constitución Nacional vigente desde 1870, se fortaleció la influencia del ejército en la estructura del Estado con los oficiales que habían apoyado la revolución.

Se combinaron medidas simbólicas con intentos serios como la creación del Departamento Nacional del Trabajo; consagrando la jornada de 8 horas, vacaciones pagas, el aguinaldo como derecho adquirido y los derechos laborales de las mujeres embarazadas (además del derecho al descanso dominical).

Las tendencias posteriores que germinaron con la instauración del régimen revolucionario carecieron de toda naturaleza de justicia social, porque al mismo tiempo se prohibió el funcionamiento de las centrales obreras (todo problema surgido entre el patrón y el obrero debía ser arreglado por la referida cartera estatal).

La matriz de la forma autoritaria militar tuvo inicio con el Decreto Ley Nº 152 de 1936 “De Defensa de la Paz Pública”.

Ya el 5 de mayo, el gobierno revolucionario decreta la primera Reforma Agraria en pro de “la destrucción del monopolio de la tierra” para que “dejara de ser objeto de especulación” y vuelva “a la posesión del pueblo que la trabaja y la hace producir, para hacer tangible la idea de la patria física en la familia agraria”. La iniciativa ni llegó a perturbar los intereses latifundistas.

Se fundaron Ministerio cruciales como el de Salud Pública, Agricultura; la Comisión de Fomento y Trabajo, el Banco de la República del Paraguay, el Comité de Movilización Civil, la Facultad de Odontología, Ciencias Agrarias y Ciencias Económicas; se invirtió en una red de escuelas y colegios para la capital y el interior del país, además de hospitales y universidades populares, la Escuela de Artes y Oficios y granjas-escuelas rurales.

En lo que respecta a la reivindicación histórica, se consagró a José Gaspar Rodríguez de Francia, Carlos Antonio López y al Mariscal Francisco Solano López como padres de la patria. Se reconoció al Teniente Adolfo Rojas Silva, primer abatido de la contienda chaqueña, como Héroe Nacional.

Luego, se estableció el 1 de marzo como feriado nacional, en conmemoración de la muerte del Mariscal López, y se otorgó el título de ciudadano honorario al cartógrafo ruso Juan Belaieff, entre tantas otras medidas.

EL FIN

Las tensiones en el gobierno revolucionario llegaron a un punto de ebullición con la captura del secretario general de la Central Nacional de Trabajadores y presidente del Partido Nacional Revolucionario, dirigentes de base y otros colaboradores (allegados a la izquierda) del gobierno y en los días siguientes (12 y 13 de mayo) se declaró una huelga general.

Inmediatamente, el ministro de Educación, Jover Peralta, fue destituido. Pero el día 14, la Convención de la Asociación Nacional de Excombatientes (con 100.000 miembros) logró la renuncia de los ministros del Interior y de Agricultura (ambos fascistas). En tres meses, el gobierno se había alejado de los extremos ideológicos.

Así, en una insostenible dinámica, la Revolución Febrerista fue finalmente derrocada el 13 de agosto de 1937 por otra sublevación militar que repuso a un liberal (Félix Paiva) en el gobierno.

Así las cosas, el coronel Rafael Franco se vio obligado a huir para zafar del capricho de los contra golpistas. Se autoexilió a lo largo de décadas enteras en Montevideo, Uruguay, donde se cuenta que subsistía de la fabricación de jabón artesanal. Tuvo un breve retorno al Paraguay hacia 1946, pero de nuevo fue expulsado.

Fiel a su estilo, Franco participó en la intentona contra Higinio Morínigo, que desembocó en el fallido golpe de 1947 y la consecuente guerra civil. Su retorno definitivo no se dio hasta 1964, ya bajo la atenta mirada del dictador Alfredo Stroessner.

Franco vivió el resto de su vida en condiciones humildes y sin recobrar influencia política y/o en la esfera castrense. Falleció a los 77 años de edad en Asunción, el 16 de septiembre de 1973, y en el 2011 se le otorgó el ascenso póstumo a General de Brigada.

IMPORTANCIA

El impacto político del gobierno de Franco fue notable, a pesar de su brevedad: consolidó al ejército como actor político para la dirección de la sociedad, consagró los derechos de los obreros y reestructuró el Estado. También produjo la base del autoritarismo que se manifestaría de distintas formas en los años venideros.

La realidad es que muchas de sus reformas quedaron a medio camino por la inestabilidad política entre los propios revolucionarios. Sin embargo, el hecho de colocar a los militares como actores importantes, y de atender parcialmente las demandas de los veteranos y civiles, quebró el movimiento por dentro.

La revolución de febrero contribuyó a normalizar la idea de que los militares podían intervenir para “corregir” la política civil.

