Contra la pandemia, Alejandra salió a pelear con una máquina de coser

Al igual que muchos, la pandemia la obligó a reinventarse pero ella tuvo la ventaja de que traía consigo la habilidad de sacar astillas a las máquinas de coser. Amante de las manualidades, empezó su propio emprendimiento y así, la necesidad no llegó a tocar su puerta.

“Trabajé varios años en diferentes lugares. Empecé en el despacho de la Primera Dama de la Nación y después pasé a oficinas administrativas”.

Así relata sus inicios Alejandra Medina, quien nació en Ybycui en 1981, pero al cumplir un año se trasladó a Concepción, donde vivió la mayor parte de su juventud.

Precisamente, la vida le tendría deparada un destino caracterizado por el sacrificio y la autosuficiencia, porque no tuvo la fortuna de contar con el respaldo de su padre.

“Yo no lo conocí a mi papá. Falleció cuando yo acababa de nacer”, cuenta y es la parte que le pone un toque de emoción a la charla, porque no puede evitar ser asaltada por el llanto.

Pero suspira hondo y sigue contando su historia. “Terminé mis estudios, vine a Asunción y me postulé en la UNA para ingeniería, pero mi mamá tuvo un accidente y ya no pude continuar”, dice.

Al poco tiempo, su madre fallece y ahí emerge su hermana mayor Graciela, profesional docente jubilada quien representa para ella el muro de contención emocional que necesitaba para seguir andando.

“Con su ayuda y la de varias personas conseguí estudiar, me recibí y pasé a trabajar en algunas casas de cambio y últimamente en una agencia marítima”. Esa última experiencia fue la antesala a la reconversión.

La pandemia apareció con fiereza y dejó a su paso muertos, desempleados, empresas quebradas y desolación. Pero Alejandra tenía un plan B. “Yo era siempre amante de las manualidades”, dice y nos enseña los delicados trabajos de su marca, Ale’s Gifts.

Desde manteles, cubremesas, servilletas, posaplatos y una amplia variedad de productos son hoy la fuente de ingresos, que al principio “eran mi pasatiempo, pero hoy es con lo que me gano la vida”.

“Y no lo hago sola. Mi marido también se mete a la máquina de coser y te diré que usa mejor que yo y costurea mejor que yo”, dice y suelta una risa que hasta al serio de Daniel, su compañero de vida le contagia.

Ambos están juntos hace diez años. Él se volvió ese refugio emocional del que no gozó mucho tiempo en su familia original. “Es una divina total”, dice y le clava la mirada como no creyendo la fortuna que tuvo de que ella la elija.

Alejandra Medina hoy emprende su propia empresa y pone de relieve aquello de que la crisis genera oportunidades. Y nada le cuesta porque tras de ella hay quienes la empujan para que sus metas se cumplan.

Además, cada palabra que emplea la acompaña de una risa o sonrisa. No le da cabida al tedio ni a la pesadumbre. La pandemia definitivamente tuvo efectos mortales en todas partes del mundo, pero su casa, con su energía vibrante y el brazo fuerte de Daniel quedó protegida como lo fue con las casas de Gosén, en el preludio a la décima plaga que arrasó Egipto pero no a los israelitas.

Crisis, redención y una constante cultural 

Pueblos diferentes; distantes entre sí por miles de kilómetros, océanos, lenguas e incluso épocas, comparten una misma intuición y certeza: el mundo se salió de control y, en algún momento, alguien (o algo) vendrá a reencauzarlo.

Puede que sea la manera de entender el tiempo y el destino colectivo, lo cierto es que esta mítica figura adopta nombres y formas distintas según la tradición y el contexto: un rey justo, un maestro, una divinidad, un nuevo ciclo. El relato cambia, pero el mensaje es el mismo. El mundo puede cambiar… y seguimos en la espera.

Por Gonzalo Cáceres - Periodista

Guerras, opresión, desigualdad extrema, crisis morales o incluso la sensación de un desorden en la naturaleza. Las sociedades enfrentan, tarde o temprano, situaciones en las que todo parece perder coherencia.

Y es ahí que se deja notar una tensión: si existe un orden -sea divino o natural-, ¿por qué la realidad funciona mal? Esa pregunta no queda sin respuesta. Las culturas elaboran explicaciones que, en muchos casos, incluyen la idea de una intervención futura. El mundo, tal como está, no puede sostenerse indefinidamente. Tiene que cambiar.

Y ese cambio, muchas veces, toma forma en relatos de revelación divina: la aparición de una figura capaz de restaurar el equilibrio.

