La iniciativa para un calendario único mundial
Científicos, empresarios y líderes de opinión entendían que los defectos estructurales del calendario gregoriano entorpecían la organización económica y administrativa del siglo XX. Consecuentemente, se gestó un proyecto de ajuste mundial para un calendario fijo de 13 meses que fracasó ante la fuerza de la tradición.
Por Gonzalo Cáceres - periodista
Los seres humanos no percibimos el tiempo de forma puramente natural, sino también cultural. Y el calendario es una invención humana, una suerte de convenio social, con múltiples reformas a través de los siglos.
ORÍGENES
La herencia romana perduró en el hemisferio occidental a través de los principios legales, la lengua, estructura jurídica, arquitectura e ingeniería, pero también en la percepción misma del tiempo.
“Calendario” viene del latín “calendarium” (entendido como libro de contabilidad, derivado de “kalendae”), que marcaba el primer día del mes en la antigua Roma, cuando las deudas y los intereses de los préstamos se registraban y pagaban.
Los romanos arrancaron el cómputo de los años con la fundación de Roma (1. u. C, urbe Condita, “año 1 desde la fundación de la ciudad”), que se corresponde con el 753 a. C (antes de Cristo, que utilizamos hoy día), según los cálculos del monje Dionisio el Exiguo, a quien históricamente se reconoce como el gran compaginador de los tiempos (se pasó media vida ubicando las fechas de la Pascua y del nacimiento de Jesús de Nazareth).
Hoy sabemos que Dionisio se equivocó, pero su sistema (Anno Domini) perduró y se generalizó en la Europa Occidental después del Renacimiento (Gran Bretaña lo adoptó recién en 1752, Rusia en 1918 y Turquía en 1927).
Es así que, en las Américas, gran parte de Europa y regiones de África nos ubicamos en el año 2026, pero para los chinos ya es el 4724, los judíos andan por el 5786, los musulmanes entre el 1447 y el 1448 y los budistas en el 2569. Toda esta disparidad llevó, en su momento, a una iniciativa por el establecimiento de un calendario único internacional.
EL PROBLEMA
El calendario de referencia a nivel global es el gregoriano. Instaurado en 1582 por el Papa Gregorio XIII, fue concebido en un intento de corregir el desfase del antiguo calendario juliano (reforma de Julio César). De un plumazo, se perdieron 10 días en ese ajuste (se pasó del 4 al 15 de julio porque sí).
Aunque es preciso, desde el punto de vista astronómico, el gregoriano se vale de varios puntos cuestionables: los meses tienen duraciones irregulares (28, 30 o 31 días), las fechas no coinciden con los mismos días de la semana cada año; lo que complica la planificación contable, económica o estadística por los trimestres (no tienen la misma duración).A todo ello hay que sumarle que hay años en los que las fechas se desplazan de manera que los calendarios laborales o escolares deben reorganizarse constantemente.
UNIFICAR EL TIEMPO
En 1923 la entonces Liga de las Naciones convocó a la presentación de propuestas. En total, se recibieron unas 500, pero en 1931 solo se aceptaron tres para su análisis en plenaria.
La idea más sólida fue la del Calendario Internacional Fijo, proyectado por el empresario Moses B. Cotsworth en 1902, cuando trabajaba en el sistema ferroviario británico. Cotsworth observó que la contabilidad mensual era difícil de comparar porque cada mes tenía distinta duración. Pretendía crear un calendario perfectamente regular tomando como base un calendario de 13 meses compuesto por 28 días (364 días totales). Como 28 es divisible por 7, cada mes tendría exactamente 4 semanas. Esto produce una regularidad notable: cada mes comienza el mismo día de la semana, cada fecha cae siempre el mismo día, todos los meses son idénticos en duración. El mes adicional se llamaría “Sol” y se ubicaría entre junio y julio.
DÍA “FUERA DEL TIEMPO”
Un problema del calendario de Cotsworth se hizo notar por el año solar (que tiene 365 días), por lo que se propuso agregar un día especial al final del año, que no pertenecería a ninguna semana. Este día se llamaría “Year Day” (Día del Año) que no sería lunes, martes, etc; sino una jornada festiva mundial, así el año siguiente comenzaría nuevamente un domingo (en los años bisiestos se agregaría otro día similar después de junio).
El calendario quedaría en 364 días estructurados (13x28), 1 día festivo mundial y 1 día adicional en año bisiesto.