A 50 años del día que la dictadura stronista intervino el Colegio Cristo Rey

Un 8 de abril del año 1976, se producía uno de los episodios más funestos en la historia del emblemático Colegio Cristo Rey de Asunción, luego de que la policía stronista irrumpiera en la institución, ante sospechas de que allí se impartían “enseñanzas subversivas” a los estudiantes.

Por Robert Bourgoing (@robertb_py)

El pasado 8 de abril se recordaron 50 años de la intervención policial al Colegio Cristo Rey, en el contexto de la llamada “Pascua Dolorosa”, una de las oleadas represivas más violentas durante la dictadura del general Alfredo Stroessner.

Aquel día como cualquier otro, los estudiantes de la reconocida institución educativa jesuita se disponían a desarrollar sus clases con normalidad, viéndose sorprendidos con la inusual presencia de móviles y agentes de la Policía Nacional.

En cuestión de minutos, la tranquilidad que reinaba en los pasillos de aquel centro de formación católica se vio interrumpida abruptamente por efectivos armados que buscaban evidencias de supuestos “elementos subversivos”. En ese menester, procedieron a registrar las aulas y habitaciones de los sacerdotes jesuitas.

Imponiendo a costa del uso de la fuerza el característico temor del régimen stronista, los policías trataron de localizar al padre Miguel Sanmartí, a quien acusaban de ser supuesto cabecilla de un “movimiento subversivo” nacido en el Cristo Rey.

Esta suposición de las autoridades de turno estaba fundamentada en el estilo de formación poco convencional para la época, donde cualquier intento de fomentar el pensamiento crítico o la conciencia social, como lo hacían en el colegio jesuita, era mal visto, al punto de considerarse “revolucionario” o hasta “comunista”, en ciertos casos.

Un 13 de enero de aquel mismo año, la institución también había sido objeto de una intervención previa por parte del entonces Ministerio de Educación y Culto. Durante el transcurso de un año, el Cristo Rey había quedado bajo control estatal, a cargo de una “comisión interventora”.

Ambos episodios se dieron en un contexto histórico y sociopolítico marcado por la persecución a propuestas educativas críticas y comprometidas con la formación integral, expresó el colegio en una publicación realizada tiempo atrás.

Dentro de aquella camada que vivió en carne propia la intervención policial en el Cristo Rey se encuentran reconocidos personajes de la escena local, como los periodistas Carlos Martini y Mario Ferreiro, así como el ministro de la Corte Suprema de Justicia, Luis María Benítez Riera, entre otros.

En un posteo realizado a través de Facebook, Carlos Martini rememoró lo sucedido en aquellos días cuando se encontraba en plena transición entre estudiante de los últimos años del bachillerato y egresado. En 1974, dos años antes de la intervención policial, él había formado junto a otros tres compañeros un grupo de lectura con el respaldo del padre Sanmartí, a quien posteriormente acusarían de implantar “ideas subversivas”.

Una noche de diciembre de 1975, Mario fue detenido en la Plaza Italia y torturado en la División de Asuntos Técnicos. Supuestamente llevaba en su poder una hoja que decía ‘Carlos Martini. Operación Chapa’. Nochebuena de 1975 . Se trataba de un entrenamiento guerrillero”, reza la publicación.

Semanas después, ya en enero de 1976, Martini fue detenido por militares y entregado al Segundo Departamento de Inteligencia del Estado Mayor. “Comenzaron los interrogatorios a cargo de su jefe, el entonces coronel Benito Guanes Serrano. Me acusaba de haber sido entrenado por el movimiento guerrillero Tupamaros de Uruguay”, expresó el comunicador en sus redes.

Otro de los que vivió un episodio similar, aún siendo menor de edad, fue el Ing. Diógenes “Cacho” Sartorio. En un panel debate celebrado días atrás para conmemorar los 50 años de la toma del Cristo Rey, este exalumno de la Promo ‘76 recordó la ocasión en que fue llevado por agentes policiales al Departamento de Investigaciones, a fin de ser sometido a un riguroso interrogatorio para descartar cualquier posible complicidad.

Aquellas experiencias marcaron profundamente la historia del Cristo Rey, institución que, con el paso de los años, ha logrado consolidarse como una formadora de ciudadanos con conciencia cívica y pensamiento crítico, basados en valores morales y espirituales.

A partir de ahora, cada 8 de abril la comunidad educativa celebra el “Día del Compromiso Social”, con la intención de convertir aquel penoso acontecimiento en una enseñanza. “Hacer memoria no es mirar sólo al pasado. Es reconocer nuestra historia para seguir construyendo identidad, compromiso y esperanza”, afirma el colegio en una publicación para conmemorar los 50 años de la intervención.

