La IA nos vuelve menos pensantes (y estos estudios lo confirman)
La inteligencia artificial puede convertirse en un “arma de doble filo”. Por un lado, nos permite obtener respuestas detalladas en cuestión de segundos; por otra parte, puede reducir nuestras capacidades cognitivas, especialmente en tareas que exigen un procesamiento profundo como la escritura, la lectura comprensiva y el pensamiento crítico.
Por Robert Bourgoing (@robertb_py)
En este 2026, es prácticamente imposible encontrar a alguna persona que no haga uso de la inteligencia artificial para determinadas tareas, valiéndose de las casi ilimitadas funcionalidades que poseen las aplicaciones de este tipo para cualquier requerimiento o consulta que uno pudiera tener.
Un simple prompt es capaz de abrir las puertas a un sinfín de respuestas, sin mencionar las capacidades generativas para creación de imágenes o videos, así como para edición y diseño. La popular frase de “el cielo es el límite” cada vez está más cerca de volverse una realidad en este ámbito.
Como en cualquier otro contexto, también se podría aplicar el refrán de “no todo lo que brilla es oro”. La utilización desmedida de la inteligencia artificial, principalmente a la hora de generar textos, puede acarrear consecuencias negativas a nivel cognitivo.
Especialistas afirman que, si se utiliza de forma desestructurada, se puede generar un fenómeno conocido como “descarga cognitiva” (o cognitive offloading, en inglés), donde delegamos el esfuerzo mental en la máquina, debilitando nuestras habilidades complejas.
Esto se traduce en mayores dificultades a la hora de realizar tareas que exigen un procesamiento profundo, como por ejemplo la escritura, la lectura comprensiva y la interpretación, sin mencionar el desarrollo del pensamiento crítico.
Una investigación dirigida en el 2025 por Michael Gerlich, denominada “AI Tools in Society: Impacts on Cognitive Offloading and the Future of Critical Thinking”, analizó a fondo este impacto y pudo comprobar que existe una correlación negativa entre el uso frecuente de herramientas de inteligencia artificial y las habilidades de pensamiento crítico.
Dicho estudio demostró que la dependencia permanente de respuestas automáticas desincentiva los procesos mentales esenciales para cuestionar, interpretar y evaluar información.
Informes recientes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la University of Technology Sydney (UTS) hablan de la llamada “Ilusión de Competencia”, un sesgo cognitivo donde la facilidad para procesar respuestas de IA genera una falsa sensación de dominio y aprendizaje. Los mismos advierten que la dependencia de estas herramientas reduce el esfuerzo mental, lo que provoca una “pereza metacognitiva” y desmotivación que pueden obstaculizar la adquisición de habilidades a largo plazo.
Otro estudio llevado a cabo por el MIT Media Lab (un laboratorio dependiente de la Escuela de Arquitectura y Planificación del Instituto de Tecnología de Massachusetts), titulado “Your Brain on ChatGPT”, aborda esta misma cuestión y explica que el uso frecuente de inteligencia artificial puede desencadenar en una disminución en la actividad cerebral relacionada con la memoria, la atención y la apropiación del contenido.
Las pruebas revelaron un detalle no menor: los usuarios de la herramienta creada por OpenAI presentaban una menor activación cerebral y un rendimiento consistentemente inferior a nivel neuronal, lingüístico y conductual. A lo largo de varios meses, estas personas se volvieron más perezosas con cada ensayo posterior, llegando a recurrir con frecuencia a copiar y pegar al final del estudio.
Otra evidencia existente es el estudio empírico publicado en Frontiers in Psychology, que analizó la dependencia de IA en estudiantes universitarios. Los investigadores descubrieron que el uso constante de estas herramientas para generar borradores, resúmenes y estructuras de texto provoca inercia cognitiva (un modelo mental orientado al mínimo esfuerzo).
Al acostumbrarse a la retroalimentación inmediata de la máquina, los usuarios disminuyen drásticamente su inversión exploratoria, lo que se tradujo en puntuaciones significativamente más bajas en originalidad, pensamiento divergente y capacidad de innovación.
