Lo que la filosofía explica sobre los líderes y las guerras contemporáneas
En el debate sobre la violencia existe el riesgo de diluir la responsabilidad. Si todo es natural, nadie es culpable. Si todo es estructural, tampoco. Sin embargo, al analizar los conflictos actuales, que escalan peligrosamente hacia el horizonte nuclear, resulta imposible sostener esa neutralidad.
Hay líderes que actúan desde la lógica de la desconfianza permanente. Algunos operan en escenarios que prácticamente los empujan al conflicto y otros presentan rasgos de personalidad que alientan la confrontación. Y todos, en mayor o menor medida, están insertos en estructuras que subordinan sus decisiones.
Gonzalo Cáceres - periodista
La desgracia de la guerra no puede verse como una discusión abstracta: es la realidad que se traduce en territorios devastados, desplazamientos masivos y decisiones tomadas en despachos que afectan a millones de vidas.
En ese contexto, la figura del líder político decide, justifica o impulsa la guerra, pero ¿Hasta qué punto la violencia responde a una “naturaleza humana”? ¿Y cuánto depende de la personalidad, la visión del mundo y el estilo de quienes gobiernan?
Estudiar la violencia desde los supuestos de Hobbes, Rousseau, Freud, Foucault o Camus no genera una respuesta universal, pero hace notar lo que hay más allá de las explicaciones básicas. Dicho esto, hay que entender que la guerra no es solo un impulso militar, sino un fenómeno propio de la naturaleza humana.
EL LIDERAZGO
Los líderes no son simples engranajes. Tienen margen de acción, capacidad de influir y elegir. Sus posturas no nacen del vacío, pero tampoco están completamente determinadas.
Mientras algunos líderes optan por la negociación, otros por la escalada. Algunos construyen enemigos y hay quienes buscan ‘desactivarlos’; lo que sugiere que, aunque las estructuras internas y externas juegan su papel, la dimensión personal sigue siendo relevante.
En este sentido, la guerra no puede explicarse por “la naturaleza humana” ni por “el sistema”. Es el resultado de una tensión que llega mediada por decisiones tienen nombres y apellidos.
Thomas Hobbes - El líder como garante del orden
Hobbes creía que la guerra no es una anomalía, sino “la posibilidad siempre latente”. En el plano internacional, donde no existe un “Estado global” que regule a todos, los países se comportan como individuos en estado de naturaleza: compiten, desconfían y buscan asegurar su supervivencia.
Consecuentemente, los líderes tienden a adoptar perfiles duros, incluso agresivos, porque perciben -o dicen percibir- amenazas constantes. La desconfianza se vuelve un rasgo central de su propuesta política. No se trata necesariamente de figuras volátiles, sino de líderes que justifican la fuerza como un medio racional para evitar ser dominados (cuando interpreta el mundo como un espacio hostil, donde el otro siempre puede atacar primero, la guerra aparece como preventiva o inevitable).
Este tipo de liderazgo suele priorizar la seguridad por encima de otros valores. La negociación se percibe como debilidad, y la demostración de poder, como una forma de disuasión.
Desde este enfoque, la personalidad del líder no crea la violencia, pero sí la canaliza. Un líder más desconfiado, más obsesionado con el control, tenderá a reforzar la lógica del conflicto. La guerra, entonces, no es tanto una desviación como una extensión de esa visión del mundo.
Jean Jacques Rousseau - El líder como producto de su entorno
En lugar de centrarse en la naturaleza humana, Rousseau pone el foco en las condiciones sociales y políticas que moldean al líder. Desde esta perspectiva, quienes promueven guerras no lo hacen porque sean “naturalmente violentos”, sino porque operan dentro de estructuras que incentivan el conflicto.
Un líder que gobierna en un contexto de desigualdad, crisis económica o rivalidades históricas/geopolíticas tiende a recurrir al uso de la fuerza. En muchos casos, la guerra funciona como una herramienta para consolidar el control interno, desviar la atención de cuestiones internas o reforzar una “causa nacional” frente a un enemigo externo.