VENTAJAS
Los defensores del calendario de 13 meses señalaban que, por la simetría perfecta (cada mes sería idéntico), se podrían comparar meses sin distorsiones estadísticas. También la simplificación contable haría que las empresas puedan planificar salarios, inventarios, impuestos y estadísticas sin sufrir las irregularidades actuales, entre otros.
LOS MAYAS
A ciencia cierta, el calendario de Cotsworth presentó grandes coincidencias con el calendario de las “13 lunas” proveniente de la ancestral cultura maya, al que suele considerarse uno de los sistemas más precisos de la antigüedad.
Esta reputación se debe, principalmente, por su exactitud astronómica, su estructura matemática compleja y la capacidad para integrar distintos ciclos de tiempo en un mismo sistema coherente (la combinación del Tzolk’in y el Haab generaba un ciclo mayor llamado “Rueda Calendárica”, que se repetía cada 52 años solares). No se trataba de un único calendario, sino de un conjunto de cuentas del tiempo que funcionaban simultáneamente.
El calendario maya es, ante todo, una propuesta “natural” (espiritual, astronómica y biológica), antes que económica.
APOYO EMPRESARIAL
En su momento, el Calendario Internacional Fijo fue puesto a prueba por el industrial estadounidense George Eastman (fundador de Eastman Kodak), quien adoptó el calendario de 13 meses para uso interno de la empresa. Desde 1928 hasta 1989, Kodak utilizó este calendario en su contabilidad, lo que lo convirtió en el experimento práctico más duradero.
RESISTENCIA
Sin embargo, el principal obstáculo vino de las instituciones religiosas; particularmente de la Iglesia Católica, Ortodoxa y comunidades judías. Las religiones con tradición sabática (judía y cristiana) sostienen que el ciclo semanal de siete días debe ser continuo e ininterrumpido desde la creación. Si se introducen días “sin semana”, el ciclo se rompe. Para los judíos esto afectaría la observancia del Shabat y, para muchos cristianos, afectaría la continuidad del domingo.
FRACASO
Debido a estas tensiones dogmáticas, la reforma nunca fue adoptada a escala mundial. Además, había otros problemas, porque cambiar todos los calendarios del mundo era extremadamente costoso y afectaría aniversarios históricos, lo que pudo haber requerido reformar leyes y tratados.La discusión fue zanjada en 1955 y el calendario gregoriano permaneció como estándar global.
OTROS
El calendario de 13 meses no fue el único intento. Otra propuesta famosa fue el Calendario Mundial de 12 meses, pero que reorganizaba los trimestres; o el calendario Symmetry 454 y el Calendario Permanente Hanke-Henry. También se propusieron almanaques científicos, industriales y estadísticos, pero ninguno logró consenso.
El calendario gregoriano sigue predominando porque es una herramienta técnica y también un sistema cultural profundamente arraigado en la civilización global; sí, con puntos flojos, pero de aceptación mayoritaria.
Crisis, redención y una constante cultural
Pueblos diferentes; distantes entre sí por miles de kilómetros, océanos, lenguas e incluso épocas, comparten una misma intuición y certeza: el mundo se salió de control y, en algún momento, alguien (o algo) vendrá a reencauzarlo.
Puede que sea la manera de entender el tiempo y el destino colectivo, lo cierto es que esta mítica figura adopta nombres y formas distintas según la tradición y el contexto: un rey justo, un maestro, una divinidad, un nuevo ciclo. El relato cambia, pero el mensaje es el mismo. El mundo puede cambiar… y seguimos en la espera.
Por Gonzalo Cáceres - Periodista
Guerras, opresión, desigualdad extrema, crisis morales o incluso la sensación de un desorden en la naturaleza. Las sociedades enfrentan, tarde o temprano, situaciones en las que todo parece perder coherencia.
Y es ahí que se deja notar una tensión: si existe un orden -sea divino o natural-, ¿por qué la realidad funciona mal? Esa pregunta no queda sin respuesta. Las culturas elaboran explicaciones que, en muchos casos, incluyen la idea de una intervención futura. El mundo, tal como está, no puede sostenerse indefinidamente. Tiene que cambiar.
Y ese cambio, muchas veces, toma forma en relatos de revelación divina: la aparición de una figura capaz de restaurar el equilibrio.
UNA MISMA EXPECTATIVA
Aunque no existe consenso absoluto, los catedráticos coinciden en que las creencias en fuerzas superiores se rastrean hasta los albores de la conciencia humana. En ese marco, la idea de un redentor coincide con la necesidad de encontrar consuelo (o justificación) a momentos de profunda calamidad.
Veamos algunos ejemplos.