Ante todo lo expuesto, queda más que demostrado que un uso desmedido de la inteligencia artificial puede, a la larga, derivar en una “pereza mental”, reduciendo notablemente nuestra capacidad para escribir o concentrarnos de manera eficaz a la hora de intentar elaborar algún contenido sin ayuda externa.
La tecnología nunca es mala si se utiliza con fines adecuados y permite facilitarnos la vida. Sin embargo, una excesiva dependencia puede resultar contraproducente, por lo que aprender a darle un uso equilibrado a las herramientas de inteligencia artificial es una alternativa aceptable para evitar complicaciones a futuro.
¿Hasta dónde se puede tolerar la intolerancia?
El mundo se topa con viejos fantasmas. Los incendiarios discursos autoritarios resurgen con fuerza en distintos puntos del globo, amplificados por las redes sociales, al apelar a la frustración generalizada y prometiendo soluciones mágicas a problemas complejos. Como en los capítulos más oscuros del siglo XX, actualmente pululan los nacionalismos que dividen, los populismos que polarizan y las campañas que proyectan enemigos internos y externos.
Por Gonzalo Cáceres - periodista
La democracia enfrenta un dilema: ¿Hasta dónde se puede tolerar la intolerancia?
En este contexto, el filósofo, politólogo y docente austriaco -nacionalizado británico- Karl Popper, abordó la cuestión en su obra “La sociedad abierta y sus enemigos (1945)”.
“La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada incluso a aquellos que son intolerantes… entonces los tolerantes serán destruidos, y la tolerancia con ellos”, escribió.
La frase plantea lo siguiente: ¿Cómo defender la democracia sin caer en la ingenuidad de tolerar a quienes intentan destruirla?
Popper, quien vivió en carne propia el ascenso y descenso del nazismo y del comunismo, afirmó que la “sociedad abierta” debía entenderse como un espacio donde las ideas “pudieran discutirse libremente”, sin que “ninguna doctrina fuera intocable”.
La clave de semejante nivel de comprensión está en la crítica racional: las personas merecen respeto por su dignidad, pero “las ideas deben estar siempre bajo examen”, lo que desvirtúa la confusión de crítica con agresión. Sí, se puede rechazar una ideología intolerante sin deshumanizar a quienes la sostienen.
Y aquí aparece la paradoja: si damos espacio “sin límites” a quienes promueven odio, polarización y exclusión, corremos el riesgo de que la tolerancia misma desaparezca. La historia lo demuestra.
Hoy, en pleno siglo XXI, toman fuerza los partidos políticos que ondean la bandera de la xenofobia, el negacionismo climático y científico o atacan a las minorías. Si se les da “espacio”, pueden erosionar las instituciones democráticas desde dentro.
Por su parte, las redes sociales se convirtieron en plataformas donde estos discursos circulan sin ningún tipo de moderación, produciendo la radicalización de sus receptores. Entonces, ¿Debe permitirse que alguien difunda mensajes de odio en nombre de la libertad?
Popper explicaba que “la discusión racional es bienvenida”, pero “cuando la intolerancia recurre a la agresión (en cualquiera de sus formas)” o “busca suprimir el debate”, la sociedad está en su derecho de poner límites.
No se trata de censura indiscriminada, sino de responsabilidad para con el bienestar general. La libertad de expresión es vital, pero “no puede ser utilizada como arma para destruir la propia libertad”.
En América Latina, y particularmente en Paraguay, esta cuestión aparece en debates sobre educación, diversidad y política. Cuando se intenta censurar contenidos sobre diversidad sexual en las escuelas en nombre de “proteger valores”, se está negando derechos básicos a una parte de la población.
Cuando sectores políticos buscan restringir derechos de mujeres o minorías apelando a la tradición, en realidad promueven intolerancia. Y cuando programas de televisión difunden mensajes discriminatorios, ponen a prueba el equilibrio entre libertad de prensa y protección contra el odio.