Ataques de perros: claves para entender por qué ocurren y cómo prevenirlos

El reciente caso de una mujer que fue atacada por su propio perro reavivó el debate. Un adiestrador explica que la agresividad no depende de la raza, sino de la crianza, el entorno y el manejo del animal.

Por Juan Riveros (@JuancitoRiveros)

El reciente ataque de un perro de la raza pitbull a su dueña, que la dejó con graves heridas en el rostro, volvió a poner en agenda un tema que genera preocupación recurrente: los episodios de agresión de mascotas hacia personas.

Lejos de tratarse de un hecho aislado, en los últimos años se registraron casos similares, lo que alimenta la percepción de que ciertas razas son más peligrosas. Sin embargo, especialistas en comportamiento animal sostienen que el problema va mucho más allá del tipo de perro.

El adiestrador canino Mauricio Ibáñez afirma que la agresividad no es una condición natural del animal. “El perro por naturaleza no nace agresivo. La raza no determina el carácter del perro, siempre depende de la crianza”, explicó.

En ese sentido, durante una entrevista con el programa “Aire de Todos” del canal GEN y Radio Montecarlo, aclaró que existe una confusión frecuente entre agresividad y características físicas. “Se habla de perros potencialmente peligrosos por su fuerza o contextura, pero eso no significa que sean agresivos por naturaleza”, indicó.

Sobre el estigma que pesa sobre los pitbulls, Ibáñez considera que existe una sobredimensión mediática. “Hay muchas razas que han atacado o incluso matado personas, pero no tienen la misma ‘publicidad’. En el caso del pitbull, se generó una especie de cacería de brujas”, sostuvo.

Para el especialista, el eje central está en el rol del dueño. “Un perro con ciertas condiciones, como los de gran tamaño, necesita un dueño acorde, que lo sepa manejar, que tenga reglas, límites y lineamientos claros. Se puede lograr un buen comportamiento independientemente de la raza”, afirmó.

Uno de los errores más comunes es humanizar a las mascotas. “El perro no interpreta lo que uno dice, sino el tono de voz y el lenguaje corporal. Es acción-reacción. Si se siente acorralado, va a reaccionar”, advirtió.

Además, subrayó la importancia de cubrir las necesidades físicas del animal. “Hay perros que requieren mucho desgaste energético. Si no lo tienen, se frustran, y eso puede derivar en problemas de conducta. El entorno y la rutina son claves”, explicó.

En cuanto a la disciplina, desaconsejó el castigo como método de corrección. “Es totalmente contraproducente, porque el perro trabaja con memoria a corto plazo. Lo importante es establecer límites claros y consistentes”, concluyó.

La IA ya está en clase y experta insta a crear un diseño de política de incorporación

La Dra. Sofia Sheid destacó que la Inteligencia Artificial (IA) ya está instalada en las aulas de los niños y adolescentes en Paraguay, especialmente en la educación privada, pero aún es materia pendiente la incorporación de esta tecnología en el sistema educativo público, por lo que enfatizó en la necesidad de diseñar una política pública para su implementación y que sea perdurable con el tiempo.

La experta en educación, Sofía Sheid, sostuvo, durante una entrevista en el programa “Así son las cosas”, que, en medio del auge de la IA, la falta de una política pública adecuada en la educación llevó a que la incorporación de la tecnología sea fragmentada y dependa de decisiones gubernamentales.

“La IA ya está en sala de clase, es necesario el diseño de una política de incorporación de tecnología e IA. La incorporación en el sistema público responde a una decisión del gobierno y no a una sistémica en donde, de una forma escalable se llega a todas las instituciones públicas”, expresó la profesional.

Para ella es urgente ordenar todo lo que se está haciendo bajo un marco de políticas públicas, y cortar brechas con el sector privado, donde la IA ya no es solo una tecnología imposible o difícil de entender e implementar, sino una realidad.

En ese sentido, la Dra. Sheid mencionó la importancia de la formación de los maestros en alfabetización digital e IA, y destacó que el debate no es tecnológico, sino pedagógico y de política.

EL CONTENDIO EN LA IA

La doctora Sheid sostuvo que actualmente el contenido educativo no es el principal problema a la hora de implementar la tecnología, sino la forma en que los estudiantes y docentes puedan aprovechar la IA para mejorar el aprendizaje.

“La IA cambió mi consigna como maestra, la instrucción que yo te doy para que aprenda a partir de este contenido, pero hoy día no es un contenido único. La máquina ya aprendió, y el teléfono a partir de una pregunta te responde en milésimas de segundos, ahí no aprendió el alumno”, refirió.

Según Sheid, el maestro debe ser consciente de que existe esa posibilidad de que el alumno elabore un ensayo de 10 líneas en microsegundos con la IA, entonces se busca otra consigna en donde la tecnología no sea descartada, sino aprovechada por todos para aprender.