UNA MISMA EXPECTATIVA

Aunque no existe consenso absoluto, los catedráticos coinciden en que las creencias en fuerzas superiores se rastrean hasta los albores de la conciencia humana. En ese marco, la idea de un redentor coincide con la necesidad de encontrar consuelo (o justificación) a momentos de profunda calamidad.

Veamos algunos ejemplos.

En el judaísmo antiguo, la figura del Mesías cobra protagonismo en contextos de derrota, exilio y pérdida de soberanía. No es una idea abstracta: es la promesa de un líder que devolverá la dignidad a su pueblo.

El cristianismo retoma esa expectativa, pero la redefine. La figura del salvador se encarna en Jesús, entendido como humano y divino a la vez. Sin embargo, la historia no se cierra con su vida. La expectativa de su regreso (la segunda venida) mantiene abierta la idea de que el desenlace final aún está pendiente, y que será justo.

Por su lado, la figura del Mahdi cumple un rol similar en el islam: un líder que aparecerá antes del fin de los tiempos para restablecer el orden y salvar a los creyentes.

Más allá de la esfera abrahámica, en la India la lógica es de otra sustancia, pero de comparable influencia. El hinduismo entiende la historia como un ciclo (no de forma lineal). La era actual, conocida como Kali Yuga, es vista como un período de decadencia moral y espiritual; por lo que se espera la llegada de Kalki, una manifestación divina que pondrá fin al ciclo y dará inicio al siguiente (Satya Yuga).

Sin embargo, el budismo ofrece una variante particular. La figura de Maitreya no es un guerrero ni un juez, sino un maestro. Su tarea será reaparecer cuando las enseñanzas se hayan perdido, para mostrar nuevamente el camino hacia la iluminación.

En los Andes, el dios Viracocha está asociado al origen del tiempo y al orden del mundo. Las tradiciones preincas afirman que podría regresar para apuntalar una nueva era de paz y prosperidad.

Algo similar ocurre en Mesoamérica con Quetzalcóatl. Más allá de las interpretaciones históricas y/o mitológicas, ciertas versiones lo presentan como el dios civilizador y figura redentora, la gran ‘serpiente emplumada’. En este caso, el énfasis no está en un juicio final, sino en la idea de que el mundo no se salva de una vez y para siempre, sino que atraviesa ciclos de desajuste y posterior restauración.

Las diferencias son contundentes, sí. Cambian los nombres, los roles y las situaciones, pero la estructura de fondo es sorprendentemente similar.

UNA IDEA POLÍTICA

Aunque estas figuras suelen presentarse en términos espirituales, su espectro no se limita a lo religioso. En muchos casos, tienen una dimensión política.

La promesa de redención no habla solo del alma o del destino, también se refiere a la justicia concreta, de condiciones de vida, de orden social. Esperar a un salvador, en este sentido, también es una forma de expresar que el presente es inaceptable.

TIEMPOS MODERNOS

Podría pensarse que, en una era de ciencia y tecnología, estas ideas perderían fuerza, pero siguen vigentes. Hoy, el redentor puede proyectarse en líderes políticos, en movimientos sociales o incluso en avances tecnológicos que parecen ofrecer respuestas definitivas.

La lógica es la misma: algo vendrá a arreglar lo que no funciona. Esto no implica que las religiones hayan sido reemplazadas. Más bien sugiere que la estructura mental que da esencia al redentor sigue presente.

La necesidad de redención/restauración no fenece, se adapta.

Mirar estas tradiciones en conjunto podemos detectar que la figura del redentor no es solo una creencia. Es también una forma de resistencia; es la manera en que las sociedades dicen: esto no está bien, pero no va a ser así para siempre.

Mientras, seguimos esperando.

Vivir más, vivir mejor: el sistema que busca transformar la vejez en Paraguay

El Complejo Santo Domingo se posiciona como una referencia en la atención integral de las personas mayores de 60 años, con un enfoque que va más allá del cuidado básico y apunta a la calidad de vida.

La doctora María del Rosario Marín, directora de la institución, explicó en el programa Residentas (canal GEN) que el centro cumple casi cuatro años de funcionamiento y fue creado con la visión de dar una atención integral en lo emocional, cognitivo y físico.

El complejo funciona sobre la avenida Lombardo, detrás del antiguo hogar de ancianos Santo Domingo, y depende del Ministerio de Salud Pública.

A diferencia de los tradicionales hogares de ancianos, el Complejo Santo Domingo combina dos áreas principales. Por un lado, el área ambulatoria, con consultorios especializados en geriatría, reumatología, odontología y otras disciplinas enfocadas en adultos mayores. Por otro, la residencia, donde actualmente viven 92 personas en situación de vulnerabilidad.