La paradoja, sin embargo, también puede ser manipulada. Líderes autoritarios tienden a justificar la censura diciendo que “los intolerantes” son sus opositores. Por eso, aplicar el argumento de Popper requiere criterios sólidos: solo se limita aquello que amenaza directamente la convivencia democrática, la crítica racional debe seguir siendo posible y las personas no deben ser perseguidas por sus creencias, aunque sus ideas sean rechazadas.
La postura de Popper es comparable con la de otros filósofos. John Rawls defendía tolerar a los intolerantes “mientras no representen una amenaza concreta”. Michael Walzer reconocía que incluso grupos intolerantes pueden “beneficiarse de la tolerancia en sociedades pluralistas”, pero Popper, en cambio, era más tajante: advertía que “la tolerancia ilimitada es suicida”. Su enfoque es preventivo: no esperar a que la intolerancia destruya la democracia, sino contenerla, regularla y/o combatirla “antes de que sea demasiado tarde”.
Con el auge de movimientos radicales, se evidencia la polarización política que divide a las sociedades en “ellos contra nosotros”.
La desinformación propaga y legitima la intolerancia, y la globalización exige un compromiso firme con la diversidad cultural. En este contexto, el supuesto de Popper da certeza de que “la tolerancia no puede ser ingenua”.
Ser tolerante no significa aceptar todo sin cuestionar; sino defender la convivencia incluso poniendo límites. La paradoja de la tolerancia no es sinónimo de censura indiscriminada, sino de responsabilidad.
Popper sostenía que “la democracia necesita defenderse: respetar a las personas, debatir las ideas y frenar a los intolerantes cuando amenazan con acabar con la libertad”. Y tiene mucha razón.
Salió de Concepción con sueños y hoy conquista Madrid: la historia de Pablo Bogado
Salió de Concepción a los 13 años sin dinero para el colectivo y, lavando cabezas, empezó a construir su imperio. Emigró de forma irregular, atendió a domicilio en la clandestinidad y hoy es el estilista de las celebridades en España. Esta es la historia de Pablo Bogado, el compatriota que triunfa en Europa.
Muchas historias de éxito se forjan en la necesidad, la distancia y el desarraigo. Para el paraguayo Pablo Bogado (35), el camino hacia la cúspide de la alta peluquería en el Viejo Mundo comenzó con una precaria realidad en su Concepción natal, con una infancia humilde y la urgencia de ayudar a su familia.
“Salí de casa a los 14 años porque vengo de una familia muy humilde. Tenía que ayudar a mi familia a salir adelante. Cuando vine a Asunción, no tenía nada. Imagínate lo que es dejar tu hogar a esa edad, sin ningún apoyo, hasta ni para el pasaje del autobús tenía“, recuerda Pablo.
Siguiendo de algún modo los pasos de su madre, quien también era peluquera, consiguió su primer empleo en un salón de San Lorenzo. Empezó desde lo más bajo, barriendo cabellos y lavando cabezas. Allí descubrió una pasión que se convirtió en su salvavidas, el arte de devolverle la autoestima a una mujer a través de un cambio de look. Su talento era tan evidente que, a los 18 años ya había montado su propio salón en San Lorenzo, el cual lideró con éxito por casi una década. Pero el destino le tenía preparado un escenario mucho más grande.
Pablo Bogado Hair Studio
En 2017, buscando seguir creciendo profesionalmente, Pablo llegó a Madrid y quedó enamorado. Llegó a los 27 años a una metrópoli gigante donde “ya todo estaba hecho”, pero con las manos llenas de experiencia y una maleta cargada de sueños.
Los inicios en España fueron una verdadera prueba de fuego. Al igual que miles de compatriotas, Pablo llegó de forma irregular. “El conseguir los papeles es muy complicado. El que diga que es fácil, está mintiendo; no hay que dejarse engañar. Como no tenía documentos, iba a las casas de mis clientas con mi maletita y las atendía a domicilio. El paraguayo siempre se las ingenia”, relata durante una entrevista en el programa Residentas (GEN).