Aquí la personalidad del caudillo importa, pero como resultado de un proceso. No es lo mismo gobernar un país estable que uno erosionado por heridas profundas. Las decisiones violentas, en este sentido, están condicionadas por presiones sociales, expectativas políticas y las estructuras de poder.
Sigmund Freud - La agresividad como motor interno
Freud introduce otra dimensión: los líderes, como todo ser humano, sostienen emociones que no siempre controlan del todo. Y la agresividad no es solo una herramienta política, sino también un impulso interno que puede encontrar en la guerra una vía de expresión.
En algunos casos, el ejercicio del poder potencia ciertos rasgos de personalidad: necesidad de reconocimiento, intolerancia a la frustración y/o dificultad para aceptar límites, entre otros.
La guerra, entonces, no solo responde a cálculos estratégicos, sino también a dinámicas psicológicas. Para Freud, la violencia genera adhesión; no solo en otros líderes, sino también en las sociedades, porque canaliza las frustraciones de la población y concede un sentido de pertenencia y unidad.
Michel Foucault - La violencia como estructura
Foucault analiza las redes de poder en las que los líderes están insertos. La guerra no es solo una decisión personal, sino el resultado de sistemas complejos: instituciones, discursos, intereses económicos y políticos.
Desde esta perspectiva, la figura del líder se ubica en la nebulosa. Aunque parezca que se depende de una persona, en realidad todo el contexto opera dentro de un entramado que condiciona cada decisión (el ejército, los servicios de inteligencia, los medios de comunicación y las alianzas internacionales forman parte de ese sistema).
La violencia, además, no se limita al campo de batalla. Hay formas de control que surten el mismo efecto: sanciones económicas, vigilancia, manipulación informativa. Es ahí donde los líderes participan en la producción de narrativas que los justifican ante la opinión pública.
El enfoque de Foucault no exime la responsabilidad individual.
Albert Camus - La elección moral
La advertencia de Camus devuelve la discusión al terreno de la responsabilidad individual. A sabiendas de las presiones externas y las tensiones internas, entiende que siempre hay un margen de elección; allí la figura del líder adquiere un peso ético particular.
En escenarios de conflicto, los líderes suelen justificar la violencia como necesaria, inevitable o incluso justa.
Camus desconfía de toda justificación. La historia muestra que, en nombre de grandes causas, se cometen actos que terminan negando la dignidad humana (la personalidad del líder se mide no solo por sus decisiones, sino por su disposición a poner límites).
En la guerra… todos perdemos
La respuesta no debería ser siempre replicar la dinámica de la destrucción.
La verdadera prueba del liderazgo está en resistir el impulso a golpear más fuerte, a ir en contra de la lógica del sufrimiento, en sostener una ética incluso en medio de la agresión.
El dolor solo genera dolor y, sea como fuere, no hay ganadores tras la barbarie. El sentido de humanidad puede y debe prevalecer.
A 50 años del día que la dictadura stronista intervino el Colegio Cristo Rey
Un 8 de abril del año 1976, se producía uno de los episodios más funestos en la historia del emblemático Colegio Cristo Rey de Asunción, luego de que la policía stronista irrumpiera en la institución, ante sospechas de que allí se impartían “enseñanzas subversivas” a los estudiantes.
Por Robert Bourgoing (@robertb_py)
El pasado 8 de abril se recordaron 50 años de la intervención policial al Colegio Cristo Rey, en el contexto de la llamada “Pascua Dolorosa”, una de las oleadas represivas más violentas durante la dictadura del general Alfredo Stroessner.
Aquel día como cualquier otro, los estudiantes de la reconocida institución educativa jesuita se disponían a desarrollar sus clases con normalidad, viéndose sorprendidos con la inusual presencia de móviles y agentes de la Policía Nacional.
En cuestión de minutos, la tranquilidad que reinaba en los pasillos de aquel centro de formación católica se vio interrumpida abruptamente por efectivos armados que buscaban evidencias de supuestos “elementos subversivos”. En ese menester, procedieron a registrar las aulas y habitaciones de los sacerdotes jesuitas.

Imponiendo a costa del uso de la fuerza el característico temor del régimen stronista, los policías trataron de localizar al padre Miguel Sanmartí, a quien acusaban de ser supuesto cabecilla de un “movimiento subversivo” nacido en el Cristo Rey.