En el judaísmo antiguo, la figura del Mesías cobra protagonismo en contextos de derrota, exilio y pérdida de soberanía. No es una idea abstracta: es la promesa de un líder que devolverá la dignidad a su pueblo.
El cristianismo retoma esa expectativa, pero la redefine. La figura del salvador se encarna en Jesús, entendido como humano y divino a la vez. Sin embargo, la historia no se cierra con su vida. La expectativa de su regreso (la segunda venida) mantiene abierta la idea de que el desenlace final aún está pendiente, y que será justo.
Por su lado, la figura del Mahdi cumple un rol similar en el islam: un líder que aparecerá antes del fin de los tiempos para restablecer el orden y salvar a los creyentes.
Más allá de la esfera abrahámica, en la India la lógica es de otra sustancia, pero de comparable influencia. El hinduismo entiende la historia como un ciclo (no de forma lineal). La era actual, conocida como Kali Yuga, es vista como un período de decadencia moral y espiritual; por lo que se espera la llegada de Kalki, una manifestación divina que pondrá fin al ciclo y dará inicio al siguiente (Satya Yuga).
Sin embargo, el budismo ofrece una variante particular. La figura de Maitreya no es un guerrero ni un juez, sino un maestro. Su tarea será reaparecer cuando las enseñanzas se hayan perdido, para mostrar nuevamente el camino hacia la iluminación.
En los Andes, el dios Viracocha está asociado al origen del tiempo y al orden del mundo. Las tradiciones preincas afirman que podría regresar para apuntalar una nueva era de paz y prosperidad.
Algo similar ocurre en Mesoamérica con Quetzalcóatl. Más allá de las interpretaciones históricas y/o mitológicas, ciertas versiones lo presentan como el dios civilizador y figura redentora, la gran ‘serpiente emplumada’. En este caso, el énfasis no está en un juicio final, sino en la idea de que el mundo no se salva de una vez y para siempre, sino que atraviesa ciclos de desajuste y posterior restauración.
Las diferencias son contundentes, sí. Cambian los nombres, los roles y las situaciones, pero la estructura de fondo es sorprendentemente similar.
UNA IDEA POLÍTICA
Aunque estas figuras suelen presentarse en términos espirituales, su espectro no se limita a lo religioso. En muchos casos, tienen una dimensión política.
La promesa de redención no habla solo del alma o del destino, también se refiere a la justicia concreta, de condiciones de vida, de orden social. Esperar a un salvador, en este sentido, también es una forma de expresar que el presente es inaceptable.
TIEMPOS MODERNOS
Podría pensarse que, en una era de ciencia y tecnología, estas ideas perderían fuerza, pero siguen vigentes. Hoy, el redentor puede proyectarse en líderes políticos, en movimientos sociales o incluso en avances tecnológicos que parecen ofrecer respuestas definitivas.
La lógica es la misma: algo vendrá a arreglar lo que no funciona. Esto no implica que las religiones hayan sido reemplazadas. Más bien sugiere que la estructura mental que da esencia al redentor sigue presente.
La necesidad de redención/restauración no fenece, se adapta.
Mirar estas tradiciones en conjunto podemos detectar que la figura del redentor no es solo una creencia. Es también una forma de resistencia; es la manera en que las sociedades dicen: esto no está bien, pero no va a ser así para siempre.
Mientras, seguimos esperando.
Vivir más, vivir mejor: el sistema que busca transformar la vejez en Paraguay
El Complejo Santo Domingo se posiciona como una referencia en la atención integral de las personas mayores de 60 años, con un enfoque que va más allá del cuidado básico y apunta a la calidad de vida.
La doctora María del Rosario Marín, directora de la institución, explicó en el programa Residentas (canal GEN) que el centro cumple casi cuatro años de funcionamiento y fue creado con la visión de dar una atención integral en lo emocional, cognitivo y físico.
El complejo funciona sobre la avenida Lombardo, detrás del antiguo hogar de ancianos Santo Domingo, y depende del Ministerio de Salud Pública.
A diferencia de los tradicionales hogares de ancianos, el Complejo Santo Domingo combina dos áreas principales. Por un lado, el área ambulatoria, con consultorios especializados en geriatría, reumatología, odontología y otras disciplinas enfocadas en adultos mayores. Por otro, la residencia, donde actualmente viven 92 personas en situación de vulnerabilidad.
“El ingreso se da a través de la Dirección de Adultos Mayores, que evalúa cada caso desde lo social y sanitario”, detalló Marín.