Fue en la clandestinidad de esos departamentos madrileños donde emergió la mítica solidaridad guaraní. Sus primeras clientas fueron paraguayas que vivían allá. Fascinadas por su técnica, iniciaron una cadena de recomendaciones de “boca en boca”, la publicidad más honesta y efectiva del mundo. Las redes sociales hicieron el resto. Pronto, el living de su departamento quedó chico.

En el año 2021, con el coletazo de la pandemia y el encierro, Pablo y su esposo vieron que ya era hora de abrir un centro estético. Se endeudaron “hasta el cuello”, según cuenta el joven paraguayo, y tropezaron con un muro de burocracia, trabas comerciales y exigencias de permisos que tardaron dos años en destrabarse.
“El paraguayo tiene en su ADN esa pizca de guerrero. Nosotros no nos dejamos, somos demasiado valé y nos arriesgamos a todo. Para el paraguayo no existe el ‘no’, porque el ‘no’ ya lo tenemos anticipado; entonces vamos directo por el ‘sí’”, resalta.
Hoy, el Pablo Bogado Hair Studio, ubicado en Madrid, es una realidad. En sus sillones se sientan importantes actrices, cantantes de renombre y DJs internacionales. Sin embargo, fiel a la humildad que lo caracteriza, Pablo confiesa que sus clientes favoritos son otros. “Aprecio muchísimo a la gente común que junta su dinerito mes a mes para ir a atenderse conmigo. Que alguien ahorre para ponerse en tus manos tiene un mérito que me llena de orgullo”, cuenta.

Hoy su emprendimiento es tan sólido que genera empleo para ocho profesionales, todos ellos inmigrantes de distintos países, entre ellos Colombia, Venezuela e Italia, que llegaron a Europa persiguiendo el mismo sueño que él alguna vez metió en su maleta. Su impecable trayectoria lo hizo acreedor del Premio a Mejor Estilista Internacional en los Premios Europa 2024 y del Premio Grandes Talentos en 2025.
“Paraguay nunca salió de mí”
A pesar de confesar que hoy tiene “lo justo para vivir bien y ayudar”, Pablo Bogado no permite que las luces de Madrid le nublen la memoria.
“Yo salí de Paraguay, pero Paraguay nunca salió de mí. Siempre llevo a mi país en el corazón y Concepción está en mis venas”, afirma. Por eso, su reciente visita al país no es solo para pasear, sino para cumplir una promesa de amor con sus raíces.

Pablo financió una campaña médica junto a la Fundación Retina. El estilista costeó el traslado de médicos oftalmólogos hasta Concepción para atender a las personas más desfavorecidas de su comunidad de origen. Allí se realizaron revisiones de la vista y se entregaron anteojos de receta de forma 100% gratuita.
“Yo me encargué de todo porque es una manera de devolverle a la vida todo lo que la vida me dio a mí. Uno nunca se tiene que olvidar de dónde vino; eso es lo que nos hace humanos”, destaca el concepcionero.
Si el Pablo de hoy pudiera viajar en el tiempo y pararse frente a aquel niño de 13 años que fue a la terminal de ómnibus sin saber si le alcanzaría para el boleto, tiene muy claro qué le diría. “Le diría que nunca, nunca deje de soñar. Suena a cliché, pero tu sueño es lo único que te lleva lejos. Si sabés hacer algo, arriesgate, invertí, capacitate y luchá, porque nadie va a vivir tu vida por vos”.
Correr por un hogar: la maratón que busca levantar el albergue de Huellitas Paraguay
Este domingo 31 de mayo, el Jardín Botánico será escenario de “Huellitas Run”, una carrera que busca recaudar 350 millones de guaraníes para construir un refugio especializado para 66 animales rescatados, entre ancianos, discapacitados y especies silvestres.