“El ingreso se da a través de la Dirección de Adultos Mayores, que evalúa cada caso desde lo social y sanitario”, detalló Marín.

La capacidad del lugar ya está al límite y existe lista de espera, siendo esto el reflejo de una necesidad creciente en el país.

Uno de los diferenciales es el Centro Día, una especie de “guardería” para adultos mayores que no viven en el lugar. Allí pasan la jornada con acompañamiento profesional, alimentación y actividades terapéuticas.

A esto se suma el Club de Envejecimiento Saludable, donde personas mayores independientes participan en actividades recreativas, controles médicos y espacios de socialización. En los últimos meses, este programa alcanzó a unas 750 personas.

EL DESAFÍO CULTURAL DE LA VEJEZ

La directora señaló que en nuestro país aún existe resistencia a llevar a los adultos mayores a las instituciones de acogida, aunque planteó la necesidad de evaluar la calidad de cuidado.

Hay personas con recursos económicos que están solas todo el día. A veces, la compañía y la atención profesional marcan la diferencia”, afirmó.

También insistió en la importancia de prepararse para la vejez desde pequeños. “Es un proceso que debe enseñarse desde la escuela, que uno va a ser un adulto mayor en el futuro”, sostuvo.

LA SOLEDAD

Aunque las necesidades básicas están cubiertas en el complejo, el mayor desafío sigue siendo emocional. “Lo que más necesitan es compañía”, enfatizó Marín.

Por eso, invitó a la ciudadanía a visitar el complejo. Las puertas están abiertas todos los días, coordinando previamente con el área social. “Ellos son felices cuando reciben visitas. Ese tiempo vale mucho más que cualquier donación”, expresó.

Las fechas como Navidad o el Día de la Madre suelen ser las más sensibles para los residentes, especialmente para quienes no reciben visitas familiares.

Dentro del complejo también se construyen nuevas historias. Algunos residentes forman parejas, participan en actividades recreativas y hasta concursos internos.

Una de las figuras más queridas es Blácida, de 92 años, quien fue elegida reina del lugar, y quien por cierto se resiste a ceder su corona. “Tuvimos que crear otras categorías porque todos quieren participar”, relató la directora.

El área ambulatoria atiende actualmente entre 42.000 y 44.000 consultas mensuales. El servicio es gratuito y está disponible para cualquier persona mayor de 60 años.

Los turnos se gestionan vía WhatsApp al 0982 781 941.

La directora destacó que el Complejo Santo Domingo busca consolidarse como un modelo que pueda replicarse en el país, con un enfoque centrado en la dignidad, la autonomía y el bienestar integral de las personas mayores.

Feria Dominguera, la iniciativa juvenil que reaviva la antigua estación de tren en Ypacaraí

Somos Group, una organización de jóvenes ypacaraienses, impulsa una actividad que pretende reactivar uno de los espacios históricos más importantes de la ciudad: la antigua Tacuaral. Cada primer domingo del mes realizan lo que llaman “Feria Dominguera”, un espacio que fusiona cultura, gastronomía y música, y donde los protagonistas principales son los emprendedores.

Juan Martín Ojeda es un joven emprendedor de Ypacaraí y fundador de Somos Group, lleva adelante el proyecto de la “Feria Dominguera” con pasión y amor a su ciudad natal, a la cual busca devolver su identidad cultural y dar espacio a la escena emprendedora.

Ypacaraí, conocida como “ciudad del folklore e inspiración de grandes guaranias”, late fuerte cada primer domingo del mes con la Feria Dominguera, la cual se realiza en la Antigua Estación del Ferrocarril, anteriormente “Tacuaral”, y con la cual se apunta a reactivar el espacio como polo cultural, gastronómico y turístico.

Durante una entrevista en el programa Residentas de canal GEN/Nación Media, Juan Martín habló del proyecto que nació en el 2015 con Adrián Becker, sin embargo, tuvo una pausa en el 2020 por la pandemia de Covid-19.

Luego de 6 años, la Feria Dominguera se reactivó en febrero de este año, y en mayo tendrá lugar este domingo 3 desde las 17:00 con edición especial patriótica y por el Día de la Madre.

La propuesta está pensada para toda la familia e incluye feria de emprendedores, gastronomía típica, música en vivo y un ambiente que busca promover el encuentro entre jóvenes y familias.

La Antigua Estación, ícono histórico de ciudad, se transforma así en un punto de encuentro mensual para emprendedores, artistas y visitantes.

Juan Martín tiene el objetivo claro: dar visibilidad a la ciudad de Ypacaraí, y por esa razón nace la organización Somos Group, a través de ella crean experiencias para que las personas puedan recorrer y conocer un poco más sobre la ciudad del lago.