Esta suposición de las autoridades de turno estaba fundamentada en el estilo de formación poco convencional para la época, donde cualquier intento de fomentar el pensamiento crítico o la conciencia social, como lo hacían en el colegio jesuita, era mal visto, al punto de considerarse “revolucionario” o hasta “comunista”, en ciertos casos.

Un 13 de enero de aquel mismo año, la institución también había sido objeto de una intervención previa por parte del entonces Ministerio de Educación y Culto. Durante el transcurso de un año, el Cristo Rey había quedado bajo control estatal, a cargo de una “comisión interventora”.
Ambos episodios se dieron en un contexto histórico y sociopolítico marcado por la persecución a propuestas educativas críticas y comprometidas con la formación integral, expresó el colegio en una publicación realizada tiempo atrás.
Dentro de aquella camada que vivió en carne propia la intervención policial en el Cristo Rey se encuentran reconocidos personajes de la escena local, como los periodistas Carlos Martini y Mario Ferreiro, así como el ministro de la Corte Suprema de Justicia, Luis María Benítez Riera, entre otros.
En un posteo realizado a través de Facebook, Carlos Martini rememoró lo sucedido en aquellos días cuando se encontraba en plena transición entre estudiante de los últimos años del bachillerato y egresado. En 1974, dos años antes de la intervención policial, él había formado junto a otros tres compañeros un grupo de lectura con el respaldo del padre Sanmartí, a quien posteriormente acusarían de implantar “ideas subversivas”.
Una noche de diciembre de 1975, Mario fue detenido en la Plaza Italia y torturado en la División de Asuntos Técnicos. Supuestamente llevaba en su poder una hoja que decía ‘Carlos Martini. Operación Chapa’. Nochebuena de 1975 . Se trataba de un entrenamiento guerrillero”, reza la publicación.
Semanas después, ya en enero de 1976, Martini fue detenido por militares y entregado al Segundo Departamento de Inteligencia del Estado Mayor. “Comenzaron los interrogatorios a cargo de su jefe, el entonces coronel Benito Guanes Serrano. Me acusaba de haber sido entrenado por el movimiento guerrillero Tupamaros de Uruguay”, expresó el comunicador en sus redes.
Otro de los que vivió un episodio similar, aún siendo menor de edad, fue el Ing. Diógenes “Cacho” Sartorio. En un panel debate celebrado días atrás para conmemorar los 50 años de la toma del Cristo Rey, este exalumno de la Promo ‘76 recordó la ocasión en que fue llevado por agentes policiales al Departamento de Investigaciones, a fin de ser sometido a un riguroso interrogatorio para descartar cualquier posible complicidad.
Aquellas experiencias marcaron profundamente la historia del Cristo Rey, institución que, con el paso de los años, ha logrado consolidarse como una formadora de ciudadanos con conciencia cívica y pensamiento crítico, basados en valores morales y espirituales.
A partir de ahora, cada 8 de abril la comunidad educativa celebra el “Día del Compromiso Social”, con la intención de convertir aquel penoso acontecimiento en una enseñanza. “Hacer memoria no es mirar sólo al pasado. Es reconocer nuestra historia para seguir construyendo identidad, compromiso y esperanza”, afirma el colegio en una publicación para conmemorar los 50 años de la intervención.
Ataques de perros: claves para entender por qué ocurren y cómo prevenirlos
El reciente caso de una mujer que fue atacada por su propio perro reavivó el debate. Un adiestrador explica que la agresividad no depende de la raza, sino de la crianza, el entorno y el manejo del animal.
Por Juan Riveros (@JuancitoRiveros)
El reciente ataque de un perro de la raza pitbull a su dueña, que la dejó con graves heridas en el rostro, volvió a poner en agenda un tema que genera preocupación recurrente: los episodios de agresión de mascotas hacia personas.
Lejos de tratarse de un hecho aislado, en los últimos años se registraron casos similares, lo que alimenta la percepción de que ciertas razas son más peligrosas. Sin embargo, especialistas en comportamiento animal sostienen que el problema va mucho más allá del tipo de perro.