La capacidad del lugar ya está al límite y existe lista de espera, siendo esto el reflejo de una necesidad creciente en el país.
Uno de los diferenciales es el Centro Día, una especie de “guardería” para adultos mayores que no viven en el lugar. Allí pasan la jornada con acompañamiento profesional, alimentación y actividades terapéuticas.
A esto se suma el Club de Envejecimiento Saludable, donde personas mayores independientes participan en actividades recreativas, controles médicos y espacios de socialización. En los últimos meses, este programa alcanzó a unas 750 personas.
EL DESAFÍO CULTURAL DE LA VEJEZ
La directora señaló que en nuestro país aún existe resistencia a llevar a los adultos mayores a las instituciones de acogida, aunque planteó la necesidad de evaluar la calidad de cuidado.
“Hay personas con recursos económicos que están solas todo el día. A veces, la compañía y la atención profesional marcan la diferencia”, afirmó.
También insistió en la importancia de prepararse para la vejez desde pequeños. “Es un proceso que debe enseñarse desde la escuela, que uno va a ser un adulto mayor en el futuro”, sostuvo.
LA SOLEDAD
Aunque las necesidades básicas están cubiertas en el complejo, el mayor desafío sigue siendo emocional. “Lo que más necesitan es compañía”, enfatizó Marín.
Por eso, invitó a la ciudadanía a visitar el complejo. Las puertas están abiertas todos los días, coordinando previamente con el área social. “Ellos son felices cuando reciben visitas. Ese tiempo vale mucho más que cualquier donación”, expresó.
Las fechas como Navidad o el Día de la Madre suelen ser las más sensibles para los residentes, especialmente para quienes no reciben visitas familiares.
Dentro del complejo también se construyen nuevas historias. Algunos residentes forman parejas, participan en actividades recreativas y hasta concursos internos.
Una de las figuras más queridas es Blácida, de 92 años, quien fue elegida reina del lugar, y quien por cierto se resiste a ceder su corona. “Tuvimos que crear otras categorías porque todos quieren participar”, relató la directora.
El área ambulatoria atiende actualmente entre 42.000 y 44.000 consultas mensuales. El servicio es gratuito y está disponible para cualquier persona mayor de 60 años.
Los turnos se gestionan vía WhatsApp al 0982 781 941.
La directora destacó que el Complejo Santo Domingo busca consolidarse como un modelo que pueda replicarse en el país, con un enfoque centrado en la dignidad, la autonomía y el bienestar integral de las personas mayores.
Feria Dominguera, la iniciativa juvenil que reaviva la antigua estación de tren en Ypacaraí
Somos Group, una organización de jóvenes ypacaraienses, impulsa una actividad que pretende reactivar uno de los espacios históricos más importantes de la ciudad: la antigua Tacuaral. Cada primer domingo del mes realizan lo que llaman “Feria Dominguera”, un espacio que fusiona cultura, gastronomía y música, y donde los protagonistas principales son los emprendedores.
Juan Martín Ojeda es un joven emprendedor de Ypacaraí y fundador de Somos Group, lleva adelante el proyecto de la “Feria Dominguera” con pasión y amor a su ciudad natal, a la cual busca devolver su identidad cultural y dar espacio a la escena emprendedora.
Ypacaraí, conocida como “ciudad del folklore e inspiración de grandes guaranias”, late fuerte cada primer domingo del mes con la Feria Dominguera, la cual se realiza en la Antigua Estación del Ferrocarril, anteriormente “Tacuaral”, y con la cual se apunta a reactivar el espacio como polo cultural, gastronómico y turístico.
Durante una entrevista en el programa Residentas de canal GEN/Nación Media, Juan Martín habló del proyecto que nació en el 2015 con Adrián Becker, sin embargo, tuvo una pausa en el 2020 por la pandemia de Covid-19.
Luego de 6 años, la Feria Dominguera se reactivó en febrero de este año, y en mayo tendrá lugar este domingo 3 desde las 17:00 con edición especial patriótica y por el Día de la Madre.
La propuesta está pensada para toda la familia e incluye feria de emprendedores, gastronomía típica, música en vivo y un ambiente que busca promover el encuentro entre jóvenes y familias.
La Antigua Estación, ícono histórico de ciudad, se transforma así en un punto de encuentro mensual para emprendedores, artistas y visitantes.
Juan Martín tiene el objetivo claro: dar visibilidad a la ciudad de Ypacaraí, y por esa razón nace la organización Somos Group, a través de ella crean experiencias para que las personas puedan recorrer y conocer un poco más sobre la ciudad del lago.