El dolor del abandono se siente en el alma, pero el proceso de sanación es un camino largo que se construye día a día. Así lo entiende Nadia Vargas, fundadora y el motor detrás de la asociación Huellitas Paraguay, una ONG que desde hace ocho años se dedica al rescate y rehabilitación de animales en situación de vulnerabilidad.
Para Nadia, esta misión no es solo un trabajo de oficina, sino su vida entera marcada por las deudas en veterinarias, noches enteras de llanto por la preocupación y la renuncia a viajes o lujos personales, con tal de asegurar el balanceado medicado de sus animalitos rescatados.
“Es desgastante emocionalmente, es una responsabilidad enorme, pero al día siguiente voy al albergue, vienen todos juntos hacia mí y se me pasa”, confiesa con una mezcla de cansancio y profundo amor, en conversación con Las Residentas del canal GEN/Nación Media.
A su lado, como un pilar clave, está Joaquín. Rescatado a los dos meses y hoy ya con ocho años de edad. Este carismático perrito no solo es el “dueño y fundador” de la organización, sino también su sostén emocional en los momentos en que la crueldad humana hizo pensar en rendirse. Hoy Joaquín y Nadia lideran su proyecto más ambicioso: construir un albergue propio.
UN ALBERGUE DISEÑADO PARA EL BIENESTAR Y LA DIGNIDAD
Nadia contó que actualmente Huellitas Paraguay alberga a 66 perros, además de gatos y monos, en un predio alquilado en la ciudad de San Antonio; sin embargo, el espacio quedó chico y las necesidades son cada vez más grandes y específicas.
La meta es alcanzar 350 millones de guaraníes para edificar en cinco terrenos propios una infraestructura diseñada para la verdadera calidad de vida.
El proyecto contempla análisis médicos cada tres meses para todos los animales y un área geriátrica para perritos ancianos, aquellos que menos se adoptan. También un sector especial para perritos con discapacidad que utilizan sillas de ruedas, zonas de aislamiento para mamás lactantes y cachorros, un espacio exclusivo para felinos con enfermedades como sida y leucemia, además de un predio boscoso de 250 metros cuadrados con árboles, destinado a los monos rescatados.
“Nosotros no hacemos eutanasia porque un animal, sea discapacitado o esté enfermo, nuestra responsabilidad es darle calidad de vida”, enfatiza Nadia, recordando que el rescate no termina cuando el animal entra al refugio, sino que es allí donde apenas empiezan los gastos médicos y de alimentación especializada.
SUMATE A “HUELLITAS RUN” EN EL JARDÍN BOTÁNICO
La oportunidad perfecta para colaborar con esta causa es Huellitas Run, un evento deportivo y familiar que se llevará a cabo este domingo 31 de mayo, de 08:00 a 12:00 horas, en el Jardín Botánico.
La jornada promete ser una verdadera fiesta solidaria con categorías para niños, corredores sin mascotas y circuitos aptos para correr con los peluditos del hogar. Además, la corrida tendrá un inicio muy emotivo: arrancará oficialmente con la categoría de perros con discapacidad.
Para quienes quieran sumarse, pero no tengan una mascota, la organización ofrece una hermosa alternativa: correr los 4 kilómetros acompañados por un perrito del albergue, abriendo la posibilidad de conocer su historia y, por qué no, encontrar a un nuevo miembro para la familia.
También estará a la venta el merchandising oficial de Joaquín, conocido en redes sociales como @elnoviodelmundial, que incluirá su propia colección de camisetas albirrojas para mascotas.
¿CÓMO AYUDAR SI NO PODÉS ASISTIR?
Las vías de colaboración están abiertas de forma permanente para la organización, podés contactar en Instagram a través de @huellitasparaguay o @huellitasrun para realizar donaciones directas, postularte como padrino o iniciar un proceso de adopción responsable.
Las empresas o particulares del rubro de la construcción que deseen donar materiales para la obra en San Antonio pueden coordinar la entrega a través de las redes mencionadas.
El albergue actual en San Antonio está abierto a quienes deseen llevar un poco de cariño a los animales, una actividad que también realizan las escuelas como parte de su labor social.