El adiestrador canino Mauricio Ibáñez afirma que la agresividad no es una condición natural del animal. “El perro por naturaleza no nace agresivo. La raza no determina el carácter del perro, siempre depende de la crianza”, explicó.
En ese sentido, durante una entrevista con el programa “Aire de Todos” del canal GEN y Radio Montecarlo, aclaró que existe una confusión frecuente entre agresividad y características físicas. “Se habla de perros potencialmente peligrosos por su fuerza o contextura, pero eso no significa que sean agresivos por naturaleza”, indicó.
Sobre el estigma que pesa sobre los pitbulls, Ibáñez considera que existe una sobredimensión mediática. “Hay muchas razas que han atacado o incluso matado personas, pero no tienen la misma ‘publicidad’. En el caso del pitbull, se generó una especie de cacería de brujas”, sostuvo.
Para el especialista, el eje central está en el rol del dueño. “Un perro con ciertas condiciones, como los de gran tamaño, necesita un dueño acorde, que lo sepa manejar, que tenga reglas, límites y lineamientos claros. Se puede lograr un buen comportamiento independientemente de la raza”, afirmó.
Uno de los errores más comunes es humanizar a las mascotas. “El perro no interpreta lo que uno dice, sino el tono de voz y el lenguaje corporal. Es acción-reacción. Si se siente acorralado, va a reaccionar”, advirtió.
Además, subrayó la importancia de cubrir las necesidades físicas del animal. “Hay perros que requieren mucho desgaste energético. Si no lo tienen, se frustran, y eso puede derivar en problemas de conducta. El entorno y la rutina son claves”, explicó.
En cuanto a la disciplina, desaconsejó el castigo como método de corrección. “Es totalmente contraproducente, porque el perro trabaja con memoria a corto plazo. Lo importante es establecer límites claros y consistentes”, concluyó.
La IA ya está en clase y experta insta a crear un diseño de política de incorporación
La Dra. Sofia Sheid destacó que la Inteligencia Artificial (IA) ya está instalada en las aulas de los niños y adolescentes en Paraguay, especialmente en la educación privada, pero aún es materia pendiente la incorporación de esta tecnología en el sistema educativo público, por lo que enfatizó en la necesidad de diseñar una política pública para su implementación y que sea perdurable con el tiempo.
La experta en educación, Sofía Sheid, sostuvo, durante una entrevista en el programa “Así son las cosas”, que, en medio del auge de la IA, la falta de una política pública adecuada en la educación llevó a que la incorporación de la tecnología sea fragmentada y dependa de decisiones gubernamentales.
“La IA ya está en sala de clase, es necesario el diseño de una política de incorporación de tecnología e IA. La incorporación en el sistema público responde a una decisión del gobierno y no a una sistémica en donde, de una forma escalable se llega a todas las instituciones públicas”, expresó la profesional.
Para ella es urgente ordenar todo lo que se está haciendo bajo un marco de políticas públicas, y cortar brechas con el sector privado, donde la IA ya no es solo una tecnología imposible o difícil de entender e implementar, sino una realidad.
En ese sentido, la Dra. Sheid mencionó la importancia de la formación de los maestros en alfabetización digital e IA, y destacó que el debate no es tecnológico, sino pedagógico y de política.
EL CONTENDIO EN LA IA
La doctora Sheid sostuvo que actualmente el contenido educativo no es el principal problema a la hora de implementar la tecnología, sino la forma en que los estudiantes y docentes puedan aprovechar la IA para mejorar el aprendizaje.
“La IA cambió mi consigna como maestra, la instrucción que yo te doy para que aprenda a partir de este contenido, pero hoy día no es un contenido único. La máquina ya aprendió, y el teléfono a partir de una pregunta te responde en milésimas de segundos, ahí no aprendió el alumno”, refirió.
Según Sheid, el maestro debe ser consciente de que existe esa posibilidad de que el alumno elabore un ensayo de 10 líneas en microsegundos con la IA, entonces se busca otra consigna en donde la tecnología no sea descartada, sino aprovechada por todos para aprender.